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Concha Buika sacude Santiago con una oda a la diversidad musical y cultural

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Concha Buika sacude Santiago con una oda a la diversidad musical y cultural

Concha Buika sacude Santiago con una oda a la diversidad musical y cultural

Los estilos musicales y las razas se mezcla en los conciertos de la cantante española de raíces ecuatoguineanas Concha Buika, quien estos días se presenta en la capital chilena con su nuevo trabajo, "Para mi", y reivindicó uno de los valores fundamentales de su obra: el amor a la diversidad.

Desde sus orígenes, María Concepción Balboa Buika (1972) ha sabido beber de todas las influencias que le ofreció su entorno.

Criada en Palma de Mallorca, su infancia transcurrió entre gitanos, de los que aprendió el amor por el flamenco, al tiempo que su madre y su tía le inculcaban las tradiciones africanas de sus antepasados.

Aún así, siempre evita encasillarse. Su arte va mucho más allá de cualquier estilo y así lo demuestra ante el público que se congrega en el Teatro de Oriente para emocionarse con cada una de sus canciones, en las que reivindica la necesidad de amar por encima de cualquier frontera.

Sus recitales comienzan con "Soñó con ella" para inmediatamente sopesar "Si volveré" y, acto seguido, detenerse en su discurso musical para explicar que "Ni contigo ni sin ti", mezclando el llanto del cante con la alegría.

Entre canción y canción, la artista dibuja un universo personal con anécdotas que son coreadas por sus fans, que sienten y ríen a partes iguales, como ocurre con "Tú volverás", corte del álbum "La niña de fuego", en el que hace referencia a un amor incondicional que pase lo que pase siempre acaba volviendo, como la vida misma.

Bajo un foco de luz que la hace destacar sobre el resto de la banda, Buika confiesa que se podrían escribir "siete enciclopedias" de lo que no sabe de sí misma, a pesar de que su talento le ha llevado a viajar por todo el mundo, tener una hija y dominar estilos tan diferentes como el flamenco, el jazz y el reggae.

También ofrece su punto de vista sobre la religión y explica que para ella la Torre de Babel no fue un castigo creado por Dios para dividir a los hombres, sino "un reto para que aprendamos a comunicarnos de distintas maneras", como a través de la música, a la que definió como "el canal perfecto".

Buika, quien además de cantante es compositora y escritora, despliega un recital impecable en el que su origen mestizo alcanza su máxima expresión cuando su voz va cambiando de registros al tiempo que de idiomas.

Canta principalmente en español, pero también en inglés, con "Tiger Eyes", y en italiano, con "Pizzica de Torchiarollo", al tiempo que juega con su voz en "Siboney" como si fuese un instrumento, con sonidos puramente africanos. Una mixtura con la que representó su condición de "ciudadana del mundo".

"Somos gente distinta, diferente, que se siente de mucha partes", detalló a mitad de la actuación. Según su visión de la realidad, "todos somos un poco europeos, norteamericanos, asiáticos", eso es lo que le ha ayudado a cantar en todos los idiomas sin complejos, admitió, cuando "jamás pensaba que sería capaz de hacerlo".

Entre canción y canción habla de su mundo interior, de sus fallos y aciertos en una vida en la que hay que sentir más "responsabilidad que culpa", porque la primera nos alimenta a seguir luchando, mientras que la segunda nos infunde la "fealdad en el cuerpo", nos empuja al abismo y a alimentar un "status quo enfermizo".

También habla del reggaetón, el rap y el feminismo en un sentido crítico, profundo y al mismo tiempo burlón. Para Concha Buika no hay diferencia, la mujer y el hombre deben aprender a convivir y respetarse, pero dentro de esa lucha no cabe el desprecio de un género sobre el otro. Todo lo divide una línea muy difusa.

Por último, tras dos horas de concierto, su banda hace ademanes de abandonar la sala, pero ella, alegre y sentida, vuelve a agarrar el micrófono para cantar a capella, hasta que todos han vuelto a sus puestos para dibujar en el aire las notas que acompañan a algunos de sus temas más conocidos, como "Jodida, pero contenta".

Desde ese momento, el público redobla sus esfuerzos por lograr que la noche no acabe, pero su voz y los instrumentos se apagan entre sonrisas, agradecimiento y el entusiasmo de la "tribu" que no deja de aplaudir hasta que su figura, envuelta en un largo y elegante vestido negro, desaparece tras el escenario.

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