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¿Os acordáis de cómo derrotamos al fascismo el 28A en las urnas?

A las generales de abril acudimos movilizados (y asustados) por el ascenso de la extrema derecha, y salimos aliviados. ¿Qué hemos hecho desde entonces (todos: partidos, instituciones, medios y ciudadanos) para evitar que el nuevo fascismo llegue más fuerte al próximo 10N?

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Abascal, Vox, en la Academia de Televisión

Parece que fue ayer cuando derrotamos al fascismo en las urnas, ¿os acordáis? Fue en las generales del 28 de abril, a las que llegamos movilizados (y muy asustados) ante el posible ascenso de la extrema derecha. No faltamos a las urnas aquel día, y convocamos a toda nuestra gente para que no se quedara en casa en una jornada histórica. ¿Recordáis el alivio en la noche electoral, al ver que no pasaban del quinto puesto y no sumaban con las otras derechas?

Por supuesto, no nos dimos por satisfechos ni nos dormimos en los laureles, que además eran laureles mustios: habían entrado en el Congreso con 24 diputados, y sobre todo habían logrado colocar sus temas en la agenda y desplazado hacia la derecha al resto de partidos. Mantuvimos la movilización, y un mes después volvimos a derrotar al fascismo, esta vez en las europeas, municipales y autonómicas.

Como los ultraderechistas se convirtieron en decisivos en ayuntamientos y comunidades, dimos la batalla para que no entrasen en ningún gobierno. En esa batalla contamos con la mayor parte de medios, periodistas y tertulianos, que entendieron la emergencia democrática y alertaron contra la normalización institucional de un partido fascista. Las propias bases de PP y Ciudadanos se mostraron contrarias a cualquier colaboración, y sus dirigentes, siguiendo el ejemplo de sus homólogos europeos, decidieron aislar a la ultraderecha, no contar con sus votos, incluso al precio de perder gobiernos autonómicos y ayuntamientos. "Jamás gobernaremos con neofranquistas, xenófobos y machistas", repitieron aquellos días Casado y Rivera.

El acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos, que facilitó un gobierno progresista, fue otro paso importante: las políticas sociales del nuevo gobierno atacaron decisivamente la desigualdad social, quitándole así al fascismo uno de sus combustibles. Sin capacidad de influencia, quedó aislado en el Congreso. Y cada vez que uno de sus portavoces abría la boca, era duramente contestado por el resto de partidos a izquierda y derecha.

Como sabíamos que al fascismo no se le derrota solo en las urnas ni en las instituciones, asumimos la tarea de quitarle el suelo bajo los pies, secar sus caladeros y abrir cortafuegos. La mayoría de ciudadanos llevamos meses trabajando (yo el que más) en los barrios y en los centros de trabajo, creando lazos comunitarios y redes de apoyo mutuo, reforzando sindicatos y movimientos sociales, así como haciendo tarea educativa y cultural para desactivar su discurso. Frente al miedo que lo alimenta, hemos construido seguridad colectiva, comunidad.

Hay que destacar el trabajo ejemplar de los medios durante estos meses, especialmente las televisiones: se comprometieron a no blanquear al nuevo partido, al que nunca han dado barra libre en platós y tertulias. Las pocas veces que sus portavoces eran entrevistados, quedaban desenmascarados por periodistas fuertemente comprometidos con la democracia y que rebatían cada una de sus mentiras. Muy sonado fue el rechazo de "El hormiguero" a invitar al líder ultra. Todos recordamos las palabras de su presentador, Pablo Motos: "En mi programa no hay espacio para fascistas".

La verdadera prueba de fuego llegó con la sentencia del 'procés' y las protestas en Cataluña. La serenidad mostrada por todos los partidos, su exquisitez democrática, y el cuidado de los líderes en no sobreactuar y evitar discursos incendiarios, así como la ejemplaridad con que los medios han evitado espectacularizar el conflicto, ha dejado poco espacio para los fascistas, que en su petición de mano dura y medidas excepcionales no han encontrado quien les secunde.

Normal que estos días, cuando toca volver a las urnas, acudamos con tranquilidad y confianza. Sobre todo tras el debate electoral del pasado lunes: fue admirable ver cómo el resto de candidatos, e incluso los presentadores, rebatían con calma pero con toda contundencia, y sobre todo con evidencias y datos, cada una de las barbaridades que intentó colar el líder ultra, que no pudo soltar su mitin en 'prime time' como pretendía.

El domingo iremos a votar con convicción pero sin miedo. Vivimos en una democracia fuerte, donde no hay espacio para el fascismo. Y estamos orgullosos de ello.

(Y pese a todo, y pese a lo mucho por hacer y la autocrítica necesaria, que no falte nadie el domingo. A votar)

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