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Miguel Roig

Miguel Roig (Rosario, Argentina) es director creativo del espacio cultural Hotel Kafka, del cual es socio fundador. Es autor de los ensayos Belén Esteban y la fábrica de porcelana, Las dudas de Hamlet y La mujer de Edipo.

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La luz, la tragedia y la memoria

El 18 de octubre de 1988 un cortejo oficial cruza las salas del Museo del Prado. En el grupo de vanguardia están Juan Carlos I e Isabel II del Reino Unido, acompañados por el entonces director del Prado, Alfonso Pérez Sánchez, y el exministro de Cultura, Jorge Semprún. Acaban de inaugurar una exposición de pintura inglesa que incluye obras de Gainsborough, Constable y Turner, entre otros maestros, y ahora se detienen frente a Las Meninas de Velázquez. Isabel II murmura algo para sí misma y Semprún, inquieto, detecta cierto enfado en el gesto. La reina británica habla más alto y pregunta al director del Prado si Las Meninas han sido restauradas recientemente. Este le contesta que el cuadro ha sido limpiado y no restaurado; solamente se le ha devuelto esplendor a los colores originales, ensombrecidos por el paso del tiempo. Isabel II no conforme con la explicación quiere saber si se ha tocado la tela, si se ha intervenido la materia. El director del Prado improvisa un argumento lo más claro posible y la reina le interrumpe, según Semprún, y exclama: "¿Por qué? ¿Por qué cada vez que se toca uno de mis gainsboroughs se deshace en pedazos y pueden tratarse impunemente las telas de vuestros velázquez?".

Mientras Isabel II se indigna, el director del Prado sufre y el resto se subordina a la escena. Semprún, según cuenta en sus memorias, se pierde en varias divagaciones. Una será el recuerdo de su lectura de Foucault y su interpretación de Las Meninas; otra, el montaje de una instalación enfrentando Los fusilamientos del 3 de mayo al Guernica, por entonces en el vecino Casón del Buen Retiro y, por último, la reacción de la reina británica ante el retrato de la familia de Carlos IV de Goya.

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Cine de verano (y 3)

Slavoj Zizek ve el remake como una copia, pero una copia radical, llevada hasta las últimas consecuencias. Para ilustrarlo toma el ejemplo, nada menos, que de Shakespeare y de Hitchcock. Hay una serie de las obras de Shakespeare publicada por una editorial americana titulada Shakespeare Made Easy que consiste en una interpretación sui generis de la edición bilingüe, ya que la misma incluye la versión arcaica en una página y el inglés contemporáneo, el de la calle, en la otra. De modo que en esa serie la clásica duda de Hamlet, "ser o no ser, esa es la cuestión" se convierte en algo así como "Esto es lo que me preocupa: ¿me mato o no me mato?". Todas las remakes de las películas del director inglés son, para Ziziek –y no sin razón–, una suerte de Hitchcock Made Easy, films que respetan la trama pero que no confieren la mirada particular, genial, que el realizador plasmó en la versión original.

Quien hizo un intento tal y como lo plantea Zizek es Gus Van Sant al recoger el guante y aventurarse a realizar un remake de Psicosis de Hitchcock. Van Sant se entregó a la parsimoniosa tarea de ir prácticamente plano a plano tras la huella del famoso director, ajustar la fecha y, en el mismo escenario, situar la historia en nuestros días. Recurrió al color, pero a un valor cromático con cierto toque vintage, con ecos de la atmósfera de Vértigo o de La ventana indiscreta y, por lo demás, incluyó algunas alteraciones, o más bien inclusiones, que se pueden considerar como las citas propias de un autor.

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Cine de verano (2)

En sus films A través de los olivos y Copia Certificada, Abbas Kiarostami abordó el amor. En la primera, en una pequeña población del campo iraní, un equipo de filmación escoge a dos jóvenes, un chico y una chica, para participar en el rodaje. El chico está perdidamente enamorado de la chica pero el padre de ella no autoriza la boda porque el joven carece de una propiedad. Debido a que en la zona un terremoto ha devastado los poblados, el joven especula con el hecho de que como nadie conserva su casa todos están en su misma condición. El problema de clase que obstaculizaba su relación ha sido solventado gracias al apoyo espontáneo de la naturaleza. En una sociedad rural, aferrada a normas ancestrales pero con una concepción del amor que llega de extramuros, los dos jóvenes son reclutados para actuar en la película como pareja, dándole al chico una posición de ventaja para alcanzar su fin sentimental.

Durante un descanso en el rodaje, luego de filmar la escena en la que le recrimina a la chica, de malas formas y alzando la voz, su incapacidad para las labores de la casa, el chico le dice: "Quiero dejar claro que de casarnos esto no sería así. No soy yo quien reclama, este es el personaje que debo interpretar. Pero quiero que estés segura, nunca sería tan irresponsable. Yo haría todo en casa y tú estudiarías". Está claro que esta visión viene de occidente a través de quienes filtran su existencia en los medios locales y que junto con esta equiparación de los sexos también aparece una concepción platónica del amor.

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Cine de verano

Roberto Rossellini filma en 1954 una de sus más grandes obras: Viaggio in Italia, catalogada por Cahiers du Cinema –Godard, Malle, Truffaut, Rohmer– como la "primera película moderna". Un matrimonio inglés de mediana edad, interpretado por Ingrid Bergman y George Sanders, llega a Nápoles para vender una propiedad que Alex Jones, el personaje que encarna Sanders, ha recibido en herencia. Se trata de una pareja sin hijos y desde el inicio mismo de la película acusamos recibo de que se encuentra, si no en un estado de disolución, sí en un momento de inflexión muy importante. Poco a poco, uno y otro se irán separando, tomando distancia, sin que esto se manifieste de manera directa.

Ella proyectará su malestar en la ciudad y él buscará refugio en la vida social que comparte con algunas amistades del lugar. El inmenso talento de Rossellini consigue materializar el vacío existencial de la pareja en escenas que ambos, por separado, experimentan con el entorno: ella ante las mujeres embarazadas que pululan por las calles napolitanas, el arte fúnebre de los templos y la soledad que se experimenta ante la magnanimidad estatuaria romana. Él, por su parte, en insulsas reuniones, frívolas conversaciones y un desangelado encuentro con una prostituta.

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La partera de la historia

En Buenos Aires acaba de estrenarse por primera vez la obra Eva Perón de Copi, seudónimo del escritor y dibujante argentino Raúl Damonte Botana. Eva Perón había sido solo representada anteriormente en ámbitos universitarios y en circuitos alternativos; ahora se presenta en el Teatro Nacional Cervantes.

Copi estrenó Eva Perón en París en el año 1970, en medio de una gran polémica en la que no estuvieron ausentes el éxito las críticas feroces (Le Figaró la llamó "pesadilla carnavalesca" y "mascarada macabra") ni las bombas que estallaron una noche en el teatro donde se representaba. Es esta obra la que hace trascender el mito de Eva Perón en el mundo y da pie, entre otras intervenciones, años después, a la famosa opera Evita.

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Dios y el diablo

En el libro El alba la tarde la noche, la dramaturga Yasmina Reza siguió los pasos de la campaña de Nicolas Sarkozy que le llevó al Palacio del Elíseo. Allí se perfiló la figura de un presidente que era algo más que la imagen fatua e incluso frívola que traslucían los medios y, claro está, sus propios gestos banales. El mayor, su posterior casamiento con la modelo Carla Bruni. Se sabe que, siguiendo el dictado del "voluntarismo imponente" que describe el escritor Christian Salmon, los políticos se ven entregados a un relato permanente, a una constante campaña electoral más allá de las elecciones para justificar el incumplimiento de sus programas. Sarkozy en su día introdujo el relato íntimo, dando tanto peso al despacho público del Elíseo como a las dependencias privadas.

Si Reza ofreció en su texto un perfil revelador de Sarkozy, se echa en falta su mirada sobre el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, cuya figura denota un fuerte contenido intelectual y una historia sentimental rica en matices. En este sentido, la corrección política de Macron frente a sus antecesores, el propio Sarcozy y François Hollande –quien tampoco se privó de explotar un relato íntimo desde el Elíseo–, roza lo exquisito y los spin doctors a su servicio no han dejado de explotar el rancio y crepuscular guión de normas conservadoras. Su relación con Brigitte Trogneux, una profesora de literatura mucho mayor que él, tanto que Macron la conoció siendo su alumno, ha sido catalogada como "gerontofilia": "un presidente de 39 años casado con una sexagenaria". Se ha llegado a recurrir a tópicos populares del psicoanálisis para dibujar a un personaje débil, que vive bajo el influjo de una "madre". En el colmo ya del disparate se habló durante la campaña de "homosexualidad" para cuestionar su elección sentimental.

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Europa

Otto, el padre de Ana Frank, fue el único sobreviviente de los habitantes del escondrijo de calle Prinsengracht 263 en Ámsterdam y fue él quien, tiempo después, entregaría el diario de su hija para su publicación. En la entrada del diario con fecha 5 de julio de 1942, Ana escribe que están sacando cosas de su domicilio para salvarlas de los alemanes y anota que su padre le alerta por primera vez de que ellos también corren riesgo de caer en manos de los nazis.

Cuando uno visita la casa de la calle Prinsengracht 263 en Ámsterdam y sube varias escaleras que finalmente conducen al escondite que Ana llamaba "nuestra hermosa Casa de atrás", cuesta mucho trabajo pensar en una adolescente cavilando en los remolinos de su lábil personalidad. Por el contrario, se experimenta la ausencia del personaje del diario. Tal vez lo que mayor desasosiego genera es mirar las marcas con lápiz en una pared donde se van registrando las alturas que van ganando los cuerpos de Ana y de su hermana Margot, dos años mayor, y que posiblemente hayan sido hechas por Otto. Es como esos olores que se nos cruzan de repente y despliegan la fantasía de un pasado tan vívido que nos hacen vacilar un segundo y sentir en ese instante fugaz la presencia de alguien ausente, y en el absurdo intento de querer revivirlo se desvanece y nos quedamos con la nada. El vacío de Ana está en esa marca. En su cuarto, donde escribió el diario, hay viejas fotos descoloridas de artistas de Hollywood y una ventana que da al patio del centro de manzana. Paul Auster en La invención de la soledad afirma que desde ese sitio, a través de esa ventana, se pueden ver al otro lado del patio las ventanas traseras de la casa en la que vivió René Descartes. Auster imagina a una Ana Frank, sobreviviente de la guerra, leyendo a Descartes, que no se cansaba de alabar a ese país por la inmensa libertad que le ofrecía.

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Un continente para todos

"Si pierdo solo seis escaños, habré perdido la elección y Jeremy Corbyn se hará cargo de la negociación con Europa". Estas fueron las palabras con las que Theresa May se dirigió a sus conciudadanos el 20 de mayo a través de un tuit. Perdió 12 escaños y lejos de resignar su cargo, intentará gobernar con los unionistas de Irlanda del Norte. El empecinamiento, posiblemente, sea estéril. Otro capítulo de su ascenso al hoyo.

"No era volver a la paz de 1930, cuando todo estaba gestionado por los ricos y para los ricos". Esto se escucha por voz de un anciano en el documental  El espíritu del 45 que cuenta cómo los laboristas entendieron el significado de la nueva paz y construyeron el Estado del bienestar en el Reino Unido a partir de las ruinas de la Segunda Guerra y los escombros de la desigualdad.

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¿Cuánto pesa el socialismo?

Una de las virtudes de Norman Foster es la de introducir materiales muy ligeros a todos sus proyectos. De ahí el título del documental de Norberto López y Carlos Carcas: ¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster? En él, el arquitecto e ingeniero americano Richard Buckminster Fuller, cuya filosofía fue hacer más con menos, es decir, conseguir estructuras más resistentes usando la menor cantidad de recursos, visita con Foster el Centro de Artes Visuales de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido. Después de observar un buen rato el edificio a bordo de un helicóptero pilotado por el mismo Foster, Buckminster Fuller le pregunta: "¿Cuánto pesa tu edificio, Norman?". Foster confiesa que no tiene respuesta para esta inesperada pregunta, pero una semana después ya dispone de la cifra precisa y cuenta que el proceso para llegar a ese dato le ha permitido descubrir el excesivo peso de los materiales utilizados. Acto seguido en el documental, Foster hace una demostración del aprendizaje adquirido en esta experiencia, comparando el hormigón con ladrillos estándar y, finalmente, con un nuevo material de alta tecnología muy ligero y permeable al paso de la luz.

Sin duda, al ver la obra, el observador se queda con la apariencia externa pero la experiencia estética también compromete a la estructura interna, invisible, del edificio. ¿Es pertinente hacerle la misma pregunta a Pedro Sánchez? ¿Cuánto pesa el socialismo? La primera respuesta, impulsiva, puede que se refiera al aparato que ha demostrado su caducidad no ya en estas primarias, donde la exhibición fue cercana al jubileo en el acto de Susana Díaz en Madrid, sino en la perfomance de octubre pasado en la que la gestora se hizo cargo del partido o en las idas y venidas del propio Sánchez previas al "no es no", cuando, después de las elecciones del 20D se sentaba en la mesa a cuatro, convocada por Alberto Garzón, que reunía a todo el espectro de la izquierda, al tiempo que buscaba un plan B con Albert Rivera. ¿Habrá, al igual que Foster, comparado todos estos trasiegos e irá a por nuevos materiales políticos más ligeros de los que debería disponer para buscar soluciones rápidas a los problemas más urgentes?

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Los "sin trabajo"

"La pobreza involuntaria es evitable". Adela Cortina

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