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El inspector Rafael Jiménez reivindica el Raval en su novela sobre yihadismo

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El inspector Rafael Jiménez reivindica el Raval en su novela sobre yihadismo

El inspector Rafael Jiménez reivindica el Raval en su novela sobre yihadismo

Tras sumergirse en los entresijos del terrorismo de ETA en su primera novela, el inspector de policía Rafael Jiménez se adentra en el yihadismo en una obra en la que reivindica el barrio del Raval de Barcelona como modelo de integración y profetiza amenazas como las que han golpeado París.

En una entrevista con Efe, Jiménez, jefe del Grupo de Análisis de la Policía Nacional en Barcelona, ha explicado que con "El blues de Garibaldi" (Principal Libros) ha buscado retratar, por una parte, el odio que lleva a los terroristas a buscar propagar el miedo y, por otra, homenajear a los policías que se guían por la intuición para sacar mayor rendimiento a los datos de inteligencia.

En la obra, en la que el autor anticipa algunos de los hechos que han acabo ocurriendo en París, la inteligencia francesa detecta que unos radicales islamistas preparan atentados en varias capitales de Europa, por lo que la Policía activa en Barcelona al inspector Garibaldi, el antihéroe por excelencia: bebedor, mujeriego y acabado de divorciar, pero con un particular sexto sentido para seguir pistas.

Con epicentro en el antiguo barrio chino de Barcelona, actual Raval, el protagonista de "El blues de Garibaldi" traba amistad con Karim, su vecino, que huyó de Palestina con su hermano Hamid, aunque ambos siguen caminos contrapuestos: uno trata de integrarse y otro se radicaliza.

En la novela, Jiménez profetiza algunos de los elementos que han sacudido al mundo tras el 'viernes negro' de París: la presencia de células que organizan atentados -más allá de la acción puntual de un lobo solitario- y situar como potencial objetivo un escenario que congrega a multitudes, en su ficción el estadio del Nou Camp.

Para Jiménez, el yihadismo plantea un modelo de "guerra líquida", que él asemeja al cáncer: "Se introduce en el torrente sanguíneo y va dando vueltas hasta que se asienta donde puede y ataca". "Va a ser muy difícil erradicarlo", advierte.

"Como el cáncer, lo tratamos con operaciones -la quimioterapia- y tratamos de prevenirlo con controles -análisis de sangre-, pero está ahí y la esperanza es que no se despierte. Nos podemos esperar cualquier cosa", avisa.

No obstante, Jiménez lanza un mensaje en positivo para afrontar de la mejor manera posible la amenaza terrorista: "No tenemos que tener miedo. Hemos sufrido durante 40 años el terror de ETA, ante el que cualquiera de nosotros podía ser víctima. Sí, tenemos que actuar con precaución, pero también debemos confiar en la Democracia y la Libertad. Si tenemos miedo, los terroristas han vencido".

Pese a que en su obra traslada la amenaza terrorista a Barcelona, Jiménez recuerda que no ha habido nunca un atentado yihadista en la capital catalana, lo que en parte atribuye a que el barrio del Raval se ha convertido en un "modelo de integración y convivencia".

"El Raval es una especie de oasis", señala el inspector, que recuerda que este barrio de Barcelona, uno de los más multiculturales de España, ha sabido tejer complicidades entre las familias de toda la vida y los recién llegados para evitar convertirse en un gueto, por lo que considera que debería ser tomado como ejemplo para evitar la radicalización de algunos barrios de Francia o Bélgica.

Para Jiménez, la clave del éxito de integración del barrio del Raval es que se ha convertido en epicentro cultural, gastronómico y de ocio, por lo que no ha quedado abandonado ni por los propios vecinos, ni por el resto de barceloneses ni por los turistas.

"Sí, existe el Raval oscuro, con prostitución, robos, drogas... pero también se ha logrado que el sol entre en el barrio, que tiene luz propia por su oferta cultural, gastronómica, por sus calles abiertas", insiste.

Con el trasfondo de la amenaza terrorista, Jiménez rinde homenaje en su novela, a través del personaje de Garibaldi, a los policías de la vieja escuela, que se guían por la intuición. "Me encanta la inteligencia emocional, las relaciones humanas, la empatía, arreglar los problemas de abajo a arriba", señala.

El autor también echa mano de su experiencia como inspector y remarca la importancia del factor humano en las investigaciones policiales, para saber interpretar la información recabada y adelantarse a los acontecimientos.

Cuenta Jiménez que el hilo conductor de sus dos primeras novelas es el odio: en su debú se basó en el odio del terrorismo de raíz nacionalista y ahora en el odio del terrorismo que dice matar en nombre de Dios.

Y ya tiene en mente culminar su trilogía sobre el odio con una nueva entrega que se centraría en la violencia machista y en el odio terrenal, el que va creciendo sin apenas percibirse en disputas entre iguales por discrepancias cotidianas.

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