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Austeridad y equidad

Desde 2009 hemos gastado significativamente más de lo que ingresábamos, generando déficits cercanos al entorno del 10%; la deuda publica ha pasado del 36% para superar el 100% en pocos años

¿Es equitativo dejar a la siguiente generación un alto nivel de deuda pública, mucha de ella generada para financiar infraestructuras ineficientes?

En algunos casos el recorte de un determinado programa de gasto puede estar mejorando la equidad en alguna de sus dimensiones

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Deuda pública

España está inmersa en un fuerte proceso de consolidación fiscal y en la peor recesión económica que hemos vivido. Existe un gran debate social sobre si la política de austeridad es la que está lastrando el crecimiento, siendo la principal causa de todos nuestros males, y en particular provocando una pérdida de equidad.

La primera pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué es la austeridad? El término austeridad hace referencia a la reducción del gasto por parte de los gobiernos con el objetivo de reducir el déficit presupuestario. Pero ¿se ha aplicado una verdadera política de austeridad en España en los últimos años? Si nos atenemos a los datos de déficit, no podemos afirmar que hayamos sido muy austeros: desde el año 2009 hemos gastado significativamente más de lo que ingresábamos, generando déficits cercanos al entorno del 10%; la deuda publica ha pasado del 36% para superar el 100% en pocos años. Por eso quienes acusan a la austeridad de todos nuestros problemas deberían explicar cómo conseguir financiar el aumento del gasto que defienden en una situación como la actual, donde de cada 80 euros recaudados gastamos 100.

La segunda pregunta que deberían explicarnos es por qué cualquier reducción del déficit tiene efectos negativos sobre la equidad. ¿Qué es la equidad? La palabra equidad refleja igualdad o justicia natural y consiste en dar a cada uno lo que le corresponde o merece. Esta definición nos permite abordar la equidad desde distintos puntos de vista.

Desde el punto de vista de la equidad intergeneracional, hay algunas preguntas pendientes. ¿Es equitativo dejar a la siguiente generación un alto nivel de deuda pública, mucha de ella generada para financiar infraestructuras ineficientes? (aeropuertos sin aviones,  estaciones de AVE sin viajeros, pabellones vacíos...) ¿Es equitativo obligar a los jóvenes a pagar un tercio de su bajo salario para pagar las pensiones comprometidas, sabiendo que cuando ellos se jubilen su pensión, si es que la cobran, será mucho más baja? ¿Es equitativo tener un mercado de trabajo dual, donde toda la flexibilidad que necesitan las empresas recae en los jóvenes obligados a rotar de contrato temporal en contrato temporal, pasando largas temporadas en el paro? ¿Es equitativo que la mayor parte del gasto público vaya dirigido a las personas mayores cuando tenemos cerca de un millón de jóvenes en paro, sin haber terminado la educación secundaria y que requieren urgentemente políticas de formación para tener un futuro laboral?

Desde el punto de vista de la equidad frente al esfuerzo también hay cuestiones por responder. ¿Es equitativo que un estudiante que asiste a las clases, se esfuerza en el estudio y aprovecha el tiempo pague la misma matrícula que otro que no asiste a clase y no se esfuerza? ¿Es equitativo que un desempleado que no busca trabajo activamente y rechaza empleos reciba la misma prestación que otro en constante búsqueda de trabajo y que está dispuesto a aceptar cualquier oferta? ¿Es equitativo que un profesor implicado en la formación de los estudiantes, que prepara las clases y consigue un mayor rendimiento escolar de sus alumnos, reciba el mismo salario que otro que no está motivado, no prepara las clases y donde sus estudiantes no mejoran? ¿Es equitativo que un jubilado que ha trabajado muchos más años y ha contribuido más al sistema que otro, reciba la misma pensión o incluso una pensión menor? ¿Es equitativo que la mayor parte de la imposición recaiga en los asalariados mientras que otros colectivos eluden el fisco? ¿Es equitativo grabar con tipos marginales muy elevados la renta futura y apenas grabar la riqueza patrimonial acumulada?

Por último, desde el punto de vista de la equidad frente a la igualdad de oportunidades, también hay preguntas que nadie quiere responder. ¿Es equitativo que la universidad sea prácticamente gratuita cuando no hay recursos suficientes para financiar una educación primaria de calidad; máxime cuando sabemos que sólo el 20% de los hijos cuyo padre no tiene titulación universitaria acceden a la universidad? ¿Es equitativo que el coste de la maternidad, en términos laborales, recaiga exclusivamente en las mujeres? ¿Es equitativo que, por falta de recursos, se cancelen las ayudas a los comedores de los colegios públicos, cuando sabemos lo importante de la nutrición para el rendimiento escolar para los niños pequeños? ¿Es equitativo que la educación de 0-3 años no sea gratuita para familias de renta baja, máxime cuando la investigación reciente ha puesto de manifiesto la importancia capital de la motivación temprana –entre 1 y 3 años– y el desarrollo de las habilidades no cognitivas en la formación futura y en la interacción del alumno con el sistema educativo? ¿Es equitativo que personas con alto nivel de riqueza reciban los mismos servicios públicos –como dependencia, sanidad, residencia a la tercera edad, precio de las recetas farmacéuticas…– que otras sin apenas riqueza acumulada?

En definitiva, hemos visto que en algunos casos el recorte de un determinado programa de gasto puede estar mejorando la equidad en alguna de sus dimensiones. Por lo tanto, no creo que exista una relación directa entre la austeridad y la equidad: todo dependerá de qué programa de gasto se recorte y, en algunos casos, de dónde se empleen los recursos liberados. De hecho, algunos recortes de gasto sí sirven para mejorar o salvaguardar otros, pueden provocar más igualdad, y no menos. Lo que no es equitativo ni justo ni contribuye en nada a la igualdad de oportunidades es precisamente que, en época de dificultades económicas, rechacemos cualquier recorte por el mero hecho de serlo, imposibilitando que se puedan financiar las políticas que realmente necesitamos.

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