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ARAGÓN

ENTREVISTA: Stop Desahucios Zaragoza

“Planteamos ocupar bloques completos, no entrar a la fuerza en el piso vacío de un particular”

Stop Desahucios Zaragoza nació poco antes de las últimas elecciones generales y en estos momentos atiende unos 300 casos.

“Cuando tienes tanta razón, explicas las cosas y se entiende, ganas batallas”

“Las cosas no se cambian desde arriba. Si no hay un apoyo social y la lucha no sigue en la calle, no se consigue nada”

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Marta y Raquel en la sede de Stop Desahucios.

Marta y Raquel en la sede de Stop Desahucios. Juan Manzanara / Zaragoza

Raquel de la Riva (Zaragoza, 1959) y Marta Malaca (Zaragoza, 1982) nos reciben en la nueva sede de Stop Desahucios Zaragoza, en una sala que todavía huele a pintura fresca. El traslado parece el reflejo de la situación que atraviesan quienes acuden a las asambleas de Stop Desahucios: una mudanza a la fuerza, indeseada, aunque con el apoyo de muchos compañeros. La diferencia es que la asociación no cambia de local por un impago, sino por un incendio.

¿Cómo ha cambiado la lucha contra los desahucios en estos cuatro años?

Marta. Al principio teníamos más fácil llamar la atención, el efecto mediático nos favoreció. En cuanto hacíamos una movilización en un banco y aparecíamos en los medios de comunicación, había respuesta por parte de la entidad y se paraba el desahucio. Ahora, los bancos están más cuidadosos: si la familia pertenece a una plataforma anti-desahucios, no se lanzan a desahuciarla. No les interesa una movilización.

Raquel. Estamos hablando de entidades financieras que viven de su credibilidad. Cuando estalla la burbuja inmobiliaria, los desahuciados estaban mal vistos socialmente. Los afectados llegaban a las plataformas con miedo, con vergüenza... se pensaba que vivían por encima de sus posibilidades. Explicamos lo que estaba pasando y la gente se dio cuenta de que si tenían un problema, les echaban de casa y encima se quedaban con la deuda. Esa primera lucha ya se ganó; las encuestas señalan que hasta el 80 % de los españoles apoyan la dación en pago. Después, en una segunda etapa, empiezan los desahucios por impagos de alquiler; ahí el problema es que muchos dueños de los pisos son propietarios particulares. ¿Cómo defiendes a una familia ante un particular que necesita completar su pensión alquilando un piso heredado que, además, es para un hijo que ha vuelto a su casa porque se ha quedado en paro? Es una guerra de pobres. Esa batalla creemos que la estamos ganando de nuevo. Y estamos ya en una tercera etapa: defender a los afectados por desahucios que están ocupando un piso ilegalmente, lo que se llaman "desahucios de patada en la puerta". Tenemos una compañera que fue desahuciada de una hipoteca y, después, con dos hijos y embarazada, es desahuciada de alquiler. Cuando estaba saliendo por la puerta con las bolsas, una vecina le dijo que ella también estaba a punto de ser desahuciada por hipoteca y que, si quería, le daba las llaves. Ella no se lo pensó dos veces, cogió las llaves y se metió. Esto se está dando muchísimo; aquí tenemos más de 30 casos. Intentamos conseguir apoyo social también para ellos o, al menos, comprensión. ¿Qué hace una familia desahuciada, con niños, que ya ha pasado por casas de familiares, por albergues…? ¿Dónde van? ¿Quién puede juzgar eso, sobre todo, si se trata de un piso de Bankia, por ejemplo?

¿Qué consecuencias tiene este tipo de ocupaciones?

R. Hay jueces que archivan el caso, otros ponen multas de 300 euros y otros de 900. Para una pareja, serían 1.800 euros. Si no pagas, puedes ir a la cárcel unos tres meses. No es una tontería. Nosotros informamos de todo esto a los compañeros y no alentamos la ocupación individual de cualquier manera. Lo que planteamos es la ocupación de bloques completos de viviendas; no vamos a defender a quien entre a la fuerza en un piso vacío de un particular.

¿Cómo ha evolucionado vuestro trabajo como asociación?

M. Todo empezó justo después del 15-M. Yo intervine en uno de los foros populares de debate y pregunté si estábamos dispuestos a defender a quienes estuvieran a punto de ser expulsados de sus casas. Todo el mundo gritó que sí; había que organizarlo. Al principio éramos seis o siete personas, ninguno afectados directamente. Acudíamos a los juzgados para intentar localizar los casos de desahucio, nos presentábamos y les ofrecíamos nuestra ayuda. Cuando planteamos la idea en las asambleas de los barrios, fuimos conociendo más casos.

R. Fue un crecimiento exponencial, de repente no cabíamos en la sala. Empezamos a hacer ocupaciones en las entidades bancarias y se asustaron. Aquello no había ocurrido nunca.

M. No sabían muy bien cómo actuar. Venía la policía y tampoco sabían qué hacer.

R. Cuando tienes tanta razón, explicas las cosas y se entiende, ganas batallas. El planteamiento de la plataforma es que no somos una gestoría ni una oenegé. Aquí se trabaja en círculo, es una asesoría colectiva, la experiencia de unos y de otros sirve para ayudar a los que llegan. Hemos parado desahucios incluso en cinco horas. Pero sabemos que el cambio real tiene que llegar por la vía legislativa. Si no conseguimos una legislación nueva, nos agotaremos parando desahucios y no llegaremos a todos.

M. Es impresionante que la gente sigue desconociendo las reformas. El decreto de paralización es una miseria, pero hay mucha gente que se podría acoger y no lo hace porque no sabe que tiene derecho. Aquí, lo que hacemos es aconsejar mucho.

Con esa colaboración, ¿se crean lazos personales?

Raquel. Sí, aquí la gente se siente en familia. Llegan con miedo, solos, sin apoyos... La Obra Social de Stop Desahucios empezó solo para recuperación de viviendas vacías de la banca y ahora estamos avanzando en proyectos de ayuda, con alimentos, ropas, banco del tiempo, clases de refuerzo escolar, cuidados... Lo hacíamos ya de forma natural; ahora lo estamos organizando para que la gente que estamos luchando juntos, nos podamos apoyar entre nosotros. Cuando paralizamos un desahucio forzoso, la familia recibe una llave para un alquiler social, pero su situación no mejora económicamente.

Un cambio para vuestra trayectoria también han sido las candidaturas municipalistas, en las que se implicaron algunos de vuestros portavoces: Ada Colau en Barcelona o Pablo Híjar en Zaragoza...

R. Claro, lo que pasa es que siempre hemos pensado que las cosas no se cambian desde arriba. Si no hay un apoyo social y la lucha no sigue en la calle, no se va a cambiar nada.

M. Necesitan que detrás haya gente empujando. Que en las instituciones haya personas concienciadas con el problema de la vivienda supone un cambio. Pero las asambleas siguen llenas: no han dejado de producirse desahucios. Además, yo personalmente no creo que las instituciones sean la solución, sino que vendrá de la gente organizada.

R. Los ciudadanos habíamos delegado la política: tomaban decisiones sobre nosotros, nos peleábamos en la calle totalmente alejados del poder. Es de celebrar que la gente esté en el poder, aunque es un poder relativo porque los presupuestos de los municipios llegan del Gobierno central. Mientras no se gane el Gobierno... Pero es importante porque hemos conseguido, toda la ciudadanía, hacer un cambio político. El cambio económico real no pueden hacerlo. Quien tiene el dinero y el poder no son solo los políticos.

¿No os habéis planteado impulsar también una candidatura en las elecciones generales?

R. Yo entiendo que tiene que haber un cambio político, pero cada cual tiene su tarea. Si no hay gente luchando en la calle, si los movimientos sociales se desarman... En los años 70 vimos cómo se institucionalizaban las asociaciones vecinales y quedaban desarmadas. Yo creo que sería un error tremendo que desapareciéramos de las calles. Además, Stop Desahucios no ha impulsado nada; simplemente, un compañero, Pablo Híjar, se presentó a las primarias de Zaragoza en Común.

M. También hace falta desobediencia civil y eso no se va a hacer desde las instituciones: se trata de que un grupo de gente organizada decida ocupar las viviendas vacías.

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