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ARAGÓN

El aforamiento como paraguas

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Aunque parezca difícil de comprender, hay quien todavía contempla la actividad política y las instituciones como un selecto club. Son aquellos que tal vez nunca creyeron demasiado en los principios democráticos o que, aun creyendo en ellos, con sus actitudes no han hecho más que quebrar los valores constitucionales y fomentar el descrédito de la política. Ni siquiera el clamor de la ciudadanía a la que representamos ha servido para entender que la transparencia, la regeneración democrática y la limpieza no son solo de obligado cumplimiento, sino que deben ocuparnos las 24 horas del día.

Por este motivo, entre las muchas medidas que contemplamos en nuestro documento para negociar con las formaciones que reclamamos cambio y aspiramos a formar un Gobierno de progreso y regeneración, destaca la revisión de los aforamientos. Que ninguna institución sirva de cobijo ni paraguas para tratar de ralentizar una investigación judicial. El respeto a la presunción de inocencia es una máxima inexcusable que debemos llevar hasta las últimas consecuencias, pero no es admisible que algunos representantes se amparen en una figura que quizá en su día pudiera tener cierta justificación. Hoy tiene muy poca razón de ser. Y más si son por causas privadas o totalmente ajenas a la actividad política. Si los bienes privados merecen el más absoluto de los respetos, los públicos son sagrados.

Por eso, supone una burla que la persona que lideró el PP en la ciudad de Valencia y que tiene a todo su equipo de concejales imputado, Rita Barberá, se blinde en el Senado y su partido, con todo el descaro, le reclame que no presida una comisión parlamentaria a la vez que la nombre miembro de la diputación permanente. Sonaría a broma si no fuera tan obsceno.

Si al Senado queremos darle un papel protagonista en nuestro sistema parlamentario, no debe ser el que acaba de darle el PP manteniendo a Rita Barberá en la diputación permanente. Es más, debería dar toda la facilidad a la Justicia para que aclare qué sucedió en aquellos años en aquella ciudad.

Valencia, esa ciudad y comunidad que pusieron como ejemplo de progreso y buen hacer político un buen número de dirigentes del PP, desde Rajoy a Javier Arenas, pasando por Soraya Sáenz de Santamaría o María Dolores de Cospedal, es hoy un lugar repleto de imputados y con la sombra de la sospecha instalada de forma permanente. No solo se cometieron despilfarros y abusos, sino que en muchos casos hubo actitudes delictivas que nos sumen en la más profunda de las decepciones y desencantos. Y para arreglarlo, el respaldo que vuelve a darle el PP a la exalcaldesa de esta ciudad incrementa el grado de hastío de quienes nos creemos y nos tomamos muy en serio la vocación de servicio público.

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