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Miguel Roig

Miguel Roig (Rosario, Argentina) es director creativo del espacio cultural Hotel Kafka, del cual es socio fundador. Es autor de los ensayos Belén Esteban y la fábrica de porcelana, Las dudas de Hamlet y La mujer de Edipo.

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La partera de la historia

En Buenos Aires acaba de estrenarse por primera vez la obra Eva Perón de Copi, seudónimo del escritor y dibujante argentino Raúl Damonte Botana. Eva Perón había sido solo representada anteriormente en ámbitos universitarios y en circuitos alternativos; ahora se presenta en el Teatro Nacional Cervantes.

Copi estrenó Eva Perón en París en el año 1970, en medio de una gran polémica en la que no estuvieron ausentes el éxito las críticas feroces (Le Figaró la llamó "pesadilla carnavalesca" y "mascarada macabra") ni las bombas que estallaron una noche en el teatro donde se representaba. Es esta obra la que hace trascender el mito de Eva Perón en el mundo y da pie, entre otras intervenciones, años después, a la famosa opera Evita.

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Dios y el diablo

En el libro El alba la tarde la noche, la dramaturga Yasmina Reza siguió los pasos de la campaña de Nicolas Sarkozy que le llevó al Palacio del Elíseo. Allí se perfiló la figura de un presidente que era algo más que la imagen fatua e incluso frívola que traslucían los medios y, claro está, sus propios gestos banales. El mayor, su posterior casamiento con la modelo Carla Bruni. Se sabe que, siguiendo el dictado del "voluntarismo imponente" que describe el escritor Christian Salmon, los políticos se ven entregados a un relato permanente, a una constante campaña electoral más allá de las elecciones para justificar el incumplimiento de sus programas. Sarkozy en su día introdujo el relato íntimo, dando tanto peso al despacho público del Elíseo como a las dependencias privadas.

Si Reza ofreció en su texto un perfil revelador de Sarkozy, se echa en falta su mirada sobre el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, cuya figura denota un fuerte contenido intelectual y una historia sentimental rica en matices. En este sentido, la corrección política de Macron frente a sus antecesores, el propio Sarcozy y François Hollande –quien tampoco se privó de explotar un relato íntimo desde el Elíseo–, roza lo exquisito y los spin doctors a su servicio no han dejado de explotar el rancio y crepuscular guión de normas conservadoras. Su relación con Brigitte Trogneux, una profesora de literatura mucho mayor que él, tanto que Macron la conoció siendo su alumno, ha sido catalogada como "gerontofilia": "un presidente de 39 años casado con una sexagenaria". Se ha llegado a recurrir a tópicos populares del psicoanálisis para dibujar a un personaje débil, que vive bajo el influjo de una "madre". En el colmo ya del disparate se habló durante la campaña de "homosexualidad" para cuestionar su elección sentimental.

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Europa

Otto, el padre de Ana Frank, fue el único sobreviviente de los habitantes del escondrijo de calle Prinsengracht 263 en Ámsterdam y fue él quien, tiempo después, entregaría el diario de su hija para su publicación. En la entrada del diario con fecha 5 de julio de 1942, Ana escribe que están sacando cosas de su domicilio para salvarlas de los alemanes y anota que su padre le alerta por primera vez de que ellos también corren riesgo de caer en manos de los nazis.

Cuando uno visita la casa de la calle Prinsengracht 263 en Ámsterdam y sube varias escaleras que finalmente conducen al escondite que Ana llamaba "nuestra hermosa Casa de atrás", cuesta mucho trabajo pensar en una adolescente cavilando en los remolinos de su lábil personalidad. Por el contrario, se experimenta la ausencia del personaje del diario. Tal vez lo que mayor desasosiego genera es mirar las marcas con lápiz en una pared donde se van registrando las alturas que van ganando los cuerpos de Ana y de su hermana Margot, dos años mayor, y que posiblemente hayan sido hechas por Otto. Es como esos olores que se nos cruzan de repente y despliegan la fantasía de un pasado tan vívido que nos hacen vacilar un segundo y sentir en ese instante fugaz la presencia de alguien ausente, y en el absurdo intento de querer revivirlo se desvanece y nos quedamos con la nada. El vacío de Ana está en esa marca. En su cuarto, donde escribió el diario, hay viejas fotos descoloridas de artistas de Hollywood y una ventana que da al patio del centro de manzana. Paul Auster en La invención de la soledad afirma que desde ese sitio, a través de esa ventana, se pueden ver al otro lado del patio las ventanas traseras de la casa en la que vivió René Descartes. Auster imagina a una Ana Frank, sobreviviente de la guerra, leyendo a Descartes, que no se cansaba de alabar a ese país por la inmensa libertad que le ofrecía.

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Un continente para todos

"Si pierdo solo seis escaños, habré perdido la elección y Jeremy Corbyn se hará cargo de la negociación con Europa". Estas fueron las palabras con las que Theresa May se dirigió a sus conciudadanos el 20 de mayo a través de un tuit. Perdió 12 escaños y lejos de resignar su cargo, intentará gobernar con los unionistas de Irlanda del Norte. El empecinamiento, posiblemente, sea estéril. Otro capítulo de su ascenso al hoyo.

"No era volver a la paz de 1930, cuando todo estaba gestionado por los ricos y para los ricos". Esto se escucha por voz de un anciano en el documental  El espíritu del 45 que cuenta cómo los laboristas entendieron el significado de la nueva paz y construyeron el Estado del bienestar en el Reino Unido a partir de las ruinas de la Segunda Guerra y los escombros de la desigualdad.

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¿Cuánto pesa el socialismo?

Una de las virtudes de Norman Foster es la de introducir materiales muy ligeros a todos sus proyectos. De ahí el título del documental de Norberto López y Carlos Carcas: ¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster? En él, el arquitecto e ingeniero americano Richard Buckminster Fuller, cuya filosofía fue hacer más con menos, es decir, conseguir estructuras más resistentes usando la menor cantidad de recursos, visita con Foster el Centro de Artes Visuales de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido. Después de observar un buen rato el edificio a bordo de un helicóptero pilotado por el mismo Foster, Buckminster Fuller le pregunta: "¿Cuánto pesa tu edificio, Norman?". Foster confiesa que no tiene respuesta para esta inesperada pregunta, pero una semana después ya dispone de la cifra precisa y cuenta que el proceso para llegar a ese dato le ha permitido descubrir el excesivo peso de los materiales utilizados. Acto seguido en el documental, Foster hace una demostración del aprendizaje adquirido en esta experiencia, comparando el hormigón con ladrillos estándar y, finalmente, con un nuevo material de alta tecnología muy ligero y permeable al paso de la luz.

Sin duda, al ver la obra, el observador se queda con la apariencia externa pero la experiencia estética también compromete a la estructura interna, invisible, del edificio. ¿Es pertinente hacerle la misma pregunta a Pedro Sánchez? ¿Cuánto pesa el socialismo? La primera respuesta, impulsiva, puede que se refiera al aparato que ha demostrado su caducidad no ya en estas primarias, donde la exhibición fue cercana al jubileo en el acto de Susana Díaz en Madrid, sino en la perfomance de octubre pasado en la que la gestora se hizo cargo del partido o en las idas y venidas del propio Sánchez previas al "no es no", cuando, después de las elecciones del 20D se sentaba en la mesa a cuatro, convocada por Alberto Garzón, que reunía a todo el espectro de la izquierda, al tiempo que buscaba un plan B con Albert Rivera. ¿Habrá, al igual que Foster, comparado todos estos trasiegos e irá a por nuevos materiales políticos más ligeros de los que debería disponer para buscar soluciones rápidas a los problemas más urgentes?

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Los "sin trabajo"

"La pobreza involuntaria es evitable". Adela Cortina

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Libertad, igualdad, fraternidad

La fotografía que muestra estos días, nuevamente, con motivo del cumplir sus primeros cien días de gestión, a  Donald Trump al volante de un camión en la Casa Blanca intimida. La risa desbocada, las manos firmes en el volante, las mismas que tuitean sin freno alguno contra Corea, México o las mujeres y hombres que le plantan cara en las manifestaciones día a día, recuerdan –y la asociación tiene el estímulo de sus gestos– a los fanáticos que estrellan camiones contra los ciudadanos. La idea, obvio, es exagerada. La imagen de Trump, también.

Estos cien días obligan al balance y, según los analistas, Trump morigera su discurso y regresa de algunos de sus excesos. Se afirma que ha incorporado la realidad a su relato. Recuerda esta observación a Mariano Rajoy cuando indicó que su programa estaba sujeto a la soberanía de la realidad más que a la del electorado. No hace falta recurrir a Lacan para advertir que la realidad no es lo real sino una representación que se construye desde lo simbólico y lo imaginario.

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Lágrimas en la lluvia

Las pautas del neoliberalismo emergen con más nitidez. En el campo laboral ya no se trata de generar empleo o reducir al máximo las causas de su destrucción como suelen plantear sus principales voceros, aquí Mariano Rajoy que no deja de prometer puestos de trabajo mientras los españoles los ven mermar o Mauricio Macri, el presidente argentino, que profetiza " pobreza cero" [sic] y una revolución del trabajo.

Se podría buscar en la hemeroteca e ir hilvanando, una a una, las declaraciones de lideres mundiales (" Los europeos quieren empleo, crecimiento y prosperidad", proclamó Mario Draghi) en la construcción de un relato falaz, una prolepsis conscientemente falsa.

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Menos es más

No está de más recordar que a los cinco días de su triunfo, en una intervención en el Parlamento Europeo, Nigel Farage le dijo a sus compañeros: «Todos os reíais de mí. Bueno, pues debo decir que ahora no os reís, ¿verdad?». Poco después dimitió dando una excusa que más o menos verbalizó con un juego de palabras en el que intentaba expresar que después de conseguir que Gran Bretaña dejara la Unión Europea él podía regresar a casa, «volver a la vida [sic]».

Casi un año después de concretada la fractura, desde el continente se manifiesta la fuerza de la unión con imágenes agónicas como la de los mandatarios con el Papa Francisco en la Capilla Sixtina, poniendo por delante la fe en lugar de articular un relato desde la Ilustración: si la Revolución Francesa llegó bajo el imperio de la razón hegeliana pareciera que hoy los dirigentes del del proyecto europeo depositan toda la fe en el populismo religioso.

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Estado de Mercado

El jueves de esta semana la prensa de papel publicó los resultados de las elecciones holandesas. "Holanda frena el auge del populismo de derechas en Occidente". Es la primera vez que se sustituye Occidente por Europa, atendiendo el inesperado triunfo de Donald Trump en Estados Unidos; ya no solo se teme al Brexit o al colectivo de partidos ultraderechistas que aglutina la Primavera Patriótica que alienta Marine Le Pen, sino a lo que Joaquín Estefanía en su libro "Abuelo, ¿como habéis hecho esto?", llama la Sexta Internacional, que representaría a este movimiento con la suma de un inquietante e inesperado líder en la Casa Blanca (Estefanía sigue al concepto de "Quinta Internacional" acuñado por Garton Ash para definir el movimiento de los indignados). Una suerte de marea mundial, la globalidad de cara al sol enfrentando al resto de fuerzas con el argumento de la mala luna creciente del islamismo. El miedo al terrorismo, al otro, a cualquiera que pueda quitarnos un puesto de trabajo u ocupar una cama junto a la nuestra en un hospital público.

Es curioso que el jueves, casi todos los medios, los hegemónicos, que analizaban la noticia, la celebraban como una suerte de día de la liberación democrática. Llama la atención porque el triunfo de la derecha neoliberal, se sabe, no es la solución; justamente es el problema.

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