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Opacidad y sacrificios, el día a día de las perreras españolas

Aumenta el número de perros, gatos y otros animales sanos sacrificados, mientras que la mayoría de las adopciones son posibles gracias al trabajo de las protectoras y sus voluntarios

El caso del núcleo zoológico de Azuqueca de Henares (Guadalajara) es el prototipo de gestión poco transparente que rechaza la ayuda gratuita de los animalistas

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Senda, hembra mestiza de siete meses, espera una nueva oportunidad en la perrera de la Mancomunidad de la Vega de Henares. Foto: Apamag

Senda, hembra mestiza de siete meses, espera una nueva oportunidad en la perrera de la Mancomunidad de la Vega de Henares. Foto: APAMAG

Somos número uno en abandono animal en Europa. Varios estudios cifraron en casi 150.000 los perros, gatos, conejos y demás animales considerados ‘mascotas’ que fueron dejados de lado por sus familias en España en 2013. Esto representa 400 abandonos al día, una cifra inasumible en una sociedad considerada desarrollada. La calle fue el destino de muchos, y de otros, las perreras o protectoras. En el país son más de 200 entidades las que se encargan de ellos, entre centros municipales, instalaciones públicas gestionadas por asociaciones animalistas, recintos en propiedad de las protectoras y casas de acogida. Entre unas y otras hay dos grandes diferencias: el trato a los animales y su sacrificio.

Solo en la Comunidad de Madrid, diversas asociaciones han recogido miles de firmas que exigen que no se sacrifique a ningún perro o gato abandonado que esté sano. Un esfuerzo por fomentar la adopción de estos animales y hacer más interesante esta opción que la de comprar perros o gatos, es lo que reclaman todas las protectoras. Una propuesta que salvaría vidas. Pero acercarse a las perreras sigue siendo un paso que cuesta dar, por muchos motivos: por su ubicación, en la afueras de las poblaciones, con la necesidad de contar con vehículo propio; por la falta de formación de sus trabajadores de cara a la adopción (advertir de lo que implica tener un animal, fomentar la responsabilidad, rechazar solicitudes dudosas); por falta de concienciación de la esterilización como única forma de prevenir el abandono; y por lo poco amable del lugar para cualquier visitante. Cualquiera que haya visitado una perrera conocerá los cheniles, las rejas, un espacio invadido por el hormigón. Eso en el mejor de los casos. En otros encontrará puertas oxidadas, suciedad, falta de espacio y animales agolpados. La falta de transparencia en su gestión y las malas prácticas que se cometen en su interior son lo que denuncian algunos vecinos y protectoras en muchos lugares de España.

Es lo que ocurre en la población de Azuqueca de Henares, municipio perteneciente a Guadalajara. La protectora  APAMAG lleva seis años rescatando del sacrificio a animales de este centro y tiene que hacerse una idea de lo que allí ocurre solo por los datos que la mancomunidad le proporciona de forma anual desde hace solo dos ejercicios. Las últimas cifras son de hace sólo unas semanas. “Ni siquiera estamos seguros de que todos los perros que entran en la perrera aparezcan en el listado que nos facilitan, ya que solo figuran perros retirados, sacrificados o adoptados, y no aparecen otros que continúan allí o los casos como los síndromes de Noé de los que sabemos por la propia Guardia Civil”, afirma Laura Muñoz, presidenta de la asociación protectora. Aunque de manera parcial, el informe arroja una realidad muy dura: de los 334 perros que fueron recogidos en 2013, 82 fueron retirados por sus dueños al perderse o escaparse y 62 fueron adoptados por APAMAG, es decir, que 190 se quedaron en la perrera, y de ellos 130 fueron sacrificados, lo que representa un 68%. En 2014 los datos mejoran, pero muy poco: de 284 perros que entraron en la perrera, 70 fueron retirados por sus familias y otros 71 adoptados, mientras que de los restantes 143 más del 57% fueron sacrificados (82). “Sabemos que el riego que sufren algunos perros de ser sacrificados es mayor al de otros –comenta Muñoz- y los llevamos de urgencia a casas de acogida hasta que logramos una familia definitiva para ellos”.

Como en otras perreras gestionadas directamente por el ayuntamiento o mancomunidades, las cuentas del Núcleo Zoológico de la Mancomunidad Vega de Henares (como se denominó después de la concentración de varios ayuntamientos con Azuqueca a la cabeza) son públicas. El presupuesto de 2014 fue de 70.000 euros en total y sorprende ver que en gastos veterinarios solo aparecen registrados 1.748 euros (un 2,4% del total) y en comida 1.416 euros (2%). Aunque la legislación es muy laxa a la hora de recoger los métodos de sacrificio, sí que obliga a que sea de un manera indolora y rechaza que se haga con venenos que produzcan dolor o alarguen la agonía del animal, lo que aumenta los costes de sacrificio por animal. Si por sacrificar a un animal con anestesia, como marca la ley, suelen cobrar entre 50 y 100 euros, el coste por perro sacrificado en la perrera de la Vega del Henares es poco más de 13 euros. Este cálculo se obtiene de dividir el gasto veterinario entre los 130 perros sacrificados (dando por hecho que no se gasta en ningún otro cuidado médico), lo que hace dudar a muchas asociaciones que se mate a esos animales de acuerdo a la ley.

“Lo único que queremos –apunta Muñoz- es ayudar a esos perros y a los pocos gatos que nos dicen que entran, a que tengan una familia y no acaben en la columna de ‘sacrificado’. Llevamos seis años pidiendo a la mancomunidad que nos deje acceder como voluntarios, a pasear y sacar fotos buenas de los perros para su difusión, pero siempre hemos recibido un ‘no’ como respuesta”. Se trata de una propuesta que ha funcionado en otras perreras de titularidad pública, como la de La Fortuna. El Ayuntamiento de Madrid ofrece la posibilidad de que los voluntarios pasen tiempo con los animales recogidos, acompañen a los interesados en el proceso de la adopción e incluso hagan el seguimiento del animal una vez adoptado. La fórmula no ha evitado que sigan sacrificando, pero ha mejorado mucho la calidad de vida y las oportunidades de adopción de los animales que han acabado allí después de ser abandonados. Además, ha arrojado luz sobre la gestión de estos centros. En A Coruña, por ejemplo, se mantiene en la sombra a golpe de amenazas y multas económicas de hasta 60.000 euros a los animalistas.

Volvamos a Guadalajara. Sobre la situación de la perrera de la Mancomunidad de la Vega del Henares han sido más grupos además de APAMAG los que se han pronunciado. Hace unos años Ecologistas en Acción de esta provincia denunciaba “la falta de voluntad de la Junta Directiva para frenar el creciente número de sacrificios” en este núcleo zoológico. Mientras en lugares cercanos como Rivas o Torrejón la Administración mejora la legislación sobre la tenencia y convivencia con otros animales, en Azuqueca miran para otro lado. “Queremos que nuestra propuesta se tenga en cuenta de una vez. No supondría ningún gasto extra ni pedimos mayor presupuesto. Ofrecemos nuestro trabajo como voluntarios, solo para mejorar la vida y el futuro de esos animales”, implora la presidenta de APAMAG, que anuncia una  recogida de firmas online para que la población apoye esta iniciativa. Es fácil asumir que un país en el que el 43% de los hogares acoge al menos a un animal y el 76% de las personas declara que le gustan los animales de compañía, se interese cada vez más por su bienestar. ¿Será así también con los partidos políticos de cara a las próximas elecciones municipales?

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