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Los ingenieros exigen un plan de reindustrialización para eludir la emigración

Nueve organizaciones que agrupan al colectivo reclaman al Gobierno un programa de crecimiento en el marco de una “política industrial sólida y sostenible”.

Denuncian que en “la España dominada por el ladrillo” se ha incentivado la destrucción de empresas "con la recalificación del suelo de sus fábricas”.

Aseguran que hay hasta 120.000 ingenieros en una economía en desindustralización

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El Colegio de Ingenieros de Caminos, autorizado para actuar como Agencia de Colocación

Hay menos ingenieros en términos relativos en España que en el resto de Europa

Uno a uno, los diferentes colectivos de la sociedad española se incorporan al debate que la crisis hace inevitable. Cada cual según sus peculiaridades, se suma a su ritmo. Toca el turno ahora a los ingenieros que en un número aproximado de 120.000 profesionales en toda España, formaban un grupo intocable hasta hace un lustro. ¿Nace la marea gris?

Por ahora las nueve principales asociaciones de ingenieros –aeronáuticos, agrónomos, caminos, ICAI, industriales, minas, montes, navales y telecomunicaciones– han decidido reunirse en Madrid el lunes 13 y el martes 14 en lo que han denominado “Cumbre de la Ingeniería española 2013”.

Plan sostenible

La institución que convoca oficialmente el encuentro es el Instituto de Ingeniería Española. Su presidente Manuel Moreu pone el acento en la “actitud constructiva” del colectivo. Los ingenieros ofrecen “su compromiso en la actual coyuntura económica”. Pero arrimarán el hombro siempre que el Gobierno se implique en el desarrollo de una política de crecimiento basada en la “reindustrialización sólida y sostenible de España, en un marco competitivo e innovador”.

Este marco ha de articularse en torno a “los 27 sectores económicos generadores de tecnología, producción y empleo”. “No solo hablamos de los tradicionales, sino también de todos aquellos que son capaces de generar riqueza y puestos de trabajo como la logística, las nuevas tecnologías alimentarias, etc”. Recuerda además el reciente objetivo de Bruselas de “incrementar el contenido industrial europeo desde el 16% actual al 20% del PIB para el año 2020”. En su opinión, “es muy interesante apostar por actuaciones que permitan alcanzar ese objetivo que por sí solo, nos ayudaría a salir de la crisis”.

Incentivos por destruir empresas

Moreu denuncia que “en una España obsesionada por la burbuja del ladrillo ha habido ministros que plantearon que la mejor política industrial es la que no existe. A la vez se financiaba la destrucción del tejido fabril a base de recalificar para hacer pisos de lujo en el suelo que ocupaban muchas de nuestras factorías”. “Se ha incentivado la destrucción del tejido industrial, en vez de ayudar a su reacción”.  

Según los datos que baraja el Instituto, la industria en España mueve 160.000 millones de euros anuales y da empleo directo a 2,5 millones de personas. Por cada puesto de trabajo en la industria se generan dos empleos en servicios. Sin embargo, el porcentaje de ingenieros con trabajo sobre el total de la población nacional está claramente por debajo de la media europea: 1,58% frente a un 2,14%.

Por la estructura de la convocatoria, que será presidida por Felipe de Borbón y en la que participarán algunos de los ingenieros con responsabilidad en las mayores empresas españolas, se pretende que la cumbre discurra en el mencionado “espíritu constructivo”. Sin embargo, la fuerza con la que la crisis está golpeando a quienes, según Moreu, forman “uno de los pilares básicos de la clase dirigente del país” hará inevitable que la realidad aparezca con toda su crudeza.

Faltan datos oficiales

Un aspecto chocante en la convocatoria de la “cumbre de los ingenieros por la producción” es la relativa carencia de datos oficiales que existen sobre la realidad de este colectivo social.

El Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, con datos de febrero de este año, asegura que se ha alcanzado la mayor tasa histórica de licenciados desempleados en esta rama con una tasa del 13,46%. Una encuesta sobre otra titulación de renombre, hecha por el Sindicato de Arquitectos, arroja un dato estremecedor: el 73% del colectivo de arquitectos se plantea abandonar el país “para poder trabajar de lo suyo”.

Un estudio anterior de esta misma organización, realizado en 2010, apuntaba que la tasa de paro era del 33%. Además, detectaba un nivel de empleados “bajo la figura del falso autónomo” del 25%.

Según datos de la OCDE, el 19% de los licenciados españoles de entre 25 y 29 años estaban en paro en 2012. Además un 44% desempeñaba un trabajo por debajo de su cualificación con sueldos muy inferiores a la media europea. Como contrapunto, la OCDE reconoce la “alta formación” de los españoles en edades comprendidas entre los 25 y 34 años. El 38% tiene estudios universitarios. Este porcentaje es superior a la media de la OCDE (37%) y de la UE (34%).

Sin embargo, según estudios realizados por Fenac, cada vez más jóvenes “optan por emigrar en busca de un empleo que cumpla sus expectativas”. En su mayoría se trata de ingenieros, arquitectos, profesionales sanitarios e informáticos, según las estadísticas de Adecco. La falta de trabajo y la precariedad laboral actual están detrás del 48% de las decisiones de abandonar España, según el estudio del Sindicato de Arquitectos.

Ortega y los ingenieros

La de la próxima semana no es la primera cumbre de ingenieros en España. En 1919, el colectivo, “en una situación de crisis con demasiadas similitudes a la actual”, celebró un congreso del que salió un plan completo de reformas y trabajos para la “reconstitución nacional”. La organización de la actual cita ha rescatado un artículo que José Ortega y Gasset escribió en el diario El Sol, titulado ‘La fiesta de los ingenieros’.

El filosofo “alababa la iniciativa del congreso y criticaba a los políticos por el ninguneo al que sometían a la ingeniería nacional”. “Los ingenieros –escribía Ortega– han elaborado un sistema de transformación técnica de España, poniendo en él su competencia, sin la cual es en estas materias vana palabra el mejor propósito. No se trata de que los ingenieros quieran hoy dejar su ingeniería para tornarse una fuerza política. Es más bien lo contrario. Acuden a la vida pública como lo que son, como hombres de ciencia y práctica técnica; aportan a la gobernación lo que es su haber, el conocimiento, y piden que, en lugar de orientar las leyes de obras públicas en el viento de los discursos, alimenten los Gobiernos y la Gaceta con este acervo de minuciosos y meditados estudios”.

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