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Aznar como síntoma

Fiel a sí mismo y a su personaje, el expresidente sigue teniendo esa capacidad innata para cortarte una digestión

Los asesores más cercanos a Casado desprecian los riesgos de esta involución y de su imagen de cachorro de Aznar, a pesar del sarpullido que el expresidente sigue provocando

Casado hace un nuevo guiño a Aznar y presentará su nuevo libro en un acto en Madrid el 23 de octubre

Recién llegado a la presidencia del PP, José María Aznar dijo hace 30 años que la derecha española emprendía el camino hacia el centro. Debió perderse en algún cruce porque, aunque tuvo momentos de desconcierto hablando catalán en la intimidad o refiriéndose a ETA como el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, en cuanto consiguió la mayoría absoluta en el año 2000, se olvidó de aquel viaje.

Hoy, tras la etapa pragmática de Rajoy, el heredero político de Aznar, Pablo Casado, parece haberse puesto a correr pero en dirección contraria, buscando las esencias ideológicas de la derecha nacional que les estaba arrebatando Ciudadanos. Bandera, mano dura con los independentistas, victimas del terrorismo o cuestiones éticas y morales tan delicadas como el aborto con esa disparatada idea de volver a la ley del 85.

Máximo responsable del PP en toda la etapa de la financiación ilegal de Gürtel, Aznar fue al Congreso con su tono chulesco habitual, sin un ápice de humildad y autocrítica y dispuesto a batirse en duelo de barra de bar con Rufián o con quien fuera necesario.

Después de pasarse años torpedeando a Rajoy, Aznar vuelve a tronar por las cuatro esquinas con su discurso apocalíptico contra los peligros de la izquierda y resucita los fantasmas de los sucesos del 34. Fiel a sí mismo y a su personaje, el expresidente sigue teniendo esa capacidad innata para cortarte una digestión.

Los asesores más cercanos a Casado desprecian los riesgos de esta involución y de su imagen de cachorro de Aznar, a pesar del sarpullido que el expresidente sigue provocando, por supuesto en toda la izquierda, pero también en amplios sectores centristas y moderados.

La nueva cúpula del PP se ha marcado como objetivo central recuperar el voto de la derecha de toda la vida, que en buena medida se ha ido al partido de Rivera y parecen también muy inquietos por los movimientos de la ultraderecha de VOX, que está saliendo a la superficie y que aparece ya en muchas encuestas.

La agenda de Casado no puede ser más transparente. Como destacaba este diario el viernes, en un solo día se reunió con las víctimas del terrorismo que estaban molestas con Rajoy; participó en una mesa redonda sobre la importancia de la Iglesia en la que defendió la asignatura de religión en las escuelas y terminó en la presentación de dos libros, el de Arcadi Espada sobre Catalunya y en otro sobre el futuro de la monarquía tras su desconcertante discurso del ¡Viva el Rey!

El equipo de Casado insiste en que lo primero es frenar la sangría por la derecha y recuperar voto perdido y para eso les es útil Aznar y que luego ya tendrá tiempo para girar de nuevo al centro. Una estrategia que no comparten muchos barones del partido; el primero, Feijóo que hace poco dejaba claro que el PP de Galicia seguía siendo el mismo partido centrado de siempre.

Las encuestas no han reflejado demasiada euforia por el efecto Casado y las elecciones andaluzas serán decisivas para empezar a ver quién se impone en el juego de tronos de la derecha y para saber si sacar la bandera de Aznar ha sido o no un acierto.

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