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Focos

Miguel Roig

Miguel Roig (Rosario, Argentina) es director creativo del espacio cultural Hotel Kafka, del cual es socio fundador. Es autor de los ensayos Belén Esteban y la fábrica de porcelana, Las dudas de Hamlet y La mujer de Edipo.

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Lágrimas en la lluvia

Las pautas del neoliberalismo emergen con más nitidez. En el campo laboral ya no se trata de generar empleo o reducir al máximo las causas de su destrucción como suelen plantear sus principales voceros, aquí Mariano Rajoy que no deja de prometer puestos de trabajo mientras los españoles los ven mermar o Mauricio Macri, el presidente argentino, que profetiza " pobreza cero" [sic] y una revolución del trabajo.

Se podría buscar en la hemeroteca e ir hilvanando, una a una, las declaraciones de lideres mundiales (" Los europeos quieren empleo, crecimiento y prosperidad", proclamó Mario Draghi) en la construcción de un relato falaz, una prolepsis conscientemente falsa.

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Menos es más

No está de más recordar que a los cinco días de su triunfo, en una intervención en el Parlamento Europeo, Nigel Farage le dijo a sus compañeros: «Todos os reíais de mí. Bueno, pues debo decir que ahora no os reís, ¿verdad?». Poco después dimitió dando una excusa que más o menos verbalizó con un juego de palabras en el que intentaba expresar que después de conseguir que Gran Bretaña dejara la Unión Europea él podía regresar a casa, «volver a la vida [sic]».

Casi un año después de concretada la fractura, desde el continente se manifiesta la fuerza de la unión con imágenes agónicas como la de los mandatarios con el Papa Francisco en la Capilla Sixtina, poniendo por delante la fe en lugar de articular un relato desde la Ilustración: si la Revolución Francesa llegó bajo el imperio de la razón hegeliana pareciera que hoy los dirigentes del del proyecto europeo depositan toda la fe en el populismo religioso.

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Estado de Mercado

El jueves de esta semana la prensa de papel publicó los resultados de las elecciones holandesas. "Holanda frena el auge del populismo de derechas en Occidente". Es la primera vez que se sustituye Occidente por Europa, atendiendo el inesperado triunfo de Donald Trump en Estados Unidos; ya no solo se teme al Brexit o al colectivo de partidos ultraderechistas que aglutina la Primavera Patriótica que alienta Marine Le Pen, sino a lo que Joaquín Estefanía en su libro "Abuelo, ¿como habéis hecho esto?", llama la Sexta Internacional, que representaría a este movimiento con la suma de un inquietante e inesperado líder en la Casa Blanca (Estefanía sigue al concepto de "Quinta Internacional" acuñado por Garton Ash para definir el movimiento de los indignados). Una suerte de marea mundial, la globalidad de cara al sol enfrentando al resto de fuerzas con el argumento de la mala luna creciente del islamismo. El miedo al terrorismo, al otro, a cualquiera que pueda quitarnos un puesto de trabajo u ocupar una cama junto a la nuestra en un hospital público.

Es curioso que el jueves, casi todos los medios, los hegemónicos, que analizaban la noticia, la celebraban como una suerte de día de la liberación democrática. Llama la atención porque el triunfo de la derecha neoliberal, se sabe, no es la solución; justamente es el problema.

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El populismo afectivo

Mauricio Macri mantuvo en Madrid un diálogo público con Mario Vargas Llosa en Casa de América. Todo transcurrió dentro de los márgenes previsibles: Macri haciendo un elogio sin rubor de su gestión al amparo del escritor y este, construyendo un relato paternal o más aún, actuando como un demiurgo capaz de organizar el mundo y presentando a Macri como la prueba irrefutable de su sistema narrativo.

Al final de la charla, a modo de epílogo, la nota inesperada la dio el presidente argentino cuando miró a Vargas Llosa y le dijo: «Al fin y al cabo, Mario, como nosotros dos sabemos, lo único que de verdad importa es el amor».

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El móvil

El móvil Nokia 3310 es aquel que teníamos muchos hace no tanto pero parece una eternidad. Eran los móviles que se usaban alrededor del 2000, lo cual, en la era digital, visto desde hoy es como vivir un siglo, parafraseando a Violeta Parra. Tal que los viejos Nokia están de vuelta y a mitad de precio, menos incluso, que entonces. Hay más de ciento veinte millones de estos teléfonos juntando polvo en un cajón pero más de un 20% de los europeos aún sigue aferrado a estos artefactos pretotémicos –el tótem es el smartphone– y se mantiene al margen de las redes. No es un gesto vintage, no es una relación como la que se mantiene con los vinilos, es decir, una extensión a través de la nostalgia del campo del consumo. Se trata de un acto de negación, una pérdida voluntaria de visibilidad que por un lado, regresa a la privacidad cancelando su exposición permanente y por otro, recupera el sentido del tiempo.

La socióloga Remedios Zafra afirma que la atención permanente a la red nos empuja a un presente continuo y a circular a una determinada velocidad. Los pasajeros en un vagón de metro conectados al unísono en tanto interactúan en las redes sociales, se desplazan en ellas a una velocidad sideral comparada con el movimiento físico del tren.

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Una temporada en la caverna

La expresión alternative facts (hechos alternativos) ya tiene  una entrada en Wikipedia y no con un simple apunte sino con abundante información. Hace falta un desarrollo mínimo, incluso en un sitio de consulta urgente, para poder explicar un sistema de destrucción masiva de la realidad.

En noviembre pasado el  Diccionario Oxford hizo pública su palabra del año y esta vez, al contrario que en anteriores ocasiones, la elección generó una desmedida atención mediática. Post-truth (posverdad en español) llegó entronizada por el triunfo electoral de Donald Trump y la salida del Reino Unido de Europa vía Brexit. Pocas veces un solo vocablo ayuda desde su soledad a la construcción del sentido de un tiempo. Es verdad que Donald Trump ganó las elecciones pero es una posverdad que el camino que le llevó a la victoria se empedró con golpes emocionales y falsedades. ¿Esto ilegitima el resultado electoral? De ninguna manera. La grieta en el sistema aparece cuando la posverdad se institucionaliza y desde la misma Casa Blanca se comienza a responder a los medios con «hechos alternativos» a todas aquellos datos que aporta la realidad o que son necesarios, según el equipo de Trump, para sustentar sus medidas. El viernes, la autora de esta expresión y asesora del presidente, Kellyanne Conway, dio una vuelta de tuerca a una información falsa que había proporcionado previamente en su intento audaz de epatar a los lectores de Orwell. Conway justificó hace unos días la prohibición temporal del ingreso a EEUU de personas procedentes de varios países de mayoría musulmana con el argumento de que dos iraquíes, acogidos dentro del programa de refugiados suspendido, habían sido autores intelectuales de la masacre de Bowling Green. Ocurre que, en tanto «hecho alternativo» este suceso nunca ocurrió. Ante esta contrariedad, Conway, declaró que la desinformación del suceso es consecuencia de no haber sido cubierta por la prensa. Esto sí es verdad: la prensa no informó de los hechos porque estos no tuvieron lugar.

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Trump ante el espejo

Un par de días previos al traspaso del poder, Donald Trump subió a su cuenta de Twitter una fotografía que capta el momento en el que, supuestamente, escribía su discurso de investidura. En la línea de texto nos da noticia de esto y sitúa la escena en Mar-a-Lago, un lujoso y decadente club de su propiedad en Palm Beach.

Trump posa mirando fijamente a la cámara con los ojos empequeñecidos, ojos del que está sumergido en su interior, en este caso y según manifiesta, buscando el relato del inicio de un período excepcional, el suyo. Detrás del escritorio, en la pared, se agrupan mayólicas con incrustaciones de oro en su mayoría y en una hilera vertical, a la derecha del magnate, se repite tantas veces como mayólicas caben en la columna, la leyenda "plus ultra" escrita en oro, por supuesto, con el eco magnánimo de Carlos I por España y V por el Sacro Imperio Romano Germánico, apodado el "césar". A la izquierda de Trump, un águila le observa posada en un tronco también de oro. El oro es prácticamente incorruptible, es decir, no cede ante el tiempo ni ante los elementos y este carácter puede ser uno de los atractivos que ejerce sobre Trump ya que debe ser lo único que se le resiste a su pulsión invasiva. Por otra parte, no le es ajeno el rol mítico del oro como elemento grato a los dioses y, en tanto resplandor del poder, productor de temor.

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Un cuento chino

Hace unas semanas, en su programa radial de improvisaciones, Andreu Buenafuente y Berto Romero, elucubraron una serie de argumentos hilarantes para responder a un oyente que preguntaba sobre el segundo mundo: se habla mucho del primero y del tercero, ¿pero qué pasa con este gran olvidado?

La nave del tiempo ha ido cubriendo de polvo ese espacio que ocupaban los países socialistas pero también ha sepultado bajo los escombros el planteo político que alumbraba la «tercera posición» a través del movimiento de países no alineados y la liquidez de Bauman puede llegar a alcanzar el culmen si, tal como se perfila, se siguen acumulando condiciones objetivas que desintegren aquello que todavía se llama «primer mundo» y que ya comienza a ser un recuerdo que se puede revisar en las más de mil páginas de Postguerra de Tony Judt. Es más, ya en esa obra, publicada en España en 2008, el año «D», el del desembarco de la Gran Crisis, lo cual le confiere la virtud de ser una suerte de epitafio, Judt, mirando el presente, cita a Stefan Zweig cuando, con añoranza del mundo perdido anterior a la Primera Guerra Mundial, expresa «pesar por los que eran jóvenes durante esos últimos años de confianza».

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La última palabra

En septiembre de 2001 estaba en Nueva York y vi el ataque a las Torres Gemelas en el televisor de la habitación de un hotel junto al Empire State. La ventana no miraba hacia los bajos de la ciudad donde transcurría la escena. No creo que de haberla observado tuviera una percepción distinta de los hechos. Diez años después, otra imagen, la de una reunión en la Casa Blanca en la denominada Situation Room, en la que Barack Obama, Joe Biden y Hillary Clinton junto a los miembros de Seguridad nacional de Estados Unidos observan como es abatido Osama Bin Laden, se convirtió en la foto más visitada de flickr. La mirada grave de Obama y la mano que se lleva a la boca Clinton, como apagando un grito, indican que están ante el momento culminante de la acción.

Esta es fácil de imaginar, así como Hollywood ha domesticado los ojos del planeta hasta llevar al terreno de la ficción las imágenes de las Torres Gemelas, aquello que observan en esa pantalla que no vemos es un acontecimiento visionado muchas veces en, por ejemplo, series como Homeland o 24 horas. También se podría pensar que, metafóricamente, esa foto con la atención emocionalmente comprometida del presidente y su secretaria de Estado nos remite al momento en el que, mientras una torre humea herida, un avión perfora a la segunda. Lo cierto es que la imagen se nos escamotea y la función dialéctica de la misma es nuestro aporte, nuestra construcción del sentido de la escena, que responde con imágenes manufacturadas por la industria del ocio.

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El malentendido

En la década de los noventa la eclosión de las ONG’s hizo que prácticamente no quedara ninguna causa sin su propio soporte asistencial.

No es extraño que la aparición de nuevas organizaciones se produjera al tiempo que la política cedía espacio a la economía financiera que desplazaba de manera terminal, de momento, a la economía real. Lo compasivo, esencia del accionar de estas organizaciones, dejó de ser una mera actitud para convertirse en un programa. Cuando George W. Bush presentó en el año 2000 en su plataforma electoral, el “conservadurismo compasivo” ( compassionate conservatism ) como un plataforma de tolerancia, inclusión y multiculturalidad, se posicionaba en esta línea. La filósofa Michela Marzano explica la diferencia entre compasional y compasión: “es una emoción que va hacia uno mismo e intenta embellecer, por medio de otro, la bonita imagen que uno mismo se fabrica. La compasión, en cambio, tiende a eliminar la distancia entre el que la siente y el que es objeto de ella”.

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