El huevo de la serpiente
Conmemoramos el cincuentenario de 'Novecento', ambicioso fresco que pretendía retratar en la gran pantalla la primera mitad del siglo XX desde la épica marxista. Era la primera vez que las grandes majors norteamericanas distribuían en la languideciente Guerra Fría un producto de masas de estas características: quizá el taquillazo del director en 'El último tango en París' merecía el riesgo de contagio... Bertolucci, que rodó el largometraje en la Emilia-Romaña contemporáneamente a Saló o los 120 días de 'Sodoma' (1975) de su amigo Pasolini, también abordaría la gangrena social del fascismo. Un siglo después esa serpiente ha salido de su huevo una vez más y repta por el mundo a sus anchas. No es algo casual; este ofidio se desarrolla en tiempos de crisis aguda y profunda, cuando las élites la reclaman, la miman o la toleran ante las amenazas a sus beneficios y privilegios (el comunismo de otrora, las reivindicaciones sociales de hogaño).
Hay ahora, no obstante, algún modus operandi novedoso, como que quienes toman las riendas y dan la cara son los propios plutócratas (Trump), o que la violencia se ejerce, de manera predominante que no exclusiva, virtualmente, a través de unos medios digitales o redes sociales controlados por los tecnooligarcas. Estos promueven, de hecho, la polarización por medio de espantajos populistas y bulos de todo tipo que exacerban el odio y buscan cabezas de turco en los más débiles para que paguen la factura de sus soluciones fáciles y express. La crisis del orden neoliberal ha generado un malestar tal –véase Francia, siempre en vanguardia de las revueltas, ahora poniendo en jaque la V República– que impele a las encabronadas masas hacia la rebelión social ultraizquierdista o hacia la ultraderecha reaccionaria. A los tibios como Macron, les ocurre en este sistema tan polarizado lo que presgia 'El Apocalipsis': “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (3, 15-16). ¿Le pasará lo mismo al PP, tan tibio y colaboracionista con el neofascismo hispano de Vox?
Los conservadores españoles no sólo han validado al neofranquismo verde, sino que remedan su discurso y agenda, incluso excusan a los escuadristas (esos que amenazan con símbolos fascistas en la Puerta del Sol ocupada o que apalean inmigrantes o activistas en Ceuta). No resulta tan dramático y extraño en España, pues ambas derechas provienen de ese mismo origen dictatorial. Lo que sí sorprende es la naturalidad con la que el 'establishment' económico, mediático, judicial y de las fuerzas armadas y de seguridad han acogido el abrazo de la serpiente; quizá no han reparado que se trata de una poderosa constrictor verde que mata por estrangulamiento y asfixia. De momento pueden salirles las cuentas y contar con un gobierno favorable a sus oligárquicos intereses –si bien quizá con un vector ultra mucho más vitaminado ante la inanidad de Feijoo–, pero, si eso además se cumple, les auguro una serie de estallidos sociales –solo amagados ahora– a la vuelta de la esquina que les aguarán la fiesta y la cuenta de resultados… No hay que ser adivino para presagiar que las clases populares, abducidas por los cantos de hiena de Abascal S.A., se revuelvan contra él cuando ponga en práctica, junto al PP, su programa al servicio de las élites; bastaría con que reflexionasen un poco a favor de quién ha venido votando su partido/empresa en esta legislatura.
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