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Mery Sales dialoga con Hannah Arendt

La Nau acoge la exposición ‘El incendio y la palabra’ en la que la artista valenciana rinde tributo a la pensadora sobre ‘La banalidad del mal’

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Mery Sales y José Pedro Martínez

Mery Sales y José Pedro Martínez

El origen de ‘El incendio y la palabra’ germinó cuando Mery Sales (Valencia, 1970) descubrió a Hannah Arendt. Sucedió mientras investigaba a Richter para su tesis doctoral. Entre otras cosas, con este último tiene en común el uso del borroneado sobre la imagen en la pintura. Y cuando un artista capta el lenguaje de su obra en otro artista que le precede en el tiempo puede hacer dos cosas: mirar para otro lado o seguir el camino de la investigación. Y así, investigando y enlazando información de Gerhard Richter dio con Arendt, cuya vida y obra ha inspirado el proyecto.

“De Arendt hay mucho de lo que poder hablar y debatir”, dice Mery Sales. “Y espero que la exposición contribuya a recuperar su legado”. Argumentos no le faltan a Sales, pues la vida de Arendt transcurre entre avatares de esa etapa histórica dramática y contradictoria que le tocó vivir. Explotada, discutida, cuestionada y también criticada, su obra es una de las más brillantes y ricas que se puede encontrar en el plano de la política y la filosofía práctica del s. XX. Tras huir de la persecución y privación de los derechos a los judíos, Arendt buscó refugio en EEUU. Corría la primera mitad de la década de los años treinta y durante un tiempo sobrevivió sin identidad oficial, ya que el régimen nazi le retiró la nacionalidad.

“Es la exposición más comprometida que he realizado hasta la fecha”, confiesa Sales. Y sin duda lo es a nivel social y político, aunque es de justicia añadir que con el oficio de pintar y en la forma de vivir como artista, Mery Sales siempre ha estado comprometida, algo conocido en su entorno y fuera de él.“Para amar el mundo nos tenemos que conciliar con él, lo más difícil es amar el mundo tal y como es, con todo el mal y el sufrimiento que hay en él, sin crítica ni rechazo despectivo, con inquebrantable voluntad de afrontar y comprender lo que es”, explica la artista recordando a Arendt en su concepto de Amor Mundi, o amor aplicado a la vida.

En cuanto a lo didáctico, y siguiendo el precepto “no hay exposición sin reflexión”, el recorrido artístico va de la mano de un complemento narrativo en forma de frases y textos breves escogidos con mucha sensibilidad. De la parte productiva surge la gracia estética que identifica a Mery Sales, aunque no es lo que aparenta. “Es importante que la pintura sea amable para atraer la atención del espectador y que un contenido duro pueda enganchar al público y siga mirando”, afirma Mery Sales. Por otro lado, la condición de docente y artista se concreta en una combinación beneficiosa de la que sale favorecido el espectador.
Y continuando con la verdadera base del proyecto, la referida estética propia de Sales enlaza y es coherente con una evolución sinceramente atractiva, en la que a pesar de lo aparente, la tiranía de la belleza y la necesidad de someter a debate la esclavitud del aspecto físico y su relación con la frivolidad y el vacío interior están presentes. Y como eco de sus propias palabras al respecto, citaremos un par de ejemplos: el llamado ‘Muro de la violencia’ -en el que destacan diversas obras relacionadas con el mal a través de acontecimientos trágicos-, y la pieza que ocupa el final de la exposición, un óleo apaisado de grandes dimensiones que representa un fragmento hermoso del mar. El cuadro, de un atractivo que roza lo hechicero, sugiere lo inquietante que puede llegar a ser el mar en medio de un temporal, una alegoría al mal y una advertencia, la perversidad puede presentarse disfrazada y ser cruel como “el mirar a otro lado”.

Sobre el formato circular y la distribución estratégica de algunas de las piezas que componen el citado ‘Muro de la violencia’, Sales apunta: “Las curvas no tratan de cerrar, sino de condensar”.¿Y quién mejor que la propia artista -que ha concebido la obra ex profeso- para organizar el orden y el discurso de la misma?

Y volviendo a la vertiente didáctica del proyecto, Sales se siente reconocida en su personaje. “Arendt también tiene mensajes para gente alejada del arte contemporáneo, y la exposición pretende ser didáctica por su propio recorrido,  facilitando así el mensaje a través de talleres y visitas guiadas organizadas a su alrededor”, confiesa.

El recorrido de la exposición se completa con 40 óleos sobre lino o sobre tabla iniciado con un retrato de HannaArendt y finalizado con la citada representación del mal. Antes, en el aludido ‘Muro de la violencia’, se relacionan secuencias terribles que evocan lo mejor o peor de cada personaje o motivo, como es el caso de la imagen del asesinado profesor Broseta, del hundimiento del Prestige, o de Hitler, entre otros. En definitiva, composiciones destinadas a hacer crítica e historia y que reivindican la pintura tradicional como lenguaje artístico. El aspecto visual está reforzado con los citados textos que van situando al espectador, y se complementa con un documental de la vida de Hannah Arendt. Por la generosidad con que Mery Sales ha entregado su pintura al proyecto, bien podríamos pensar en un ejercicio real de Amor mundi.

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