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La discriminación interseccional de las mujeres también existe

Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, el foco de actuación de las administraciones públicas se ha centrado fundamentalmente en la discriminación de género relacionada con los diversos aspectos que la norma prevé, es decir, en ámbitos como el mercado laboral, la educación, la salud, la corresponsabilidad familiar, el ámbito académico, la participación política, los medios de comunicación… Sin embargo, los poderes públicos han permanecido ciegos e impasibles al avance silencioso de la discriminación múltiple de las mujeres, dando la espalda a la exclusión social que iba apartando de la vida pública a mujeres discapacitadas, lesbianas, gitanas, de edad avanzada... y así podríamos seguir con una lista interminable.

Paralelamente a los grandes discursos políticos sobre la necesidad de luchar contra la discriminación por razón de género, ha habido un desarrollo constante y paulatino de la discriminación interseccional de las mujeres que pasaba por delante de las narices de la ciudadanía. El problema se ha agravado tanto que, en la actualidad, ya no resulta posible abordar la discriminación por género de una manera simple y aislada, puesto que en la mayoría de los casos concurren varios motivos de discriminación que interseccionan y se retroalimentan. Y es que los caminos de las mujeres vienen marcados por múltiples circunstancias que marcan sus vidas y que las convierten en grupos oprimidos. La intolerancia nunca viene sola.

En el año 1989, Kimberlé Crenshaw definió la discriminación interseccional como aquella en la que varios motivos de discriminación interactúan simultáneamente, de manera inseparable, provocando situaciones de exclusión social y vulnerabilidad. Ello tiene importantes consecuencias sobre las mujeres que la padecen: no es simplemente que éstas experimenten dos o más motivos de discriminación de manera acumulativa, sino que las situaciones de discriminación interseccional van de la mano, comportando un incremento exponencial de la situación de marginación en la que se ven inmersas las mujeres que la padecen. Kimberlé Crenshaw partía de la realidad sufrida por las mujeres afroamericanas en Estados Unidos, abriendo una puerta a nuevos paradigmas para el estudio y tutela de la discriminación interseccional que hoy en día están plenamente en vigor.

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Mujeres e Internet, una lucha por la igualdad

¿Qué cambios ha supuesto internet en el avance por la igualdad de las mujeres? ¿Es la red un espacio ideal para la relación y el empoderamiento de éstas? ¿Existe una brecha digital como ocurría durante los primeros años de la existencia de Internet o se ha dado un nuevo paradigma en el uso de la web? El segundo capítulo de Igualtat a fons pone sobre la mesa los diversos debates existentes sobre las posibilidades y los peligros que Internet proporciona a la lucha feminista.

A partir de entrevistas a Lourdes Muñoz Santamaría, ingeniera informática y presidenta de Iniciativa Barcelona Open Data, Lidia Arroyo, socióloga e investigadora de Género y TIC (UOC), y a la periodista Montse Boix, Mujeres e Internet aborda temáticas como el ciberfeminismo, el conocimiento libre o la segunda brecha digital. Cuando Internet nace, supone un cambio de paradigma respecto al resto de medios de comunicación existentes, debido a su estructura horizontal, que permitía a todo el mundo hablar y establecer comunicaciones no jerárquicas. Esta nueva estructura supuso un espacio idóneo de relación para las mujeres, ya que por un lado, posibilitaba establecer redes no presenciales entre ellas y por otra les permitía emitir opinión sin tener que formar parte de los círculos de poder de donde eran marginadas.

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40 años después

El 26 de junio de 1977 se llevó a cabo la primera manifestación de lesbianas, gays, y transexuales (lo que después se ha convertido en LGTBI) en España. Fue en Barcelona, en la rambla y la convocatoria la hizo una organización que se había creado pocos años antes, en pleno franquismo, el Frente de liberación Gay de Cataluña ( FAGC).

40 años después los avances son evidentes y los derechos de las personas LGTBI se han ido convirtiendo en reales. Desde la persecución que hacía la dictadura de las personas LGTBI, vía ley de peligrosidad social hasta la aprobación y desarrollo de la ley 11/2014 para garantizar los derechos de las personas LGTBI y contra la LGTBIfòbia han sido muchas las demandas y reivindicaciones, muchas las vidas marcadas y muchas las celebraciones. Cuarenta años después seguimos en la calle para seguir reclamando derechos reconocidos y que van siendo cada vez más reales.

La aprobación de una ley no conlleva cambios sociales inmediatos, pero creo que los cambios son evidentes. De peligrosas sociales hemos pasado a poder sancionar conductas que discriminan o incitan al odio. Tenemos ya algunos ejemplos, tanto en el ámbito privado (ya hay una sanción interpuesta) como en el público, dado que hay varios expedientes de denuncias en resolución. Un ejemplo de cambio social sería la protesta de los estudiantes a las palabras del profesor de instituto de Lleida que tildaban las personas homosexuales de antinaturales. Palabras más propias de otras épocas y que han encontrado la protesta del alumnado y la sociedad.

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Desde la red, directo al corazón: periodismo del alma

 "A Carles Capdevila, in memoriam".

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¿Por qué hablan de responsabilidad social cuando quieren decir género-marketing?

Últimamente nos han acostumbrado a ver a las empresas y las administraciones públicas tratar el tema de la igualdad de género desde la perspectiva de la "responsabilidad social" o "del compromiso social", una nueva manera de ejercer el "género-marketing" o lavado de cara empresarial en temas de género. La pregunta es: ¿De qué nos estáis hablando? Con responsabilidad social no hay más detrás que un claro eufemismo, una falta de voluntad a la hora de tratar el tema de la igualdad como una cuestión de medidas concretas de igualdad efectiva que debe ser capital en la empresa y al que nos obligan normas de máximo rango, como la Ley Orgánica 3/2007, de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres.

Lo más absurdo es que las propias instancias vinculadas a la igualdad se han creído esta broma de mal gusto y están dispuestas a aceptar -y aceptan sin ningún tipo de cuestionament- esta pura y burda falacia. ¿A alguien se le ocurre que el salario de los trabajadores o el tiempo de trabajo sea un tema de "responsabilidad social" o de "compromiso social"? ¿Verdad que no? Todo el mundo en la empresa quiere que sean efectivas las normas que obligan a pagar el salario a fin de mes, a respetar la jornada máxima o las vacaciones anuales sin tener que apelar al compromiso social y a la buena voluntad de la persona que dirige la empresa. Las mujeres queremos que se cumplan las normas laborales y los convenios colectivos de igual manera que el resto de derechos laborales, porque las normas de igualdad también son normas vinculantes.

¿Qué esconde todo esto de la responsabilidad social en temas de género? Si analizais un poco vereis una clara falta de mujeres en los puestos de decisión y una brecha salarial galopante que no se tiene ninguna voluntad de combatir. O sea, dejar las cosas como están, pero con una aureola de que "nosotros aquí hacemos políticas de igualdad" y nos ponemos la medalla correspondiente. Pues pasemos de las políticas a los derechos efectivos.

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La meritocracia laboral, una trampa para las mujeres

Hace 45 años que vivo en pareja con un ingeniero industrial. Me cuenta que entre los estudiantes de su promoción había una rara avis: una chica. ¿Era bonita?, o bien, ¿era ingeniera?, las dos cosas a la vez era algo imposible. En cualquier caso, se la consideraba una foránea: no podía formar parte del grupo de los ingenieros, una carrera de hombres. En el curso 2014-2015 había 6.522 titulados de grado y master... de este total, aproximadamente 600 eran chicas. Un escaso 10%.

Hoy en día hay muchas mujeres jóvenes que piensan que la discriminación no existe y que si actúan siguiendo los principios de la meritocracia llegarán donde quieran. Este pensamiento democrático tan loable está desgraciadamente muy lejos de la realidad. La meritocracia va en detrimento de las mujeres porque no reconoce las discriminaciones sistemáticas que éstas viven en los ámbitos laborales. Pensemos sino, en los sesgos en la selección de candidatos y candidatas para alcanzar un empleo, en las injusticias en la promoción laboral, en las dificultades para encontrar mentoras, en la exclusión de las mujeres de las redes informales de relación laboral que establecen los hombres, redes de relación que son muy importantes para subir o mantenerse en las esferas de decisión; pensemos también en los tratos a veces vejatorios y de acoso sexual que aplica el grupo masculino....

Los detractores de las acciones afirmativas (la discriminación positiva) postulan que estas acciones son discriminaciones hacia el grupo de los hombres; defienden que si algunas mujeres han llegado al pico más alto de la organización (la excepción que confirma la regla) también puede llegar el resto. Y esta farsa les permite decir que si sus contrapartes femeninas no llegan a las esferas del poder o a posiciones elevadas es por culpa de deficiencias personales o incapacidades. Y así el grupo masculino se queda tan ancho y sin un ápice de culpabilidad.

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Las violencias sexuales y la legitimidad de los depredadores

En los últimos días hemos podido leer el escrito de la Fiscalía sobre la violación múltiple perpetrada a una mujer joven durante las Fiestas de San Fermín el julio pasado. Yo no podía contener las lágrimas y las náuseas mientras leía el nivel de crueldad de la agresión y la objetivación de la chica que la estaba sufriendo. Cabe decir que, gratamente, en este caso, la Fiscalía ha situado bien y ha impulsado la sensibilización sobre el caso y la condena social. Sin duda habrá un antes y un después de este juicio y -esperamos- de esta sentencia.

Pero hasta cierto punto es fácil empatizar con una aberración de este nivel, todo el mundo se siente herido. El problema está en pensar que son situaciones aisladas, fruto de la enajenación mental de algunos hombres o que el consumo de alcohol u otras drogas ha influido. De este modo, no hay que remover nuestras conciencias ni cuestionar como, quizás sin saberlo, estamos legitimando la estructura que acaba generando este tipo de situaciones.

Vemos diariamente la instrumentalización de las mujeres y de sus cuerpos en los contextos de ocio, los carteles de las discotecas vendiéndonos como reclamo, las ofertas de entrada gratis para las mujeres en los locales nocturnos, los lemas en las Fiestas Mayores (entre ellas San Fermines) creando la expectativa sexual como algo que forma parte indisoluble de la fiesta al mismo tiempo que el alcohol y / u otras sustancias, etc. Las mujeres también crecemos normalizando estos entornos como crecemos normalizando el acoso que por nuestra socialización a veces nos resulta casi imperceptible; cuando tocan nuestro cuerpo sin permiso, cuando nos acorralan entre varios hombres en los locales nocturnos o nos invitan a una copa pretendiendo que existe una deuda implícita que se paga sexualmente. Estas son prácticas mayoritariamente presentes en los entornos de ocio nocturno.

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Visibles e iguales

El pasado 26 de abril se celebró el día de la visibilidad lésbica. Una jornada reivindicativa que se celebra en todas partes y que pretende poner a las mujeres lesbianas en el centro de atención. Es un día que debería ser todos los días. A pesar de todo, es necesario, porque nunca debería invisibilizarse una forma de querer.

Visibilizarse para tener los mismos derechos. A estas alturas podemos hacer un pequeño balance de la visibilidad reclamada. Se llevaron a cabo actos diversos, festivos, culturales y reivindicativos. Pocos medios se hicieron eco más allá de la anécdota. Un vídeo que, simbólicamente, mostraba el amor lésbico ante la "moreneta" fue lo que centró la atención de los medios. Sólo un acto local, una "besada" en Sant Cugat, fue recogido por el medio local de referencia. Algunos digitales, algunos artículos de opinión, los digitales del movimiento LGTBI ... El resto, los grandes medios, el rábano por las hojas.

Esto me lleva a un artículo de hace muchos años atrás "Niña-muerde-perro (o de por qué no existe el lesbianismo)", publicado en la revista "Nosotras que nos queremos tanto" en 1986, editada por el Colectivo de feministas Lesbianas de Madrid en el que se desarrolla un análisis de la negación que el sistema heteropatriarcal hace del lesbianismo. 31 años después seguimos reclamando y reivindicando hacernos visibles.

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No es política para mujeres

Ser mujer con niños pequeños o ser madre mientras se ocupa un cargo político desencadena inevitablemente un conflicto de rol. Como el tiempo es limitado para todos, en función de cómo se invierta te conviertes inexorablemente en mala madre o mala política. Lo podemos ver en el debate abierto a raíz del reciente parto de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, como también ha sucedido en los últimos años con los embarazos de la ex ministra de defensa, Carme Chacón, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, o la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

Dedicándose a la política o en otras actividades, las mujeres tienen el derecho a decidir, no sólo cuando ser madres, sino como quieren vivir su maternidad. Pero estos no son los términos con que son juzgadas. Si Ada Colau acaba haciendo uso de las 16 semanas del permiso de maternidad a que tiene derecho por ley, será acusada de dejación de funciones. Si no se coge el permiso entero, se le reprochará que no representa al conjunto de mujeres, que no hace pedagogía con su ejemplo de la (mal llamada) conciliación familiar y laboral, que hace perder valor a los derechos existentes, o incluso que no practica en su vida privada el programa político que defiende. En resumen, "damned if you do, damned if you do not", la crítica está servida haga lo que haga.

Este debate público es muy revelador del machismo sobre el que se asienta la sociedad en general y la política en particular. Mientras que la vida privada de los hombres es irrelevante en su evaluación pública, en el caso de las mujeres esta pantalla no está superada. Las exigencias que comporta el ejercicio de un cargo de responsabilidad política se presentan todavía de manera implícita como incompatibles con las expectativas sobre la responsabilidad de las mujeres en el cuidado de los niños. No es de extrañar, pues, que el volumen de diputadas sin hijos/as sea 20 puntos porcentuales superior al de los diputados. La brecha en la (ma)paternidad es incluso más amplia entre los cargos de los gobiernos. Y en todas las instituciones políticas, la permanencia de las mujeres es drásticamente inferior a la de los hombres.

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Las mujeres y la brecha salarial

"La brecha salarial es la diferencia de salario entre hombres y mujeres por trabajo igual o de igual valor. Es decir, que las mujeres, por el hecho de serlo, cobran menos que los hombres, que por el hecho de serlo cobran más", explica Carmen Sarasúa, profesora de Historia Económica en la UAB. Actualmente, la brecha salarial gira entorno a un 25% de diferencia entre los dos géneros*: las mujeres cobran 77 céntimos de cada dólar que ganan los hombres. Éste es uno de los muchos indicadores que miden las desigualdades laborales entre hombres y mujeres, y es especialmente significativo por la importancia que tiene el salario en todos los aspectos de nuestra vida.

La brecha salarial es un fenómeno provocado por causas diversas, todas con origen en el sistema patriarcal. Por un lado, existe la segregación horizontal, que es la diferencia de acceso según el género a determinados sectores productivos. Es decir, que hay unos trabajos considerados masculinos que deberían ejecutar los hombres y unos considerados femeninos propios de las mujeres. Estos últimos suelen estar menos valorados y, por tanto, también peor pagados. Otra causa que explica la brecha salarial es el trabajo de cuidados no remunerado que las mujeres cargan sobre sus espaldas.

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