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La aparatosidad de las cuatro gotas de petróleo de Tarragona

Los vertidos de petróleo y demás alertas se han convertido en costumbre, aunque los casos agudos hayan sido hasta ahora menos importantes que la contaminación crónica causada por la actividad cotidiana

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En toda España no queda ya en actividad ningún yacimiento terrestre de petróleo. Los tres submarinos de Tarragona proporcionan el 0,2% del consumo anual del país, pese a la aparatosidad e incidencias del complejo petroquímico de la ciudad. La producción española de petróleo, hoy concentrada exclusivamente en Tarragona, cabría en uno solo de los numerosos buques-cisterna que descargan en los puertos habilitados.

El primer yacimiento petrolífero explotado comercialmente en España ya fue submarino. El Amposta, a pesar del nombre que le dieron, se encontraba en aguas de Castellón. Desde 1968 hasta cerrar por agotamiento, en 1988, proporcionó seis millones de barriles de crudo.

La entrada en servicio en 2012 de dos nuevos pozos submarinos tarraconenses, bautizados como Montanazo y Lubina, triplicó la producción aportada hasta entonces por el vecino pozo Casablanca, en actividad a 50 km de la costa de Tarragona desde 1982. La pequeña producción global de los tres es de unos 6.000 barriles diarios, frente al millón y medio de barriles diarios que consume el conjunto de España.

Algunos opinan que la extracción petrolífera y el enorme complejo petroquímico y portuario de Tarragona (1.200 hectáreas de instalaciones, 10.000 puestos de trabajo directos, 25% de la producción química española y 50% de la catalana) da vida económica. Se trata del mayor polígono petroquímico del sur de Europa. Cuando se pasa de noche por su lado, a lo largo de la autopista AP-7, parece un gigantesco paisaje de ciencia ficción, dibujado por miles de luces espectrales y chimeneas que exhalan fuego, humo o vapor.

Otros lo consideran una bomba de relojería, en un territorio de densidad urbana y turística que concentra la mayoría de industrias de riesgo y no desea verse convertido en el vertedero, la cloaca de Catalunya. Los vertidos de petróleo y demás alertas se han convertido en costumbre, aunque los casos agudos hayan sido hasta ahora menos importantes que la contaminación crónica causada por la actividad cotidiana.

La Audiencia de Tarragona, a instancias de la Fiscalía de Medio Ambiente, ordenó en setiembre pasado reabrir la investigación judicial por la degradación de la calidad del semen de los tarraconenses a lo largo de los últimos quince años, señalada por un informe médico del servicio de andrología del Instituto Marqués. El presidente de la patronal química AEQT y director de la planta tarraconense de Repsol adujo, a título de ejemplo, que el plástico que se fabrica en este polígono para envases de yogurt es un foco de “disruptores endocrinos” que también se encuentra presente en los pesticidas utilizados en el campo. No era más que otra de las permanentes escaramuzas.

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