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Sobre este blog

El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Crónica de una muerte anunciada

Ana Benavente

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Hay dos momentos en los que, con un libro en la mano, el tiempo se detiene y la única amenaza para la lectura es el sueño acechante: la noche y la playa. En ambas situaciones se produce una especie de pliegue en el espacio tiempo. Cobijados en él, generamos la ilusión de que nada, salvo lo que pasa en esas páginas y en nuestra mente mientras las recorremos, importa. En el silencio de la noche, esa especie de limbo mágico para los trasnochadores, apuraba las páginas de 'El Coronel no tiene quien le escriba'. Al llegar a la última, el desenlace se condensaba con una profundidad extraordinaria en una sola palabra. Certera, precisa. Una sacudida que me hizo salir de la cama de un brinco, cruzar el pasillo y abrir la puerta de mi compañera de piso con gran urgencia para decirle: Sara, tienes que leerte esto, es genial. Te lo dejo aquí. 

Habrán pasado unos 20 años de aquello y recuerdo la sensación con nitidez. También el ansia por buscarlo todo de García Márquez. La increíble y maravillosa sensación de flotar en su realismo mágico, de descubrir Macondo y a los Buendía y de no querer que aquella historia interminable acabara nunca. Sin poderme separar de aquel libro lo llevé a casa de mis padres –allí había otra edición desde ni se sabe, que nadie había leído– ambos ojearon el mío y quedaron atrapados como yo en aquella historia. Cada vez que alguien me dice que no ha leído 'Cien años de soledad' siento algo de envidia porque tiene por estrenar esa sensación mágica que se tiene al leerlo por primera vez. 

La obra que le dio el Nobel de Literatura a García Márquez era una de las que entraba en la prueba de acceso a la universidad este año en Aragón. Junto a 'La casa de Bernarda Alba' de Lorca o 'Insolación', de Emilia Pardo Bazán, una escritora más moderna que el futuro. Me lo contaban dos chicas en la puerta de la biblioteca el día antes del examen. Les dije: qué suerte tenéis de haberos tenido que leer estos libros. Me respondieron al unísono: no, no los hemos leído. ¿Cómo?, añadí. Nos hacen unos resúmenes y el análisis de cada uno y nos estudiamos eso, sentenciaron. En ese momento solo una cosa venía a mi cabeza: el final de 'El Coronel no tiene quien le escriba'.