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Biscarrués: 30 largos años para todos

Se han cumplido ya 30 años desde aquel aciago día en el que se anunció públicamente la intención de construir el llamado pantano de Biscarrués, amenazando el mantenimiento ecológico del único tramo del río Gállego que quedaba sin regular entre los embalses de La Peña y Ardisa, y poniendo en grave riesgo la supervivencia de las poblaciones ribereñas, que empezaban entonces a desarrollar la que, años después, se convertiría en la pieza clave de su desarrollo social y económico.

Cuando aquel 16 de febrero de 1987 la Confederación Hidrográfica del Ebro anunció su realización, nadie podía prever que 30 años después, el proyecto siguiese siendo eso, un proyecto sin fecha de realización; ni mucho menos, que los habitantes de la Galliguera se mantendrían movilizados durante tanto tiempo, sosteniendo una dura lucha administrativa y política que no tiene visos de acabar mientras se mantenga la amenaza y en la que, en los últimos años, también se ha involucrado una Unión Europea que ha puesto en duda muy seriamente la adecuación del proyecto a la legislación europea vigente.

Lo extraño es que, ante los relevantes datos que imposibilitan su construcción, haya quien siga empeñado en gastar dinero público en nuevos anteproyectos y proyectos que solo alimentan la economía de los despachos de empresas afines a la Confederación y a Riegos del Alto Aragón, auténticas beneficiarias de la situación que ellas mismas, con su empecinamiento y su falta de capacidad para adaptarse a la realidad, han contribuido a crear.

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Imposible

Si algo ha querido hacer creer el neoliberalismo (esa amalgama de familias, capitales, políticos profesionales y medios de comunicación que tutelan), es la idea de la imposibilidad de cambiar las cosas. No hay espacio para la ilusión y la esperanza. ¡No nos movamos! Si lo hacemos, perderemos lo poco que tenemos. "Los que vienen a cambiar, sólo vienen a destruir". Nos dicen. Pero si algo está quedando claro es que aquellas candidaturas nacidas de la ilusión por el cambio real (no sólo cosmético) y alentadas por la esperanza en un mundo mejor están demostrando lo equivocado de la manipulación.

En tan sólo año y medio, los ayuntamientos del cambio están demostrando que la utopía imposible, era posible.

Era imposible evitar los desahucios. En Zaragoza, todos los casos de desalojos puestos en conocimiento del Ayuntamiento han sido resueltos sin desahucio.

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Atisbo de realidad

Veinte de enero y ella repite las palabras que él le dijo en aquella tarde de lluvia de hace ya unos cuantos años: “Entiendo perfectamente que nadie envidie mi vida, porque la búsqueda del conocimiento es una tarea imposible y tratar de mejorar la vida de los demás a costa de la propia, todavía más disparatado”. Aquel día ella lo escuchaba silenciosa y entendió perfectamente el resumen de la vida de él y lo envidió, porque él vivía atrapado en su destino, un destino que había convertido su vida en raíles de tren con intersecciones tan desconocidas como anheladas, tan dolorosas como hermosas. Aquella tarde mientras le escuchaba hablar, ella supo que él tenía la llave del conocimiento, que abría cada madrugada y cerraba al anochecer, y  en ese instante se la estaba entregando a ella, que solo era capaz de escuchar la lluvia y un rumor de olas en el horizonte. Luego él le habló del ADN, de las moléculas, de la vida, de la enfermedad, de la esperanza, del fracaso y del miedo y ella supo que, aunque no se lo dijera, estaban, como sociedad, abocados al vacío, al precipicio de la imbecilidad y en ese veinte de enero, viendo cómo Trump se imponía en el ruedo de la vida, ella se agarró a esas palabras, porque el mundo fuera era obsceno, envidioso, pueril, insufrible, vanidoso y enfermo.

Doce de febrero y ella apaga el televisor y recuerda las palabras de él y lo hace porque las escribió para no olvidarlas.  Anochece y retumban en las aceras el eco de Vistalegre y del congreso del Partido Popular y entonces ella se pregunta que quizá todo está tan ensayado y medido que por eso resulta difícilmente creíble y más cuando las hojas de ruta apenas se desvían de lo establecido entre los márgenes de lo anteriormente establecido. Es como aquel actor que sabe exactamente cuándo debe sonreír, cómo, en qué momento besar y en qué preciso instante huir de la escena. Todo escrito y prescrito.

Trece de febrero y ella se levanta con resaca, es lunes. No leerá ningún periódico. No escuchará la radio. No quiere más atisbo de realidad que el que llega con el nombre de los deseos inconscientes, radicales, rabiosos y libres.

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400 euros por sentarse

Una pizza 400€. Vaya, cómo está España, cada vez los ricos son más ricos. No todo el mundo puede comer una pizza de 400 €. ¿Que era en la calle?¿Una terracita? Ahh, que era en el suelo. No me extraña, si cuesta 400€ la pizza, ¿cuánto costará el vino? Ahh, perdón, que les multó la policía por comer una pizza sentados en la acera con los pies en la calzada. Vaya, ¡cómo está España! ¿Volvemos a la dictadura?

Allá por 1976, Tamara y Carlos seguro que no hubieran tenido un sitio donde sentarse a comer tranquilamente una pizza. En aquellas calles y plazas de la España negra, amarga y con olor a naftalina en la que el ministro Fraga exclamaba “la calle es mía” había  muchas cosas que estaban prohibidas, ya sabéis: manifestarse, protestar, reunirse y, cómo no, sentarse en el suelo aunque fuera para echarse un pitillo o comer un bocata.

Hoy día hacerlo a determinadas horas y en determinados espacios  también está prohibido y si te apetece comerte como Carlos y Tamara una rica pizza y te empeñas en sentarte con los pies fuera de la acera, puede que al final termines recibiendo una notificación que te dice que hacerlo así cuesta 400 €.

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Los Trumperos

Al nuevo amo del mundo, al emperador electo del Imperio le ha sobrevenido una nueva idea para mayor gloria de sí mismo: eliminar la delgada línea divisoria que separa las atribuciones de iglesia y Estado.

En la legislación de los Estados Unidos de América del Norte existe desde el año 1954 una enmienda legal por la cual las personas y asociaciones que están exentas de pagar tributos no pueden usar los espacios públicos de su condición pastoral para hacer política ni directa ni indirectamente.

Es importante fijarnos de quién parte la iniciativa, es la propuesta de un tal Lyndon B. Johnson, senador y posteriormente presidente de USA. El presidente que firma la enmienda es un republicano poco sospechoso de anticlericalismo, se  llamaba Dwight Eisenhower. La ley en cuestión prohíbe que desde los púlpitos se influya en la decisión electoral de los votantes. Este proselitismo se puede hacer siempre y cuando que se renuncie previamente a la exención fiscal.

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Estamos rodeadas

En los últimos quince días, he invocado esa gran frase de la querida Rosa de Luxemburgo: “quién es feminista y no es de izquierdas, carece de estrategia. Quien es de izquierdas y no es feminista, carece de profundidad”

Y es que una viene ya cargadita desde hace dos semanas. Bueno, no, una viene cargadita desde mucho antes. Pero estas últimas semanas… ¡Madre, qué semanitas!

Dos situaciones, independientes, separadas en el tiempo, sin conexión coyuntural pero con el mismo problema estructural me han traído de nuevo a Rosa.

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El giro que el PSOE necesita

26 Comentarios

Algo se está moviendo en la socialdemocracia europea. Los laboristas británicos y los socialistas franceses han entendido mayoritariamente que el proyecto político que mejor garantiza la equidad y el bienestar del conjunto de la sociedad no es aquel que se limita a atemperar las fuerzas del neoliberalismo o a establecer complicidades más o menos críticas con las fuerzas de la derecha, sino el que de manera valiente y autónoma se propone liderar una nueva etapa de progreso en Europa.

Aunque a algunos aún les cueste aceptarlo, las nuevas versiones de la tercera vía parecen haberse agotado sin acercarse siquiera a los éxitos electorales de los que disfrutaron sus exponentes originales. Si algo debemos aprender de la experiencia comparada de estos últimos años es que cuando la socialdemocracia se aparta de sus principios y valores, cuando pacta con la derecha, cuando adopta políticas de corte neoliberal, ineludiblemente experimenta fracasos espectaculares. Hemos visto enormes descensos electorales por esta razón en Alemania, en Austria, en Holanda, en Finlandia o en Irlanda. Motivos similares explican la salida de Renzi del gobierno italiano y la decisión de Hollande de no concurrir a las primarias francesas.

Al echar la vista atrás observamos que cuando más necesario era que el socialismo pusiera sobre la mesa respuestas coherentes y reconocibles ante los problemas ocasionados por la crisis económica y social, se optó mayoritariamente por ofrecer más de lo mismo, dejando por el camino importantes dosis de credibilidad. En un escenario de fragmentación política y partidista, en el que las lealtades se han vuelto mucho más volátiles, se perdió una parte del apoyo ciudadano que tradicionalmente tuvo el proyecto socialdemócrata. Afortunadamente, ejemplos como los citados parecen indicar que estamos recorriendo el camino inverso y regresando a una senda que nunca debimos abandonar. Es más, en Portugal, esta nueva propuesta ha cristalizado en un exitoso gobierno de progreso que bien podría servir como revulsivo y ejemplo para una izquierda heterogénea como la española, llamada a entenderse.

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¿Outlets para gentes ricas?

Una vez explotado el modelo de centros comerciales exportado de EEUU hasta agotarlo, Aragón, como otras comunidades del Estado, se dispone a poner en marcha en terrenos de la antigua fábrica de Pikolin el outlet TorreVillage . Es este otro modelo de consumo desaforado que basa su gancho comercial en una atractiva y permanente rebaja de grandes y carísimas marcas de ropa de vestir, complementos y productos electrónicos.

Los ya demodés centros comerciales estaban destinado a las clases más bajas de la población. Sus potenciales compradores eran y son ciudadanos con un sueldo medio-bajo o muy bajo que pasan el fin de semana en el “mall” recorriendo los Primarks o H&Ms como quien recorre los bares del barrio para tomar el aperitivo.

Este nuevo modelo de comercio, el outlet de grandes marcas, empieza por discriminar a quien no va destinado, indudablemente no es para pobres. Sus promotores no buscan su potencial comprador entre las clases desfavorecidas y por eso sin ningún rubor  y con bastantes dosis de no se sabe qué elitismo, discriminan a un cierto tipo de ciudadanos.  Aquellos con poco poder adquisitivo no son dignos de entrar en su Paraíso de consumo, lujo y apariencias. Para que no haya equívocos y se les cuele gente no deseada, avisan desde el principio que el suyo es un nicho de mercado para una gente especial, aquella que tiene bastante dinero. 

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Podemos... pero Unidos

Quienes firmamos este artículo participamos hace ya dos años en la candidatura Claro Que Podemos al Consejo Ciudadano de  Podemos Aragón.

Esta candidatura estuvo formada por personas que pertenecíamos (y pertenecemos) a varias de las corrientes existentes en Podemos. También a tradiciones y generaciones distintas. Esa diversidad nunca fue un problema, ya que compartimos el objetivo de construir un Podemos fuerte, honesto, unido, sensato y que sirva para pelear por los derechos e intereses de la mayoría. 

Nos entristece profundamente la división absurda entre Pablistas y Errejonistas. Es obvio que en un partido de base amplia, que no es una secta de la extrema izquierda al estilo del Frente Popular de Judea sino un partido de masas, tiene que haber posiciones diferentes. Esto ocurre en todos los partidos grandes. Sin embargo, a nuestro entender las diferencias que se plantean no son tan grandes, y lo que es más importante: las alternativas no son excluyentes sino más bien complementarias.

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A aquella mujer que puso santa a mi nombre

Cada uno crece con sus manías, con sus miedos y con sus pecados. Cada uno somos resumen de tantas y tantas verdades que en un instante se hicieron mentira, que al final somos parte de una historia en la que quisimos creer, porque simplemente había que creer en algo. Somos casi marionetas de nuestra risa y sombras de nuestras lágrimas y en el camino andamos intentando pasar desapercibidos, ausentes, sin dogmas. Invisibles. Cuando era niña mi abuela, duelo oscuro, solía decirme que era pecado, porque mi nombre no tenía santa y yo la escuchaba y quería que se callara, pero a ella le divertía ver mi mirada cuando me decía que era pecado y le gustaba repetirlo hasta que yo huía de su lado y me escondía en la carbonera, donde todo era negro y pecado. Luego sin más decidí olvidar sus palabras y avancé en los días de mi vida sabiendo que mi nombre era pecado, porque no tenía santa, y bailé con el pecado hasta el amanecer y con el pecado me acosté y con él brindé y con él engañé con las más firmes verdades. Y en nombre del pecado sucumbí y me levanté y me traicioné y me decepcioné. Y también amé.

El pasado viernes una mujer me dijo: “Hoy es tu santo, felicidades”. Me detuve y le respondí: “No tengo santa. Mi abuela me decía que no tenía santa”. Ella me hizo acercarme hasta su mesa y señalando la fecha, 27 de enero, susurró: “Sí. Santa Ángela de Mérici”. Le sonreí y le di las gracias y salí de aquel espacio pensando que mi abuela siempre supo que tenía santa, pero a su manera de mujer de La Almolda quería que fuera fuerte, quizá como ella, y yo solo era una niña que todo lo observaba desde una realidad con palabras oscuras que retumbaban en mi pequeño cuerpo y se deslizaban hasta mis tobillos como gotas de agua negra, aterciopeladas, que navegaban entre tu duda y mi quizá.

Cuando aquella mujer pronunció el pasado viernes esas palabras, nació otra realidad, y ahora ya no sé qué hacer con mi pecado ni qué hará él conmigo. Así que vuelvo a la carbonera de mi infancia y las lágrimas negras y silenciosas son el rubor de un parpadeo y me sumerjo de nuevo en el pecado de un nombre sin santo. Y a ella, a la que puso santa a mi nombre, le doy las gracias y disculpas porque yo no conozco su nombre.

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