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Los 5 motivos por los que los españoles engordamos al comer pasta italiana

A pesar de ser sémola de trigo y por tanto hidratos de carbono puros y duros, la pasta es la base tradicional de la alimentación italiana. 

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Foto: Joshuemd

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A mediados del año pasado apareció un estudio, realizado con 23.000 personas, que aseguraba que el consumo de pasta en Italia estaba asociado a un menor índice de masa corporal, así como a un ratio menos elevado entre cadera y cintura, dos formas de medir la obesidad. En resumen, que la pasta no engorda, al menos para los italianos.

Bien es cierto que el estudio estaba financiado por la empresa de pastas Barilla y este hecho podría hacernos sospechar. Ahora bien, la experiencia propia de todos aquellos y aquellas que han viajado a Italia, podrá confirmar que casi todos los italianos comen pasta muy a menudo y no todos los italianos está obesos. De hecho, los españoles sacamos peores notas en este terreno.

¿Cómo se consigue no engordar a base de comer pasta, que es una fuente pura y dura de hidratos de carbono, un almacén de azúcares, una bomba termonuclear calórica? ¿Cómo lo hacen los italianos? El secreto no está en la sémola, que es la misma en todos sitios, sino en las costumbres y los protocolos dietéticos. A continuación te relatamos cinco motivos por los que tú si engordas comiendo exactamente la misma pasta con la que muchos italianos se mantienen delgados.

1. La cocemos en exceso

Los italianos comen la pasta al 'dente', que quiere decir tirando a dura o a medio cocer. Para entendernos, la dejan justo en el punto en que empieza a ser comestible, aunque para la mayoría de españoles que hemos probado el 'dente' al estilo italiano, esto significa terriblemente cruda. Con el 'dente' se consiguen dos cosas: la primera es que cueste de masticar y, por tanto, se haga menos apetecible comer mucha pasta, con lo que se limita la cantidad ingerida.

La segunda cosa que consigue el 'dente' es que la pieza no se hidrolice completamente y casi la mitad del almidón entre como no digerible en el estómago, por lo que pasará al intestino directamente sin liberar azúcares al torrente sanguíneo. Por lo tanto, la ingesta de hidratos real es casi la mitad de la que implica la pasta que ha comido una italiana o un italiano. Nosotros, tal como la cocemos, al 'chicle', nos la tragamos por toneladas y además optimizamos todo su poder calórico. 

Foto: Stevepb

Foto: Stevepb

2. La comemos solamente con salsa

¿Cuántos de nosotros no nos hemos hecho unos linguinni y le hemos añadido salsa carbonara o directamente salsa de tomate frito? Incluso los que piensan que son más puristas dietéticamente aseguran que lo más sano es un plato de pasta con el aceite de freír unos ajos. Pues resulta que no, que es tan sano eso como comer un bocadillo de pan con aceite y nada más. En puridad, la materia prima es la misma en ambos casos y lo que se aporta son calorías vacías.

Los italianos comen la pasta siempre acompañada de una fuente de fibra vegetal y otra de proteínas. Muchas de sus salsas no tienen nada que ver con las que se venden aquí y son en realidad sofritos y salteados de verduras, no siempre en base a pulpa de tomate, que se acompañan de carne, pescado o marisco. De este modo, se reduce la proporción de pasta y se logra un equilibro dietético en el plato.

3. La usamos como plato único

En la linea de lo explicado en el párrafo anterior, la pasta es el equivalente a nuestro pan, y no solemos comer solamente pan. De hecho, tenemos un dicho que reza: "pan con pan, comida de tontos". Es decir, que comer solo pasta sin mezclarla con ninguna fuente de proteína y fibra vegetal es una tontada desde el punto de vista dietético dado que supone el mismo desequilibro que si, por ejemplo, nos alimentáramos solo de pan.  

4. La acompañamos de pan

Los italianos sí comen pan, pero nunca con la pasta. Al menos, eso mandan sus buenas costumbres. La razón es que no tiene sentido unir estas dos fuentes de hidratos de carbono; lo único que logran es aumentar el nivel de azúcar en nuestra sangre y, en consecuencia, forzar al páncreas a fabricar insulina hasta que se canse. Además, la mezcla genera más reservas de grasas en nuestras caderas o nuestra barriga. 

FOTO: Popo le Chien

FOTO: Popo le Chien

5. Usamos salsas italianas industriales

Hay que admitir que en España es muy difícil acceder a las salsas con que los italianos combinan su pasta, entre otras cosas porque se las hacen ellos en el momento y no tienen nada que ver con las que luego nos venden a nosotros. Suelen ser salteados de verduras y carne o marisco, que realizan mientras la pasta queda al 'dente'. Después cuelan la pasta y la pasan por la sartén donde tienen el salteado: ahí realizan la mezcla. Nunca al revés.

Aunque es cierto que también hay algunas salsas italianas excelentes en el mercado, la mayoría lleva estabilizantes en forma de grasas hidrogenadas, aceite de palma o azúcares añadidos. Así que no está de más que además de a cocer la pasta, aprendamos a preparar las salsas y los acompañamientos con nuestros productos autóctonos y una base de caldo de pescado, carne o pollo. 

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