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Aires medievales y piratas en Bretaña

En el bosque de Brocelianda se sitúa la famosa leyenda del rey Arturo

Bretaña conserva pueblos y fortalezas medievales que transportan al pasado

Las villas veraniegas más lujosas de Francia se sitúan en la costa norte

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Saint Malo.

Vista de Saint Malo. Yannick Le Gal

Bretaña es la región más occidental de Francia y la que alberga más kilómetros de litoral. En este recorrido nos centraremos en su parte más turística y conocida, comenzando por la capital, Rennes, y terminando en la bahía que se abre al famoso Mont Saint Michel. En el camino, se cruzan historias del pasado celta de la región, pueblos y fortalezas medievales y una costa escarpada y agreste donde las antiguas historias de piratas y corsarios se combinan con suntuosas villas veraniegas. 

La ruta se inicia en Rennes, capital de la Bretaña y famosa por su activa vida estudiantil y su notable patrimonio histórico. Allí se ubica el Parlamento de Bretaña, reflejo del sentimiento identitario del pueblo bretón. Es una ciudad que puede recorrerse fácilmente a pie y en metro y en la que conviene disfrutar de sus callejuelas medievales y del mercado de Lices, uno de los de mayor colorido de toda Francia.

 

Rennes.

Casa medieval en Rennes. Jacqueline Piriou

 

 

Al oeste de Rennes, podemos comenzar a disfrutar de las leyendas e historias medievales ligadas a la Bretaña. En el bosque de Brocelianda se sitúa el famoso relato del rey Arturo, el mago Merlín y los caballeros de la Mesa Redonda. Allí se encuentra la que se considera tumba del célebre mago. No son más que unas cuantas piedras junto a un árbol, pero es un lugar de peregrinaje y está lleno de mensajes de los numerosos visitantes que recibe. Pueden hacerse diversas excursiones por la zona para descubrir lugares envueltos de magia y relacionados con esta leyenda.

La Bretaña está salpicada de pueblos con encanto. Un poco más al noroeste de Brocelandia se halla Bécherel, una pequeña y encantadora población donde el libro es el protagonista. Libreros, encuadernadores y calígrafos pueblan sus bellas plazas y callejuelas.

Al noreste de Rennes pueden descubrirse auténticas joyas medievales. A las puertas de Bretaña, Vitré y su castillo seducen junto con sus viejas callejuelas y sus casas medievales de entramado de madera tan bien restauradas.

Un poco más al norte se alza el impresionante Château de Fougères, una de las mayores fortalezas medievales de Europa. Este castillo fue clave en la lucha por las fronteras de Bretaña. Fundado en 1020, un espectáculo de luz y sonido transporta al visitante a la Edad Media por las diferentes estancias y las trece torres de este vasto complejo defensivo. A sus pies las casas medievales y calles adoquinadas del pueblo forman un conjunto único.

 

Castillo de Fougeres.

Vista de la fortaleza de Fougères. ÀLEX BLANCAFORT

 

 

Siguiendo la ruta hacia la costa norte de Bretaña, Combourg está íntimamente ligado al más ilustre escritor romántico francés: Châteaubriand. Hay que dejarse llevarse atmósfera bucólica del lago Tranquille donde destaca su imponente castillo.

Y llegamos a Dinan. Catalogada como Ville d’art e histoire, esta ciudad a los pies del río Rance, rodeada de tres kilómetros de murallas, es ideal para recorrer a pie y disfrutar de su belleza medieval, eso sí acompañados por miles de turistas. Destaca su castillo del siglo XIV.

 

Dinan.

Calle típica de Dinan. Donatienne Guillaudeau

 

 

Desde Dinan se inicia el valle del río Rance hacia la costa norte que forma un bello estuario. El paseo por las orillas del río merece mucho la pena. Cuando la marea sube parece un brazo de mar. El recorrido transcurre entre bellas poblaciones y construcciones típicas. Saint-Suliac, fundado por un monje bretón en el siglo VI, ha sido declarado recientemente “uno de los pueblos más bonitos de Francia”. Calificativo que sin duda merece: de las bellas casitas de granito penden las redes de pesca y forman un bello cuadro junto con sus estrechas callejuelas conocidas como ruettes.

Dejamos atrás el mundo medieval y nos sumergimos en la época de los piratas, corsarios y grandes navegantes. Saint Malo muestra con orgullo sus imponentes murallas junto a la playa y el puerto. Las fachadas y torres que emergen de las fortificaciones confieren a la ciudad una silueta que evoca sus agitadas historias de asedios y batallas. Para abordar la ciudad de Saint-Malo lo primero que hay que hacer es recorrer el camino de ronda y disfrutar de las vistas. Por un lado, las callejuelas de la ciudad y, por el otro, magníficas vistas a las playas, al puerto y a los fuertes. En el siglo XVIII, los corsarios Duguay-Trouin y Surcouf reafirmaron el prestigio de Saint-Malo. De aquí zarpó también, en el siglo XVI, Jacques Cartier para descubrir Canadá, así como los barcos pesqueros que llegaron a Terranova. Murallas adentro, cuando uno admira los elevados edificios cuesta creer que la mayoría de ellos fueron reconstruidos tras los bombardeos de 1944.

Al otro lado del estuario, emerge Dinard una ciudad que recuerda Biarritz por sus lujosas torres de veraneo. A mediados del siglo XIX, ricas familias francesas y británicas quedaron seducidas por la belleza del lugar y construyeron suntuosas villas. Se dice que una de ellas inspiró a Alfred Hitchcock para recrear la inquietante mansión de su película Psicosis. Una escultura junto a la playa rinde homenaje al célebre directo británico.

Dinard.

Lujosas villas en Dinard. Jean Patrick Gratien

 

Un poco más hacia el oeste, Saint-Cast es un alto imprescindible de la visita a la denominada costa esmeralda. El aire señorial continúa dominando las construcciones diseminadas en una paisaje compuesto por cabos, islotes y kilómetros de playas.

Desde Saint Malo, pero en este caso hacia el este, hay que visitar Cancale, localidad que se saborea   tanto con la vista como con el paladar. Cancale es conocida en toda Francia por sus ostras. Se puede comprobar compartiendo un plato sentado junto a los puestos del mercado de ostras o en uno de los múltiples restaurantes que bordean los muelles y que permiten admirar vistas excepcionales de la gran bahía en la que, a lo lejos, sobresale la silueta del majestuoso Mont Saint-Michel, uno de los símbolos turísticos de Francia y uno de los lugares más visitados del mundo.

Vueling vuela de Barcelona a Rennes.

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