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La República Catalana: una esperanza para la democracia popular y participativa

Con la revolución democrática catalana nos jugamos, en Catalunya, el Estado Español y Europa, avanzar hacia formas de democracia participativa con un pueblo empoderado, o retroceder a regímenes autoritarios al servicio exclusivo de las élites extractivas.

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Acabada de declarar, fruto de años de lucha popular, de manifestaciones masivas, de resistencia heroica a la represión… Fruto, en definitiva de la voluntad inquebrantable de un pueblo que ha decidido empoderarse y no volver jamás a la condición de súbdito, la República Catalana se alza como ejemplo y esperanza al lado de una España en clara regresión autoritaria y de una Unión Europea que ya no se reconoce en los mínimos valores democráticos sobre los que decía fundarse.

La cabra siempre tira al monte. La revolución democrática catalana ha puesto a España y a Europa delante del espejo. La primera se ha reconocido en los fantasmas del pasado imperial y del régimen autoritario y oligárquico implantado en 1939 y reformado en 1978. La segunda ha demostrado ser lo que algunos siempre hemos denunciado: un simple instrumento del gran capital franco-alemán para secuestrar la democracia, proteger a los poderosos e imponer políticas de subyugación de las clases populares a los intereses de las élites extractivas.

En medio de un continente que asiste impotente a los recortes en derechos y libertades, al secuestro de la política por parte de las grandes corporaciones, al auge de movimientos xenófobos y fascistoides promovidos desde los resortes del poder económico y mediático, se alza un pueblo que decide ser amo de su futuro… ¡Gran pecado!

Tenemos delante un estado español gobernado por una organización mafiosa como el PP con los neo-falangistas de Ciudadanos y un PSOE en descomposición jadeando y haciendo de palmeros, dónde la justicia, convertida en brazo ejecutor de las políticas represivas del gobierno, es ya del todo indigna de su nombre, dónde los medios de comunicación (cualificados como los menos creíbles del mundo occidental por los analista internacionales) son simple instrumentos de intoxicación y propaganda, dónde las cárceles albergan presos políticos (no sólo catalanes, desde aquí un abrazo a Jordi Cuixart y a Jordi Sánchez encarcelados por organizar las manifestaciones más multitudinarias y pacíficas que Europa ha conocido en les últimos decenios, y también a Alfon y a Andrés Bódalo, activistas de izquierda encarcelados por promover la resistencia popular a las políticas antisociales, a los jóvenes de Altsasu, y a la larga lista de víctimas de la represión española)…

Y ante toda esta indecencia e inmundicia, Catalunya ha dicho basta y ha echado a andar!

La sombra del lerrouxismo es alargada, y la izquierda del régimen ha tirado de los tópicos catalanófobos populistas urdidos por la extrema derecha española que, asumiendo bases etnicistas, asocian sistemáticamente catalanismo a burguesía (del mismo modo que el nazismo asimilaba judaísmo con usura) para justificar su indecente alineación del lado del opresor. Pero la verdad es tozuda y como siempre se ha dicho, a veces, solamente viendo de qué lado se ponen algunos, no hay dudas sobre cuál es el nuestro.

La furibunda reacción de la oligarquía catalana que hizo su fortuna a la sombra del franquismo (Fainé-La Caixa, Abertis, Oliu-Banc Sabadell, Lara-Grupo Planeta…) en contra de la República demuestra que el independentismo es y ha sido siempre un movimiento de base, popular y emancipador, que tiene como objetivo poner la política al servicio de las necesidades de la mayoría y de los anhelos de justicia y libertad de nuestro pueblo.

La Declaración aprobada en el Parlament el 27 de octubre que proclama la creación de la República Catalana dice textualmente en su parte introductoria “La Rep ública catalana es una oportunidad para corregir los actuales d é ficits democr áticos y sociales y construir una sociedad m ás pr óspera, m á s justa, m á s segura, m ás sostenible y m á s solidaria. ”  Y posteriormente, añade en la parte resolutiva “INICIAMOS el proceso constituyente, democr ático, de base ciudadana, transversal, participativo y vinculante. ” 

Se trata, pues, y a todas luces, de hacer posible el sueño de cualquier demócrata de izquierdas en cualquier rincón del mundo; y se trata también, como no, de la peor pesadilla para cualquier oligarca o aprendiz de caudillo cuyo único objetivo sea mantener a un pueblo dócil y subyugado a los dictados del poder establecido.

En estas circunstancias, y cómo han hecho ya de manera inmediata la Marcha Patriótica colombiana, diversas organizaciones de la Izquierda Verde Nórdica y de la Izquierda Europea, sindicalistas andaluces, activistas madrileños, la gente que ama la justicia y la libertad en Galicia, en Euskalherria, en Irlanda, Escocia y Rojava, entendemos que la única respuesta posible a nuestra revolución democrática es el reconocimiento y la solidaridad.

En Catalunya se juega hoy la posibilidad real de avanzar hacia una tercera República Española o retroceder a las esencias del franquismo.

El éxito o fracaso de la República Catalana permitirá o no el reconocimiento y la aplicación del derecho a la autodeterminación a los pueblos de Europa como forma pacífica y democrática de resolución de conflictos.

Nuestro proceso constituyente será un ejemplo para hacer avanzar la democracia participativa en el viejo continente a través del empoderamiento popular, o bien, nuestra derrota significará la victoria del autoritarismo oligárquico y la extensión de nuevas formas de fascismo.

Por todo ello nos vemos legitimados a reclamar la solidaridad de los demócratas y la gente de izquierdas de todos los pueblos del mundo. El reconocimiento internacional de la República Catalana, la denuncia sistemática de la involución autoritaria del Estado Español, y la exigencia de libertad para los presos políticos, la retirada de las fuerzas de ocupación desplegadas en Catalunya y el cese de la represión deben ser, ahora mismo, principios programáticos esenciales de cualquier defensor de un mundo basado en la justicia, la libertad y la cooperación en pie de igualdad. 

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