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Pendientes de un hilo

"Están hartos de comprobar que, en cualquier contexto, desde una celebración familiar, a reunión de vecinos, de departamento, intentar aportar con sinceridad, hacer una crítica constructiva, discrepar es mal recibido"

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EFE

Ella, que deja a sus hijos en el aula matinal, casi dormidos, y llega corriendo al coche en que va con compañeras de la sierra a la capital para limpiar, oye en la radio el repaso a la actualidad. Ahora la amenaza de Trump, como hace nada Inglaterra dejando la Unión Europea. Aquí los socialistas, a los que ha votado siempre, a la gresca. Y tantos ahogándose en el mar. Este fin de semana han salvado a 3.500. "Algo pasará. Alguien con poder y conciencia reaccionará".

Él, que entró en Arquitectura por sus brillantes COU y Selectividad, que sólo ha ejercido diez años pero se ha reinventado, interino sin plaza de Matemáticas, rumbo al instituto piensa que es un bajón lo del Ramón Espinar porque, aunque sea legal que vendiera el piso y verdad que los poderes y los medios a su servicio le tienen ganas a Podemos, araña la confianza. Decepciona. Como la pelea en Madrid, y aquí. ¿No participaron en el 15-M para construir una alternativa, ser distintos?

Ella, que se jubila de internista en diciembre, que está a punto de dejar el hospital donde lleva más de 40 años, que militó en un partido antifranquista clandestino y vivió con emoción la Transición, la victoria del PSOE en el 82, la entrada en la Comunidad Económica Europea, la caída del muro de Berlín y los Erasmus de sus hijos, ahora uno mileurista, la otra en paro y sigue comprando El País "porque esta portada metiendo en 'el saco populista' a Podemos con Trump y la facha de Le Pen no se repetirá, alguien sensato hará ver en la redacción la barbaridad que es".

Ella, él, ella que no se conocen pero se cruzan por la ciudad comparten un frágil hilo de esperanza. Ese por el que ella votará hoy en la elección a consejo escolar, él en las primarias de Podemos Andalucía y ella, en cuanto se jubile doblará su dedicación a la asociación donde lleva ocho años, como voluntaria, ayudando. 

Son diana del "Qué inocente eres", "Supera tu ingenuidad", "Mira por ti, ve a la tuya, no hay más". Están hartos de comprobar que, en cualquier contexto, desde una celebración familiar, a reunión de vecinos, de departamento, intentar aportar con sinceridad, hacer una crítica constructiva, discrepar es mal recibido. Conviene ir con pies de plomo, escuchar más que hablar, evitar señalarse, seguir la corriente general.

Junto a la sanidad y educación universales, junto al Estado de bienestar menguante y las pensiones en vía de extinción, la docilidad es fruto del sistema bipartidista del 78. Se ha sembrado con paciencia y mimo. Nosotros somos la flamante cosecha.

Silencio y prietas las filas en el PP de Mariano Luisséfuerte, triunfante tras defraudar a Hacienda, enriquecerse con dinero público, salvar a los bancos mientras exprime a los ciudadanos. En el PSOE, Penélope cose de día las heridas que de noche reabre, teje para dilatar la espera hasta el advenimiento de Odiseo. U Odisea. 

¿Cómo confiar en salvapatrias dados los precedentes de Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Castro? ¿Cómo soportar el vértigo ante el abismo de Trump, Putin, Le Pen, Xi Jin Pin, Erdogan, Salmán bin Abdulaziz, rey saudí cuya mano mece la estabilidad?

Todo pende de un hilo. No se trata, por desgracia, de la mera elección hoy Hillary vs Trump, lo malo o lo peor. Sino de plantearnos, ¿queda hebra de confianza en la legalidad internacional, en la democracia representativa, en que el poder que mueva el mundo sea el delegado vía voto ciudadano, a sus mandatarios y no el del dinero que paga campañas, electorales y mediáticas, sueldos vitalicios a ex presidentes en puestazos privados por los servicios prestados? ¿Hay algo que esperar de la naturaleza humana que compartimos ciudadanos y mandatarios?

Nada más frágil, insignificante que un hilo. Pero si esa hebra, como un temblor de la conciencia, nos uniera a políticos y representados -parados, asalariados, autónomos y empresarios-, si en ambos colectivos muchos individuos quisiéramos seguir reconociéndonos como íntegros en el espejo, sería posible anudar hilo con hilo, de forma hábil, paciente, y llegar a tejer la red que, sin evitar las caídas, sí permitiera salir del trompazo con vida.

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