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En caso de empate, mujer

"Reconocer la injusticia histórica de la desigualdad implica la obligación de corregirla a través de medidas activas. No son acciones de discriminación positiva, no se discrimina a nadie, son medidas de acción positiva".

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Muchos hombres lo saben muy bien por la gran difusión que tiene el fútbol como deporte rey, sobre todo en esta época del año en la que las competiciones se presentan con la sorpresa de las eliminatorias: "en caso de empate los goles en campo contrario valen doble". Nadie cuestiona el mérito del empate ante circunstancias adversas, y algo así se ha aplicado en la convocatoria pública de plazas al Sistema Andaluz de Salud.

Las mujeres juegan en campo contrario, vivir en una sociedad desigual levantada sobre las referencias masculinas hace que lo de los hombres transcurra de forma natural a una mayor velocidad, y que las mujeres recorran una carrera de obstáculos, tanto desde el punto de vista material, como por el distinto significado que se da a las diferentes circunstancias que afectan a hombres y mujeres.

Según esas ideas, un hombre en una determinada situación familiar y personal se ve como una garantía, dando por sentada su capacidad, pero sobre todo, su compromiso y dedicación a la empresa o al proyecto: cuanto más estable sea su vida, mejor apuesta. Por el contrario, una mujer en sus mismas circunstancias se presenta como una fuente de sospechas, ya no tanto por su capacidad, a pesar de que hay exministros que piensan que los hombres son "intelectualmente superiores" a las mujeres, y alcaldes como De la Riva, que ven en las mujeres un problema en el trabajo por eso de si te quedas a solas con una de ellas en el ascensor, sino porque se piensa que el compromiso, fidelidad y dedicación de las mujeres quedará dividido entre lo profesional y lo familiar.

Los Barómetros del CIS ponen luz y proyectan la oscura sombra de la sociedad sobre estas cuestiones. En el correspondiente al mes de marzo de 2010, un 38’5% de la población se muestra a favor de las medidas de acción positiva a favor de las mujeres para corregir la desigualdad, lo cual no está nada mal; pero al mismo tiempo, cuando se pregunta por situaciones concretas las referencias que aparecen son otras. Por ejemplo, ante la escasez de oportunidades laborales, un 31’4% afirma que "los hombres tienen más derecho que las mujeres a un puesto de trabajo", ya no sólo que es preferible, sino que tienen "más derecho", como una cuestión asociada a su condición masculina.

Contar con esas dificultades de entrada, es decir, de nacimiento, es lo que lleva a una sobre-representación de los hombres en determinados puestos sin que exista justificación alguna más allá de los factores sociales y culturales. De la capacidad de las mujeres se sospecha y se duda, pero no se puede negar en todos aquellos procesos basados en criterios objetivos, como ocurre en las oposiciones y exámenes; en cambio, cuando el proceso se llena de elementos subjetivos, la valoración de forma nada casual se desplaza hacia el reconocimiento de los hombres.

Es algo tan obvio que el 75’2% de la población, según el Barómetro comentado de marzo de 2010, está de acuerdo con la afirmación de que de que "la mayoría de empresas prefieren a hombres para cubrir los puestos de responsabilidad"; del mismo modo que el 75’1% muestra ese acuerdo ante la evidencia de que "las mujeres tienen que esforzarse más para demostrar que pueden desempeñar el mismo puesto de trabajo".

Si a pesar de estas circunstancias y de los factores que inciden en la valoración el resultado termina en empate, reconocer el valor añadido de quien ha conseguido "empatar" en "campo contrario", contando con más dificultades ante cada reto, con más críticas ante el mero intento de afrontarlo, con la sospecha de que no lo hará igual de bien, y con menos tiempo para preparar todo el proceso, no sólo no es una cuestión de justicia social, sino una forma de reconocer el valor de quienes han superado más dificultades para "empatar".

Recordemos que el Barómetro del CIS de abril de 2014 muestra cómo las mujeres dedican cada día un 97% más de tiempo a las tareas domésticas, un 26% más al cuidado de hijos e hijas, mientras que los hombres disponen de un 34% más de tiempo de ocio al día. Si las mujeres con un 34% menos de tiempo para poder dedicarlo a su promoción, y con más estrés y tensión ante el "hogar, agridulce hogar" son capaces de empatar y conseguir lo mismo que sus "competidores" con más tiempo libre y con el público a su favor, significa que esa capacidad y esfuerzo añadido en ellas debe ser valorado en positivo.

Reconocer la injusticia histórica de la desigualdad implica la obligación de corregirla a través de medidas activas. No son acciones de "discriminación positiva", no se discrimina a nadie, son medidas de "acción positiva" basadas en la identificación de los elementos y circunstancias ignoradas históricamente que han afectado a las mujeres, y que ahora, en cambio, se valoran positivamente en cada una de esas mujeres que optan al puesto de trabajo; pero también por ser positivas desde el punto de vista general al representar un beneficio para la sociedad. Porque la Igualdad es un valor necesario para todas las mujeres y para todos los hombres.

El empate para el deporte, para la sociedad Igualdad y Justicia.

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