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'The Leftovers': la serie milagro

¿Qué ha ocurrido para que haya pasado de ser una de las series más criticadas a ser una de las mejores del año?

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Uno de los grandes momentos de 'The Leftovers'

Uno de los grandes momentos de 'The Leftovers'

En la semana del final de su segunda temporada,  'The Leftovers' ha sido una constante en muchas conversaciones seriéfilas. Para muchos se ha coronado como una de las mejores series del año de forma inesperada tras una primera temporada vapuleada por gran parte de la crítica y los espectadores.

Aun así ha sufrido más de la cuenta para asegurarse una tercera temporada, que por cierto será la última, por los bajos índices de audiencia que ha marcado en HBO, engrosando de paso la lista de series que parece que todo el mundo recomienda pero que luego muy pocos ven. También se ha llevado su cuota de protagonismo en las nominaciones de los Globos, no porque haya conseguido alguna sino porque se ha convertido, precisamente por la calidad de su segunda temporada, en una de las grandes olvidadas en unas candidaturas llenas de sorpresas.

'The Leftovers' no es una serie fácil de recomendar, porque para disfrutar de su segunda temporada hay que superar esa primera entrega tan irregular y hay que estar dispuesto a abrazar esa sacudida emocional, que le han convertido en una de las grandes series de este año pero también en una de las más incómodas. No es una serie apta para el maratón, ni para pasar el rato e incluso te obliga a escoger muy bien el momento para afrontar sus 10 horas, probablemente las más desoladoras del año.

El  mundo de 'The Leftovers' sigue convulsionado por las desapariciones ocurridas aquel 14 de octubre pero ya nadie espera que sus seres queridos vuelvan, tampoco nadie se pregunta cuál fue la causa porque lo importantes es encontrar la forma de seguir adelante en una vida que ya nunca podrá ser normal. La historia necesitaba un reseteo, no solo por lo que no había funcionado en la primera temporada sino porque tenía que seguir más allá del libro de  Tom Perrotta que le había servido de inspiración. La solución ha sido Jarden: un pueblo en el que nadie desapareció el 14 de octubre. El clavo ardiendo al que se quieren agarrar aquellos que lo han perdido todo y quieren encontrar un nuevo sentido a sus vidas.

A los personajes que ya conocíamos se han unido los Murphy, uno de los grandes aciertos y también el símbolo de la falsa esperanza que ha guiado la segunda temporada. Mientras  Nora, Kevin, Matt o Jill han querido redimirse intentando ser mejores personas, Jarden y su imagen de ciudad milagrosa han sido el reflejo de la visión distorsionada que tenía John Murphy sobre su familia.

Las preguntas sin respuestas, el relato fragmentado a base de grandes momentos o el uso tan retorcido de su impresionante banda sonora han conseguido que Damon Lindelof haya podido aplicar ciertos toques lostianos a la historia sin ser lapidado por ello y que pueda acabarla en la tercera temporada tal y como la había imaginado. El verdadero milagro que no fue Jarden.

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