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Pastores y rederos, labores que renacen como alternativa a la crisis

Un pastorero en Asturias.

Maica Méndez

Volver a ser pastor. La supervivencia frente a la pobreza y la exclusión social es el estímulo para que algunos colectivos se hayan puesto manos a la obra en busca de nuevos motores que faciliten el acceso a nuevas profesiones, que en realidad son viejas y casi extinguidas, como alternativa de inserción al mercado laboral.

Escuela de pastores de los Picos de Europa

La Escuela de Pastores de los Picos de Europa es un proyecto promovido por la entidad sin ánimo de lucro Campo Adentro, hace ya 14 años. El objetivo es volver a darle valor a la figura del pastor y para posibilitar el relevo generacional de una profesión que estaba en vía de extinción.

Para Fernando García-Dory, coordinador de la Federación Estatal de la Asociación de Pastores y director de la Escuela de Pastores de los Picos de Europa, la ganadería extensiva y el pastoreo son actividades fundamentales para la producción de alimentos en zonas no aptas para agricultura o bien compatibilizan a ésta. Producen también paisaje, mantienen cultura y economías locales y fijan población. De igual forma, comenta que nuestra sociedad demanda alimentos saludables y ganadería sostenible. Al mismo tiempo hay un gran desempleo juvenil y amplias zonas rurales en riesgo de abandono, por lo que “creemos que la escuela es viable económicamente, pero hay que refundar las bases del oficio, y dotarle de un reconocimiento cultural y social, como tiene en Francia. Creemos que es una opción de vida viable para muchos jóvenes interesados y tratamos de facilitar el acceso a esta profesión”.

Tras 14 años de cursos de pastoreo, el proyecto ha conseguido que 4 jóvenes permanezcan en la zona como pastores y queseros. Todo un éxito teniendo en cuenta que quedaban tan solo 8 pastores al inicio del proyecto. Además, “hemos conseguido mucha visibilidad y asesorado la creación de otras escuelas como las del Pirineo catalán o Extremadura”. Actualmente se está preparando una finca modelo y haciendo una quesería para renovar la pedagogía del curso y dar una mejor oferta formativa. Por tanto, la continuidad del proyecto está asegurada.

Cursos de rederos

Bajo un prisma parecido, la ONG Expoacción Organización Solidaria, que lucha contra la pobreza y la exclusión social insertando a trabajadores, lleva organizando desde hace dos años cursos de rederos, en colaboración con el puerto gijonés del Musel. Este curso tiene también una doble finalidad. La parte formativa, como canal de búsqueda de una nueva salida laboral y la parte social de recuperación de un oficio también prácticamente extinguido, como el de pastor.

Por el momento, han hecho dos cursos, con una media de 15 alumnos y 7 de los mismos se han incorporado al mercado de trabajo. Según el vicepresidente de esta organización, Casimiro González Costales, uno de los promotores de la actividad por su vinculación al mar, “esta profesión dejó de existir por falta de relevo generacional y creemos que actualmente puede tener salida laboral”. Antaño, esta actividad tuvo su importancia en Gijón y en la actualidad se había perdido por completo, comenta este patrón de pesca profesional. Asimismo, añade que los aparejos necesitan también arreglos, aunque la flora pesquera ha ido a menos. Actualmente, están en proceso de contactar con otros puertos y colectivos como la asociación de rederas de Lastres (Asturias) para hacer iniciativas conjuntas. Además, también tienen en mente abrirse a nuevos cursos y dar formación en escanciado de sidra dada la alta demanda que tiene también esta profesión, venida a menos en los últimos años con el escanciado electrónico.

Queserías

Asturias es catalogada como la mayor macha quesera de Europa por la variedad, calidad y abundancia de sus quesos, algunos con denominación de origen como Cabrales y Gamonéu, entre otros. Esta actividad, antaño subsidiaria a la ganadería y agricultura y de autoconsumo familiar, para alargar un producto, la leche, que había en las casas, se ha ido profesionalizando en los últimos años como motor económico de muchas familias en la zona rural.

Tal es así, que la Asociación de Queseros Artesanos del Principado de Asturias cuenta actualmente con 40 socios. Según su presidenta Isaura Souza, la situación laboral de los últimos años ha sido mala y esto ha fomentado toda una cultura de emprendimiento entorno al queso, impulsando la profesionalización de muchas queserías familiares, cuyos hijos han optado por el relevo generación para que no se perdiera el oficio y como motor económico alternativo a las malas condiciones que atraviesa el campo en general.

No obstante, también comenta que queda mucho por hacer en formación. Desde la asociación llevan tiempo reivindicando una categoría profesional, como Técnico especialista agroalimentario. Por el momento, la continuidad de esta profesión parece que está garantizada y cada año abre sus puertas alguna quesería nueva y, las existentes se especializan y profesionalizan cada vez más con nuevos productos.

Azabache

En Asturias, hablar de azabache, una variedad lignito formado en el periodo cretácico, por lo que se utiliza como piedra semipreciosa, es hablar de oro negro. La utilización de este fósil jurásico es ancestral, pero son pocos ya los que la saben tallar y sacarle todo su partido. Con el propósito de que este oficio no desapareciese surgió la Asociación Jurásico Villaviciosa, “para tratar de limpiar el nombre del azabache, ya que se están utilizando otros materiales traídos de otros puntos de Europa que no tienen las cualidades de esta piedra y para que no se pierda la tradición”, dice María Pérez, en la directiva de la Asociación y socia junto con Alba García de la empresa Unión Azabachera de Villaviciosa, desde donde imparten cursos de formación.

Uno de los principales problemas de este sector es que la materia prima es muy escasa y no hay una regulación, ni en el suministro ni en la extracción del mismo, la mayoría situado en las proximidades de la costa, en zona de acantilado y de muy difícil acceso.

Actualmente, tienen cursos en vigor para que no se pierda el oficio. El punto de partida es “conocer el material, saber identificarlo por su veta y aprender a lijarlo”, comentan. Y, luego, en un nivel más avanzado, dar formación en usos y aplicaciones en joyería. Estas dos emprendedoras añaden que hay alumnos que llegan con intención de dedicase a ello porque, según subrayan “tiene salida profesional y laboral”.

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