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Miradas hacia este mundo en la Triennial de Nueva York

El autor traza sus impresiones cívicas ante esta exposición artística. Sobre todo, una: cómo las esperanzas de cambio despertadas en Estados Unidos por Obama y ciertos movimientos sociales han sido engullidas y neutralizadas por el sistema en vigor en breve lapso de tiempo.

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El fin de semana pasado, en la Triennial de Nueva York, que este año se lleva a cabo bajo el lema Surronding Audience, el ascensor me expulsa en el segundo piso del New Museum y mi mirada inmediatamente capta la  instalación doble del artista  Josh Kline (nacido en Filadelfia en 1979), con el nombre Freedom.

Cuatro figuras de Robocop con casco, uniformadas, de tamaño real, se encuentran en la estancia. Kline instaló en el área estomacal pantallas, en las cuales se pueden ver videos de entrevistas. Escucho durante un momento. Los entrevistados invocan problemas actuales como la violencia de género, la vigilancia, la violencia policial racista y las protestas en contra de todo ello. Al otro lado, se ve en una gran pantalla un discurso del presidente estadounidense Barack Obama. Parece ser su discurso de entrada en funciones en enero del 2009 en las gradas del Capitol en Washington.

El cambio ( Change) y la esperanza ( Hope) que Obama proclamó en aquel entonces han sido arrasados pocos años después, conducidos al fracaso por las condiciones brutales que presenta la policía, equipados sus efectivos como militares; al menos, así veo yo la obra, probablemente porque es mi estado de ánimo después de diez días en Washington y Nueva York.

Pero Josh Kline es más sutil: no es el verdadero Obama quien habla ahí, más bien se simula su discurso. El video muestra al presidente como podría haber hablado. Una apelación pasional a los movimientos sociales, convocados para, juntos, conseguir cambios profundos fuera y a lo largo de las instituciones políticas estancadas. Exactamente lo contrario es hoy el caso en los Estados Unidos. Un amigo, abogado de prestigio y periodista describe de esta guisa el sistema bipartidista cementado con las palabras: “Los locos ( lunatics) y neofascistas que están entre los republicanos han perdido toda relación con la realidad. Y los demócratas, están tan desplazados a la derecha, que colocarían a Angela Merkel probablemente a su lado izquierdo”.

En los videos, al contrario de lo que supuse, no hablan activistas sociales. Son las palabras de agentes policiales, fuera de servicio o jubilados; informan cómo identifican y vigilan a protestantes con ayuda de las redes sociales. La protesta de los últimos años, la campaña de Obama y Occupy Wall Street, han resultado absorbidos completamente por el sistema político de los Estados Unidos, sin transformar un ápice la realidad.

Kline indica en una entrevista en el catálogo de la exposición que, dada la situación que los circunda, los artistas americanos tienen un acceso mucho mejor a los problemas del siglo XXI.  Que están más próximos al desastre, sienten directamente los efectos de la globalización y la injusticia social de forma mucho más intensa que los europeos. Las obras de otros artistas dentro de la exposición tratan una parte de estos temas, como por ejemplo la migración y la interculturalidad. Mientras veo el film de Nicholas Mangans sobre el medio ambiente destruido de la isla pacífica Nauru, un trítono de colonialismo, costumbres consumistas occidentales y catástrofes ecológicas, escucho en el fondo la voz de Sophia Al-Maria, quien canta canciones árabes e incorpora en ellas su propio desgarro interior entre el golfo árabe, de donde viene su familia, y el noroeste de los Estados Unidos, donde ella nació. Al final me encuentro en las palabras de Donna Kukuma, para quien la producción artística representa un proceso continuo de preguntas: ¿Dónde estás situado como persona? ¿eres completamente consciente de la sociedad en su totalidad?

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