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La belleza siniestra de "Carroña", de Javier Pérez, en el Bellas Artes de Bilbao

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La belleza siniestra de "Carroña", de Javier Pérez, en el Bellas Artes de Bilbao

La belleza siniestra de "Carroña", de Javier Pérez, en el Bellas Artes de Bilbao

La "belleza siniestra" de la instalación "Carroña", del artista bilbaíno Javier Pérez, se exhibe desde hoy en el vestíbulo del Museo de Bellas Artes de Bilbao, dentro del programa "La Obra invitada".

La pieza, propiedad del prestigioso artista bilbaíno, que tiene otras instalaciones similares en museos de Nueva York, Miami, Tokio y París, fue realizada en 2011 en Murano (Italia) y se compone de 12 brazos, con 10 cuervos disecados, posados sobre los fragmentos diseminados de una suntuosa lámpara roja de cristal de Murano de gran formato, parcialmente hecha añicos contra el suelo.

Javier Pérez (Bilbao, 1968) ha explicado en la presentación de su obra a los medios que "Carroña" surgió de un encargo de un estudio de la isla veneciana de Murano que trabaja con artistas contemporáneos, para una exposición colateral a la Bienal de Venecia de 2011, en la que representó a España.

Para plasmar su obra Pérez ha señalado que eligió "un elemento muy significativo de la producción veneciana del cristal de Murano, como son las lámparas ornamentales opulentas" porque representan "esa idea que todos tenemos de la riqueza, el lujo y la ampulosidad".

Con "Carroña" se planteó "transgredir este concepto de belleza estereotipada que tenemos y transformarlo en todo lo contrario, en un festín grotesco de una bandada de cuervos con la carcasa descarnada del cadáver de un animal muerto", ha apuntado.

"La obra tiene múltiples lecturas porque es una constante en mi obra jugar con distintas dialécticas como la vida y la muerte, la catástrofe, el derrumbe del ideal estereotipado de belleza, etc", ha dicho el autor.

El artista bilbaíno ha destacado, sobre el color rojo elegido para la lámpara, que "no es habitual que se utilice este color en el vidrio porque les plantea numerosas dificultades técnicas a los maestros cristaleros".

"Pero yo lo quería así -ha explicado-, porque es una referencia a la sangre, a las vísceras a la descomposición de la carne animal" y, por ende, de la belleza, que él quería transmitir con su obra.

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