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ARAGÓN

El valor del miedo

El miedo te aprisiona y te deja en el lugar más vulnerable. El miedo es como un espejo de humo en el que no queremos mirarnos. El miedo es, simplemente, el sitio donde algunos te colocan para ser ellos muchos más valientes, más hombres, más todo. Pero el miedo tiene un valor incalculable, es silencioso, pero se agranda conforme el dolor es mayor y la incomprensión alcanza ese espacio opresivo donde una mujer es violada y agredida. Nadie sabe cómo responder ante el miedo: el miedo a perder una vida, el miedo a perderse a una misma, el miedo a ser humillada y violada, el miedo a no saber si seguir o dejarte morir.

Pero el miedo tiene un valor incalculable, porque te hace sabia, porque en ese instante de gran dolor solo debes protegerte a ti, en ese preciso instante donde el mundo se agrieta y tú no ves la grieta porque jamás la provocaste, solo debes protegerte a ti. Aunque luego el mundo te juzgue desde su miedo cobarde, tú habrás sido la más valiente, porque no gritaste ni insultaste, porque el miedo era tan intenso que supiste que solo ese valor que da el miedo más terrible podía salvarte. Salvar tu vida. En ese preciso instante, lo sé, tu intimidad estaba rota, pero sigues avanzando, nombrándote, queriéndote y dejando que te queramos, aunque la justicia de los hombres jamás sabrá sobre el valor del miedo. De nuestro miedo.

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84º aniversario del voto femenino. Campoamor y la sororidad

Clara Campoamor.

He hablado mucho de ella. De Clara. De su lucha. De sus logros. De las consecuencias políticas de su empeño, de su rabia contenida, de su sufrimiento, de su dignidad. De las consecuencias personales de sus ideas. No me canso de recordarla, de reconocerla. De ella se conoce sobre todo su gran victoria en pro de la igualdad de las mujeres. La posibilidad del ejercicio de un derecho que, hasta el 19 de noviembre de 1933, sólo ostentaban los hombres en este país. El derecho a voto en unas elecciones legislativas.

Y digo que he hablado mucho de Clara, de su magnanimidad como mujer, como persona, como parlamentaria y como ciudadana. Pero también quiero mencionar el papel de sus coetáneas intelectuales, políticas y sindicalistas de esa época.

Campoamor consiguió mucho. Mucho más de lo aparente, que ya es bastante. Se enfrentó a una sociedad que nos consideraba inútiles, incapaces, sin criterio propio.

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Obispos de España, ¡dejen ya de tomarnos el pelo!

En mi libro Los obispos son peligrosos, así en la tierra como en el cielo, conté el caso, entre otros, de la profesora de Religión Resurrección Galera Navarro, a quien el obispo de Almería, Rosendo Álvarez, despidió en el curso 2001-2002, porque la mujer cometió el “pecado” de casarse por lo civil con un divorciado.

El PSOE, que entonces estaba en la oposición, registró en el Congreso una iniciativa pidiendo al Gobierno del PP la modificación del Convenio del Estado con la Iglesia en materia de educación, con el fin de eliminar cualquier disposición que evitase casos como el de R. Galera. El PSOE expondría que la no renovación del contrato de esta docente vulneraba el derecho a su intimidad y su libertad para casarse en todas las formas permitidas por la legislación española.

A pesar de esta denuncia en el Congreso, recordaré que el PSOE cuando llegó al poder en 2004 no haría nada por erradicar las causas que generaban dicha situación. Mientras fue oposición parecía comerse el mundo, estando dispuesto, incluso, a mandar los acuerdos con la santa Sede al mar Negro. Puro espejismo. No lo hizo González con mayoría absoluta en el congreso, ni, tampoco, Rodríguez Zapatero. La actitud acomplejada del PSOE ante la Cruz forma parte de su consustancial parsimonia ante la jerarquía católica. Esta supuesta izquierda española institucionalizada acarrea sobre sus espaldas la joroba agusanada del nacionalcatolicismo aunque no quiera reconocerlo. En este terreno, actúa como el PP, conculcando una y otra vez el carácter aconfesional del Estado y permitiendo que sus concejales, alcaldes y diputados participen en actos religiosos “representando oficialmente” a la ciudadanía.

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Aragón y el agua

El agua une y vertebra los territorios de tal manera que forma parte de su naturaleza, de sus gentes e incluso del nombre con el que sus pueblos son conocidos. En Aragón hay muchos pueblos que llevan en su toponimía una referencia al agua, ya sea porque se vinculan a un rio, como sucede con el Cinca en Belver-Huesca, o los que a la vera del padre Ebro, lo entroncan como gentil apellido en pueblos como El Burgo o Nuez de Ebro.

Igualmente los ríos definen algunas comarcas de nuestra Comunidad, como las del Medio y Bajo Cinca,  Alto Gállego, Bajo Martín, Jiloca o Matarraña. Son ríos caudalosos o de modestos flujos que las atraviesan, bordean y nombran.

Los ríos, canales, acequias y pantanos forman un todo con Aragón, no importa la comarca, pueblo o ciudad. Todos, como sus habitantes, dependen para sobrevivir del agua, esa indispensable riqueza que da vida, riega los campos, pone en marcha las industrias, sacia la sed de sus habitantes y a veces se desborda anegando los secos campos de la Tierra Noble .

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Estrabismo político, esa desviación de los ojos que afecta a la mirada política

Llevamos ya mucho tiempo mirando a Cataluña pero el tiempo avanza y quienes nos gobiernan siguen aplicando sus políticas de recorte de derechos. ¿Somos conscientes del resto de cosas que están pasando en nuestro país?

Mientras el foco sigue alumbrando a Cataluña, en octubre ha crecido el paro en 56.844 personas, la cuales tendrán más problemas para pagar las facturas de la luz, que se han disparado en un 7 %. Personas que, además, asumirán el aumento de pobreza colectiva que suponen los 54.000 millones de euros perdidos a través del rescate bancario y el incremento diario en 222 millones de euros debido al déficit público, pese a los recortes aplicados por el Gobierno.

En España, más de 2,9 millones de personas, el 6,4 % de la población, vive en situación de pobreza severa, con menos de 342 euros por unidad de consumo en cada hogar al mes y un total de 12,9 millones de personas, un 27,9 %, vive en riesgo de pobreza o exclusión social, (VII informe El Estado de la Pobreza). Vivimos en un país en el que se producen más de 185 desahucios diarios, con un Gobierno central que lo permite y dificulta con recursos jurídicos cualquier iniciativa de las comunidades autónomas que intente hacer algo por frenarlos. Mientras tanto, las 8 mayores fortunas de este país almacenan en sus SICAV's más de 5.000 millones de euros.

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Hablarán de nosotras

Y el sol calcina ya mil y mil lenguas y yo pensaba que nada iba a pasar que no pasara por la situación en Cataluña y los agitados pasos que nos arrastran al precipicio de nuestros egos vanidosos y enfermos. Nada iba  a pasar y yo me colgaba de una nube escondida, donde me resignaba a olvidar tu belleza de tristeza sin arraigo en una vida que me arrebata una y otra vez su imposible verdad.

Pero no, había algo más y en ese instante había presente y futuro. Nosotras estábamos allí, alrededor de una mesa, dispuestas a hablar de literatura, a hablar de nosotras, pequeñas escritoras de mundos sin decoro, pecadoras con la palabra y el verso, desnudas como una nevera vacía y sin alma. Marina Heredia, Ana Alcolea, Olga Bernard, Irene Vallejo, Cristina Grande y yo misma y entre el público mi querida Eva Puyó, hermosa y madre; Sabina y hambrienta. Antón Castro nos presentó y dedicó a cada una de nosotras suaves palabras que navegaban por nuestros océanos de colores y sueños.

Era mañana y era Zaragoza, tan hermosa como siempre, tan escurridiza y digna; era mañana de sábado y en aquella sala del Ayuntamiento dejamos lejos muy lejos la realidad cotidiana de hechos incesantes y rotos y nos detuvimos en esa otra cotidianeidad que se esconde en las páginas de los libros, en el abismo que produce no saber si lo que vas a contar herirá tu alma ya herida, pero eso no importa, porque hay que contarlo, aunque se rasgue un poco más tu camiseta de hielo y  se vuelvan humo todos los delirios.

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Entre 'Els Segadors' i 'Els cants dels ocells'

“Cataluña triunfante, ¡volverá a ser rica y plena!”, dice la primera estrofa de Els segadors

Catalunya, triomfant, ¡tornarà a ser rica i plena!

Desde el resto del país la escuchamos sorprendidos como una alucinación, y también por ver cómo se está desarrollando su Procés para conseguir la separación entre ricos y pobres.

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El ICA, un impuesto insolidario

El ambicioso Plan de Saneamiento de Aragón de 1989, el más ambicioso de España, ya que pretendía depurar todo el agua sucia generada en la Comunidad, nació, por su propia dimensión e irrealidad, con aires de fracaso, de la mano del PAR y el PP. En 1997 se creó el Canon de Saneamiento para intentar cubrir los elevados costes que, como habían descubierto, no podía asumir con sus medios la Comunidad. En 2001, de la mano del PAR pero esta vez con el PSOE, se rediseñó en el nuevo Plan Aragonés de Saneamiento y Depuración (PASD), que como su hermano mayor, nació abocado al fracaso por su dimensión. En 2014, de nuevo el PAR con el PP, vuelven a intentar hacer sostenible financieramente el plan convirtiendo el Canon en un impuesto, el ICA.

La idea de la depuración es necesaria, pero el dimensionamiento del plan, buscando la rentabilidad privada antes que la social, hace que su financiación se encarezca enormemente. Por una parte, se realizaron proyectos excesivamente grandes basados en sistemas de depuración intensivos (usando toneladas de hormigón), que son mucho más caros de construir y de mantener. Por otra, aunque en una primera fase se construyeron estaciones de depuración (EDAR) con fondos propios, desde 2005 se pasó a la construcción y gestión privada, lo que ha encarecido los proyectos en torno al 27 %, como señala la Cámara de Cuentas de Aragón (CCA). Para más INRI, la gestión y recaudación del ICA también se ha privatizado en 2015. El informe del órgano fiscalizador apunta a que la construcción de 1.153 plantas de depuración para tratar las aguas residuales de los 731 municipios de Aragón es un objetivo desproporcionado con un coste desorbitado: más de 3.000 millones de euros.

En la época de los pelotazos urbanísticos este era un buen negocio. El hecho de que el Gobierno de Aragón, a través del Instituto Aragonés del Agua (IAA), se hiciera, casi sin sentirlo, con la gestión de la depuración, una competencia municipal en casi todo el territorio (exceptuando Zaragoza que ya tenía sus depuradoras y algún pueblo que se negó rotundamente como Fabara) es sintomático. De hecho, la CCA informa que 141 millones de euros de presupuesto estatal destinado a hacer depuradoras en los Pirineos pueden ser reclamados por no haberse aplicado al fin que fueron concedidos. Critica también, en su informe, la opacidad en su política de personal, donde el 65 % (funcionarios y personal laboral) son puestos directivos de alta remuneración. También se ha compensado a empresas que habían incumplido el contrato de licitación o a otras que, cumpliéndolo, tenían un lucro cesante por falta de colectores, cuando haber hecho los colectores era más barato que la indemnización. Pero hay muchas más dudas y las sospechas de corrupción persiguen a la anterior dirección del IAA.

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Otros caminos

Se suele decir que la “Política es el arte de hacer posible lo imposible”.  Y dada la hoja de ruta independentista, abocada como tren sin paradas a llegar a una estación concreta sin posibilidad de cambio de destino; o dadas las orejeras que como animal de tiro se puso hace años el Gobierno del Partido Popular ante las demandas catalanas para evitar sentarse a dialogar, lo inevitable parecería lo que han conseguido. Traernos a una situación que aparenta no tener salida, en la que ambas partes acaban haciendo lo que querían hacer – declarar unilateralmente la independencia de Cataluña, unos, y aplicar el artículo 155 para poner en marcha la hoja de ruta recentralizadora, otros- echándose la culpa mutuamente por hacerlo.

Pero por mucho que lo pareciera no debemos llamarnos a engaño. La situación que se ha dado no era la única posible, porque como decía anteriormente, “la Política es el arte de hacer posible lo imposible”. Política con mayúsculas, hubiese sido aceptar por parte del Govern de la Generalitat, que no estaban en posesión de la verdad absoluta y que con sólo un 47% de votos las fuerzas independentistas no están legitimadas para iniciar ningún proceso de independencia de forma unilateral. Política con mayúsculas, hubiese sido por parte del Gobierno de Mariano Rajoy, aceptar que la Constitución Española, aprobada hace 39 años con un amplísimo consenso social tras casi medio siglo de dictadura, no ha de ser la estación de llegada de la democracia española, sino la de salida. Sabiendo que puede y debe modificarse la Constitución en aras a seguir garantizando la convivencia de toda la nueva generación que empuja. Y Política con mayúsculas, hubiera sido en definitiva y por ambas partes, escuchar a esa amplísima mayoría social, ese 70% de la población española que demandábamos al Gobierno de Rajoy y catalán que estuvieran a la altura de las circunstancias y buscaran una solución dialogada.

No obstante ambos siguieron con sus hojas de ruta prefijadas, llevándose por delante en Aragón años de entendimiento con nuestros vecinos del Este, despertando viejos demonios y miedos que parecían más propios de los años de juventud de nuestras madres o abuelos, haciendo que partidos históricamente federalistas como el PSOE olvidaran su discurso territorial histórico y amenazando la autonomía no sólo de Cataluña, sino también la del resto de territorios como nuestro Aragón.

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Como lobos hambrientos y adoctrinados

Una marea, con sus remolinos, resaca y adversidades, nos advierte de los riesgos de perder pie y ser arrastrados por la corriente, que no entiende de palabras ni de reglas. En los últimos meses, diría años, hemos vivido cabalgando entre una y otra marea, mareas antagonistas que jamás buscaron el diálogo, que nunca confiaron la una en la otra, que raramente pensaron en el futuro, porque el presente se imponía con sus razones inmediatas y egoístas, pueriles y bastardas. Pero el futuro siempre acaba por llegar y se impone como presente, para pasar rápidamente a ser pasado.

En estos últimos años, para llegar a la situación que hoy vive Cataluña y el resto de las comunidades autónomas que conforman España, ha habido dos actores que han jugado, según el momento y sus intereses políticos, a ser la parte activa y llevar la iniciativa o a ser la parte pasiva que calla y niega la realidad de un país, España, que se reconoce en sus diferencias y precisa de un nuevo modelo territorial y de relación. En los últimos meses hemos visto cómo el Parlamento catalán ha actuado de forma abusiva, arremetiendo contra la democracia y anteponiendo el qué al cómo, para dejar a Cataluña y a su ciudadanía fuera de la ley y en una situación de gran vulnerabilidad y de tremenda fragilidad, situación que ha acabado con la proclamación del artículo 155 por parte del Gobierno de Rajoy, artículo que recoge la Constitución española, pero que no cuenta con un desarrollo concreto, lo que entraña demasiados riesgos, ya que en estos días estamos transitando por un mar desconocido lleno de remolinos, turbulencias y contracorrientes, donde cada cual quiere imponer su bandera al precio que sea.

A lo largo de estos últimos años el Partido Popular jugó y ha jugado a no ver lo que pasaba en Cataluña, a ignorar la realidad de una minoría muy mayoritaria que exigía que las cosas se hicieran de otra manera, que pedía respeto y un interlocutor válido que quisiera escuchar y sobre todo entender y comprender. Mientras, en Cataluña y ante el desentendimiento y desprecio del Estado español, se iba produciendo un fenómeno de identidad y de enfrentamiento que quizá arrancara en un día lectivo de 1990, cuando escolares y ciudadanos se echaron a la calle para reivindicar que las obras de Dalí no se fueran a Madrid. (Hay que recordar que tras una larga negociación entre el Gobierno del Estado y el de la Generalitat se había acordado que 56 obras se fueran a Madrid, frente a las 134 restantes que se quedaban en Cataluña, a pesar de que Dalí nombró al Estado español “heredero universal y libre de todos sus bienes, derechos y creaciones artísticas”). Aquel día de 1990 las pancartas que portaban muchachos y muchachas repetían “Espanya ens roba”. Y así, poco a poco y año tras año, la consigna alimentó el alma de miles y miles de catalanes que cada vez se sentían más y más huérfanos de España.

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