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Los partidarios del federalismo tienen dos adversarios. No sólo deben convencer a los españoles que no lo ven bien (por supuestamente peligroso para la unidad de España) sino que también deben enfrentarse a los que dicen que el federalismo no es necesario porque ya está ahí. Como el catedrático de derecho constitucional de la UAB, señor Francesc de Carreras. En su artículo habitual de La Vanguardia, este pasado día 23, se manifiesta cansado por el debate territorial que tanto desgaste provoca. Todos estamos cansados. Todos quisiéramos terminarlo y descansar, pero es evidente que es muy difícil, entre otras razones debido a opiniones como la del mismo Francesc de Carreras. Defiende en su artículo que la invocación del federalismo no solucionará los problemas territoriales planteados porque, de hecho, el Estado de las Autonomías ya es un Estado Federal. Y se entretiene enumerando todas las opiniones de prestigiosos especialistas que así lo defienden. !Hombre, que el Estado de las Autonomías era federal sin que se le quisiera llamar así ya hace años que lo sabemos! Parece federal en muchas cosas, se podría calificar como federal, pero es obvio que si fuera así del todo no habría un partido tan importante como el PSOE luchando (sin creérselo demasiado) por un federalismo de verdad. Sólo hay que ver el federalismo de los Estados Unidos o Suiza para intuir lo que debe ser la cosa. Y entonces te das cuenta de que España, si bien se parece, aún está muy lejos. Entre otras razones porque un país federal de verdad conllevaría el vaciado radical del Estado Central en materias básicas y la desaparición de ministerios como el cultura, de sanidad, etc. Esto implicaría un cambio de mentalidad de la Administración española inimaginable.

A unos, como Francesc de Carreras, les agota el debate territorial. A otros nos agota el uso estéril de las palabras para ocultar la verdad. Muy bien, si España ya es federal gracias a las autonomías, pero no se puede defender la confederación porque implica el gran sacrilegio de considerar que la soberanía del Estado se divide en múltiples soberanías, inventemos otro término para designar lo que se propondría: un federalismo más fuerte, es decir, más separados para estar más unidos. Pero en el fondo, da igual. Cualquier cosa dirigida a cambiar el imaginario colectivo español, por ínfima que fuese, significaría un paso atrás insoportable. No hay margen, llámenle como quieran, es hablar por hablar. Se trata de hacer malabarismos con las palabras, ahora le digo autonómico, ahora le digo federal, a la espera de ver qué pasa de verdad.

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