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Isaac Altable

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Sello de calidad para el emprendimiento social

Trabajo en un centro especial de empleo de Atades.

En no pocas ocasiones, los esfuerzos que han ido pasando por este espacio han llevado el sello de la economía social y los centros especiales de empleo (CEE). Los CEE, al fin y al cabo, llevan en su ADN el objetivo primario de crear trabajos para colectivos con menos oportunidades de partida. La integración social mediante el mundo laboral.

Pero, al mismo tiempo, los propios centros se dan cuenta de que ya no pueden quedarse en las meras buenas intenciones. No pueden limitarse a crear una especie de vía paralela y mundo alternativo. Los propios empleados reclaman vivir en la misma realidad que los demás. Trabajar como el resto de sociedad y con un horizonte de utilidad. No desempeñar un trabajo como si estuvieran aparcados y parcelados sin molestar. Ser parte del tejido productivo y común. Como cualquiera.

Con esas exigencias han evolucionado los CEE. Se les exige calidad, no sólo buena intención. Así que estos centros que preparan y emplean a personas con alguna diversidad funcional, con enfermedad mental o con riesgo de exclusión social, se enfrentan a nuevos retos.

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Una huerta como motor de cambio social

Instalaciones en Punt Eco.

La huerta como motor social. La agricultura ecológica no se detiene a la hora de generar nuevas ideas que aúnen producción y respeto por el entorno que rodea a un ser vivo. De hecho, empresas dedicadas a cultivar frutas y hortalizas sanas y respetuosas con el medio ambiente se van multiplicando por todo el campo español. Pero la cuestión va más allá de la mera relación productor-consumidor. La huerta, bien desarrollada, está dando para más. Algo así como la levadura, que, si se sabe administrar, cunde mucho.

En una zona de marcado carácter hortofrutícola como es Lleida, un grupo de emprendedores ha hecho realidad todo un proyecto integral que gira alrededor de los azadones y los surcos. Punt Eco es el nombre  de esta empresa de “responsabilidad social y ambiental”, según la define uno de sus fundadores, Marc Olomí. Olomí, junto a Nuria Fontova, Ricard Vizcarra y Jordi Prats, ha llevado a cabo esta idea con el objetivo, cuentan, de colocar en el centro de sus esfuerzos “un estilo de vida ecológico y sostenible que recupere el espíritu del pagès” y los valores paisajísticos y sociales “que iban unidos a la huerta”.

Así que el campo multiplica y se diversifica, como en los años de buena cosecha. No se limita este emprendimiento a aprovechar una parcela para cultivar buena mercancía que luego pueda llegar a comensales interesados por la calidad y el proceso de producción. “La agricultura se convierte en un manera de gestión territorial del entorno”. La empresa se empeña en “ofrecer soluciones responsables 
a nivel social y ambiental para el ocio de calidad, la formación ambiental y en agricultura ecológica, la agricultura social y la horticultura terapéutica”, explica su fundador.

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Nuevas integraciones alejadas de los estereotipos

La calaixera emplea a personas con enfermedad mental en la mensajería de paquetes con ASM.

Puede afirmarse que los centros especiales de empleo (CEE) se buscan la vida. No sólo para crear y ofrecer puestos de trabajo para personas con discapacidad, sino para que estos puestos lleguen desde más lugares, más variados, más satisfactorios… que no se anquilose la idea y el estereotipo del trabajo protegido y poco cualificado. El centro La calaixera, de Barcelona, se llevó hace poco tiempo un premio Integra de BBVA por su programa A tu ritmo que rompe ese valla.

A tu ritmo es una expresión que viene a significar…hazlo tú mismo, según tu necesidad. Trasladado al mundo laboral ha resultado un programa para emplear a personas con una enfermedad mental diagnosticada en el servicio de mensajería. La operadora ASM es la que ha entrado en la colaboración con La calaixera para, según explican en la agencia, “ofrecer una nueva vía de transporte urgente sostenible: reparto a pie y en furgoneta eléctrica”.  El acuerdo con el que trabajan les permite integrarse en la red de la operadora así, “ofrecemos nuevas oportunidades laborales”, cuentan en ASM. Los empleados con enfermedad se encargan de repartir paquetes. Como uno más.

La calaixera tiene como esencia la integración mediante el trabajo pero con “estabilidad y calidad”. A la vez, entienden que como empresa deben ser “rentables, sostenibles y eficientes”.  Dentro de sus objetivos está que las personas con enfermedad mental se añadan al mercado laboral ordinario, de ahí la búsqueda de nuevos nichos económicos como el que se desarrolló con A tu ritmo. Y quizá es esa la característica más destacada de este emprendimiento dentro del CEE: “Formar parte de la red de distribución”, no limitarse a una actividad residual. El negocio, recuentan, se divide en “reparto de paquetes y creación de propios envíos de nuestros posibles clientes”, remachan en el Centro.

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El futuro es del turista responsable

El agro-turismo busca la conviviencia con la producción agrícola.

Si en España hay una evidencia económica que casi cualquiera conoce es que la principal industria del país es el turismo. Según el Instituto de Estudios Turísticos del Ministerio de Industria, el peso de este sector en la riqueza española en 2012 rondó el 11%, es decir, más de 100.000 millones de euros. Y es un volumen que viene recuperando desde 2009 cuando cayó al 10,1% (en 2010 fue el 10,4 y en 2011 un 10,8%). A nadie se le escapa que España….es un estado del turismo.

Pero turismo, así en general, es muchas cosas. Y no todas buenas. Hay precariedad de empleo, estacionalidad de los contratos… También existe abuso de recursos. De recursos naturales que componen muchas veces el atractivo turístico: una playa casi virgen, un paraje conservado… Esta lucha entre el deseo de visitar y el respeto de lo visitado es en la que se mueve el turismo sostenible.

A la hora de planificar una escapada, un viaje mediano o un largo periplo, el turista puede ejercer responsabilidad. Más si halla recursos diseñados con ese fin.  Una “iniciativa dirigida a la preservación, a la conservación y a la difusión del patrimonio rural, etnográfico y del entorno medioambiental que lo rodea y le concede su razón de existir”, es el proyecto Ceres-Ecotur. Se trata de un intento por, según analizan ellos mismos, “unificar una red de turismo ecológico en España”. Intentar poner en valor el medio natural mediante actividades “integradas en el mundo agrícola y ganadero”.  Según se explica, la idea de esta red es “recibir al turista en los propios centros productivos” –aunque no exista un alojamiento hostelero específico- y hacerle partícipe “no creando una actividad para él” sino adaptándose al estilo real de ese lugar. Para disfrutar de este agroturismo, hay que estar dispuesto a remangarse. A cambio se obtiene una experiencia “auténtica” al tiempo que se produce una productividad extra del modo de vida agrícola que, quizá, marque la diferencia para su supervivencia. Su certificado indica que las empresas "está comprometida con los destinos, apoya la economía local y la sostenibilidad".

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Herramientas para impulsar la economía social

Fábrica de Fagor

La economía social (ES), que intenta poner por delante la valía de las personas y la promoción de la solidaridad interna frente al valor absoluto del capital, se ve zarandeada por los apuros que la crisis global ha impuesto a cualquier sector productivo. Tanto es así, que uno de los pilares de esta manera de organizar el trabajo, las cooperativas, está atravesando dificultades para, simplemente, sobrevivir. Incluso su propia concepción como modelo está siendo cuestionada. Las más de 22.000 cooperativas españolas aportan unos 56.000 millones de euros al PIB. Es casi la mitad del volumen de la economía social (unos 145.000 millones de euros anuales que incluyen no sólo cooperativas, también empresas de inserción laboral, fundaciones o sociedades laborales).

El tsunami  económico actual no ha pasado por encima de esta forma de entender la economía y el caso de Fagor es un perfecto botón de muestra. La economía basada en valores humanos también padece los impagos, el paro, el cese del flujo de crédito… La Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES) recordó hace apenas quince días, tras conocerse las cifras del paro de noviembre, que siguen sumidos en problemáticas como la “financiación de las pequeñas empresas”, que tanto tejido dan a esta economía.

Su presidente, Juan Antonio Pedreño, no se cansa de subrayar que la economía social es “el 10% del PIB” y de empujar para que los dirigentes políticos incluyan en sus agendas las peculiaridades de la ES. En mayo de este año, el Parlamento Europeo aprobó una resolución para resaltar que “las cooperativas, junto con otras empresas de la economía social, desempeñan un papel esencial en la economía europea, en especial en tiempos de crisis, al combinar la rentabilidad con la solidaridad, crear puestos de trabajo de calidad, reforzar la cohesión social, económica y regional y generar capital social”.

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El edificio que limpia la polución

Edificio de Especialidades Médicas en Ciudad de México. / Ellegant Embellishmets. A. Cartagena

La contaminación es uno de los peajes más evidentes y dañinos que pagamos por el estilo de vida occidental. Según un estudio de la asociación Ecologistas en Acción –basado en las mediciones de los organismos medioambientales de la comunidades autónomas–, el 37% de la población española respira un aire con concentraciones de polución superiores a las permitidas por la ley de la Unión Europea. Este porcentaje representa una cifra de 17,3 millones de personas. La mayoría de la contaminación tiene su origen en los tubos de escape de los vehículos con motor de combustión.

Iniciativas para lograr una atmósfera más limpia existen de muchas formas. Transporte ecológico, mensajería en bicicleta, casas que funcionan con energía solar… Y son proyectos que acuden a la causa primigenia: evitar la producción de humos tóxicos. Pero también hay algunos emprendimientos que buscan destruir la polución que ya está en el aire antes de que se aloje en los pulmones. Es el caso de Elegant Embellishments, una idea de Allison Dring y Daniel Schwaag, dos arquitectos alemanes que han dado con un material de construcción que se come la contaminación.

Se trata de un revestimiento de edificios pensado para limpiar el aire que lo circunda. Con un nombre propio de elemento químico en una película de espías, el prosolve370e es un material a base de dióxido de titanio. Sin entrar en complejos procesos, el sistema funciona de la siguiente manera: cuando la luz del sol atraviesa la nube de contaminación e incide en una fachada vestida con este titanio, los rayos ultravioleta provocan una secuencia de complicadas reacciones químicas que descomponen la nube tóxica en otros componentes menos dañinos. El dióxido de nitrógeno de la nube (el smog) que sale de los tubos de escape, cuentan estos arquitectos, “es un contribuidor clave en la polución del aire y un precursor principal del ozono troposférico”.

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Los pasos hacia las aulas del futuro

Componentes de 'hardware' Arduino.

Dentro de cien años, las clases de un colegio serán un espacio de tecnología total. Basta con observar a un niño o una niña de pocos años y ver cómo se maneja con una tablet o un smartphone, cómo absorbe esa nueva manera táctil, visual e interactiva de asomarse al mundo, jugar o aprender. Las aulas se convertirán en auténticas salas interactivas, algo así como la oficina de investigación de Tom Cruise en la película Minority Report.

Pero, claro está, no se va a producir una generación espontánea de sistemas tecnológicos adaptados a la educación. Desde 2013 y hasta ese hipotético futuro, hay que ir dando pasos reales. Para cubrir esos escalones, y dentro de ese campo, es donde incide el trabajo de Arduino.

Arduino es una plataforma tecnológica, y española, orientada específicamente a la educación. Un paquete completo de aparatos y lenguaje informático diseñado y desarrollado para utilizarse en las clases. Su cofundador, David Cuartielles, es quien traza esa imagen de los colegios del mañana a la que hay que ir aproximándose con realidades. “Todo el mundo piensa y sabe cómo será la educación del futuro: todos los niños con sus tabletas y aprendiendo desde ahí la complejidad del mundo. La pregunta es: ¿cómo llegar a ese punto?”.

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Dinero y trueque sociales para burlar a los 'mercados'

El Puma es una moneda social online de Sevilla.

Para afrontar problemas muy globales y de gran magnitud, las acciones locales pueden ir aportando singulares formas de resolverlos. Sumadas, son una gran solución.

¿En qué consisten? ¿Cómo funcionan? Se trata de una mezcla de trueque y dinero en un ámbito geográfico reducido que, a día de hoy, está tejiendo redes de servicio muy reales en barrios de ciudades españolas. A estos proyectos híbridos podemos conocerlos por el concepto de moneda social o moneda local. La actividad de las personas es la que crea esta moneda, que se usa para compensar los servicios que unos se prestan a otros. Una mudanza, tantas monedas sociales; unas barras de pan, otras tantas. El que presta el servicio se añade saldo. Cuando él haga uso de algo, se restará de su saldo.

Estos emprendimientos de carácter entre social y monetario se están extendiendo. Tanto es así que en mayo pasado se realizó un encuentro. Vamos por partes y ejemplos.

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Una pista de circo es una escuela

La Tarumba en acción.

El circo, ese espectáculo que tantas veces parece ya sobrepasado por la vida del siglo XXI, tiene una idiosincrasia que lo lleva y lo trae: su vocación itinerante lo erige en un nómada del arte. Y de gira en gira, de ciudad en ciudad, se va empapando de la realidad que lo acoge. Al fin y al cabo, lleva todo consigo y no precisa más que un descampado donde levantar su carpa.

“Desde nuestra fundación, las giras nos han hecho conocer la desigualdad de Perú”. Quien habla es Estela Paredes, directora en la compañía La Tarumba, una versión del circo del arte que se autodenomina “Circo-social”. Tarumba es un espectáculo artístico, una pista circense. Pero le añade algo más: “Intentamos reafirmar nuestro trabajo con grupos desfavorecidos”.

Allí donde acuden con sus números, se instala también una propuesta pedagógica “para trabajar con niños y jóvenes”. Intentan que se aprenda a instalar el optimismo, la autoconfianza… "Usamos locales comunales, parroquias, escuelas o plazas y funcionamos en alianza con instituciones locales”. Los talleres utilizan la expresión artística para reforzar esas aptitudes que serán materia prima para el desarrollo de los futuros ciudadanos. La llegada del circo, esa hilera de pequeños que perseguía al convoy a su entrada a la ciudad, se ve más justificada si de la mano traen unas horas de aprendizaje social.

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El municipio ecológico lucha contra el desierto

Amayuelas de Abajo (Palencia), un municipio ecológico.

En España existen unos 4.800 pueblos con menos de 2.000 habitantes. Ocupan, más o menos, el 70% del territorio del país: una gran extensión, y muy olvidada. No se trata ya del éxodo rural, sino de la desertización demográfica. La densidad de población en España, según el Instituto Nacional de Estadística, es de 93 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero las diferencias por áreas son tremendas: Aragón tiene 28 –pero Teruel, sólo 9–; Castilla y León, 27 –y Soria, sólo 9–; Castilla-La Mancha, 26; Extremadura, 26… Al otro lado, Madrid supera los 800 habitantes por kilómetro cuadrado y Euskadi pasa de los 300 (sin contar los territorios insulares, que disparan las cifras). Geográficamente, los desiertos de población son considerados los territorios con menos de 10 habitantes por km2.

En este –casi desértico– paisaje, han ido apareciendo movimientos empeñados en no dejar morir de esta sangría de habitantes en los pueblos. Y, por tanto, el estilo de vida rural, pero también la producción agrícola de España. Casi mil municipios sin vecinos están ya catalogados según el proyecto PuebloSocial. Jerónimo Aguado, Jeromo, es la cara más visible de uno de estos emprendimientos para afianzar la población a su raíz geográfica: Amayuelas de Abajo (Palencia).

En los años noventa del siglo XX, Jerónimo se lanzó, junto con un grupo de personas, a buscar métodos de producción agrícola respetuosos con el medio ambiente: “Se trataba de redescubrir las potencialidades de la producción cuando ésta se realiza haciendo un uso correcto y legítimo de los recursos del territorio”, explica. Con esa dinámica, dice, se abrían nuevas posibilidades de empleo en su pueblo. Consiguieron, recuentan, “más de 20 trabajos fijos, 50 temporales y asentamiento de población”. “Trabajamos desde la asociación Cifaes, en Tierra de Campos”.

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