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España se prepara para vender tabaco por Internet

El Tribunal Supremo dictamina que la legislación española debe eliminar las restricciones a la venta telemática.

El sector se muestra prudente y advierte de los posibles peligros: más contrabando y menos control sobre los impuestos y el consumidor final.

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Vender tabaco 'online' será posible en España. EFE

Puede ser el sueño de cualquier fumador: comprar tabaco desde el salón de casa, a través de su ordenador o de su móvil. Una posibilidad que está más cerca que nunca, después de que el Tribunal Supremo dictaminara a principios de noviembre que la legislación española debe eliminar las restricciones a la venta telemática (internet) y a la importación de productos de tabaco desde otros países de la Unión Europea. El sector se muestra prudente y advierte de alguno de los peligros de este cambio: más contrabando y menos control sobre los impuestos y el consumidor final.

El Gobierno tendrá que hacer cambios de fondo en la actual legislación para regular la venta online. De entrada, la Ley del Tabaco (la misma que, desde el 2 de enero de 2011, prohíbe fumar en bares y restaurantes) no permite ni la venta online ni la publicidad a través de la red. “Si se vende por internet esto puede ser un coladero para el contrabando”, asegura un portavoz de una de las principales tabacaleras, que prefiere permanecer en el anonimato. “Y, teniendo en cuenta que en España cerca del 15% del tabaco que se vende ya procede del contrabando, podríamos llegar a tener un problema muy serio”, recalca.

Pero no sólo el contrabando puede ser un problema. También la venta a menores o incluso la gestión de los impuestos especiales, donde la red de estancos ejerce hoy un papel esencial. Actualmente, existen en España alrededor de 13.400 estancos. Un sistema de comercialización que “resulta muy cómodo para el Estado”, según explican fuentes del sector. No en vano, la distribución del tabaco se realiza a través de una red de distribución monopolística que el Estado ejerce a través de concesiones administrativas: los propios estancos.

El Supremo ha seguido las directrices marcadas por el Tribunal de Justicia de la UE, quien ya había instado a España a modificar su regulación por impedir la libertad de movimiento de las labores del tabaco dentro del territorio comunitario.

De momento, la decisión del Supremo sólo permitirá la compra a través de internet que sea realizada por los distribuidores ya autorizados, es decir, por los estancos. Pero la sentencia abre una puerta, la de internet, que será difícil volver a cerrar y que, pese a que los cambios de legislación requieran un recorrido a largo plazo, acerca al ciudadano de a pie la posibilidad de comprar tabaco con un solo click.

Tabaco barato

¿Qué sucede en otros países? “Por ejemplo en Italia sí está permitida la venta online desde hace más de un año”, explican desde el sector, “pero los trámites son tan complicados, hay que realizar tanto papeleo para que el comprador demuestre quién es, que en la práctica no se realiza porque, por ejemplo, aunque se pueda comprar online luego hay que ir a recoger el producto al punto de venta, así que no tiene mucho sentido”, matizan.

“Para nosotros sería muy negativo. Cualquier paso que permita una mayor accesibilidad al tabaco nos parece mal”, asegura Francisco Camarelles, portavoz del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). “Creemos que la legislación española tiene que converger con la del resto de la Unión Europea, sobre todo en la regulación de los impuestos para que se armonicen los precios, porque el tabaco en España sigue siendo mucho más barato que en otros países, como el Reino Unido, donde es tres veces más caro”, critica.

Mientras, la principal asociación de estanqueros prefiere guardar silencio hasta ver cómo se modifica la legislación. “Hay que esperar, es pronto para valorar la sentencia del Supremo”, asegura Elena Viana, vicepresidenta de la Unión de Estanqueros.

La caída del consumo por la crisis y el contrabando

La venta online podría dinamizar un sector que, en los últimos años, ha tenido que convivir con las crecientes restricciones a la hora de fumar, la crisis o la subida de precios de algunas de las principales marcas. Pese a todo, la industria asegura que en España sigue habiendo, prácticamente, el mismo número de fumadores que en 2004: alrededor de ocho millones de personas reconocen fumar habitualmente.

Sin embargo, los fabricantes admiten que se fuman menos cigarrillos, con una media que ha bajado desde los 17 hasta, aproximadamente, 14 cigarrillos diarios. En parte, esta reducción se debe al tabaco de liar, cuyo consumo ha crecido en los últimos años en gran medida porque su precio es menor que el de las cajetillas convencionales. “Calculamos que un fumador consume un cigarrillo de liar por cada dos normales, porque llevan menos tabaco y porque tienen que dedicar más tiempo a prepararlos”, asegura un portavoz de la industria.

Entre el 1 de enero y el 31 de octubre, las ventas de tabaco para liar crecieron un 26,8% en comparación al año anterior alcanzando cerca de 5,4 millones de kilos, según los datos publicados por el Comisionado para el Mercado de Tabacos, el organismo encargado de supervisar el sector, que depende del Ministerio de Hacienda. Mientras, los cigarrillos siguen el camino inverso. En los diez primeros meses del año, sus ventas se han reducido más de un 10%. En concreto, se vendieron 2.281 millones de cajetillas, 256 millones menos que hace un año.

A pesar de que la industria asegure que el número de fumadores no ha descendido, parece imposible que las tabacaleras vuelvan a alcanzar la cifra de ventas que tenían hace ocho años. En 2004 llegaron a vender más de 4.663 millones de cajetillas. Justifican esta caída a que parte del consumo, especialmente en comunidades autónomas como Andalucía, se ha desplazado al contrabando y a las falsificaciones, una práctica irregular que hace unos años era prácticamente inexistente.

Y, si cae el consumo, también cae la recaudación por impuestos especiales sobre el tabaco. Entre enero y octubre de este año, se redujo un 4,5% respecto al mismo periodo de 2011, situándose en los 5.934 millones de euros. Por ello, en un doble juego de intentar elevar los ingresos fiscales y reducir el consumo de marcas baratas, el Gobierno ha llevado a cabo tres subidas de impuestos. La última se aprobó hace sólo unas semanas.

A través de una enmienda a la ley de medidas tributarias que acompaña a los Presupuestos Generales del Estado, elevó de nuevo el impuesto mínimo, en un intento por impedir que haya en el mercado marcas excesivamente baratas. A partir del 1 de enero, las cajetillas que cuesten menos de 3,77 euros soportarán un impuesto mínimo de 132,97 euros por cada 1.000 cigarrillos, es decir, por debajo de este precio no sería rentable para las tabacaleras. En el resto de cajetillas este impuesto se elevará desde 119,1 hasta 123,97 euros por cada 1.000 unidades.

Se ahonda, así, en la compleja estructura fiscal que grava este producto, que, además, soporta IVA y otros dos impuestos especiales: el ad valorem (que representa el 53,1% del precio final) y el específico, que equivale a 19,10 euros por cada 1.000 cigarrillos. Según las compañías, este esquema de impuestos hace que cerca del 80% del precio de venta de las cajetillas vaya directamente a Hacienda pero no por ello desincentiva el consumo.


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