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Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

España y el obsceno silencio sobre el TTIP

Ekaitz Cancela

El debate público en España acerca del Tratado de Libre Comercio (TTIP, por sus siglas en inglés) que negocian Estados Unidos y la Unión Europea aún está en las antípodas con respecto a otros lugares como Francia, Reino Unido o Alemania. Los grandes medios no hablan de él, o se dejan engañar por siglas confusas, los políticos no sienten la necesidad de establecer un posicionamiento claro, y por tanto, buena parte de la opinión pública lo ignora casi todo de un tema que sentenciará su futuro cercano. A ello se suma el hecho de la ausencia de partidos de empuje europeísta.

Si bien es cierto que el encomiable trabajo de algunos grupos sociales de este país ha logrado arrojar cierta luz al TTIP, la gran mayoría de los ciudadanos desconoce las implicaciones de este “poco interesante” Tratado porque no se han sabido comunicar correctamente.

La agenda la marcan los grandes medios con sus portadas, y las televisiones y radios con sus entradillas informativas en prime time. Y han sellado un pacto no escrito para relegar a lo más hondo de las páginas de Economía, las noticias -en muchos casos de agencia- que llegan sobre el TTIP. No son sus periodistas los que callan, sino los medios quiénes provocan el silencio. Buena muestra de ello son las batallas que parecen tener algunos profesionales para informar sobre el acuerdo transatlántico. Rara es la ocasión en la que las polémicas siglas llegan al titular de los medios. Los ejemplos son varios: aquí, aquí y aquí. Es bien sabido en este mundillo, que la titulación es el único elemento que queda al libre albedrío del editor o director. No obstante, la demostración es obscena.

Además, en España no hay periodistas especializados en el TTIP, y los que lo conocen, no tienen el tiempo para escribir con más detalles. Es responsabilidad de quienes batallan activamente contra él informales bien, con rigor y datos de lo que está en juego. Pero carecemos también de organizaciones que gocen del suficiente expertise en campañas sobre Comercio Internacional.

Y es más, las organizaciones sociales responsables de presionar sobre el tema aún no han irrumpido en el debate ni apostado claramente por hacerlo. Mermadas por los recortes feroces de este gobierno, no tienen recursos para orquestar una campaña a la altura de nuestros vecinos europeos. En Reino Unido, por ejemplo, hay cuatro personas trabajando en cuerpo y alma para combatir el Tratado. Las diferencias son abismales: rechazo absoluta de la opinión pública en temas clave para los ingleses como la sanidad.

En lo que respecta al poder institucional, la estrategia de marginar la palabra TTIP es una máxima de la Comisión Europea. En las notas de prensa que hace oficiales su delegación en España, siempre usa las siglas castellanas para referirse a él: ATCI. Lo achacan a una mera traducción, pero lo cierto es que en Francia y Alemania no se lleva a cabo de esa forma, o si se hace, se usan las siglas TTIP. Hagan como si no estuviese en juego la soberanía de 28 Estados Miembros, oigan. Como si no supiéramos de lo que hablan.

Otra gran traba provocada directamente por la Comisión, y que afecta a la mayor parte de los países, es el hecho de que no podamos tener un debate informado sobre un asunto tan importante como este porque los datos no están disponibles. Es frustrante que se venda a bombo y platillo que este es el tratado más transparente negociado nunca, pero que no haya información importante disponible.

Transparencia implica que las únicas personas que representan al ciudadano en Europa, sepan qué ocurre antes, durante y después de las negociaciones. Al margen de que esta opacidad suponga una violación de Artículo 218.10 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, está el hecho de que las empresas tienen más información que los representantes electos. En una conversación con la eurodiputada Paloma López, contaba cómo Procter & Gamble tenía anexos del Tratado que ella no había visto nunca. ¿Un despiste? Podría ser, si no fuese de sobra conocido que de las 597 reuniones que hubo a puerta cerrada sobre el TTIP, el 88% se produjo con grupos de presión industriales.

Hemos de asumir que la conciencia crítica es imprescindible para avanzar en la construcción de un saber colectivo sobre los fenómenos que nos definen como sociedad. Todo lo que nos rodea se vincula al TTIP porque todo ello es fruto de un sistema que las corporaciones han establecido y que ahora quieren hacer irreversible.

¿Consecuencias del TTIP? Miles de millones sólo en demandas internacionales

Además, las implicaciones que tendría este Tratado para España no son baladí. Desde las consecuencias derivadas del aumento de demandas en tribunales creados ad hoc para multinacionales -España es el más perjudicado de toda la UE- hasta los problemas para nuestros agricultores por la desaparición de las denominaciones de origen, inexistentes en Estados Unidos pero clave para la supervivencia del jamón de jabugo o el vino Rioja. Pero más allá de la privatización y la servidumbre a los inversores, están las regulaciones. Un término que parece muy técnico, pero que se resume en bajar nuestros estándares de calidad en alimentación o derechos laborales.

Obviando el movimiento logrado en Alemania, allí hay largos debates televisivos en la cadena pública casi todas las semanas, pero España goza de un poder de movilización local no aprovechado. Se han presentado decenas de mociones de censura contra el TTIP en Ayuntamientos pequeños, medianos y grandes, como el reciente éxito de Barcelona. En muchos casos, apoyados por los socialistas. Estadísticamente hay un empuje local similar al de Reino Unido, pero en España no se ha sabido canalizar y llevar al centro del debate político.

Por un lado, por la imposibilidad de las organizaciones de acercar el tema al día a día de las instituciones. De nuevo, los ingleses nos retratan. La última idea de empapelar su famoso metro cambiando las líneas por posibles consecuencias de la firma del Tratado, es sencillamente magistral. Y no sólo, en Reino Unido son magníficos a la hora de usar el storytelling para meterse en el pellejo del ciudadano inglés y servirle el TTIP como el postre de una dieta estricta de recortes en lo más básico.

Es también flagrante la falta de interés por parte de las caras conocidas de uno de los partidos que más poder tiene en estos momentos para mediatizar ciertas causas, Podemos. No ha sido más que en extrañas ocasiones cuando han puesto el tema sobre la mesa. Una vez, con motivo de la votación del informe del TTIP en el Europarlamento, Pablo Iglesias se propuso defenderlo en un debate junto a otros eurodiputados en la Cadena Ser. La carencia argumental del que es actualmente eurodiputado quedó en evidencia. Si bien es cierto que hay muchas personas en Podemos, como la siempre activa Lola Sánchez, que han hecho un papel espectacular en la conformación de una opinión pública al tanto del Tratado, su impacto mediático, encerrada en la burbuja bruselense, ha sido reducido.

Soberanistas a favor de la cesión de Soberanía

Los argumentos para defender el TTIP caen por su propio peso. No hay evidencias claras de que los ISDS traerán más inversión, al contrario, ni de que se producirá un crecimiento económico; mucho menos que beneficiará a las PYME, que tendrán que luchar en un mercado transatlántico lleno de depredadores con más beneficios cuanto mayor sea su capital. La ignorante postura de Pedro Sánchez coincide con la del más conservador en el PP. También, la pura defensa del libre comercio de Albert Rivera olvida que en el TTIP no hablamos de economía, sino de políticas antidemocráticas. Ni escapan tampoco los nacionalistas de CiU o del PNV, partidos autodenominados soberanistas, que se postran a la cesión de soberanía a la primera de cambio. Fue CiU con PP y Ciudadanos quien impidió que el Parlamento Catalán hiciera un referéndum sobre el TTIP y el PNV quien lo silencia en Euskadi.

No nos resignemos, las marchas a Bruselas que están teniendo lugar durante esta semana son una ocasión magnifica para comenzar a sentar un debate público de calidad que tenga como resultado el triunfo del interés público contra el poder privado y la percepción de una Unión Europea cuyas políticas nos deberían concernir.

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