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Freud y Hitchcock se dan la mano en un nuevo montaje de Electra en Viena

Antonio Sánchez Solís
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Freud y Hitchcock se dan la mano en un nuevo montaje de Electra en Viena

Freud y Hitchcock se dan la mano en un nuevo montaje de Electra en Viena

Lo más oscuro y violento de la naturaleza humana inundará este domingo la Ópera de Viena en una nueva producción de la Electra de Richard Strauss, una obra de tema freudiano que en lo musical ya recurrió hace un siglo al mismo lenguaje que el cine de suspense.

"Es como (Alfred) Hitchcock. Todo lo que se ve en Hitchcock o en el género negro tiene el mismo lenguaje musical", explica a Efe Uwe Eric Laufenberg, director de esta nueva producción que se estrena el domingo.

Para Laufenberg, la descripción musical de los momentos de tensión se ejecuta en la partitura de Strauss a través de impresiones parecidas a las que usó en sus películas el maestro británico del cine de suspense.

Tanto, que el director ve en Electra el estímulo, el impacto del género negro o aun incluso el de terror.

Esta nueva Electra, la octava versión en la historia de la Ópera de Viena, tendrá como voz protagonista a la soprano sueca Ninna Stemme, que canta por primera vez este papel en el escenario vienés.

También estrena personaje en este escenario Anna Larsson, que le dará réplica como Clytemnestra, madre y objeto del odio y el deseo de venganza de Electra.

Para Laufenberg, el texto del dramaturgo Hugo von Hofmannsthal al que puso música Strauss es una obra absolutamente freudiana, en la que el odio de Electra anega toda la historia y en la que los humanos ya no actúan manejados por los dioses sino que son presa de sus propias obsesiones y deseos incontrolables.

Aquella revolucionaria interpretación que Strauss y Hofmannsthal hicieron en 1909 de la tragedia de Sófocles sigue siendo hoy tan actual como entonces, asegura Laufenberg.

"El tema será actual mientras (el ser humano) no se desprenda de su cuerpo, de su naturaleza, que viene parcialmente de lo animal, y trate de guiarse por su espíritu", argumenta el director y actor alemán.

De hecho, Laufenberg opina que en esa oscura fuerza interior que se describe en Electra hay ya una premonición de los horrores de un siglo XX en el que se encadenaron dos guerras mundiales.

"Electra tiene en ella el disparador de la bomba atómica, la violencia más grande que la humanidad puede ejercer contra ella misma", interpreta.

En ese túnel lóbrego, el libretista y el músico, que comenzaron con Electra una colaboración de la que nacieron otras cinco óperas, se plantean la cuestión de si la luz puede llegar después de la explosión de fuerzas tan oscuras.

"Tenemos que ver que cómo manejamos nuestra oscuridad y nuestras fuerzas malignas para que no explotemos como le ocurre a Electra" analiza Laufenberg, recurriendo a la idea de la catarsis que ya aparece en la tragedia griega: el espectador purifica sus pasiones mediante el miedo y la compasión que experimenta viendo la obra.

Una catarsis que, recuerda el director, no funcionó en la época de Strauss.

"La I Guerra Mundial, Hitler... llegaron de todas formas y el Imperio de los Habsburgo cayó. En obras así deberíamos ver que podemos purificarnos de esas fuerzas emocionales y, quizás, ser los unos con los otros un poco más claros, razonables y empáticos en la vida de lo que pasa en esta obra", dice.

Una historia profunda a la que acompaña una música muy ramificada, muy complicada, pero también muy acertada.

"Va muy lejos en la atonalidad. Quienes la escuchan por primera vez casi quedan desbordados por diferenciar todas esos controles de tonalidad", describe Laufenberg, que asegura que se ha esforzado en que todo el desarrollo de la historia se sincronice con la música.

Respecto a la estética y la escenografía, el director teatral adelanta de que se trata de "una obra oscura, en un lugar oscuro".

"Es un sitio reconocible, un lugar concreto. Los personajes se comportan como personas reales. Es lo que Hofmannsthal quería. Él dijo que no quería una arcaización", explica.

Pese a la complejidad de esta pieza, el director confía en que la obra tenga suficiente "carga explosiva" como para interesar también al público que no va habitualmente a la ópera.

Eso sí, advierte entre risas de que no es una obra para gente que va a la obra a quedarse dormido.

Electra tuvo su estreno absoluto en enero de 1909 en Dresde. Dos meses después llegó a la Ópera de Viena. Desde entonces, esta obra se ha representando en la capital austríaca en 314 ocasiones en siete montajes distintos.

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