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Miguel Roig

Miguel Roig (Rosario, Argentina) es director creativo del espacio cultural Hotel Kafka, del cual es socio fundador. Es autor de los ensayos Belén Esteban y la fábrica de porcelana, Las dudas de Hamlet y La mujer de Edipo.

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De qué hablamos cuando hablamos de amor

Tardes atrás, una amiga trajo a cuento en una conversación el recuerdo de un pasaje de la película Amor [1] de Michel Haneke, que narra el invierno de una pareja de franceses interpretada por Emmanuelle Riva, desparecida el año pasado, y Jean- Louis Tritignant, quien, por cierto, no solo está en activo en cine en el umbral de los noventa años, sino que hace apariciones en teatros: hace unos meses París estaba empapelado con carteles que anunciaban un unipersonal suyo con poemas de poetas franceses vivos. (¿Podríamos aquí asistir alguna vez, por ejemplo, por citar dos nombres, a Julia Gutiérrez Caba o a Héctor Alterio recitando a Gamonda, García Valdez, Maillard, Martínez Sarrión, entre otros poetas contemporáneos?)

Recordé entonces, volviendo a la conversación con mi amiga, algunas impresiones que me había sugerido la película y que incorporé en un libro [2] sobre la vida cotidiana de estos años de posteconomía, nuevas tecnologías y crisis perenne. En aquel texto rescataba  una crítica de la película de Haneke que había desarrollado en su columna política el escritor y periodista Gregorio Morán, por entonces en La Vanguardia, antes de que sus editores lo desterraran de sus páginas. No es curioso que lo hiciera Morán ya que también la crítica cinematográfica ha sido desplazada por textos publicitarios y está aislada en medios especializados o cuasi marginales. El hecho de que Morán y no un crítico escribiera en profundidad sobre Amor podría llevar a valorar la idea de que la defensa y el alcance del amor es, hoy por hoy, por qué no, una cuestión política.

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El guión

Esta semana se ha fallado el premio Alfaguara y en esta ocasión ha sido para Jorge Volpi. El escritor mexicano ha escrito un texto alrededor de un suceso que ocurrió en su país en 2005 en el que una pareja fue acusada de cometer un secuestro ante el cual las autoridades, para resolver el caso, urdieron un montaje que incluyó una puesta en escena televisiva de la captura de la pareja. Volpi no inscribe su obra dentro del género de no ficción, sino que la define como una novela sin ficción. De algún modo, el propósito de Volpi es ordenar un Estado de ficción para presentarlo en una novela, un artefacto de la imaginación, y cumplir por otra vía con la definición de Vargas Llosa: la verdad de las mentiras.

La emisión mediática de aquel suceso daba validez al montaje; el eslogan de la CNN «lo estás viendo, está pasando» es una definición que carga de garantías el guion de la telerrealidad.

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George Smiley aparece en los archivos del Pentágono

Hace unos pocos años se publicó la novela Campo de amapolas blancas del escritor Gonzalo Hidalgo Bayal. En ella, el narrador nos cuenta su experiencia desde los años sesenta hasta bien entrados los setenta en una secuencia que tiene como marco su vida cotidiana en provincias, los estudios en Madrid y sus andanzas en el París del mayo francés. El protagonista hace su iniciación vital en compañía de un amigo que intenta concretar el sueño generacional de la realización artística y que acabará en fracaso. Buscan, sin conseguirlo, ver en los márgenes de la carretera y de la vida las amapolas blancas cuyas hojas contienen «la esencia del paraíso, su síntesis primordial». De adolescentes habían hallado una Arcadia en el final de la película Dos hombres y un destino de George Roy Hill, donde Paul Newman y Robert Redford, interpretando  a Butch Cassidy y Sundance Kid a punto de morir rodeados por el ejército boliviano se dan un ánimo imposible y dicen: “Iremos a Australia”. El narrador se limita a leer; el amigo, por su lado, intenta abrir la puerta de lo sublime sin conseguirlo. En el inicio del libro, Hidalgo Bayal escogió un fragmento de El almendro de Albert Camus, donde el escritor francés cuenta que en Argel esperaba la noche invernal cuando los almendros se cubrían de flores blancas y después se maravillaba viendo cómo resistían las inclemencias del tiempo para llegar a ser un fruto. No les ocurre lo mismo a los protagonistas de la novela. Hoy me doy cuenta que entonces, apenas seis o siete años atrás, leí el libro con cierta nostalgia y creo que Hidalgo Bayal, por el contrario, clausura en este texto, no sin dolor pero con fuerza poética, los símbolos y los paraísos. «No ganaremos nuestra felicidad a fuerza de símbolos. Hace falta algo más serio.», sostiene Camus en otro pasaje del El Almendro. Ya no nos queda París. Tampoco Australia.

La profecía de Bauman sobre una realidad líquida, un oportuno eco de la voz de Marx («Todo lo sólido se esfuma en el aire, todo lo sagrado se profana.») se cumple con el mismo rigor y voluntad que los tuits matinales del presidente Trump que golpean, uno tras otro, sobre la piel resquebrajada de un mundo conocido que va perdiendo peso.

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Manual de instrucciones

Milan Kundera, en La insoportable levedad del ser, describe una escena en la que un senador norteamericano se desplaza en su automóvil hacia un parque. En el asiento trasero del coche se apretujan sus cuatro niños. Cuando llegan al parque, los niños bajan del coche y se alejan corriendo. El senador le dice a su acompañante: "Mírelos; a esto lo llamo la felicidad". Se pregunta Kundera: "¿Cómo sabía aquel senador que los niños son la felicidad? ¿Acaso podía ver sus almas? ¿Y si en el momento en que desaparecieran de su vista, tres de ellos se lanzaran sobre el cuarto y empezaran a pegarle? El senador tenía un solo argumento para su afirmación: sus sentimientos. Allí donde habla el corazón, es de mala educación que la razón le contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón".

En la década de los ochenta, cuando regresó la democracia en Argentina después de la sangrienta dictadura militar, el peronismo era incapaz de elegir un candidato a gobernador para Santa Fe, la segunda provincia en importancia del país, por vía democrática. La cuestión se zanjó de manera burocrática: el sindicato vertical Unión Obrera Metalúrgica impuso a un contador, encargado regional de las cuentas de la agrupación sindical. Poco después de ganar las elecciones, trabajando yo en aquel entonces en un periódico local, recuerdo que el nuevo gobernante contaba entusiasmado que, en la campaña electoral, como nadie le conocía, su equipo de comunicación le obligaba a levantar a cuanto niño pequeño se cruzara en su camino con la intención de difundir esas imágenes, pero después, afirmaba, "tuve que empezar a quitármelos de encima: todo el mundo me ponía a su hijo en brazos". Como dice Kundera: "El kitsch es el ideal estético de todos los políticos, de todos los partidos políticos y de todos los movimientos". Incluido el movimiento peronista y las monarquías europeas.

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Cuento de Navidad

Si con algunos de nosotros, sus nietos, hablaba, era solo con mi hermano.

Cuando mi abuelo murió yo pisaba el umbral de la adolescencia. Pocas palabras se cruzaron entre mi corta vida y la suya tan próxima a la clausura. Mi primo y yo, casi de la misma edad, resultábamos un tormento cuando su casa se abría para recibir a la familia. Teníamos merecida fama de revoltosos; hasta el gato se escondía en los días de fiesta. En cambio, mi hermano Pepe, el menor, prodigaba un carácter sereno y cálido que parecía responder a la demanda de los mayores (luego el tiempo demostró que se trataba sólo de una estrategia para hacer exactamente lo contrario, pero con un coste emocional relativamente bajo), entonces, Pepe, decía, accedía al mundo del abuelo. Yo sólo lo alcancé al final, pero fue apenas la débil iluminación de un fósforo dentro del salón de una casa oscura que te permite vislumbrar la dimensión del ambiente, las vigas expuestas del techo y una puerta que conduce al interior, a la cocina, donde se juega la vida de una casa, y cuando llevas tus pasos allí, los dedos se queman y el fósforo se apaga.

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Asaltar el techo

El  debate de Ines Arrimadas y Marta Rovira ha desbordado su marco habitual, el programa Salvados de Jordi Evolé, por exponer la ignorancia de ambas candidatas sobre las cifras del paro en Catalunya. No es para menos. El principal eje de la crisis es la brecha que divide a los ciudadanos entre empleados y parados. ¿Puede un presidente ignorarla? Pero esta es la punta del iceberg porque Évole preguntó también por la cantidad de barracones existentes en las escuelas a día de hoy en esa comunidad, el número de refugiados y las mujeres asesinadas en territorio catalán en lo que va del año. Balbuceos, aproximaciones, ignorancia. Esto esconde el relato nacionalista, tanto español como catalán.

El escritor Christian Salmon ha teorizado el uso actual del relato político y en su libro La ceremonia caníbal  da cuenta de una vuelta de tuerca que pasa de la simple enunciación del relato a su sustitución por la acción del mismo: del debate y la discusión a lo interactivo, lo performativo, lo espectral. Marta Rovira señala la frivolidad de la danza de Miquel Iceta en el programa El Intermedio mientras su líder, Oriol Junqueras está en la cárcel e Iceta le responde que lo frívolo es la declaración de la independencia en el Parlament. Podría también haber señalado Iceta la performance que escenifica Junqueras en clave vaticana desde la cárcel. «Pasamos de la encarnación del poder a la exhibición de la persona», afirma Salmon.

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La nostalgia

Ayer fui a ver Blade Runner 2049 y me di cuenta que estaba esperando la aparición de Harrison Ford del mismo modo que cuando vimos por vez primera Apocalipsis Now aguardábamos con ansia, ante un largo metraje, el encuentro con Marlon Brando.

Es que tanto Deckard, el personaje que encarna Ford en las dos versiones de Blade Runner, como el coronel Kurtz, rol de Brando en la película de Coppola, aislado en las ruinas de Las Vegas uno y en las entrañas del Vietnam el otro, ambos en el corazón de las tinieblas, se les está esperando porque ocupan un lugar en nuestro pasado, un espacio en la memoria.

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El remedio de la verdad

                                    Nunca es triste la verdad, / lo que no tiene es remedio. J.M.S.

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La piel del cordero

Uno de los debates más interesantes alrededor de los medios de comunicación es su rol frente a lo que se denomina opinión pública en el sentido de si tienen capacidad de anticiparse a ella, es decir, formarla o, por el contrario, la reflejan. Atendiendo a la primera posibilidad, la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann elaboró la teoría de la espiral del silencio que intenta medir el nivel de autocensura que hay en los ciudadanos en el momento de expresar sus opiniones, cuyos motivos estarían centrados en el miedo de la exclusión social. La teoría parte del supuesto de que todos los individuos prestan especial atención a las corrientes de opinión dominantes y que de alguna manera se acercan a ellas para evitar quedar fuera del abrigo de la mayoría. En este sentido, Alexis de Tocqueville en su ensayo El Antiguo Régimen y la Revolución, reflejó cómo en el siglo XVIII francés la Iglesia fue perdiendo terreno ante el desprecio general por la religión: “Los hombres que conservaban la antigua fe temieron ser los únicos que seguían fieles a ella y, más amedrentados por el aislamiento que por el error, se unieron a la multitud sin pensar como ella. Lo que aún no era más que el sentimiento de una parte de la nación pareció entonces la opinión de todos, y desde ese momento pareció irresistible ante los mismos que le daban esa falsa apariencia”.

«Piel social» denomina Noelle-Neumann a la opinión pública, aquella que se emplea a manera de protección para no quedar aislados del cuerpo social o bien como una manera de autolimitarnos para no romper un consenso. En los Estados Unidos parecía ser unánime el apoyo a la invasión de Irak que se hizo bajo el argumento patriótico de la seguridad nacional después del ataque a las Torres Gemelas. Esto se podía entender, a la luz de la teoría de la espiral del silencio, como una suma de voluntades que incluían a un pequeño grupo de indecisos que se había unido a ella para no pasar a integrar una minoría acusada de antipatriotismo o bien para no romper un consenso cuya fuerza se impone a las propias creencias. En Europa los movimientos de rechazo a la invasión que se prodigaron en casi todos los países pueden haber asimilado también a una minoría que podría haberse sentido proclive a la invasión. La propia esencia de un contexto democrático supone la libre expresión de las opiniones, por lo tanto esta teoría señala una contradicción ya que se basa en la existencia de miedo a manifestarse: miedo a formar parte de una minoría, temor a la exclusión social. Con lo cual los discursos dominantes, aquellos impulsados por las elites mediáticas cuyo relato se consensua con las elites políticas, económicas e institucionales son las que acaban, desde la perspectiva de Noelle-Neumann, formando la piel social de una comunidad.

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El Gatopardo y su perro existencial

El Gatopardo cuenta la historia del príncipe de Salina, Fabrizio Corbera, a partir de su madurez cuando llegan a Sicilia las fuerzas de Giuseppe Garibaldi en 1860. La revolución traerá la caída del absolutista rey Francisco II de Nápoles, el advenimiento de la monarquía constitucional y la unificación de Italia con el reinado de Víctor Manuel II, monarca de la casa de Saboya. Es entonces el fin de una época; se acaba el protagonismo de la aristocracia que deberá ceder espacio a la incipiente burguesía, al ideario liberal.

El príncipe de Salina asiste a este desplazamiento del poder, primero con asombro, pero después con un pragmatismo que exterioriza y hace famoso uno de los temas de la novela, el manido “si queremos que todo siga como está es preciso que todo cambie”. Sin embargo hay una lectura existencial de la vida que posiblemente sea lo más valioso de la obra y que permanece opacado por el llamado “gatopardismo” que remite a la frase citada. En la segunda de las ocho partes en que está estructurada la novela, el Príncipe se traslada con su familia a la residencia estival, el castillo de Donnafugata, desde donde se siguen los acontecimientos que alteran la vida de la isla y que cambiarán la de todos.

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