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Referéndum sin pregunta

Si la ANC quiere que la pregunta sea “¿Quiere usted que Catalunya sea un país independiente?” será esa. Por lo menos, es la que Artur Mas, prisionero de la ANC, propondrá. ERC, encantada de la vida. Pero ¿Y qué pasa con ICV?

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Este sábado Federalistes d’Esquerres organizó un acto titulado Regeneración democrática y reforma constitucional. Participaron en él los diputados Ramón Jáuregui (PSOE) y Joan Coscubiela (ICV). Representan dos visiones distintas sobre cómo debe plantearse el debate sobre la relación futura entre Cataluña y España. Por ejemplo, el “derecho a decidir” es para Jáuregui un subterfugio dialéctico para disimular la voluntad independentista y para Coscubiela un derecho básico de los ciudadanos.

El debate fue bastante tranquilo, pese a las diferencias, hasta que el presidente de “Federalistes d’Esquerres”, Manuel Cruz, le preguntó a Coscubiela si no li parecía desafortunado que el Parlamento de Cataluña reclame al Congreso español que le transfiera el derecho a celebrar una consulta, pero sin comunicarle qué pregunta piensa formular.

Coscubiela se lo tomó mal y le recriminó que le interpelase por esa cuestión, “sobre todo teniendo en cuenta que era el presidente de la entidad convocante”. No entendí la reacción crispada del diputado de ICV. Finalmente, acabó respondiendo que cuando se formule la petición en el Congreso, la  pregunta ya estará decidida.

¿Lo estará?

El mismo día del debate Jáuregui-Coscubiela, la Asamblea Nacional Catalana (el gobierno en la sombra de Cataluña desde hace meses) aprobaba que la pregunta tiene que ser: “¿Quiere usted que Catalunya sea un país independiente?”. Si la ANC quiere que la pregunta sea esa, será esa. Por lo menos, es la que Artur Mas, prisionero de la ANC, propondrá. ERC, encantada de la vida. Pero ¿Y qué pasa con ICV?

La pelota vuelve al terreno de Coscubiela.

Cuando el Parlamento de Cataluña apruebe pedir al Congreso de los Diputados que le ceda puntualmente el derecho a convocar la consulta sobre la futura relación territorial de Cataluña y España, de hecho le estará pidiendo que le permita consultar a los catalanes si quieren que su comunidad se convierta en un estado independiente. En el seno de ICV este planteamiento provocará polémica y división. Quizás esto explicaría el cabreo de Coscubiela.

A ICV le es más fácil sumarse a la propuesta de reclamar la competencia para convocar un referéndum sobre el futuro de Cataluña que hacerlo para convocar una consulta fijada por Carme Forcadell.

En todo caso, si ya es difícil pensar que la mayoría absoluta del PP autorizará al Gobierno catalán para que convoque un referéndum transfiriéndole excepcionalmente esta competencia, es totalmente inconcebible que lo haga si la pregunta es la que se ve venir.

Puestos a decirlo, hay que añadir que Escocia aún no ha decidido tampoco cual será la pregunta que formulará a sus ciudadanos en el referéndum convocado para el 18 de setiembre. Un argumento que juega a favor de los partidarios de la cesión de la competencia cuando la reclamen en Madrid y el PP les responda que primero tienen que aclararse con el texto de la pregunta. Partidarios como el inesperadamente enfadado Joan Coscubiela del sábado.

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