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El caso Starbucks: a veces, no pagar impuestos sale caro… o no

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El Parlamento británico ve "inmoral" la fiscalidad de algunas multinacionales

Starbucks accede a pagar más impuestos en Reino Unido. / Efe

La legalidad y la ética no siempre van de la mano. Los financieros más avispados parecen siempre encontrar un resquicio para conseguir que la falta de ética sea legal. “No es nuestra culpa. Es un fallo de regulación y nosotros simplemente estamos cumpliendo la ley”, dirán muchos para defenderse. En cierto modo puede que tengan razón. Si nadie cambia la ley para regular una actividad determinada, no puedes hacerles responsables por sus decisiones.

Pero cuando la ciudadanía se entera de que en 14 años de operaciones en Reino Unido, con una facturación de 3.000 millones de libras esterlinas, Starbucks solo ha pagado 8.6 millones de libras esterlinas en impuesto de sociedades, no hay argumento que valga para apaciguar unos ánimos caldeados por la austeridad y la crisis.

El caso es solo la punta del iceberg. Empresas como Apple y Amazon hacen lo mismo a una escala más grande y estas prácticas no solo se limitan a Reino Unido. En España ocurre y en el resto de la Unión Europea, también.

Starbucks utiliza un sistema complejo en el que factura a través de sociedades en Holanda y Suiza. En sus cuentas en Reino Unido constan pérdidas debido a una comisión del 4,7% que pagan a su división en Holanda, donde se tuesta el café, y un 20% a su división Suiza que es la que vende el café a los establecimientos de Reino Unido. Este brillante entramado permite a la compañía pagar a Hacienda una ínfima parte de sus ganancias reales en el país.

La imagen de la compañía ha sufrido otro duro revés al revelarse que su competidor más cercano, Costa Coffee, no recurre a sociedades extranjeras para pagar impuestos. Este año han pagado 18 millones de libras esterlinas al fisco en Reino Unido. Más del doble de lo que ha pagado Starbucks en 14 años. Un caramelo para la imagen de su competencia.

En respuesta al furor ciudadano, la cadena ha prometido  pagar 20 millones de esterlinas en impuestos en los próximos dos años. Una medida calculada para tranquilizar la creciente utilización de la palabra ‘boicot’ cada vez que se nombra la marca.

También Howard Schultz, el fundador de la compañía,  ha escrito una carta para explicar que la empresa ha pagado más de 160 millones de esterlinas en aportaciones a la seguridad social, IVA e impuestos especiales en los últimos tres años.

Las reacciones no han sido del todo positivas y vuelve a revelar el problema con un sistema fiscal transnacional en el que “parece que pagar es algo voluntario”, según el CEO de Sainsbury’s, la segunda cadena de distribución más grande del país, que también paga lo que le corresponde en impuestos de sociedades.

De la presión política a la presión económica

Hay quién defiende, como este artículo del  Financial Times, que el populismo está tomando las riendas de una decisión que se debería tomar en las Cortes. Pero tampoco existen garantías de que esto ataje el problema. Los políticos solo se han propuesto hacer algo tras el escándalo.

Pongamos un ejemplo: ahora mismo en la  Unión Europea se están debatiendo formas de crear un plan para luchar contra el fraude fiscal y la ‘competencia fiscal perniciosa’, el término utilizado para describir las actuaciones de Starbucks, Amazon, Facebook o Apple en Europa.

El problema es que, hasta que esta ley se apruebe, va a pasar por muchas deliberaciones y conociendo los precedentes de este tipo de regulación, los lobbies empresariales harán todo lo posible para que en el momento en que llegue la votación haya tantas enmiendas que existirán mil y una formas de evitar pagar lo que realmente corresponde.

Hablas con cualquier persona que trabaja en bolsa o en el sector financiero y te dan los mismos argumentos de siempre. Starbucks está haciendo las cosas bien. Su trabajo es maximizar el valor para el accionista y una de las claves es pagar cuantas menos tasas posibles.

Pero las decisiones puramente racionales no tienen en cuenta una cosa. Estos argumentos no valen. Especialmente cuando se está pidiendo a la sociedad que se sacrifique para salir del agujero económico actual. Quién es, a la vez, el cliente que te sostiene.

Quizá el debate de que hay que subir los impuestos a los ricos como se está proponiendo en Francia sea una distracción innecesaria. ¿No bastaría que cada uno pagara lo que legalmente le corresponde sin resquicios raros ni fórmulas opacas para evadir su pago? Un sistema claro y transparente.

A esta situación absurda hay que añadir otro punto irónico. En este vídeo,  Polly Toynbee denuncia que el Ministerio de Hacienda británico ha perdido 10.000 empleados en los últimos años debido a los recortes. Su capacidad de reacción disminuye cuando más se necesitan.

Pero sería naive pensar que el caso Starbucks cambiará las cosas. El anuncio apenas ha afectado su valor en bolsa. Los inversores se han quedado satisfechos por las medidas. “Están evitando un boicot. Es solo el precio de hacer negocios”, declaró Nell Minow de GMI Ratings al  Financial Times. En otras palabras, el pago es simplemente un peaje que tienen que pagar. Mientras tanto, business as usual.

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