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El lunes pasado escribí un artículo sobre Cómo ser mujer en verano. Usaba los tópicos sobre tono de piel, peso, aspecto, etc, de forma irónica para hacer una crítica a la sociedad patriarcal en la que vivimos y que esclaviza a las mujeres y las controla a través de su cuerpo. Este artículo, a las 9 am ya tenía 9 comentarios: todos, los 9, eran de hombres. Tres de ellos negaban todo lo que el artículo decía, uno me negaba a mí directamente como persona válida para opinar y otro, al no captar la ironía del artículo, opinaba que parecía sacado del Cosmopolitan, ya que entendió que daba consejos de moda y de belleza cuando escribí cosas como:

"Relájate mentalmente pero mantén la guardia físicamente, no sabemos muy bien cómo se hace esto, pero hazlo, porque tienes que disfrutar del verano, es un pecado no hacerlo, pero también lo es comer y vestirte como te dé la real gana. Disfruta lo que puedas, pero sin pasarte. Despendólate en vacaciones pero con control. Sé libre pero sé esclava. Pásalo bien pero sólo lo que seguir todas estas normas te permita."

Un artículo escrito por una mujer y para mujeres, tenía en ese momento un 100% de comentarios masculinos. No quiero decir que no tengan derecho o que no puedan tener una opinión formada sobre un asunto que no les concierne, para nada, lo que intento resaltar es el hecho de que el número de mujeres era de 0. La presencia femenina en Internet es mucho menor que la masculina, como en muchos otros sectores, trabajos, temáticas... La mayoría de nosotras parece necesitar ser especialista sobre un tema para plantearnos siquiera opinar sobre él, no nos encontramos legitimadas para opinar en público por mucho que nosotras, al igual que ellos, tenemos una opinión formada sobre muchos temas. La lupa bajo la que se nos mira a las mujeres tanto en Internet como en la vida real, en ocasiones, es imposible de esquivar y del examen al que son sometidas nuestras aportaciones imposibles de aprobar, por lo que muchas deciden no hablar o no compartir su parecer sobre un tema un otro, aunque éstos les conciernan especialmente.

Después de animar en redes a las mujeres a comentar el artículo sobre Cómo ser mujer en verano, los comentarios del mismo acabaron en sólo el cuádruple de hombres que de mujeres, en vez del 100% de hombres del principio (estos datos los he contando manualmente, teniendo en cuenta los que se referían a sí mismos en masculino o los que tenían nombres de hombre, no ha sido posible contarlos todos ya que algunos eran ambiguos, pero es una cifra bastante aproximada).

Al igual que en Internet, también en nuestro entorno laboral, las mujeres tenemos que demostrar el doble para ser tomadas en consideración (y no siempre surtirá efecto), pero no sólo en calidad hemos de esforzarnos más, sino que también en cantidad. Este año se ha vuelto a ampliar la brecha salarial hasta el 24%, lo que significa que tenemos que trabajar 79 días más al año para acabar cobrando lo mismo por exactamente el mismo trabajo que los hombres.

Esta misoginia se normaliza de tal forma que se termina asumiendo que no somos tan aptas como ellos tanto para desempeñar un trabajo como para opinar sobre un tema cualquiera. Aceptamos sin darnos cuenta que tenemos que trabajar más años para una jubilación similar y más días para un mismo sueldo, tenemos que saber mucho más sobre cualquier tema para vernos legitimadas a expresar nuestra postura sobre él y, por supuesto, tenemos que hacerlo de forma más elegante y sin perder jamás los papeles, ya que lo más probable es que a la más mínima salida del tiesto, seamos tachadas de ‘histéricas’, mientras que ellos simplemente son ‘apasionados’ o ‘vehementes’.

Muchas empresas se lamentan por no tener a más mujeres en sus cúpulas directivas porque “no hay”, muchos congresos no cuentan con mujeres ponentes (sí de azafatas) porque “no hay”, revistas que no encuentran mujeres para ser entrevistadas y un largo y rancio etcétera de “no hay/no quieren”. El motivo no deja de ser en muchos casos el mismo: la lupa, la discriminación y el asedio (éste mucho más sutil en la vida real que en Internet).

A todos ellos, les diré que por supuesto que hay mujeres, tantas como hombres: preparadas, trabajadoras e inteligentes, y están entre vosotros, se sientan a vuestro lado en el trabajo, se montan en vuestro mismo autobús, os atienden en comercios, editan noticias en las redacciones, preparan informes en grandes empresas, cuidan a vuestros hijos mientras trabajáis… están entre todos vuestros comentarios en este artículo, están buscando un hueco sin que se les avasalle o se le exija perfección.

Están ahí y son exactamente igual de válidas que vosotros; tienen una opinión formada de cada cosa de la misma forma que podáis tenerla vosotros, sólo tenéis que bajaros del pedestal de la verdad única donde os han subido desde el mismo día en que nacisteis hombres y mirar a vuestro alrededor como iguales, porque la noticia es que sí, somos iguales.

También resaltar que cada vez hay más hombres que confiesan observarse para no caer en actitudes machistas y que escuchan debates sobre feminismo más que dar directrices sobre él, dando por hecho que es nuestra lucha y que para compartirla han de escucharnos cómo nosotras queremos y necesitamos que sea. 

Espero que este artículo tenga un 100% de comentarios femeninos. Aunque sólo sea para poder decir: por una vez, las empoderadas somos nosotras.

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