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Blanco, el caballo de Troya saudí para entrar en el mundo de la moda europea

La adquisición del grupo textil en suspensión de pagos abre la puerta a nuevos negocios del socio saudí de Inditex y Mango

El grupo cuenta con un código de conducta ética que insta a sus empleados a no mentir a las autoridades

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El grupo saudí Alhokair se compromete a mantener los 1.200 empleos de Blanco tras comprarla por 40 millones

El grupo saudí Alhokair se compromete a mantener los 1.200 empleos de Blanco tras comprarla por 40 millones.

“Nos gusta la libertad de soñar que ofrece la moda. Por ello, cada temporada trabajamos para ofrecer un producto de máxima tendencia pero asequible; un producto inspirador que haga del sueño realidad”. Así habla Blanco de su propia “filosofía” de empresa. Ahora el sueño tendrá nombre saudí, el mismo país donde las mujeres, por muy apasionadas de la moda que sean, siguen teniendo vetados derechos fundamentales, no pueden conducir o son las únicas que pueden trabajar en tiendas de lencería y cosmética.

Sin embargo, el grupo de distribución, hasta ahora español, ha encontrado en la saudí Alhokair su tabla de salvación, la única que podría mantener los casi 1.200 empleos con que aún cuenta Blanco. La compañía entró en concurso de acreedores el pasado mes de junio, tras no ser capaz de afrontar ni la crisis ni la falta de liquidez, y ser víctima de un proceso de expansión basado en una masiva apertura de locales comerciales.

La puerta de entrada al retail europeo

Alhokair Fashion Retail no es, ni mucho menos, un desconocido del textil español. Al contrario. Ha sido la puerta de entrada de Inditex, Mango o Cortefiel en el mercado saudí. Incluso es socio del grupo fundado por Amancio Ortega en Azerbaiyán, Armenia o Georgia. Además, con 1.400 tiendas y 7.000 empleados, está presente en Kazajistán, Georgia, Egipto, Marruecos, Jordania y Estados Unidos, donde distribuye marcas comerciales como Accessorize o Monsoon, New Yorker y Cortefiel (esta última, aunque de origen español, está en manos del capital riesgo).

Pero le faltaba Europa. Y ahí le ha surgido la oportunidad de comprar Blanco. Una operación que abre las puertas de España a la distribución minorista saudí. Un paso poco convencional, dado que el retail español siempre ha mirado hacia fuera y presume de ser una de las banderas de la marca España, de capitanear la expansión internacional con Inditex y Mango como ejemplos a seguir.

Por ello, dentro del sector retail, se presupone que Alhokair va a aprovechar la crisis para llegar a nuevos acuerdos con empresas españolas. De hecho, se especula con la posibilidad de que se convierta en socio del grupo de calzado Marypaz para que este desembarque en Estados Unidos.

Alhokair Fashion Retail, que cotiza en la bolsa saudí, forma parte de un conglomerado empresarial denominado Fawaz Alhokair, cuyos intereses abarcan desde la alimentación, la construcción o los servicios de seguridad privada. Su equipo directivo, marcadamente masculino, está encabezado por tres miembros de la familia Alhokair, que se reparten la presidencia de las distintas divisiones del negocio.

Su código de conducta ética

Una de las dudas que se plantean a partir de esta operación es si Alhokair va a cambiar el modo de operar de Blanco, es decir, si va a llevar a cabo algún tipo de “saudización”. Desde fuentes próximas a la compañía se asegura que no va a ser así, que “se va a mantener todo como está” y que el objetivo es ser un “socio financiero que salve a Blanco de la desaparición”.

En todo caso, surgen interrogantes sobre el modo de actuación de Alhokair. ¿Cómo es el grupo saudí y, sobre todo, qué política lleva a cabo hacia las mujeres? Alhokair Fashion Retail, que ha declinado responder a las solicitudes de información de eldiario.es, cotiza en la bolsa saudí y cuenta con un código de conducta corporativa y ética.

Este código es una recopilación de estándares que no profundiza excesivamente pero que sí da pistas sobre su forma de operar. Por ejemplo, en el documento se señala que una de sus promesas es “actuar con integridad: demostrando el valor y la fuerza de carácter para hacer lo correcto y nunca actuar fuera de la ley, incluso cuando sea difícil o impopular”.

“La obediencia a la ley, tanto en su letra como en su espíritu, es la base sobre la que se construyen los estándares éticos de este grupo”. En este sentido, se subraya que todos los empleados “deben respetar y obedecer las leyes y reglamentos y garantizar el cumplimiento de todas las leyes y regulaciones aplicables”. Además, “deben informar inmediatamente sobre violaciones o supuestas violaciones a su supervisor”.

Otro aspecto destacable es el que indica que “durante cualquier investigación o examen gubernamental, los miembros del equipo nunca destruirán o alterarán ningún documento del grupo, mentirán o realizarán declaraciones que lleven a engaños”. También se afirma que los empleados no deben usar fondos del grupo para “contribuir a cualquier partido político o religioso”, aunque se matiza que “esta política no pretende restringir el uso de fondos personales para realizar contribuciones políticas o religiosas”.

La compañía informa en su propia web sobre las actividades de responsabilidad corporativa que ha llevado a cabo en el pasado. Una de ellas hace referencia a su participación en Riad, en 2012, en un evento sobre empleo denominado “Leqa’at” y cuyo propósito, se señala, era la “saudización” que específicamente apoyaba la “feminización de las tiendas para mujeres” con la colaboración del Ministerio de Trabajo saudí.

Evitar el cierre con 40 millones

Antes de caer en manos de Alhokair, la empresa fundada por Bernardo Blanco oteó la búsqueda de soluciones que mantuvieran su españolidad. Pero no tuvo éxito. La opción que tuvo más resonancia fue la de Mango, el grupo barcelonés encabezado por Isak Andic.

En cuanto a los detalles financieros de la operación, por el momento lo que ha trascendido es que la compra de Blanco está valorada en alrededor de 40 millones de euros. Una de las condiciones impuestas por el juzgado madrileño responsable del concurso de acreedores es el mantenimiento de los cerca de 1.200 puestos de trabajo que aún mantiene el grupo (hace unos meses Blanco aseguraba que su plantilla rondaba los 2.000 profesionales) y dar continuidad a las más de 200 tiendas que todavía tiene abiertas, después de haber cerrado 45 locales en los últimos meses. Algunos, carismáticos para el grupo, como el que tenía en la calle Preciados de Madrid, el principal eje comercial de la capital.

Los saudíes tendrán que asumir, por ejemplo, los 20,8 millones que había inyectado en Blanco la firma especializada en reestructuraciones Gordon Brothers Europe. Además, dentro del coste de la operación, Alhokair tendrá que hacer frente a una deuda de 6,4 millones, que representaría los créditos concursales de la sociedad, así como otros 5 millones de euros en concepto de los créditos que Blanco ha necesitado, desde el pasado 1 de noviembre, para poder seguir adelante con su actividad.

Dado el perfil de la empresa saudí, que facturó en el pasado ejercicio más de 1.237 millones de dólares (unos 905 millones de euros), parece, según el juzgado, contar con la capacidad empresarial y operativa para salvar Blanco, aunque quizás sus objetivos sean mucho más ambiciosos.

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