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Cambio climático 1-Humanidad 0: hora de dar la vuelta al marcador

El cambio climático significa crisis de recursos vitales como el agua o los alimentos, lucha por los recursos escasos, aumento inevitables de las migraciones humanas, mayor desigualdad, y por supuesto, más conflictos y violencia

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La cantidad de gases causantes del cambio climático alcanzó un nuevo máximo

Imagen de archivo datada el 2 de marzo del 2012 que muestra vapor y humos saliendo de las chimeneas de la planta Niederaussem en Bergheim, Alemania. / Efe

El 2014 será el año más cálido registrado desde 1850. El calentamiento del planeta es una realidad y hoy sabemos con certeza que el cambio climático es de origen humano. Esto está tan claro como que necesitamos la colaboración de aquellos que escriben las políticas y las leyes para que nuestra forma de vivir, producir y consumir deje de alimentar al monstruo que hemos creado.

En este sentido, nuestros representantes políticos tienen una nueva oportunidad esta semana en la Cumbre Climática COP20 en Lima para poner los intereses de la ciudadanía y del planeta por delante de sus intereses particulares y de los lobbies energéticos. Vigilancia máxima: es la última etapa antes de la gran conferencia de París en diciembre 2015, donde se establecerá la agenda de compromisos post-Kioto.

¿Hay motivos para la esperanza?

Pues pocos y muchos porque, a día de hoy, la contradicción es la reina en esta fiesta. COP20 será un paso adelante en caso de que se tomen las decisiones correctas en materia de ahorro de emisiones, eficiencia energética y renovables, y que los gobernantes asuman su responsabilidad histórica con las generaciones que vienen y las que ya está padeciendo hoy los efectos del cambio climático.

Sin embargo, no llegamos con una buena mano a la cumbre. Copenhague en 2009, que será recordada por la frustración generalizada que causó, abrió un ciclo particularmente nocivo de cara a una lucha eficiente y justa contra el cambio climático. Ya sea luego en  Durban Doha, los jefes de Estado postergaron una y otra vez los compromisos exigidos por el Grupo de Expertos sobre Cambio Climático (llamado IPPC), el cuerpo científico con mayor legitimidad del planeta: mantener el calentamiento global por debajo de 2 grados centígrados.

Se hace saber: en cada plaza, barrio, despacho en el que cada día se tomen decisiones energéticas, que las promesas de reducción de gases de efecto invernadero actuales suponen unas consecuencias para nada deseables. Porque el cambio climático significa crisis de recursos vitales como el agua o los alimentos, lucha por los recursos escasos, aumento inevitables de las migraciones humanas, mayor desigualdad, y por supuesto, más conflictos y violencia.

Irresponsable: con el planeta no se negocia.

Por desgracia, con la aprobación de sus objetivos para 2030 la Unión Europea (UE) ha puesto de relieve que carece de ambición en cuanto a reducciones de emisiones. Además solo plantea metas indicativas sin disposiciones vinculantes para los Estados miembros de la UE.

Es un triple error:

1) Ecológico: supondrá, por ejemplo, en España mayores sequías con sus correspondientes impactos en la agricultura, la gestión del agua o el turismo.

2) Económico: al rebajar sus objetivos climáticos, la UE manda una señal muy negativa para movilizar los inversores y las empresas que participan en la transición energética.

3) Estratégico: la UE seguirá siendo dependiente energéticamente del exterior, lo cual nos cuesta 400.000 millones al año.

Por su parte, China y Estados Unidos –responsables conjuntamente de casi la mitad de las emisiones mundiales– han firmado lo que muchos analistas no han dudado en calificar de acuerdo "histórico". Veamos. Estados Unidos propone reducir sus emisiones de 28% en 2025, en relación a 2005, el año en el que más C02 emitió, situándose así muy lejos de los objetivos marcados por los científicos. Por su parte, China se ha comprometido a llegar al máximo de sus emisiones en 2030. Desde luego, lo histórico del acuerdo será el nivel récord de emisiones mundiales en 2030!

Sin embargo, no podemos esperar hasta esta fecha. Hasta la muy institucional y conservadora Agencia Internacional de la Energía lo reconoce. Según esta agencia, 2017 es el año límite para acotar el incremento de temperaturas a niveles no irreversibles, lo cual significa actuar sí o sí en esta década. Dicho de otro modo: el coste de no hacer nada o demasiado poco es mucho mayor que el coste de actuar hoy. Para ello, en Lima se necesitan un objetivo claro: dar luz a una hoja de ruta que permita la firma en la COP21 de París de un acuerdo vinculante. Este acuerdo tendrá que comprometerse con reducciones valientes y obligatorias de C02 que permita cumplir con lo planteado por los científicos internacionales y llegar en 2050 a una economía totalmente descarbonizada.

¿Cómo lo hacemos?

1. Poniendo la transición energética en el centro de la agenda política.

2. Poniendo punto y final a las subvenciones a combustibles fósiles, que reciben 775 billones de dólares al año, mientras solo se invirtió 101 billones de dólares para renovables en 2013.

3. Poniendo en marcha de una vez el plan de financiación internacional para adaptación y mitigación del cambio climático en los países del Sur (que, a pesar de haber contribuido mucho menos que los países industrializados del Norte son los principales afectados por el calentamiento global).

No es tiempo de palabras, sino de acciones. Digan lo que digan los gobernantes en esta cumbre, sabemos lo que necesitamos: un nuevo modelo energético que apueste firmemente por la reducción del consumo energético, la eficiencia energética y las renovables. Hablamos de una  transición ecológica y energética de la economía basada en la sobriedad y la solidaridad, y capaz de generar millones de nuevos empleos sostenibles y dignos. Ante la corrupción energética endémica, es también una transformación democrática donde la ciudadanía recuperamos el poder de decidir y controlar nuestra política energética.

Porque no nos equivoquemos: hagan lo que hagan los líderes mundiales en Lima, la pelota también está en nuestro, tu tejado. La lucha contra el cambio climático empieza en casa, en el trabajo, y en las plazas, con acciones individuales, pero sobre todo, con proyectos colectivos que promueven una vida digna para todas y todos en un planeta sostenible. Decidan lo que decidan allí en Lima, la ciudadanía ya estamos en marcha y haremos lo máximo para dar la vuelta al marcador.­

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