Opinión y blogs

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La marcha de Rafael Reig

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"Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad".

Marco Aurelio, Meditaciones

Dentro de un medio de comunicación  el papel de la opinión es diferente al de la información, y ambas deben estar claramente separadas. La información debe aspirar, aunque la perfección no se consiga nunca, a transmitir sin preconcepciones ni sesgos; a funcionar como un trasiego trasparente de datos lo más libres que sea posible de interferencia o prejuicio. La opinión, en cambio, es diferente: sesgada por naturaleza, su papel es funcionar como una lente coloreada que con un poco de suerte nos ayuda a comprender mejor con su deliberado intento de convencernos, permitiéndonos contemplar los hechos desde otro punto de vista ajeno, estemos o no de acuerdo. Por eso la opinión es de suyo polémica, parcial, sesgada y dada a la controversia y a despertar pasiones, a favor y en contra. Por eso muchos lectores están especialmente atentos a esta sección, sus dimes y diretes.

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El objetivo del periodismo

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Uno de los temas definitorios de nuestro tiempo es la lucha por la igualdad de género en la sociedad. Aunque ya en el siglo pasado se produjeron grandes avances, gracias a las luchas de generaciones de mujeres y a la progresiva evolución de las mentalidades que se produjo como consecuencia, la realidad es tozuda y la desigualdad patente. En múltiples aspectos las mujeres no son todavía plenamente iguales, y se puede argumentar que cuanto menor es el camino que queda por recorrer (en términos históricos) mayor es el desasosiego de aquellas que se ven obligadas a seguir luchando por algo tan obviamente justo como es el que las personas sean tratadas por igual con independencia del sexo o el género al que pertenezcan. Porque cuanto más cerca está el objetivo más injusta parece la distancia que todavía nos separa de alcanzarlo.

No es extraño, por tanto, que entre los lectores y socios de eldiario.es la sensibilidad hacia las cuestiones de género sea alta, como demuestra la siguiente protesta de Ana, de Barcelona:

“De nuevo hoy, 8 de diciembre a las 8.50H, abro eldiario.es y me encuentro una portada sin mujeres en la sección de opinión (y solo tres mujeres en los artículos de primera plana).”

Días después insistía:

“Hola, Desde septiembre el Defensor de la Comunidad no ha publicado ningún artículo nuevo. Cuestión que me resulta preocupante, ya que no puede haber prensa responsable sin auto-crítica. Además, hoy, por tercera vez esta semana, las mujeres brillan por su ausencia en la primera plana de este periódico (solo hay dos en los primeros scrolls); y han sido nuevamente excluidas en su totalidad de la sección de opinión. He escrito varias veces al Defensor de la Comunidad con respecto a esta cuestión. No he recibido nunca una respuesta y, dada la primera plana de hoy, tampoco se ha proporcionado ninguna solución. Espero puedan abordar este tema pronto. Gracias y saludos, Ana”

Y hace unos meses la misma autora escribía:

“Estimado José Cervera, Este mensaje es simplemente para sugerir que por favor sean cuidadosos en el equilibrio de género de la sección de opinión. En general suele haber una proporción más o menos aceptable entre autores y autoras en primera página, que permite pasar por alto el desequilibrio de género constante de este medio en cuanto a autores y autoras. En cualquier caso, dicho desequilibrio es muy inferior al de otros medios de prensa y creo que la editorial hace un esfuerzo por propiciar una prensa no machista y no sexista. No obstante, hoy por primera vez desde que leo este medio me encuentro que en la sección de Opinión no hay ni una mujer autora! Esto es inaceptable. (Justo mientras escribía esto han cambiado los artículos de la sección, ahora se vuelve al ratio un poco más habitual: 2 autoras y 6 autores). Gracias y saludos, Ana”

Un somero y acientífico análisis confirma la sospecha de Ana: tomando como referencia la primera semana de diciembre y como representación el adelanto para socios vemos que el número de caras femeninas en las noticias oscila entre el 10 y el 25% del total de imágenes, mientras que el número de firmas femeninas varía entre 1/7 y 1/3 del total de artículos firmados. Aunque a lo largo del día se publican más noticias y las proporciones exactas varían, está claro que la proporción está alejada de la ratio ideal del 50%, o 1/1.

En parte esto se debe a que  el equipo muestra una ligera, aunque real, desigualdad de género. Analizando la información publicada por el medio y teniendo en cuenta tan sólo la edición madrileña la composición del equipo profesional cuenta con un director, dos subdirectores y un adjunto al director y un jefe de sección varones por 4 jefas de sección y producto y una adjunta al director mujeres en su cúpula (6 a 5); entre los redactores y especialistas en vídeo hay mayor paridad (6 de cada sexo) así como entre los colaboradores habituales de secciones (12/12). La mayor desigualdad se produce entre los columnistas (20 varones por 9 mujeres) y los escritores de blogs (16 varones por 6 mujeres).

Está claro que el medio intenta aproximarse a la proporción de sexos ideal en la redacción, aunque el desequilibrio en el área de opinión siga siendo patente. Será positivo cualquier esfuerzo futuro por aumentar la igualdad en el ámbito laboral y convendría intentar acercar la ratio entre columnistas y escritores de blogs, algo en lo que la dirección del medio está trabajando como aclara el director, Ignacio Escolar:

“Es verdad que los hombres tenemos más peso entre los jefes que las mujeres en eldiario.es -es algo que quiero corregír-, pero dudo que haya muchos otros diarios con más mujeres en puestos de responsabilidad.

En administración hay un gerente, un director comercial y una directora de marketing y socios que se incorporará en un par de semanas.

En cuanto a la falta de mujeres en opinión, es algo que nos preocupa y que queremos cambiar lo antes posible.”

Más complicado es mejorar la proporción de mujeres y hombres en los sujetos de las noticias, porque aquí nos encontramos con un problema real: la sociedad misma sigue mostrando desequilibrios y un medio como espejo de la realidad que es puede parecer sesgado simplemente porque recoge una realidad sesgada. Si vivimos en una sociedad en la que las mujeres no son todavía, por desgracia, realmente iguales esa desigualdad aparecerá en cualquier intento de describir esa sociedad.

De hecho nos encontramos con un clásico problema del periodismo, que es definir su objetivo: para qué se hace periodismo y cuál es su función última. Una respuesta tradicional a esta pregunta es que la función del periodismo es describir la realidad, contar lo que pasa; servir como una especie de papel fotográfico que reproduzca lo que sucede sin alterarlo, con el único propósito de transmitirlo del modo más fiel posible al público de tal modo que éste pueda tomar sus propias decisiones morales o políticas. El periodismo como espejo objetivo de la realidad.

Si se acepta esta definición y se lleva correctamente a la practica cualquier desigualdad en la cobertura de lo que es noticia será simplemente un reflejo de la realidad social, desigual como es; si mujeres y hombres no aparecen en iguales números en las portadas de un medio sólo se debe a que no son noticia en iguales números. El hecho, real, de que las mujeres tengan menores cuotas de poder en la sociedad causaría automáticamente que fueran noticia menos a menudo, ya que casi siempre lo que es noticia son las acciones del poder. Habría menos mujeres en portada porque la realidad es que hay menos mujeres ministras, directivas de empresa, jefas de producto, científicas, etc.

En este caso, y de nuevo si se hace adecuadamente, el periódico no podría ser responsable de la desigualdad ni tendría que luchar por cambiarla, igual que el espejo no es responsable de la fealdad (o belleza) de aquel que se mira. El efecto sería especialmente marcado en un medio como eldiario.es, que  desde el principio se define como especialmente concentrado en los campos de la política y la economía, donde lamentablemente la igualdad de género real aún está lejana.

Pero hay otra definición posible del periodismo que incluye no limitarse a contar lo que hay, sino hacer lo posible por ayudar a que mejore; a que se haga menos injusto, más igualitario. Es el periodismo que incluye un compromiso con una sociedad más justa, el periodismo que denuncia y combate los atropellos de los poderosos y cuenta los problemas de los que carecen de poder, el que es consciente de que contar la verdad de aquello que está mal es un modo de ayudar a que las sociedades adultas luchen contra sus problemas. De hecho el simple acto de colocar un espejo, de hacer saber a quienes abusan de su poder que quizá sus desafueros sean conocidos es un acto de lucha por la igualdad, por lo que en puridad el periodismo ‘objetivo’ no existe ni puede existir. Es un periodismo con un objetivo distinto que reconoce que observar y dar a conocer lo observado cambia la sociedad, y que si se hace de modo abierto y transparente y mantiene un equilibrio razonable entre transmitir la información y ayudar a que la sociedad mejore puede valioso e importante.

En este sentido hay mucho que se puede hacer sin por ello cometer mal periodismo. Por ejemplo y como ya hemos comentado la prensa cuenta con un ‘superpoder’ muy especial, que es la capacidad de definir qué es y qué no es noticia. Existen, por supuesto, toda una serie de criterios profesionales que indican la pertinencia y la importancia de una cierta información y que convierten a un determinado sucedido en digno de un espacio en el medio (noticia) mientras que otro sucedido tal vez se quede fuera. El uso juicioso de este ‘superpoder’ puede servir para hacer más igual la información privilegiando en estos criterios una mayor paridad de género. Si el periodismo no se limita a describir sino que puede ayudar a cambiar la sociedad, dar más visibilidad a aquello que pasa cuando el protagonismo es femenino es un acto profesionalmente defendible y socialmente responsable de lucha por la igualdad. Especialmente importante en un medio como eldiario.es que desde  sus principios fundacionales se define como defensor de los derechos humanos y de la igualdad.

En lo que respecta a este cargo, Ana de nuevo tiene razón; llevamos algún tiempo sin aparecer. Esto se debe a que impera una política de no publicar si no hay ninguna queja de lectores o socios que trate algún tema interesante y novedoso, lo que excluye, por ejemplo, aquellos que ya han sido tratados. Muchas de las quejas y sugerencias de los lectores se refieren a problemas ya analizados que no tiene mucho sentido volver a retomar, como el papel de la opinión, la publicidad sexista, las imágenes duras en portada, el  sesgo de tipo político o ciertas publicidades con carga ideológica, por poner sólo algunos ejemplos. Es cierto que esto implica que a veces se queden temas interesantes en el tintero, por lo que no lo dude: en caso de tener cualquier inquietud  envíela y la trataremos con el mayor gusto y todo el acierto del que seamos capaces. Pero todas las misivas enviadas al Defensor son leídas, analizadas y evaluadas, aunque no todas sean respondidas. Y todas son agradecidas.

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El papel de la Opinión

Dentro de un periódico lo que se publica bajo la rúbrica de ‘Opinión’ ocupa un lugar especial. A diferencia de la información (noticias, reportajes, entrevistas, análisis, etc.) el objetivo de la opinión no es transmitir datos de la forma más ecuánime y menos sesgada posible. Los artículos, columnas o editoriales que aparecen en esta sección tienen otra finalidad, que es iluminar determinadas informaciones o problemas sociales mediante una interpretación deliberadamente sesgada y parcial, ya sea del articulista que firma o del medio en su conjunto cuando se trata de un editorial. La intención de la opinión no es informar, sino persuadir; no comunicar, sino argumentar un punto de vista determinado para ofrecer una alternativa concreta como mejor que las demás. Se trata de ofrecer una interpretación de la realidad diferente de la habitual, lo cual permite contemplar los mismos hechos de formas distintas y da la posibilidad de ponerse en el lugar del otro. En este sentido un artículo de opinión no se puede corregir por incorrecto más allá de los datos erróneos que pueda contener; se puede discutir, se puede argumentar, se puede tratar de convencer, pero no se puede considerar ‘erróneo’ un punto de vista simplemente porque se está en desacuerdo. Las reglas son distintas en la sección de Opinión: por eso raras veces el Defensor de la Comunidad atiende reclamaciones relacionadas con ella. Aunque en todo hay excepciones.

La naturaleza esencialmente parcial y sesgada de los artículos de opinión hace que con frecuencia generen polémicas intensas. Cuando el tema y el punto de vista tocan un punto sensible de la sociedad estas polémicas pueden alcanzar proporciones de incendio. Esto es lo que ha ocurrido en el caso del reciente artículo de opinión publicado por Barbijaputa bajo el título ‘ No todos los hombres’, que ha generado una intensa y acerba guerra de palabras y no poca indignación entre numerosos lectores. Es evidente que el tema tratado es una herida abierta.

Asi Sergio, de Alicante, escribe:

“Buenos días, hoy he tenido la ocasión de leer el artículo de "Barbijaputa" titulado "No todos los hombres". Este artículo defiende con frases como: "lo cierto es que sí son todos los hombres" "los verdugos son siempre hombres y las víctimas siempre mujeres" "todas las mujeres somos víctimas potenciales, los hombres son verdugos potenciales”. Aunque "Barbijaputa" ha tenido artículos brillantes en el pasado, me parece que este artículo viola totalmente los principios de este mismo periódico en el momento que acusa de manera generalizada a la totalidad del género masculino de ser "verdugos". Yo no niego, ni muchísimo menos, la realidad que supone la violencia machista que campa a sus anchas por este país, pero esta manera de caracterizar a todos los hombre de maltratadores, abusadores, violadores, verdugos en definitiva, no es aceptable. Al igual que no es aceptable llamar a todos los andaluces vagos o a los catalanes rácanos o a las mujeres histéricas. Este artículo es odio y violencia verbal injustificada para con la mitad de la población de este país. Existe la violencia machista, pero eso no nos convierte a todos los hombre en culpables. Culpable es el que la ejerce, en cualquiera de sus formas. Como reflexión les sugiero que sustituyan dentro de ese mismo artículo las palabras "hombres/mujeres" por "negros/blancos" o "gentiles/judíos". Por favor, retiren este artículo.”

Por su parte Raúl, desde Collado Villalba, escribe:

“"Teniendo en cuenta que los verdugos son siempre hombres y las víctimas siempre mujeres, ¿cómo se nos puede culpar a nosotras por temer hasta a las buenas personas? ¿Acaso yo que me monto con usted en el ascensor, señor desconocido, debo saber que es incapaz de matar a una mosca? ¿Una chica cualquiera que ha sufrido acoso callejero durante probablemente toda su vida, debe no temerle a usted, señor aleatorio que camina tras ella en la acera, simplemente porque usted sabe que no va a manosearla a la vuelta de la esquina?" ¿Qué parecería si en esta frase cambiamos "hombre" por "inmigrante" y "mujer" por "español"? Porque es lo que suelo escuchar a los racistas y xenófobos. ¿De verdad que esta generalización concreta (hombres=machistas violentos) sí les parece bien? ¿De verdad es la línea editorial de este periódico que todos los hombres son verdugos en potencia por condición de su género? Generalizaciones de este tipo, cambiando los términos, podemos sufrirlas a diario en La Razón, Libertad Digital, etc. Me indignan. Ésta también.”

José María protesta desde Sevilla:

“Buenas noches, Este último artículo de opinión del colaborador anónimo llamado " barbijaputa" me parece totalmente trasnochado, tremendamente ofensivo y falto del más mínimo rigor. Que en este medio se publiquen artículos en los que explícitamente se nos tachan a todos los hombres de "verdugos potenciales" y se justifique el miedo sistemático por parte de la mujer hacia el hombre, me parece algo lamentable e impropio de este diario. Me gustaría saber la opinión de Ignacio Escolar al respecto, porque creo que este tipo de opiniones sexistas no debieran tener cabida en este diario. Gracias y un cordial saludo.”

Eduard, desde Es Castell, añade:

"¡Ya estoy harto! Estoy harto de que se me insulte constantemente desde este medio por parte de uno de sus colaboradores. Soy profundamente feminista en mis convicciones desde que tengo uso de razón, entendiendo feminista como la búsqueda de la igualdad absoluta entre todas las personas, independientemente de su sexo -y de su raza, condición social, ...-. Por eso cada vez me cuesta más soportar los escritos de su colaboradora con el seudónimo de Barbijaputa. Pero el penúltimo -y en el último ha ahondado más en ello- ha sobrepasado todos los niveles, calificándome directamente de potencial violador. Lo siento, creo desde lo más hondo en el proyecto de ediario.es y por eso soy socio. Pero me niego a colaborar económicamente para que encima se me insulte semana sí semana también. Por tanto, le ruego que me de de baja como socio de manera inmediata. Gracias."

Y Juan, desde Parla, se une:

"Hoy me gustaría darles las gracias porque me han abierto los ojos y he comprendido que soy un vil machista ¿Y por qué soy un machista se preguntará? Por compartir cromosoma Y con otros individuos, que son minoría, que matan, agreden y violan a las mujeres. Según palabras de la autora, por pertenecer a "un grupo mayoritario es un grupo opresor sobre las mujeres por los privilegios de los que disfrutan" (las comillas son literales). Parece que el hecho de que haya hombres que cometen crímenes contra las mujeres convierte a todos los hombres, por extensión, en "verdugos potenciales" (aquí también son literales). Pregunta ¿Admitiría este periódico un artículo que dijese que "Al igual que todas los españoles somos víctimas potenciales, los musulmanes son verdugos potenciales"? Y antes de contestar, le recuerdo que hoy han publicado un artículo en el que ponen a caldo al PP por usar exactamente ese argumento."

Consultada la dirección de eldiario.es al respecto responde el subdirector Juan Luis Sánchez:

“Como todos los colaboradores habituales de eldiario.es, Barbijaputa escribe opinión libremente en eldiario.es. Contamos con ellos de manera continua porque aportan un punto de vista y un estilo que encajan en eldiario.es. Sabemos que Barbijaputa es a veces provocadora, pero no nos parece mal que en determinados temas como el machismo haya opiniones que generen debate, porque no es cierto que sea un tema superado por la sociedad, como demuestra que sus artículos sean de los más compartidos positivamente en redes sociales de los que se escriben en eldiario.es. Otros medios como Verne (El País) se han echo eco de las ideas de Barbijaputa (y no solo de ella, que simplemente explica ideas muy reflexionadas por varias corrientes feministas) que causan estas quejas al Defensor, señalando su conveniencia. Independientemente de si se comparten al 100% o no cada frase que se escriba, creemos que esto es positivo.

Barbijaputa es una autora que además no rehuye la crítica y el debate posterior a la publicación de sus artículos, con lo que si alguno suscita crítica ella es la primera en airearla y generar debate a su alrededor. De hecho, sobre la frase que ha provocado más polémica,  ella misma ha publicado otro post explicando más detalladamente lo que quería decir con el primer artículo.“

Todas las generalizaciones son odiosas, incluida ésta. Pero la abstracción es también una herramienta fundamental del pensamiento sin la cual es casi imposible razonar. Por otra parte la historia demuestra que nada es más difícil que detectar y comprender las injusticias sociales desde la posición de privilegio: cuando uno personalmente resulta beneficiado tiende a pensar que todo es correcto, adecuado y justo, y que los abusos de unos pocos no justifican la protesta de quienes ocupan el escalón inferior. Son estas situaciones las que justifican la existencia de la sección de Opinión en la prensa, al dar la posibilidad de hacer un ejercicio de empatía colocándonos en los zapatos ajenos. O como mínimo poniendo en cuestión los presupuestos básicos de nuestro modo de interpretar la realidad ofreciendo una alternativa contra la que razonar o argumentar nuestras propias interpretaciones. Cambiar de marco de referencia y contemplar el mundo de un modo radicalmente nuevo nunca es un proceso simple y a menudo es desconcertante e incluso irritante. Y es legítimo sentirse ofendido por una opinión ajena, e incluso discutirla con ardor, aunque hacer desaparecer o negar la existencia de las que nos desagradan debe reservarse para los casos más extremos de discurso del odio. El hecho de que algunas opiniones generen indignación y rechazo vehemente demuestra que es necesario un diálogo lo más abierto posible sobre estos temas. Bienvenidos sean por tanto los argumentos, las discusiones y los puntos de vista parciales y divergentes, siempre en la sección de Opinión, que para eso está.

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Cuando datos correctos mienten

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Vivimos tiempos de Big Data; está de moda el análisis estadístico de grandes bases de datos como una vía tan potente para encontrar la verdad que hay quien teoriza que la teoría es innecesaria: para conocer bastarían los datos. Los datos, tendemos a pensar, son objetivos, fríos, de detectable manipulación, y por tanto más fiables que las personas. Por eso vivimos tiempos de periodismo o ciencia de datos (¿acaso hay otra clase?), de cursos, másteres y simposios. De fe en lo númerico, lo mensurable, lo expresable en cifras.

Vivimos tiempos de desconfianza en los políticos; lo cierto es que desde siempre hemos desconfiado de los políticos pero en los últimos años todavía más. Los escándalos, las distorsiones, evasiones y retorcimientos torticeros de palabras y situaciones han convertido en acto heroico el aceptar textualmente la palabra de un político en ejercicio, sobre todo cuando es en relación con un tema que le puede afectar o perjudicar.  

Pero lo cierto es que ya Einstein avisó de la importancia de la teoría a la hora de recoger datos ("es la teoría la que decide qué se puede observar"), porque la primera decisión que debe tomar un científico es distinguir entre lo que es dato (significativo) y lo que es ruido (no significativo). Y lo cierto es que a veces hasta los políticos dicen la verdad cuando se les pregunta.

A veces los datos pueden ser 100% certeros, precisos y fríos, y sin embargo estar en el error. A veces las negativas de los políticos son veraces. Y en ocasiones como esas un periódico se puede equivocar y llevar a título y elevar a noticia algo que sin ser del todo falso (los datos, al fin y al cabo, no mienten), no transmite la realidad del caso. Es lo que le ocurrió a eldiario.es la pasada semana con la noticia sobre los tuits borrados del hoy concejal de Madrid Antonio Miguel Carmona del PSOE, la  posterior rectificación y el consiguiente escándalo; una prolongación de  la feroz batalla que se libra en las redes sociales desde la resurrección el pasado fin de semana de los polémicos tuits del concejal Guillermo Zapata y su consiguiente dimisión como concejal de Cultura del ayuntamiento dirigido por Manuela Carmena.

Así el lector Juan de Parla (Madrid) y usuario habitual de los servicios del Defensor, siempre preocupado por los sesgos de eldiario.es, enviaba una queja:

"¿Me puede explicar el señor defensor del lector que tipo de rectificación es aquella que se pone como un añadido pequeño a continuación de la noticia a rectificar y en la que la segunda parte de la "rectificación" desmiente a la primera? Ya es bastante malo que se haya hecho el ridículo con la noticia original, producto del cabreo no disimulado por el caso Zapata (¿cuándo se convirtió ElDiario en el periódico oficial de Podemos?) para que se siga haciendo el ridículo con una rectificación que no es tal y que encima medio esconden para que no se note mucho. Alguien tendría que tener el valor de decirle al director (que cada vez más me recuerda en actitud a J.J. Jameson por su utilización de su periódica para dar rienda suelta a sus odios personales) que tiene trabajadores a su cargo y que un periódico es algo más que un trozo de papel en el que plasmar sus filias y sus fobias. Existe la ética periodística, señor Escolar y usted parece pasársela por cierta parte que no es de buena educación nombrar."

Consultado al respecto el director de eldiario.es, Ignacio Escolar, responde:

"Decidimos investigar qué políticos están borrando tuits sin saber qué nos íbamos a encontrar. Era un dato relevante desde el punto de vista informativo en ese momento porque el día anterior habíamos pillado ya a  varios que lo estaban haciendo tras el estallido del escándalo Zapata. Conocíamos a la gente de  Graphext [la empresa que realizó los análisis en redes sociales] porque habíamos hablado con ellos unas semanas antes y nos contaron que guardaban este tipo de datos, que obtienen de Twitter. Por eso recurrimos a ellos para pedirles esa información a través de nuestra jefa de Producto, Marilín Gonzalo.

Encontramos a un montón de políticos que habían borrado tuits. Pero cuando tuvimos todos los datos nos llamó muchísimo la atención el caso de Antonio Miguel Carmona por dos razones: porque el caso de los dos concejales de Ahora Madrid que habían borrado miles de tuits –Jorge García Castaño y Pablo Soto– ya lo habíamos contado el día anterior y porque el borrado de tuits en la cuenta de Carmona era el único caso en números relevante –más de uno o dos tuits borrados– que se había producido antes de que se conociesen los viejos tuits de Zapata.

Antes de publicar la noticia realizamos las siguientes comprobaciones: revisamos los logs con uno de nuestros técnicos, hablamos con varios expertos en tecnología ajenos a Graphext y chequeamos los datos que teníamos con varios políticos que habían borrado sus tuits, que nos confirmaron que el número de tuits borrados y las fechas que teníamos coincidían con sus datos. Por supuesto, también hablamos con Antonio Miguel Carmona. Le llamó Gonzalo Cortizo, el jefe de Política de eldiario.es, que mantuvo con él varias conversaciones telefónicas sobre el asunto antes de que publicásemos nada.

Carmona negó que hubiese borrado nada de su cuenta pero no nos dijo –probablemente entonces no lo sabía– que su equipo sí había borrado más de dos mil tuits de la cuenta de apoyo a su campaña. Los doscientos tuits que faltaban en la cuenta personal de Antonio Miguel Carmona @antoniomiguelc, como explicamos después, eran los retuits de @carmona_alcalde, la cuenta de su campaña de la que se habían borrado el 99% de los mensajes.

En ese momento, con los datos que teníamos y las comprobaciones que habíamos hecho, pensábamos que había dos opciones: que Carmona nos estuviese mintiendo o que la API de Twitter hubiese fallado precisamente con él.  Decidimos publicar la información –con el titular "Antonio Miguel Carmona borró decenas de tuits dos días antes de que estallase el escándalo Zapata"– porque en eldiario.es, por experiencia, confiamos más en los datos que en la capacidad de un político para negar una información que le perjudica. En aquella primera versión de la información, publicada a última hora del miércoles en nuestro adelanto para socios, aparecía entrecomillada la explicación de Carmona: "Es completamente falso, yo no he borrado más de diez tuits en los cuatro años que llevo en Twitter".

Al día siguiente descubrimos que nuestro titular no era correcto. Antonio Miguel Carmona no había borrado tuits personalmente, lo había hecho su cuenta de campaña, de la que Carmona es último responsable pero que no gestiona él directamente.En la redacción tuvimos una reunión de crisis a primera hora de la mañana para ver cómo afrontábamos el asunto. Básicamente, teníamos tres opciones.

1. No sacar ninguna rectificación, y simplemente actualizar la noticia y retitularla. Podríamos haber titulado, y había sido exacto: "El equipo de Antonio Miguel Carmona borró miles de tuits de su cuenta de campaña dos días antes del escándalo Zapata".

2. Publicar una pequeña "puntualización" medio escondida. Algo de este estilo.

3. Lo que hicimos. Publicar una rectificación personalmente como director pidiendo disculpas a los lectores y al afectado, actualizar la información anterior para que saliesen de ella todos los datos erróneos, enlazar la rectificación de forma visible en la portada y en esa noticia, rectificar también en redes sociales –tanto en la cuenta de eldiario.es como en la mía personal–, pedir disculpas al afectado y titular la rectificación por el error, no por las excusas, pero explicando todos los detalles al lector.

Para mí es mucho más importante la credibilidad de eldiario.es que esta noticia en concreto. Por eso escogí la tercera opción, a pesar de que habrá gente que se quede con el titular de que hemos rectificado y no lea los detalles concretos del asunto; que crea simplemente que patinamos porque especulamos sin información o nos inventamos las noticias –algo que, lamentablemente, no es tan extraño en la prensa, pero que no fue lo que ocurrió–.

Como periodista, pocas cosas me duelen más que equivocarme en una información. Admitirlo públicamente también escuece. Pero cuando metes la pata, tu obligación es sacarla, no disimular tu error. Creo que es lo que hicimos."

El problema de los datos es que pueden ser completamente ciertos y al mismo tiempo irrelevantes. El borrado de tuits era altamente significativo en la presente y enconada situación política sí y sólo si lo había realizado el propio candidato Carmona y lo había hecho antes de que se produjera el regreso de los tuits con chistes infames de Zapata. De ser así se podía deducir (y se dedujo) que Carmona sabía con antelación lo que iba a ocurrir, es decir, que se trataba de una operación premeditada y que no había avisado a sus socios de gobierno. Nadie discute que esos 200 y pico tuits se hayan borrado; el dato es correcto. Pero al cambiar el quién, el cuándo y el cómo se borraron la historia cambia por completo.

Ahora sabemos que los tuits se borraron subsidiariamente junto a casi 1.800 más pero de otra cuenta de tuiter: la de campaña de Carmona. Y sabemos que no lo hizo él, sino su equipo de gestión de redes sociales. De ahí cabe deducir que su equipo hizo desaparecer aquellos tuits más inflamatorios lanzados durante la pendencia electoral, inconvenientes en la nueva era de pactos, pero no que ni Carmona ni nadie de su equipo tuvieran conocimiento previo de lo que iba a suceder con Zapata. Mismos hechos, mismos datos correctos, interpretación política completamente diferente. Una información distinta.

El diario erró porque sus comprobaciones técnicas no fueron capaces de hallar la diferencia en el origen y circunstancias del borrado, y también porque no creyó al político socialista cuando se le llamó para preguntarle su punto de vista. La prisa, en un momento de intensa actualidad de la información en cuestión, tuvo sin duda que pesar y cada lector deberá plantearse si la rectificación y las explicaciones del director bastan. Pero el principal problema es que el episodio deja cierta impresión de que simpatías y antipatías culturales o políticas hayan podido formar parte del cocktail de emociones y análisis que llevó a tomar las decisiones equivocadas; si no se saltó con demasiada facilidad el filtro anti-'demasiado bonito para ser verdad' .

Todo el mundo puede equivocarse y por eso la medida de la grandeza de un medio o persona no es si comete errores o no, sino cómo los corrige. Aunque es forzoso reconocer que no todos los errores son iguales, y los más irritantes son precisamente los que se alinean con sesgos percibidos de quien los comete. Para evitar verse acusado de alineación política Eldiario.es deberá esforzarse por evitar la sombra de la sospecha y quizá desconfiar más precisamente de aquellas noticias o datos con los que más resuenen las simpatías de las personas que allí trabajan. Porque la verdad no sabe de afinidades ni de datos: sólo de realidades.

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Los valores de los videojuegos

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Los videojuegos tienen una historia de violencia y de imágenes escabrosas que la mejora de la tecnología de síntesis de imagen contribuye a hacer cada vez más realistas. Los primeros videojuegos mostraban personajes estilizados (Mario, Pac-Man, Donkey Kong) en situaciones muy abstractas, pero desde títulos como Castle Wolfestein y su descendencia ( Doom, Quake, Half Life, Halo, Medal of Honor, etc) los personajes y las situaciones han ido haciéndose cada vez más realistas hasta que en ofertas posteriores como las sagas de Call of Duty, Grand Theft Auto, Mortal Kombat o Battlefield las imágenes son prácticamente fotorrealistas (sobre todo en las videoconsolas) y la violencia es desaforada. Algunos de los videojuegos más modernos, incluso fuera del género de los First Person Shooters (tirador en primera persona), pueden resultar francamente sanguinolentos.

Esta violencia ha preocupado a mucha gente desde hace mucho tiempo, en especial por el posible efecto que la exhibición y práctica de la violencia virtual pudiera tener en el comportamiento de los jugadores. Los estudios no son claros al respecto, pero algunos han indicado la posibilidad de que el uso de videojuegos violentos pueda activar el comportamiento agresivo, al menos durante algún tiempo. Las cuestiones morales se han visto asimismo invocadas, y el asunto ha sido objeto incluso de campañas políticas en algunos países. Los jugadores, por su parte, suelen rechazar cualquier incitación a la violencia y recuerdan que la acusación de ser un medio moralmente corrupto se ha arrojado desde hace siglos a actividades como el cine, los cómics, el teatro o la propia literatura. 

Para el socio y lector Oriol de Barcelona el asunto afecta a los valores mismos del proyecto de eldiario.es, por lo que se declara preocupado:

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Eldiario.es como prensa rosa

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En la prensa digital los lectores, y sobre todo los socios y los copropietarios, se han revelado como una poderosa influencia sobre los medios. Ser lector o apoyar financieramente un determinado proyecto ha devenido en profesión de fe; en insignia de pertenencia a un determinado proyecto ideológico o político. Esto supone un importante refuerzo para los medios, que saben que cuentan con el respaldo de un determinado grupo social convencido de la rectitud de su causa. Pero por otro lado puede causar también malentendidos si algunos de estos lectores, socios o copropietarios se erigen no ya en en conciencia crítica, sino en celosos defensores de un determinado y estrecho punto de vista sobre la actualidad o las noticias. Como participantes que se sienten de un proyecto mucho más que como simples clientes consideran que cualquier divergencia o separación de lo que ellos consideran noticias, o la adecuada línea ideológica, no es un desliz sino una traición. O peor: la prueba evidente de una conspiración.

Hemos hablado en ocasiones de este fenómeno en relación con el sesgo ideológico de eldiario.es y de las acusaciones de que está a favor, o sobre todo en contra, de numerosas formaciones políticas concretas, ya que es habitual que el Defensor de la Comunidad reciba este tipo de quejas. Las de esta semana sin embargo se han concentrado en un asunto muy concreto y particular: la noticia, publicada la pasada semana, sobre la ruptura sentimental anunciada por Pablo Iglesias y Tania Sánchez, que muchos lectores han considerado colmo un deslizamiento de eldiario.es hacia el segmento de la prensa rosa. Valga como ejemplo esta carta de Pedro Ángel, de Madrid, que expresa muy bien el tono de muchas de las protestas:

“Esta noticia no es sobre política, es prensa rosa, y como tal debería estar etiquetada. Me ha recorrido un escalofrío por el cuerpo verla en este medio de comunicación, espero que pronto se rectifique. No se debe conseguir audiencia a cualquier precio, y si es eso lo que persigue, seguro que poner fotos de gatitos es más efectivo. Un abrazo muy afectuoso a todo el equipo, especialmente a Íñigo de Guerra Eterna, es un crack.”

Contactada la dirección de eldiario.es su director, Ignacio Escolar, se remite a su respuesta en los propios comentarios de la noticia, que es la siguiente:

“En eldiario.es nunca hemos hablado de la relación de pareja de Iglesias y Sánchez porque nos parecía un asunto exclusivamente privado. Nunca ha formado parte ni de nuestras informaciones ni de nuestros análisis políticos y siempre he pensado que era machista que una diputada autonómica fuese presentada como “la novia de Pablo Iglesias”. Como director de eldiario.es, he tenido mis dudas sobre esta noticia. Después de debatirlo con la redacción he decidido publicarla por los siguientes motivos.
1. Son ellos quienes han hecho el anuncio de forma pública.
2. Su relación no ha sido parte de nuestro análisis político, pero sí ha sido un argumento habitual por parte de sus detractores más furibundos. Que su relación no continúe es, por tanto, noticia, y por eso se la contamos a nuestros lectores.
3. El anuncio coincide con la noche electoral andaluza.
4. El propio comunicado alude a “rumores y debates mal intencionados” en un momento en el que ambos partidos están llegando a acuerdos políticos.
5. Son dos dirigentes políticos de partidos diferentes pero que concurren juntos en las autonómicas. Y por mucho que personalmente como director de eldiario.es considere que estos aspectos de la vida privada no tienen por qué afectar a la vida pública, lo cierto es que su relación personal ha sido un factor que ha afectado a esta negociación.
6. Si mañana José María Aznar y la alcaldesa Ana Botella anunciasen su separación, también lo publicaríamos. Y también saldría en la sección de política porque la razón por la que daríamos una noticia así no tiene nada que ver con el “corazón” (un espacio informativo que no cultivamos). Sería una noticia menor, por supuesto –esta tampoco tiene una posición importante en portada– pero sería noticia.
7. Por supuesto, me puedo haber equivocado y entiendo el debate de algunos de nuestros lectores. En la redacción, la decisión tampoco ha sido sencilla y ha habido quien estaba en contra. Por eso quería explicarme.”

El director también destaca que “Eldiario.es es el único medio –así lo ha citado la propia Tania Sánchez– que nunca la ha preguntado en ninguna entrevista por su relación con Pablo Iglesias. “, y referencia el artículo publicado en Micromachismos criticando que a Tania se la presentase como "señora de".

El alma de un medio no sólo lo determinan aquellas noticias que publica, sino (y casi sobre todo) las que decide no publicar. El poder de convertir un sucedido en noticia, o de no considerar algo que ha pasado como relevante, es uno de los más potentes de que dispone el periodismo, porque estas decisiones crean una visión del mundo según la importancia que se asigna a lo acontecido. Está claro que muchos lectores y socios de eldiario.es no sólo consideran este tipo de información como innecesario, sino que casi la consideran ofensiva; algo que no extraña demasiado viendo el uso y abuso que se hace de ella en otros medios. El término ‘prensa rosa’ se ha convertido así en peyorativo, un tipo de información rechazable en su propia esencia sobre todo porque se interpreta que el objetivo de este tipo de noticias no es informar, sino distraer; no crear una ciudadanía más participativa y vinculada con los acontecimientos, sino contribuir a la fabricación de ‘zombies’ políticos. En este caso la ofensa no es ya tratar una determinada ruptura sentimental, sino que al hacerlo eldiario.es se aleja de su esencia y se transforma en otra cosa.

Es cierto que buena parte de la información que se agrupa hoy bajo el término ‘prensa rosa’ es rechazable; una forma de pornografía emocional indigna e innecesaria. También es cierto que abunda porque es rentable, lo que quiere decir que atrae enormes cantidades de atención; por las razones que sean y con todo el derecho del mundo mucha gente está interesada en este tipo de información por más que se pueda considerar una especie de edulcorante periodístico. Y por último al menos en teoría hasta la prensa rosa se puede hacer bien y con dignidad profesional.

Pero si de algo adolece eldiario.es precisamente no es de demasiadas noticias ‘blandas’, sentimentaloides o cercanas a la prensa rosa, sino quizá de un foco demasiado estrecho en la política definida del modo más estrecho. A juzgar por incluso el más somero análisis no parece que la redacción o la dirección esté dejándose llevar por la tentación de aumentar las audiencias poniendo a Belén Esteban o la ruptura del idilio de un torero en portada. Cabe suponer que, como en este caso, pueden surgir circunstancias en las que se pueda defender con argumentos que un asunto de importancia privada sea de interés público por quiénes son los protagonistas y por el momento del ciclo político en el que nos encontremos. La reacción de parte de los lectores y socios debe servir de aviso, no obstante: la dirección deberá tener claro que sus argumentos serán puestos en duda y discutidos. Lo cual sólo puede calificarse como un proceso sano.

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Los objetivos difíciles

No es un tema reciente, sino algo que viene de antiguo; desde el mismo origen de eldiario.es ha habido protestas sobre la ocasional presencia en este medio de publicidad que hace uso del cuerpo de la mujer para atraer atención. Eldiario.es ha mantenido desde su origen estrictos criterios editoriales sobre algunos tipos de publicidad que considera inaceptables, como los anuncios de prostitución, y procura tratar los asuntos relacionados con el género con la máxima ecuanimidad. De vez en cuando, sin embargo, aparecen anuncios que provocan protestas.

Porque desgraciadamente el sexo vende. Los seres humanos somos animales muy visuales, con una compleja vida social que incluye cubrir nuestros cuerpos en público, lo que conlleva que consideremos atractivos diversos tipos de ropas (o ausencia de ellas). Especialmente cuando el cuerpo exhibido es el de una mujer joven; una realidad conocida desde siempre y que se ha comercializado desde hace muchos años. Para muchas personas esta realidad es rechazable y se debe luchar contra ella. puesto que supone una degradación e incluso puede considerarse como un primer paso en el proceso de deshumanización que culmina en la violencia sexista.

El público lector de eldiario.es añade un plus de exigencia al medio precisamente debido a sus principios editoriales y a su compromiso con la igualdad de género. Por eso el tema ha aparecido tanto en cartas al Defensor de la Comunidad como en correspondencia con la dirección, e incluso en publicaciones en la Red.

Un ejemplo es este texto publicado en su blog por la periodista Pilar López Díez [pdf], una referencia en periodismo no sexista conocida entre otras cosas por redactar los decálogos de Público y 20 minutos sobre tratamiento informativo a la violencia de género. El comentario incluye ejemplos concretos de publicidad sexista en las páginas de eldiario.es y rebate algunas de las explicaciones ofrecidas por el medio con una comparación con el funcionamiento del mismo sistema de publicidad en el diario británico The Guardian. Asimismo destaca el Punto 10 de las conclusiones de la 57 Sesión CSW de la ONU [pdf], celebrada el 13 de marzo de 2013, que dice:

“La violencia contra las mujeres y niñas se caracteriza por el uso y el abuso de poder y control en las esferas pública y privada y está intrínsecamente vinculada a los estereotipos de género que son la causa subyacente de dicha violencia y la perpetúan, así como a otros factores que pueden aumentar la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas a ese tipo de violencia.”

Por otro lado Noe mmí, de Valladolid, escribía hace unos meses:

“Llevo leyendo el diario desde hace mucho tiempo y varias veces me he planteado hacerme socia, pero mi situación económica de momento no me lo ha permitido. Sin embargo, estos últimos meses he sido testigo de que vuestra publicidad se está volviendo cada vez más sexista. Llevo un tiempo recopilando fotos que no me han parecido adecuadas, pero hoy ha llegado a un punto realmente escalofriante (la de Angelina Jolie). No he escrito este mensaje para quejarme de toda a publicidad que hay en eldiario.es, porque comprendo la necesidad de financiarse, pero no considero que sea un trato “justo”, tal y como he leído en la respuesta de Ignacio Escolar en el Defensor de la Comunidad, el tipo de publicidad que estoy leyendo cada día. Considero que es un trato injusto la imagen de la mujer en la publicidad, más que injusto, insultante, sobretodo en internet, que apenas tiene control y no puede ser más peligroso. Pero lo que de verdad me resulta espantoso, es que un medio como este, se permita el lujo de publicar al lado de titulares tan feministas, anuncios que someten tanto a la mujer. He decidido no hacerme socia hasta que vuestras noticias y opiniones sobre feminismo sean consecuentes con la imagen de mujer que publicitáis. No quiero pagar para mirar hacia otro lado. Un saludo y espero que lo tengáis en cuenta.”

Y no son los únicos. Con alguna frecuencia se reciben cartas de personas que se sienten ofendidas ante la presencia de ciertos anuncios. Contactada la dirección de eldiario.es al respecto responde Pedro Robledo, Director Comercial y de Marketing:

“Pese a que hacemos un notable esfuerzo para controlar la calidad de los anuncios que aparecen en eldiario.es, hay ocasiones en las que se nos cuelan algunos con los que no nos sentimos cómodos y preferimos bloquearlos una vez que los identificamos.

Algunos lectores tienen la amabilidad de tomarse la molestia de hacer un pantallazo y mandarnos un correo electrónico cuando han visto una publicidad que consideraban poco apropiada para un medio como eldiario.es. Es un auténtico lujo contar con ese nivel de compromiso por parte de los lectores, y siempre que nos ha llegado un correo de este tipo, nos ha ayudado mucho para mejorar la calidad de los anuncios.

Entendemos que los lectores no tienen por qué saber cómo funciona el ecosistema publicitario dentro de los medios de comunicación digitales, pero tal vez sea interesante comentar brevemente su funcionamiento.

Los medios digitales tienen acceso a varios mercados de publicidad: venta directa de espacios a las empresas o a las agencias planificadoras de su inversión publicitaria, o venta indirecta a través de tecnología y algoritmos.

En la venta directa de espacios el medio conoce a priori los materiales de la campaña ya que se trata de una venta clásica de un espacio determinado o número de impresiones en función de la inversión del anunciante.

En la venta indirecta a través de tecnologías y algoritmos el medio vende automáticamente una impresión (mostrar un banner a un único lector) a un anunciante en una especie de lonja virtual en tiempo real. Aquí el medio no sabe qué anunciante o qué creatividad se va a mostrar a cada lector concreto.

Controlar la calidad de la publicidad en el primer caso es sencillo porque se hace a priori. Sin embargo, en el segundo caso el control tiene que hacerse a través de tecnología para adaptarse al volumen de impresiones que se venden en tiempo real cada segundo. Existen unos filtros por categorías o temáticas para impedir el acceso a la puja virtual a anuncios vinculados a temas concretos. Si no existieran estos filtros, que generalmente funcionan muy bien, los medios se llenarían de multitud de anuncios de todo tipo, incluso indeseables e ilegales.

El problema de la tecnología es que en ocasiones hay gente que logra saltárselos. Hace meses, hubo una campaña en la que prácticamente se estaba haciendo apología de la anorexia y que logró colarse en la "lonja virtual". Estuvo durante varios días apareciendo en varios medios, eldiario.es incluido.

En estos casos, hay que recurrir a identificar al anunciante y bloquearlo. No es sencillo, porque muchas veces utilizan trucos como comprar impresiones fuera del horario de oficina, o impresiones en todos los lugares menos en la ciudad donde están las oficinas del medio. De tal forma que un lector de Galicia lo pueda ver, pero los trabajadores que están trabajando físicamente en Andalucía, nunca lo verán.

Aquí se hace indispensables la inestimable ayuda de nuestros lectores, que suelen mandarnos un pantallazo de la creatividad y la dirección de destino (clave para poder identificar a un anunciante y proceder a su bloqueo). A veces, nos mandan sólo un pantallazo, y la identificación del anunciante nos puede llevar horas y cuando conseguimos bloquearlo, puede haber pasado un día o dos.

Como curiosidad, podemos destacar el hecho de que el primer tipo de publicidad tiene mucho mejor precio que el segundo. A cambio, el segundo tipo de publicidad compra tantas impresiones como tenga el medio, por lo que te ofrece una cobertura publicitaria del 100% del inventario.

También es interesante conocer que en el segundo tipo de publicidad, los anuncios que ve un lector suelen venir determinados por sus hábitos en internet. Por ejemplo, si en estos días un lector ha estado buscando precios de vuelos baratos para irse de vacaciones en Semana Santa, es muy probable que empiece a ver más anuncios de vuelos baratos en todas las páginas que visite en internet.

Las tecnologías publicitarias actuales, bien utilizadas, permiten a los anunciantes mostrar sus anuncios a los lectores que pueden estar más interesados en sus productos y servicios en un momento determinado. De esta forma la publicidad se vuelve más relevante para el lector y molesta menos.

Lamentablemente, la tecnología también avanza para las personas que deciden aprovecharse del sistema y saltarse los filtros de publicidad de una u otra forma para aparecer en los medios más relevantes. Es una lucha permanente que mantenemos a diario, con la satisfacción de que el esfuerzo por mantener a raya este tipo de anunciantes y mantener así nuestra coherencia como proyecto editorial, merece la pena.”

Cabe destacar que eldiario.es ha renunciado a trabajar con determinadas redes publicitarias ante la dificultad de controlar sus contenidos, lo que ha supuesto cierto nivel de sacrificio económico por parte de la empresa. Y en lo que se refiere a su posición respecto a otros medios de comunicación, y a la realidad económica y social que nos rodea, claramente está muy por encima del resto de las empresas del sector. En general en las informaciones, donde el medio tiene el control total, no se utilizan ni imágenes ni textos que puedan considerarse inofensivos. Y en los aspectos publicitarios se han hecho esfuerzos para evitar ofender en este aspecto, incluso esfuerzos con efecto económico.

Pero es cierto que eldiario.es no pretende compararse con la situación actual de la prensa o de la sociedad, sino que aspira a estándares más elevados. Al autoimponerse criterios más estrictos está realizando una promesa a sus lectoras y lectores, y esa promesa se ve incumplida cada vez que uno de esos anuncios aparece en las páginas del medio. Quizá el objetivo del 100% sea difícil de alcanzar, pero precisamente eso es lo que lo hace importante. Y exige continuar con el máximo esfuerzo posible para eliminar por completo este tipo de anuncios de sus páginas, para estar a la altura de sus promesas y no decepcionar a quien espera lo mejor.

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Las encuestas de Celeste-TEL

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Es año electoral; o, mejor dicho, es EL año electoral por excelencia, el año electoral que va a marcar un antes y un después en la política española. Cuatro citas en cuatro fechas diferentes, tres ya fijadas y una por fijar (que dependerá muy mucho de los resultados de las anteriores). La aparición de nuevos partidos y ofertas en el panorama que amenazan con modificar radicalmente la distribución de fuerzas. Navajazos, ajustes de cuentas y cambios repentinos de candidatos y programas en los partidos tradicionales. Medios volcados decididamente en la defensa o el ataque de unas u otras opciones. Y la sensación real de que este año es importante; de que lo que ocurra durante los próximos 12 meses va a cambiar los cimientos mismos del poder en el país.

No es extraño que el mundillo político esté revuelto, ni que estemos en campaña de agit-prop permanente, ni que los informativos se hayan convertido en una eterna retahíla de mítines, ataques y contraataques. No es extraño que abunden las encuestas, muchas de ellas convertidas en armas de destrucción electoral masiva, todas obsesivamente siguiendo las menores variaciones en los porcentajes de cada partido como si fueran las puntuaciones de un campeonato multibarrio de futbolín. No es extraño que las entrañas de estas encuestas se lean con la puntillosa atención a los detalles ínfimos de los augures de la antigua Roma.

No es extraño que quien se siente perjudicado por los resultados desconfíe; de la encuestas, de la ‘cocina’ que transforma los datos muestrales en estimaciones de voto, e incluso de las empresas encuestadoras. Especialmente de la responsable de la encuesta publicada por eldiario.es el pasado jueves: la empresa de análisis sociológico y consultoría política Celeste-TEL, que ha concitado numerosas quejas entre socios, lectores e incluso más allá (como en los comentarios a la noticia en Menéame).

Fernando, de Ponferrada, protesta:

“Quiero denunciar al eldiario.es por haber confiado en Celeste-TEL SL a la hora de publicar en primera página (y en diferentes artículos) numerosas encuestas de valoración sin haber comprobado la fiabilidad de dicha empresa siendo un tema tan delicado (ver URL de referencia). Resulta que el entramado de esta empresa tiene un origen y unas connotaciones muy dudosas en cuanto a su necesaria imparcialidad entre otras cosas. Dado que se trata de unos servicios donde se tiene que garantizar tanto su neutralidad e imparcialidad, como una trayectoria legal ética y nítida al respecto.”

También Gema, de Arcos de la Frontera:

“He leído la encuesta publicada por El Diario.es, y varios de los comentarios sobre la misma. La mayoría de los comentaristas está desalentada por los datos, es normal, pero hay algunos comentarios que me han llamado poderosamente la atención porque dan información muy sospechosa sobre la empresa que realiza la encuesta,  en concreto el de "Aliciamaravillas" que proporciona una serie de datos que de ser reales entrarían en plena contradicción con el buen hacer que se supone a este periódico. Les pediría que me aclararan la cuestión, ya que, de ser cierta dicha información, no continuaría siendo socia de este periódico. Espero su respuesta, un saludo.”

Y Ana, de Alicante:

“Me parece increíble que no hayan comprobado la credibilidad de la empresa Celeste-TEL, les facilito dos links que espero que lean e investiguen, ya que esta empresa tiene nada menos que 4 denominaciones más como empresa. [ enlace único, aunque repetido]. Sabían que Celeste-TEL, también es Iberconsulta, Demo Desarrollo SL, Demo NCR SL, Lorente y Ferrer Asociados y que bajo el nombre Demo NCR, S.L. le hace las encuestas a La Razón, sí, parece ser que según que medio le encargue es estudio pues cambia de nombre. Que los administradores únicos de esta empresa (se van alternando) son el matrimonio compuesto por Jose Ramón Lorente Ferrer y Adolfina Navarro Corcoles. Que además los teléfonos de todas esas empresas son el mismo, que no tienen a nadie más en plantilla, que la razón social de esas empresas son los domicilios particulares de sus tres casas, que se ha comprobado que en ninguna de ellas tienen a trabajadores, que en el Parque tecnológico donde dicen hacen sus estudios, no consta que esté allí."

Cabe destacar que el artículo vinculado en varias de las cartas de protesta forma parte de una serie publicada en la página web catalana Contrastant, serie de la que forman parte otros dos artículos:  NC Report: ‘Ubi est’? (I) y NC Report: Metodología deficiente y tarifas ‘low cost’ * (y III). La serie completa analiza con gran detalle aparente y desde diversos aspectos la estructura empresarial y las encuestas realizadas por el grupo al que al parecer pertenece la empresa Celeste-TEL, así como el trabajo efectuado para el diario La Razón por empresas hermanas bajo la marca NC Report. Este trabajo ha sido criticado por su supuesta parcialidad, entre otros defectos.

Contactado el director de eldiario.es, Ignacio Escolar, responde:

“En la redacción de eldiario.es no alteramos los resultados de las encuestas que realiza Celeste-TEL. En ocasiones, pueden parecernos sorprendentes algunos resultados pero no intentamos ni cambiarlos para que se correspondan con nuestro análisis ni justificarlos en función de los acontecimientos políticos ocurridos desde el último sondeo. Eso suele dar lugar en los medios a especulaciones con poco fundamento.

Con la últimas encuestas, sí encontramos llamativo que partiera de una previsión de participación muy inferior a otros sondeos, lo que influye en el resultado final. Por eso, pedimos al director de estudios de Celeste-TEL que explicara las razones de esa estimación. Lo hizo en un artículo publicado al tiempo que la última encuesta. Las razones pueden convencer o no al lector pero al menos quedan reflejadas para que cualquiera pueda sacar sus conclusiones.

Está claro que tanto PP como PSOE, así como otros partidos, han perdido una enorme cantidad de votos que han engrosado las filas de nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos, pero en cada uno de esos partidos son más los votantes del 2011 que a día de hoy engrosarían las filas de la abstención. La idea de que el rechazo al sistema de partidos genere de entrada un gran aumento de la abstención no es extraña en ningún caso, y se ha visto también en otros muchos países. No es seguro que vaya a ser así, pero no es una hipótesis descabellada.

Más allá del dato de participación -que afecta en gran medida al resto de las estimaciones-, las tendencias de esta encuesta son similares a las que registran en las últimas semanas otros estudios demoscópicos: básicamente, un desgaste de Podemos y una subida de Ciudadanos. Considerar que esta encuesta y eldiario.es al publicarla están "al servicio al bipartidismo" -como han señalado algunos lectores en los comentarios- creo que es injusto. Con el mismo argumento, todos los medios que antes publicamos encuestas donde se daba un gran aumento para Podemos, ¿lo hacían para perjudicar al bipartidismo y al servicio de Podemos? Y sí: las encuestas aciertan y se equivocan, pero su verdadera utilidad esta en registrar estos cambios de tendencia, mas que predecir con exactitud matemática el futuro.

Celeste-TEL fue una de las primeras empresas de encuestas que detectó que el gran resultado de Podemos en las elecciones europeas no sólo no era un voto de castigo producido en unos comicios que suelen tener una menor participación, sino que tenía continuidad, incluso que seguía aumentando.

En la encuesta del 7 de mayo de 2014, asignaba a Podemos una estimación de voto cercana al 14%, muy superior al 8% conseguido en las urnas sólo unas semanas antes. Posteriormente, ese dato siguió aumentando hasta el 21,7% del sondeo de diciembre de 2014 en un ascenso fulgurante que nunca se había visto en España. Las quejas sobre los sondeos de Celeste-TEL sólo se han extendido cuando ha dado a Podemos un porcentaje un poco inferior a esos datos en las dos últimas encuestas.

En eldiario.es no creemos que el sondeo de Celeste-TEL sea la única medida demoscópica a la que hay que prestar atención. Damos la máxima relevancia a los sondeos de CIS y también informamos sobre las encuestas que publican otros medios privados.

Celeste-TEL también trabaja para otras empresas, medios de comunicación y partidos. No está obligada a publicar sus estudios únicamente en eldiario.es. Sobre su trabajo, lo único que nos interesa son los sondeos que realiza para nosotros.

Escogimos a Celeste-TEL por varios motivos: entre otros, la disponibilidad, porque las empresas demoscópicas mas grandes y conocidas suelen trabajar en exclusiva para un solo medio, un lujo que Eldiario.es no puede permitirse. Es un Instituto de Opinión con el certificado de calidad AENOR para el Servicio de Investigación Social, de Mercado y de Opinión (UNE-ISO 20252/2006, certificado A50/000035). Esta registrada y calificada por la Junta de contratación administrativa, y pertenece a AEDEMO, la Asociación Española de Estudios de Mercado Márketing y Opinión.”

Las empresas de sociología y demoscopia hacen encuestas por encargo; es su trabajo. Diferentes periódicos pueden usar la misma empresa, o empresas del mismo grupo, sin que tenga por qué haber ningún problema con la fiabilidad de las encuestas realizadas. Y sobre las acusaciones a eldiario.es sobre posibles sesgos de origen político en sus coberturas ya hemos hablado con anterioridad. Pero lo cierto es que hay cierta inquietud pública respecto a la calidad del trabajo que lleva a cabo el grupo de empresas del que forma parte Celeste-TEL, y existen algunas dudas que podrían tal vez aliviarse o resolverse con mayor información al respecto; aunque también es cierto que estas dudas suelen estar asociadas con resultados negativos para las simpatías de quien se queja. En cualquier caso conocer mejor el grupo empresarial y sus formas de trabajo sin duda ayudaría a despejar cualquier tipo de confusión, sospecha o inquietud entre los lectores sobre los datos que publica eldiario.es, algo especialmente importante en un año como el actual. La luz del sol es el mejor desinfectante, como dejó dicho un gran jurista estadounidense.

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La voz y el altavoz

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Por definición la noticia es lo novedoso, lo diferente de lo normal, lo extraño. Por eso es común que el periodista y el medio de comunicación estén en contacto con personas atípicas, de comportamiento u opiniones diferentes de los de la mayoría de los mortales. No es habitual que el altavoz de los medios de comunicación se ponga a disposición de la persona corriente, de la voz que poco tiene que aportar fuera de lo común. Y sin embargo aquella voz que justifica lo injustificable, o que disiente de lo generalmente admitido, es recompensada con una mayor atención por parte de la prensa. Encuentran así acomodo en los medios los asesinos, los sospechosos de corrupción, los acusados de robo o de conductas anormales. Y también las opiniones extremas, diferentes, alejadas del consenso. Por definición, por negocio y por historia el altavoz tiende a dar preferencia a las voces anómalas y tiende a silenciar a la mayoría, al sentido común, a la posición intermedia y generalmente aceptada.

Pero ¿hace eso responsable al altavoz de lo que dice la voz? ¿Debe el medio responder de opiniones de aquellos a quienes entrevista, o cita de cualquier forma? En el caso de alguien que proclama opiniones rechazables, o dice mentiras más o menos evidentes, ¿debe la prensa negarse a diseminar esa voz en el nombre de no ser vehículo de ideas negativas, condenables o falsas?

Esta semana varias cartas han planteado la cuestión respecto a distintos temas. Así Francisco, de Segovia, cuestionaba una información sobre el meteorólogo y divulgador científico Manuel Toharia.

“La entrevista a Manuel Toharia contiene afirmaciones que contradicen elementos fundamentales del consenso científico en relación con el cambio del clima. Y el redactor las reproduce de forma absolutamente acrítica, cuando no dejando traslucir un cierto respaldo a su discurso, falto de base científica e irresponsable. Según el redactor, El científico (…) ha vuelto a dejar claro que “no es verdad que ahora se estén produciendo más catástrofes, que nieve menos o que haga más calor”. Pero los grandes centros de investigación en climatología, las academias nacionales de ciencias o el IPCC han dejado claro lo contrario en cientos de informes, artículos y declaraciones. El Señor Toharia afirma que “si emitimos mucho CO2 y mucho vapor de agua, sumada a la contaminación derivada de los combustibles fósiles, el efecto invernadero se puede intensificar”. ¿Por qué aplicar el tiempo condicional a algo ya constatado? Las falsedades y medias verdades que Toharia desgrana tienen un denominador común: su utilidad para rebajar la percepción del riesgo y poner en entredicho la urgencia de actuar frente al cambio climático. Que Toharia actúe como propagandista del negacionismo climático no es responsabilidad del Diario.es. Pero sí lo es actuar como altavoz de sus mensajes. Es algo que seguramente no haría en el caso del holocausto, a pesar de que haya gente que defiende que nunca ocurrió.”

Javi, de Bilbao, duda sobre el Pregúntame a Pedro J. Ramírez.

“Hola; Como socio me gustaría preguntaros que criterio se ha seguido para dar cobertura en este medio a Pedro J. Después de hacer el juego a los que posteriormente le han despedido, y no me refiero a los accionistas italianos, ¿tenemos que aguantarle aquí? ¿Tanto tiempo para darse cuenta de que eran una banda de hdp? Igual es menos listo de lo que se piensa o esa ubre no da para más al estar copada y buscamos otras nuevas. Un saludo.”

Mientras que Mauricio José, de Madrid, piensa que dar espacio a que políticos escriban en blogs como Zona Crítica, como este texto de Pedro Sánchez, es poco más que propaganda electoral disfrazada.

“Me gustaría manifestar mi profunda indignación por el espacio de propaganda electoral ofrecido al Secretario General del PSOE. En el citado artículo el "señor" Sánchez habla sin tapujo del reconocimiento que debemos efectuar a quienes lucharon contra el nazismo y fueron víctimas del holocausto. Pues bien, la indignación proviene porque varios de los presos españoles en Mauthausen están denunciando estos días como los sucesivos gobiernos del PSOE siempre les han dado de lado. Me parece que este texto es vomitivo, un insulto a la memoria de las víctimas, y siento una profunda vergüenza de ser socio de un medio de comunicación que ha sido autor necesario de este oprobio. No es la primera vez que observo una deriva pro-PSOE en eldiario.es, pero si la más descarada e injustificada. Ruego por favor se reconduzca, porque estáis haciendo difícil el que uno pueda continuar como socio. Un saludo.”

Consultado el director de Eldiario.es, Ignacio Escolar, responde; sobre las declaraciones de Manuel Toharia:

“Las afirmaciones son del señor Toharia, no de eldiario.es. No era posible la repregunta porque es una pieza elaborada a partir de una conferencia de Manuel Toharia en Vitoria, no a partir de una entrevista. Sin embargo, sí creo que nuestro compañero Eduardo Azumendi debería haber matizado algunas de esas afirmaciones, poniéndolas en contexto con los datos disponibles sobre el cambio climático –y que contradicen alguna de las frases de Toharia–; la información habría sido así mucho más completa y equilibrada.”

Sobre el Pregúntame:

“En cuanto a la entrevista que organizamos hace unos días entre Pedro J. Ramírez y los lectores de eldiario.es a través de Pregúntame, creo que está justificada. El interés ha sido indudable: no hay más que ver el número de preguntas que ha tenido este encuentro digital. Su despido (entre otras cosas, por claras presiones políticas) y el posterior lanzamiento de un nuevo medio es una noticia que creo debemos contar, independientemente de la simpatía o antipatía que pueda producir este periodista entre nuestros lectores – mi opinión personal está aquí–.

En eldiario.es publicamos cada semana centenares de noticias y decenas entrevistas. No siempre son noticias que nos gusten ni están protagonizadas por personas con las que compartamos valores y principios, pero no por ello tenemos que dejar de contarlas.”

Y sobre la tribuna publicada en el blog Zona Crítica:

“Pedro Sánchez no es ni el primer ni el último político que publica una tribuna de opinión en eldiario.es. Al igual que los demás políticos en activo a los que publicamos, ni cobra nada de eldiario.es por ese artículo ni por supuesto paga nada a eldiario.es a cambio. Antes que Pedro Sánchez, ya han pasado por aquí decenas políticos de prácticamente todas las formaciones políticas: PP, IU, Podemos, UPyD, Equo... Los políticos en activo no son mayoría en nuestras tribunas pero sí habituales. Hay decenas de ejemplos:  Maite Pagazaurtundúa (UPyD),  Alberto Garzón (IU),  Chesús Yuste (Cha), Teresa Rodríguez (Podemos),  Pablo Zalba (PP)… Ni siquiera es novedad que pase por alguien del PSOE: antes lo han hecho Rubalcaba, Chacón o Valenciano y ayer mismo publicamos una tribuna de José Antonio Pérez Tapias.
 
Hace dos años, otro artículo de un político socialista –Elena Valenciano– acabó en la defensora de la comunidad. Expliqué entonces una serie de argumentos que creo que hoy siguen siendo válidos: publicamos tribunas de opinión de políticos porque consideramos que es una buena manera de que los lectores puedan conocer su voz directa, sin intermediación. Creemos que es una forma útil para que nuestros lectores se formen una opinión sobre las ideas de sus representantes públicos: tanto cuando un lector está de acuerdo con ellos como cuando está en contra.
 
En cuanto a las quejas de la “deriva” de eldiario.es a favor de un partido u otro son habituales y, por ahora, contradictorias entre sí. Como recopiló hace unos meses el propio defensor de la comunidad, recibimos constantemente quejas de socios y lectores disgustados porque somos de Podemos, de IU, del PSOE… La realidad es que somos y seremos un medio independiente, lo que probablemente jamás nos granjeará la completa aprobación de aquellos políticos o lectores –creo que los menos– que preferirían un diario de partido. No lo vamos a ser.”

La cuestión de la cobertura selectiva, o de la responsabilidad de quien da voz a opiniones que se salen de la norma, es sin embargo relevante y ya ha sido analizada por la anterior Defensora del Lector. Se puede argumentar que sin el altavoz las voces más o menos odiosas llegan mucho menos lejos; que sin la prensa y los medios dando oído a algunas opiniones ciertas ideologías o mentiras tendrían mucha menos fuerza, y que por tanto es responsabilidad de la prensa (y en última instancia, de los periodistas) impedir este uso de sus medios. Quien sostiene el micrófono debería por tanto tomar una decisión sobre cuándo y a quién desconectárselo. Y sufrir las consecuencias que se puedan derivar de mantenerlo enchufado.

Es un punto de vista extremadamente peligroso, desde múltiples puntos de vista. Se puede, y se debe, cuestionar el posible sesgo en la selección de voces a las que el medio da alas, para corregirlo y para impedir que se haga sistemático. Pero el que un medio decidiera silenciar voces porque discrepa de lo que dicen es absurdo, y moralmente turbio. Absurdo porque hoy en día los medios ya no tienen el poder de impedir que la información se disemine: una voz silenciada en la prensa encontrará por dónde difundir su mensaje. Puede que antaño una conjura de la prensa pudiera mantener alguna voz alejada de la conciencia de la ¡sociedad, pero hoy esos tiempos han pasado, por lo que una decisión así sería inútil.

Y además moralmente oscura en muchos casos, porque si bien todos podemos estar de acuerdo en los extremos (asesinos, terroristas, extremistas radicales de uno u otro signo, etc) la cosa muy rápidamente se vuelve mucho más gris. Porque ¿qué opiniones son dignas de rechazo y silencio? ¿Dónde ponemos la raya? Una de las cartas llega a comparar la negación del cambio climático antropogénico con el negacionismo del Holocausto: un modo no muy sutil de disparar la Ley de Godwin. ¿Debe un medio negarse a escuchar o difundir las ideas de enemigos políticos, delincuentes o radicales? ¿Es mejor que la sociedad no conozca estas ideas por los medios, y que se difundan en cambio a través de caminos alternativos, en forma de rumor, insinuación y malentendido?

Por supuesto que hay límites. El insulto deliberado de grandes grupos de personas definidos por etnia, religión o ideología, los llamamientos al genocidio o las ideologías basadas en este tipo de llamadas no deben tener espacio en un medio responsable. La incitación a la violencia, el desprecio basado en sexo, raza u orientación social, las ideas políticas que preconizan la violencia deben ser acotadas y mantenidas fuera del discurso civilizado. Las ideas que niegan los descubrimientos de la ciencia o ponen en riesgo vidas deben tratarse con el mayor de los cuidados. El altavoz debe ser consciente del poder que tiene, y ejercer cuando sea necesario la potestad de negar su amplificación. Pero siempre desde la más abierta de las posturas, puesto que para un periodista ninguna decisión debe ser más seria, meditada, extrema y poco común que negarle la voz a alguien. No hablar de algo nunca debe ser una decisión fácil, y siempre debe adoptarse únicamente en los casos más extremos; otra razón más por la que a los periodistas, en el fondo, se les paga poco.

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Las dos (o más) caras de la noticia

Uno de los valores éticos y profesionales básicos en el periodismo moderno es la neutralidad informativa, una forma avanzada de ecuanimidad. Se tratar de no privilegiar una fuente, punto de vista o ideología a la hora de elaborar una información, asegurando así que el producto periodístico no escamotea al lector los datos precisos para que se haga su propia composición de lugar. Idealmente todos los interesados en una información deben tener voz; todo punto de vista debe ser tenido en cuenta y por supuesto todos los datos deben estar sobre la mesa. La forma más sencilla de convertir una noticia en torticera es diciendo la verdad, pero sólo en parte; la ocultación de datos fundamentales para la comprensión es una técnica de manipulación informativa conocida desde siempre.

Esto no era así en el periodismo más primitivo, que en muchas ocasiones tenía carácter oficial o bien se sustentaba en periódicos que estaban basados en estructuras de poder o en partidos políticos (incluso en facciones). La prensa era en los siglos XVIII y XIX básicamente la rama propagandística del poder establecido o en proceso de establecimiento, por lo que no se esperaba (ni ofrecía) en sus productos ningún tipo de igualdad de trato a diferentes ideologías o puntos de vista. Los diarios y revistas tenían como fin la promoción de personas e ideas, y silenciaban o directamente atacaban a los contrarios, manipulaban y ocultaban información y en general hacían todo lo posible por ensalzar a unos y denigrar a otros. No hay ni puede haber nada neutral o ecuánime en un periodismo de partido.

El origen de nuestras ideas sobre la igualdad de trato es, curiosamente, comercial: surge con el nacimiento de la prensa ‘amarilla’ a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando algunos magnates descubren que con los periódicos se puede ganar dinero (incluso mucho dinero) a través de la publicidad. Para ello hay que obtener grandes audiencias, lo que se consigue cargando los titulares de sangre y escándalos: nacen la crónica roja, el muckraking y la prensa ‘del corazón’ que sigue con detalles escabrosos los dimes y diretes de los famosos. Pero para capitalizar esta audiencia hace falta vender anuncios, y para ello conviene no irritar en exceso a la industria y el comercio: un periodismo demasiado agresivo con las compañías que pagan la publicidad y con ello generan los beneficios de la prensa puede ser contraproducente.

El público, sin embargo, tampoco tolera la complacencia con los poderosos, y detecta enseguida cuándo un medio es demasiado blando con los señores del dinero. La solución práctica, que pronto se transformó en teórica, es la neutralidad informativa: si cuento cosas malas sobre una empresa o institución es porque son verdad, y siempre le ofreceré la posibilidad de dar su versión a todo el mundo. No es que te tenga manía; es que me han contado algo malo de ti; ¿cuál es tu explicación?

Durante la segunda mitad del siglo XX el ideal periodístico tendió hacia esta neutralidad informativa, sacralizándose hasta el punto de olvidar (o no recordar mucho) el origen puramente comercial de esta idea. La prensa acabó por creer que la ecuanimidad había surgido por razones morales y que formaba parte de la esencia misma de la profesión, al menos de boquilla, ya que en la práctica se producían (y se producen) desviaciones a diario. Con el tiempo esta sacralización y mitificación devino casi en ritual: es común llamar a la parte afectada por un escándalo apenas minutos antes de publicar una información, para poder afirmar que se habló con todas las partes sin dar demasiado tiempo a reaccionar a una de ellas.

En otras ocasiones y por mor de la ecuanimidad en la forma se practica un periodismo de declaración-contradeclaración ( he said/she said, lo llaman en inglés) en el que muchas veces se considera como iguales a efectos de debate a dos puntos de vista muy desiguales en legitimidad. El ejemplo clásico es cuando se habla de ‘controversia’ en casos como la eficacia de ciertas terapias alternativas (de la homeopatía a la acupuntura) o supuestos misterios (partidarios de los alienígenas antiguos contra historiadores). En estas situaciones se pone en un mismo plano dos opiniones, una legítima y otra completamente carente de legitimidad, por cumplir el requisito estético de tener dos puntos de vista opuestos, y al hacerlo se da un cierto grado de legitimidad por contagio a conceptos que carecen por completo de ellas. Tan injusto es tratar diferente a los iguales como tratar igual a quienes son diferentes. Otras veces un asunto complejo con múltiples puntos de vista o intereses se simplifica en tan sólo dos opciones, a favor y en contra, eliminando los matices y la existencia de otras visiones. Hasta algo tan en principio razonable como es la neutralidad informativa puede transformarse en patología si se convierte en fin en sí mismo.

En cualquier caso consultar a todas las partes interesadas en una información es una práctica saludable, sobre todo cuando se habla de conflictos o enfrentamientos binarios por más que el producto acabado no tenga por qué dar el mismo peso a todos los puntos de vista. Es por eso que subrayamos esta queja de  Alfons Claver, encargado de Comunicación y Relaciones Institucionales en España de la aerolínea Norwegian referida a un artículo publicado por Antonio Ruiz del Árbol, que dice entre otras cosas:

"... En tu artículo haces una serie de aseveraciones sobre Norwegian a partir de un informe de la Asociación Europea de Pilotos (ECA) y de las declaraciones de un jerarca del SEPLA, por aquello de poder calzar un entrecomillado y unas notas de color en un tema por otra parte bastante árido: con un copia y pega del informe de la ECA y una llamada telefónica al SEPLA, en un plis-plas, marchando un artículo.

Sin embargo, la ética periodística más elemental establece que si hablas de alguien (y, sobretodo, cuando hablas de oídas, y atacándolo como nos atacas) debes ponerte en contacto ese alguien con el fin de recabar su punto de vista.

Pues bien: en Norwegian todavía estamos esperando tu llamada. O tu email. O tu SMS. O lo que sea… Pontificas sobre Norwegian (y con qué lenguaje) y, sin embargo, ni has recabado nuestro punto de vista ni, lo que es peor, has contrastado dato alguno en lo tocante a nuestra estructura, fiscalidad o condiciones laborales: quizás porque, si te hubieras tomado la molestia de dar ese paso, te hubieras quedado sin tema: ni «paraísos fiscales», ni «estercoleros laborales», ni «bandera de conveniencia»,  ni nada que «retuerza» el Acuerdo –que no pacto, por cierto—de Cielos Abiertos entre los Estados Unidos y la Unión Europea.
 
Y todo ello a pesar que mis datos de contacto —y los de todo el departamento de Comunicación de Norwegian, tanto en Oslo como en Barcelona— son de acceso público, con nombre, apellidos, dirección de correo electrónico y hasta número de móvil. Respondemos a todas la preguntas en el día y sólo en el caso de la más complejas las pasamos al día siguiente."

Consultado al respecto Antonio Muñoz, redactor de Economía y responsable en funciones de la sección, responde:

"El autor recogía en el texto la denuncia contra las supuestas prácticas de esta compañía formulada por aerolíneas rivales y asociaciones de pilotos, pero no llamó a la empresa, algo lamentable. Y pedimos disculpas por ello."

Y el propio autor del artículo, Antonio Ruiz del Árbol, explica a su vez:

"El hecho que relata el portavoz de Norwegian es cierto: no hice una llamada dándole la oportunidad de explicarse a la aerolínea. Sin que haya nada que excuse esta falta, en el artículo todas las afirmaciones que se plasman van acompañadas de referencias perfectamente identificadas con el nombre de la entidad, la publicación o las personas que las realizan. El artículo no se refiere exclusivamente a las prácticas laborales, de compra de aviones etc, de una sola aerolínea sino de un gran número de ellas (se cita a cuatro por su nombre). Como consecuencia, cuanto más elaborado es el trabajo, mayor es el número de entidades o personas a las que hay que ofrecer la posibilidad de contraste.  

No obstante, no hay excusa".

Está claro que tanto el responsable de la sección como el autor del artículo ( full disclosure: primer jefe y maestro que tuvo en periodismo este humilde escribidor) reconocen el error: en este caso la falta de datos contribuyó a empeorar la información y una llamada lo hubiese evitado. No hubiese sido por tanto un mero gesto formal para cumplir los requisitos, sino que habría evitado que se colaran errores en la información final. Lo recomendable sería apostillar la corrección pertinente en la información para complementar las disculpas. El mejor escribano echa un borrón; bueno es que lo reconozca y corrija en lo posible.

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