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Caramelo y Blanco: el declive del textil español fuera del imperio Inditex

La enseña del inmobiliario gallego Jove se diluye en un concurso de acreedores.

La dueña de Zara no abre tiendas en España e, incluso, echa el cierre a algunos establecimientos.

La firma de calzado Farrutx, los diseñadores Victorio & Lucchino o la cadena Hakei, también han tenido que recurrir al concurso de acreedores

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El sector textil se contrajo un 4% en 2012, hasta los 3.550 millones

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Es la enseña más evocada cuando se enarbola la bandera de la marca España, la imagen del éxito made in Spain lejos de nuestras fronteras. La industria textil española se ha ligado de tal manera a Inditex que da la sensación de que el mundo sólo se viste de Zara. Sin embargo, en las últimas semanas se han multiplicado las dudas sobre si su éxito no estará desviando la mirada de la crisis que atraviesan otros grandes nombres de la distribución textil española. Como si las ramas del imperio de Amancio Ortega no dejaran ver el bosque de un sector en pleno declive.

En ese proceso hay dos nombres cuyo futuro pende de un hilo: Caramelo y Blanco. El primero, ya inmerso en concurso de acreedores. El segundo, con cuatro meses por delante para solventar el preconcurso con el que buscará recortar y reestructurar la cadena textil para que pueda ser rentable y evitar males mayores.

La participación de la Xunta de Galicia

El caso de Caramelo es el más proclive a las comparaciones con Inditex. Como el emporio dueño de Zara, ancla sus raíces en Galicia y tiene detrás a uno de los empresarios con más resonancia mediática de los últimos años, aunque en este caso no sea el fundador de la compañía sino quien intentó salvarla del naufragio hace solo tres años, por ahora, sin éxito alguno. Se trata de Manuel Jove, el expresidente de la inmobiliaria Fadesa y quien, en 2009, se hizo con el control de más del 92% de la firma de moda a través de su sociedad Iveravante. Su objetivo: inyectar nuevos fondos y sacarla de la crisis. Otro de sus accionistas es la Xunta de Galicia, que desembarcó en 2007 con el 7,5% del capital, para respaldar financieramente a Caramelo y garantizar su galleguidad.

Pero la capacidad financiera de Jove no ha sido suficiente. Caramelo solicitó el concurso de acreedores hace sólo dos semanas. Reconocía así ser “incapaz de afrontar” un déficit de caja fruto de la continua caída de sus ingresos, que la compañía no ha cuantificado, y que le aboca a un nuevo Expediente de Regulación de Empleo (ERE). Será el segundo en tres años, dado que en 2009 ya prescindió de casi 240 trabajadores. Actualmente, su plantilla ronda las 400 personas.

El problema de Caramelo se basa, según fuentes del sector, en que no ha logrado hacerse con un nicho de mercado. “Nunca ha sido una cadena de masas, ni ha logrado ser lo suficientemente exclusiva como para posicionarse en el segmento de la moda de lujo asequible o del semilujo”, señalan. Aparentemente, Caramelo no tiene un elevado endeudamiento. Éste rondaría los 100 millones de euros y, menos de la mitad, correspondería a deuda bancaria. Jove, por ejemplo, habría inyectado el año pasado a la compañía alrededor de 16 millones de euros. Pero no han sido suficientes. Hay que viajar hasta 2005 para recordar el último ejercicio en el que la empresa cerró con beneficios, unos 0,26 millones de euros.

La compañía asume que su elevada exposición a los países del sur de Europa ha sido una de las claves de su crisis porque la tan ansiada internacionalización no ha tenido los resultados que esperaba. A partir de ahora, Caramelo asume que tendrá que hacer frente a “un profundo redimensionamiento” que pasaría por el cierre de una parte de sus casi 130 establecimientos en España o su retirada de algunos países. Entre otros, está presente en Grecia, Portugal, Holanda, Reino Unido, Francia, Marruecos o China.

El fallido matrimonio de Blanco y Mango

En cuanto a Blanco, su futuro se presenta igual de incierto. Su principal problema pasa por la falta de liquidez, lo que incluso ha provocado retrasos en el pago de la nómina de sus trabajadores

La compañía fundada por Bernardo Blanco ha tratado de buscar la salvación en una alianza con Mango que hubiera llevado a su integración en el grupo catalán. Pero las negociaciones han caído en saco roto y la única solución que, por el momento, se ha planteado a los representantes de los trabajadores pasa por el inminente cierre de parte de su red comercial (tiene cerca 270 tiendas), desinversiones a través de la venta de locales propios y el repliegue de algunos países.

Blanco tiene actualmente una plantilla de unos 2.000 trabajadores. Una de las propuestas de la compañía pasaría por ligar los salarios de los empleados de una tienda a la facturación de esta, en comparación con los mismos meses del año anterior, y eliminar las comisiones si los ingresos del establecimiento llegan a caer más de un 5%. Una opción que los sindicatos rechazan de plano.

No son las únicas cadenas textiles que en los últimos meses han tenido que asumir su incapacidad para afrontar la crisis. Otras, como la firma de calzado Farrutx, los diseñadores Victorio & Lucchino o la cadena Hakei, también han tenido que recurrir al concurso de acreedores. Y las previsiones para el resto de 2013 no se presentan nada optimistas.

La crisis de Inditex en España

Sin embargo, aunque la, al menos en apariencia, todopoderosa Inditex parece estar pasando de puntillas por la depresión española, tampoco se libra del embate de la crisis. El pasado año, sus ventas en España se recortaron en torno al 5% (lo que atribuyó a la subida del IVA del pasado otoño) y, según desveló su presidente, Pablo Isla, en la presentación de resultados del último ejercicio, la cuota de mercado del grupo ronda el 12%. De ese porcentaje, la mitad correspondería a Zara.

El problema es que en la distribución textil española no es habitual hablar de cuotas de mercado y no es posible saber si ese porcentaje ha ido o no creciendo en los últimos años. Isla también reconoció que Inditex no tiene intención de abrir nuevos establecimientos en España. Fuentes sindicales aseguran que sus pasos van en la dirección contraria y que, en los últimos meses y previsiblemente también en el futuro más cercano, el grupo gallego está procediendo al cierre puntual de algunos establecimientos. Uno de ellos, por ejemplo, en la calle más comercial de Madrid, la céntrica Preciados, donde hasta hace sólo unos meses tenía uno de los locales de su cadena Oysho, que hoy mantiene echado el cierre.

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