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Algunas preguntas importantes sobre el pequeño Nicolás que el Gobierno debería contestar

¿Es Francisco Nicolás Gómez Iglesias un simple estafador con delirios megalómanos o un agente secreto al servicio del Gobierno y de su real majestad? Con la información que tenemos, la versión que el 'pequeño Nicolás' está difundiendo en distintas entrevistas en los medios es imposible de tragar. Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y no valen unos selfies para demostrar que, entre todos los intermediarios posibles, las más importantes instituciones del Estado hayan escogido a un joven estudiante para solucionar la imputación de la infanta con Manos Limpias, la negociación de Eurovegas con Adelson o el 9N catalán con los Pujol. No es creíble porque, simplemente, no es verdad. Y es un síntoma del bajísimo nivel de confianza en las instituciones que una historia tan rocambolesca como la suya pueda llegar a colar.

Todo apunta a que Nicolás Gómez Iglesias se valió de dos viejos trucos para intentar prosperar en este país donde los negocios se hacen siempre así de mal: alardear de sus contactos, exagerando su grado de cercanía con ellos y haciéndose pasar por quien no era para lograr una red de influencia aún mayor. Y también convertirse en improvisado mediador de un conflicto, acudiendo a cada una de las dos partes enfrentadas como supuesto enviado de la otra para negociar.

Es un sistema que le habría funcionado en todo el mundo, pero probablemente en España le ha sido más fácil prosperar. No hay muchos otros países donde los contactos entre lo público y lo privado sean tan valiosos. Es así por el mismo motivo por el que este país aparece en los niveles más altos en los índices de corrupción: porque existe una enorme arbitrariedad en las decisiones públicas y no todos somos iguales ante la Administración.

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Quién es Beltrán Gutiérrez Moliner y por qué Esperanza Aguirre le protege

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Esperanza Aguirre, acompañada del exgerente del PP madrileño Beltrán Gutiérrez, en los juzgados de la plaza de Castilla, el 22 de septiembre de 2014. / GSR / GTRES

La dimisión simulada en régimen de tomadura de pelo a la población del gerente del PP de Madrid es otro ejemplo más de qué entiende Esperanza Aguirre por ser contundente contra la corrupción. La hipócrita lideresa que dio lecciones al PP nacional cuando no se atrevió a despedir a Luis Bárcenas ha hecho ahora exactamente lo mismo que entonces hizo Rajoy: proteger a su tesorero y mentir a la sociedad. Decir que  Beltrán Gutiérrez Moliner dimitía por abusar de la tarjeta 'black' mientras, por la puerta de atrás, el PP de Madrid le volvía a contratar con el mismo sueldo y probablemente la misma responsabilidad.

La noticia que ayer destapó la SER desvela cuál es el protocolo cuando aparece un garbanzo negro entre las filas de este partido incompatible con la corrupción. Como los marines, el PP no deja nunca un hombre atrás; menos aún cuando se trata de uno de esos personajes siniestros que ha pasado por la cocina del infierno del partido: su tesorería. Sea Luis Bárcenas, sea Jesús Sepúlveda, sea Beltrán Gutiérrez Moliner, el protocolo habitual es siempre el mismo: proteger al tesorero como a la propia vida –probablemente, porque la vida depende de su silencio–. “Luis, sé fuerte”. Quien dice Luis, dice Beltrán.

Los gastos de la tarjeta 'black' de Beltrán en Caja Madrid están hoy bajo la lupa de la Fiscalía Anticorrupción y de la Audiencia Nacional. Pero no es la primera vez que su nombre acaba atufado por el nada sutil aroma de la corrupción. En una de las grabaciones que provocaron la investigación judicial de la Gürtel, Francisco Correa aseguró que Gutiérrez Moliner le había pedido una comisión de diez o doce millones de euros. Y en uno de los ordenadores de las empresas de Correa, durante un registro policial, apareció un archivo en Excel: "Relación actos E.A.-Beltrán.xls”. Beltrán es nuestro hombre del día y “E. A.” es Esperanza Aguirre. La Gürtel organizó todos los actos de campaña de la lideresa en 2003, el año del 'tamayazo', y su interlocutor directo, cómo no, era Beltrán Gutiérrez Moliner.

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Esto no es transparencia

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El pacto entre PP y PSOE para regular los viajes de los diputados es una oportunidad perdida que queda muy lejos de las mínimas exigencias democráticas. Para hacer esto, mejor no hacer nada. Para pactar esto, mejor no pactar nada. De muy poco sirve publicar cada tres meses el importe global que se ha gastado en viajes el Congreso. No hay posibilidad de control ciudadano en ese dato: no hay manera de saber con ese número si ese dinero ha estado bien o mal empleado, si alguien ha abusado. Sin más detalles, es una cifra tan inútil como ofrecer a los ciudadanos el gasto trimestral en grapas, la temperatura media en el Parlamento o los metros de moqueta de sus despachos. ¿Transparencia? Seguirá siendo un gasto tan transparente como el fondo de un pantano.

Sí hay algunos cambios, pero no son los necesarios. Los grupos parlamentarios tendrán que firmar una autorización a sus diputados para todos los viajes que no tengan como origen o destino su circunscripción electoral. Es un avance, pero es un avance muy escaso. Serán las direcciones de los propios partidos quienes ‘controlarán’ a sus diputados, un mecanismo que no habría evitado el abuso que ha motivado esta reforma, el caso Monago. El presidente extremeño formaba parte de la dirección del grupo parlamentario del PP en el Senado, así que se habría podido firmar a sí mismo la autorización de sus viajes a Tenerife para visitar a su amiga. Y todo arreglado.

Conocer los viajes de los diputados en ningún caso afecta a su intimidad. Son parlamentarios, no agentes secretos, y en todos los casos en los que se desplazan por razones de trabajo –de verdadero trabajo parlamentario– dejan rastro público de sus viajes en los medios; se puede saber dónde están siguiendo su Twitter. Publicar sus agendas y sus viajes no afectaría en nada ni a su autonomía política ni a su labor parlamentaria, pero sí vacunaría contra los abusos. Y el argumento de la intimidad –que es falso– no sirve como excusa para publicar el gasto total por diputado sin detallar destinos, un dato que seguirá siendo alto secreto de Estado.

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Rajoy rompe España

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“Hay un hecho innegable”, dice nuestro cachazudo presidente, “en Cataluña hay muchísimos más catalanes que independentistas”. Puestos a seguir con las cuentas rajoyanas, hay que recordar al amado líder que en España también hay más españoles que votantes del PP y más catalanes que fiscales. Y que si casi dos millones de independentistas le parecen pocos, Mariano Rajoy puede seguir trabajando, a su manera, para que esta cifra siga aumentando. Ha puesto mucho de su parte: con sus mesas recogiendo firmas contra el Estatut catalán por toda España, con los demagógicos anuncios de radio que pagó su partido, denunciando a los malvados catalanes y torpedeando la convivencia, o con su dañino inmovilismo; con la tozudez con la que se empeña en negar los problemas para ver si así se arreglan solos. 

Rajoy al menos ha hablado. Sólo tres días más tarde. Sólo después de que lo hiciesen todos los partidos, la UE y hasta David Cameron, primer ministro del Reino Unido. Y está la cosa tan mal que hay que agradecer que no hayamos tenido que esperar toda una semana para que el presidente en las antípodas de ese sentido común que tanto invoca nos contase lo que opina del 9N en una rueda de prensa desde Australia.

Rajoy ha hablado, pero la situación no ha mejorado porque de nuevo no ha dicho nada. Estamos donde empezamos: en la cerrazón de un presidente del Gobierno atrincherado en un búnker agrietado, un político que confunde la inconsciencia con la calma y que sigue fumándose puros mientras todo el edificio institucional se viene abajo. ¿Votar? Ni de coña, que es "antidemocrático". ¿Reformar la Constitución? Tampoco, que no hay necesidad alguna y todo va como la seda.

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Dimitir y devolver el dinero, esa extraña costumbre

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¿Pueden los diputados y senadores pagar con dinero público sus viajes personales? ¿Qué castigo hay si son pillados? Depende. Hay tres ejemplos muy similares con consecuencias bastante distintas.

El entonces senador del PP José Antonio Monago viajó una treintena de ocasiones a Canarias a visitar a una amiga. Después de mentir –y asegurar que eran viajes de trabajo porque los personales los pagaba de su bolsillo–, ahora dice que va a devolver el dinero. No dimite, por ahora.

El  diputado del PP por Teruel Carlos Muñoz también viajó gratis a Tenerife, a ver a la misma amiga de Monago en las islas Canarias, también a costa del Congreso. Él sí dimite, pero asegura que no piensa devolver el dinero.

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La vida privada no se paga con dinero público

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José Antonio Monago viajó 32 veces a Canarias. Durante un año y medio, se fue allí unas dos veces al mes, siempre en clase business. Pagó el Senado. Es decir, pagamos todos los españoles. No fueron viajes de trabajo, sino para visitar a una amiga, Olga María Henao, que hoy habla abiertamente en varios medios de su relación con el todavía presidente extremeño. "Nos vimos como cualquier pareja. Él vino a verme a Tenerife y yo fui a Extremadura", asegura en una entrevista en el periódico La Opinión.

Como cualquier pareja, no. El resto de las parejas se pagan estos viajes de su bolsillo.

Se pilla antes a un Monago que a un cojo. Cazado en culpa, la respuesta del presidente extremeño fue emprender una huida hacia adelante con una rueda de prensa surrealista. Monago se presentó como una víctima de oscuras conspiraciones donde no faltaban ni el fuego amigo ni los independentistas catalanes; amenazó con demandar a los medios en defensa de "su intimidad" y "su familia"; fue incapaz de aclarar siquiera qué encargo parlamentario merecía tanto viaje a Tenerife; homenajeó a Miguel Ríos –"vivo en la carretera"– e indirectamente a Jordi Pujol, al convertir este tema en un ataque a toda Extremadura… Todo para prolongar unas horas más esta agonía. Y con todo el PP, en Cáceres, dando lecciones a los atónitos ciudadanos sobre la lucha contra la corrupción y las prácticas de "buen Gobierno". Con Rajoy es posible.

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Los nombres que Esperanza Aguirre prefiere no recordar

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Esperanza Aguirre durante su entrevista el jueves en la SER. / Efe

La brillante cazatalentos que preside el PP de Madrid concedió este jueves  una entrevista a Pepa Bueno en la SER donde dio dos mensajes contradictorios. Por un lado, asumir su responsabilidad "in eligendo e in vigilando" por este nuevo caso de corrupción que ha llevado a la cárcel a quien fue su número dos. Por el otro, negarse a dimitir, justificando su error en que ella ha nombrado "a centenares de personas" de las que "sólo" le "han salido rana dos": López Viejo y Francisco Granados. ¿Sólo dos? Me temo que no. Además de este par de talentos con cuenta en Suiza, y de un buen montón de alcaldes corruptos más, Aguirre fue madrina política de muchos otros "errores" que hoy prefiere no recordar.

Benjamín Martín Vasco, imputado en la Gürtel. Exdiputado del PP en la Asamblea de Madrid. La 'lideresa' amnésica debería recordar que no sólo nombró a Martín Vasco en su lista electoral, sino que también fue testigo de su boda, un convite y una luna de miel que después descubrimos que había pagado la trama Gürtel. En 2004, Aguirre excusó su presencia en un concierto de homenaje a las víctimas del 11M porque tenía que estar en esta celebración. "Tenía comprometida desde hace tiempo mi asistencia a la boda de Benjamín, que es un buen amigo, y no quería variar mi agenda personal", aseguró hace diez años a El País.

Entre otras cosas, el "buen amigo" Benjamín participó en uno de los mayores pelotazos de la Gürtel: el del área 124 de Arganda del Rey. Hace ya cinco años, en Público escribí este artículo sobre aquella sucia adjudicación que me costó una demanda del hoy presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El ahora presidente de Madrid nos pedía una indemnización de 600.000 euros por dañar su honor, a pagar junto con otros tres compañeros de Público también demandados: Jesús Maraña, Manuel Rico y Félix Monteira. Hace unos días, el Tribunal Supremo nos dio la razón. La sentencia es bastante clara: nuestras informaciones eran contrastadas, rigurosas y veraces. González intentó que fuese la Comunidad de Madrid quien pagase el abogado, pero la jueza de primera instancia le obligó a pagar de su bolsillo la acusación.

En aquel artículo que me llevó al juzgado, detallaba –entre otras cosas– que desde Génova advirtieron en 2004 a Esperanza Aguirre de que aquella operación urbanística en Arganda del Rey olía mal.  En su declaración ante el juez Ruz, en 2013, Esperanza Aguirre confirmó esa reunión y reconoció que Mariano Rajoy y Álvaro Lapuerta le habían alertado de esa operación inmobiliaria.

Pese al aviso, aquel pelotazo de la Gürtel en Arganda del Rey no se paró.

Ginés López, imputado en la Gürtel. Exalcalde de Arganda del Rey y cuate del "buen amigo" Martín Vasco, que fue su gerente de urbanismo.

Jesús Sepulveda, imputado en la Gürtel. Exalcalde de Pozuelo y exmarido de la hoy ministra Ana Mato, la mujer que nunca vio en su garaje el famoso Jaguar que le regaló Francisco Correa. Cuando la Gürtel estalló, el PP obligó a López y a Sepúlveda a dimitir, pero la lideresa ni mucho menos les condenó. "Creemos absoluta y totalmente en la inocencia de estas personas", aseguró Aguirre. Era cuando la derecha acusaba a Garzón de una "cacería" contra el Partido Popular.

La confianza en Sepúlveda era tal que el PP le hizo dimitir del Ayuntamiento de Pozuelo, pero le mantuvo un generoso sueldo en el partido. Estuvo cobrando sin ir a trabajar hasta que eldiario.es lo publicó. Poco después de unas estrambóticas declaraciones de Carlos Floriano argumentando que Sepúlveda era "funcionario del partido" y que por eso seguía ahí, el PP finalmente le despidió.

Sergio Gamón, imputado en la trama de espionaje de Madrid. Ex director general de Seguridad Ciudadana de Madrid en el Gobierno de Esperanza Aguirre. Gamón fue durante años el jefe de los escoltas de Aguirre y marido de Yolanda Laviana, secretaria de la lideresa durante su paso por la presidencia del Senado. Laviana después fue recolocada como secretaria del director general de Telemadrid, Manuel Soriano.

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Tres presidiarios

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Tiene algo de justicia poética que el exconsejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid duerma en la misma cárcel de Estremera que hace sólo seis años inauguró. Pero la imagen que mejor resume el estado político del país es otra: el vídeo que difundió ayer Las Mañanas de Cuatro del abrazo de Francisco Granados con Luis de Guindos, durante la boda de la hija del ministro, el pasado 27 de julio.

En aquella boda, ya se sabía que Granados era, como poco, un gran defraudador: hacía meses que se había descubierto su cuenta en Suiza y había dimitido como senador. Pero entre las élites políticas conservadoras, robar al fisco no parece merecer ninguna reprobación social y el ministro de Economía puede abrazarse públicamente, sin vergüenza alguna, a todo un señor ladrón.

El abrazo, a su manera, está a juego con un Gobierno que ha aprobado una amnistía fiscal y que está presidida por un señor que le pedía a Luis Bárcenas que fuese fuerte cuando su botín escondido en paraísos fiscales salió a la luz.

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Aznar, el Prestador

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El expresidente del Gobierno no es un hombre de negocios cualquiera. José María Aznar sigue en política en cargos nada menores: como presidente de honor del PP y como presidente de la FAES. También mantiene una oficina del expresidente, que pagamos los contribuyentes, y que Aznar involucró en sus negocios personales como si fuese lo más normal.

El acuerdo que firmó con una filial de Abengoa tampoco es un contrato cualquiera. No es muy habitual una “comisión de éxito” de hasta seis millones de euros a cambio de una asesoría donde sólo por intentarlo te llevas 100.000 euros de adelanto nada más empezar. Abengoa construyó su primera desaladora en Libia en 1978. ¿Exactamente para qué necesitaba esta compañía contratar a Aznar? ¿De verdad los conocimientos del expresidente sobre "las instituciones públicas" libias y su "legislación local" valían un 1% de comisión de todas las adjudicaciones públicas que pudiesen ganar?

Muamar el Gadafi tampoco era un “amigo” cualquiera: fue un dictador que gobernó a sangre y fuego durante 42 años su país, mientras su familia vivía a todo lujo y acumulaba un patrimonio de varios miles de millones de dólares en paraísos fiscales por todo el mundo que aún está por rastrear. Fue también un tirano al que Aznar mimó e intentó rehabilitar durante los años en los que presidió nuestro país. Su amistad, tan rentable, se cultivó con la ayuda de una diplomacia que también pagaste tú. La comisión que firmó Aznar y los 100.000 euros que se llevó de adelanto son otra puerta giratoria más.

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El cuento de la abuelita

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El chiste de Manel Fontdevila es de 2009 pero sigue en plena vigencia.

Érase una pobre abuelita sexagenaria que presidía un partido madrileño incompatible con la corrupción. A pesar de su alegría y su bondad, la abuelita tropezaba una y otra vez con malvados políticos que se aprovechaban de ella y abusaban de su confianza para robar. Bajo las faldas de esta sexagenaria de voz temblorosa, creció un consejero de Deportes llamado Alberto López Viejo, que se llevó 5,5 millones de euros en mordidas de la Gürtel. Y unos consejeros de Sanidad llamados Juan José Güemes y Manuel Lamela, imputados por cohecho y prevaricación. Y un presidente de la patronal como Gerardo Díaz Ferrán, hoy preso en Soto del Real. Y un montón de alcaldes, concejales y diputados autonómicos que hicieron de la Comunidad de Madrid un lodazal que la pobre abuelita se afanaba por limpiar. 

La abuelita se llama Esperanza Aguirre y ayer volvió a tomar el pelo a los ciudadanos con otro cuento increíble de tragar. A la pobre sexagenaria la han vuelto a engañar, una vez más. Ha descubierto, "alucinando en colores", que lo que medio Madrid ya sabía sobre Francisco Granados era verdad: que su fiel lugarteniente era un político corrupto, un chorizo, un ladrón que al parecer se forró cobrando comisiones del 3% aquí y allá. 

"Si hubiera tenido la sospecha más mínima, habría actuado con prontitud", dice ahora Esperanza Aguirre. No puede ser más cínica. Descartado que Aguirre sea estúpida, sólo queda pensar que no se quiso enterar. Francisco Granados es el mismo político  al que le quemaron un coche en su garaje que estaba a nombre de un constructor de su pueblo pero conducía su mujer. En lugar de sospechar, Aguirre llegó a decir que era "un atentado político". 

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sobre este blog

Ignacio Escolar

Ignacio Escolar es periodista. Es el director de eldiario.es. Fundador y primer director de Público. Autor de escolar.net. Analista político en radio y televisión: en Hoy por Hoy de la Cadena SER o en Las Mañanas de Cuatro. Más en www.escolar.net/about.

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