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El dibujo viral de Nico y el paternalismo educativo

¿Debemos celebrar que la principal enseñanza que podamos dar a unos estudiantes es primero, algo que ya saben y segundo, el miedo y el control sobre la producción de imágenes virales?

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Nico, el muñeco viral para concienciar sobre el uso de las redes sociales.

Nico, el muñeco viral para concienciar sobre el uso de las redes sociales.

Esta semana se ha viralizado un meme que propuso Esmeralda Reviriego, una profesora de Geografía e Historia del Instituto Las Veredillas de Torrejón de Ardoz. En sus propias palabras la intención era "que los alumnos tomen conciencia de la importancia de tener el control sobre lo que publican en las redes sociales, de que sus actos tienen consecuencias". El éxito de su acción es tal que la profesora ha declarado que "muchas organizaciones nos han pedido que demos ahora otro uso a Nico, más reivindicativo". Y no es para menos, porque el mensaje de fondo contiene una forma de abordar la educación en medios que habría que replantearse seriamente.

Cualquier herramienta puede tener muchos usos y no está demás recordar lo que NO debe hacerse con ella. Pensemos en unas tijeras: es muy importante hacer ver al niño que pueden usarse para hacer daño. Pero en esta obsesión por enseñar lo que no debe hacerse con ellas, ¿no estamos perdiendo la oportunidad de enseñar usos no dañinos? Por otra parte, ¿creemos que mostrando lo que NO debe hacerse vamos a evitar que se haga? ¿Debemos celebrar que la principal enseñanza que podamos dar a unos estudiantes es primero, algo que ya saben y segundo, el miedo y el control sobre la producción de mensajes virales? Internet es como unas tijeras: por supuesto que pueden cortar, pero hay miles de usos para conseguir cosas maravillosas.

Marc Augé dijo en una entrevista La Nación sobre las nuevas tecnologías que “sólo intensificando la relación con los medios y con las imágenes se podrá controlarla (...) si se les enseña a los niños a hacer películas, estarán menos alienados con la imagen, porque comprenderán que es algo que se fabrica. Hay que formarlos no como consumidores, sino como creadores. El nuevo humanismo es eso: formar a la gente para que controle los instrumentos. Formarlos para crear”. Pero además de esta puntualización, ¿de verdad creemos que los estudiantes no son conscientes de cómo funcionan las imágenes en red?

Recientemente en un evento en el que tenía que facilitar una mesa de trabajo sobre Alfabetización Mediática y Género, un grupo de profesores se lamentaba sobre el hecho de que muchos de sus estudiantes (la mayoría de secundaria) no tenía conocimientos sobre cómo usar críticamente los medios. Mariló Fernández, perteneciente al colectivo La Fundició, mostraba el Instagram de algunas amigas de sus hijas y nos dedicamos durante un rato a analizar las imágenes. Hubo dos cosas que resultaban llamativas: la primera de ellas era que las fotos tenían una calidad técnica de factura profesional. La iluminación, los encuadres, la escenografía, el acting...todo. La segunda, el mensaje de las mismas era de hipersexualización de los propios cuerpos. Mariló es una feminista convencida y compartía una reflexión muy interesante y era: ellas ya están alfabetizadas mediáticamente, saben perfectamente cómo se usan las herramientas, saben de su poder y de sus posibles consecuencias. El tema es que hacen lo que quieren porque quieren. ¿Entonces? ¿Cómo intervenir críticamente en un espacio donde los adultos no son capaces de entender los códigos porque niegan algunos de sus valores y principios?

Es probable que no haya respuestas mágicas ni simplificadas. Pero parece que tratar de dar una lección a los estudiantes sobre “lo rápido que puede viralizarse una imagen” o que “sus actos pueden tener consecuencias” suena bastante paternalista e ingenuo con respecto al uso que de las redes y los medios que ya están haciendo los jóvenes. ¿No parece más sensato establecer espacios de conflicto dialogado y de negociación del sentido de las imágenes producidas? O como mínimo, enseñar y viralizar usos maravillosos de la red, que los hay.

Otra pregunta que puede darnos una pista sobre por qué Nico podría ser en realidad muy escéptico con respecto al experimento y no tanto “asombrado por el poder de Internet y las consecuencias de compartir una imagen en redes sociales”: ¿Hemos leído alguna declaración de los estudiantes de la profesora? ¿Nos hemos molestado por saber cómo piensan esos niños y niñas con respecto al uso de las redes y la gestión de su identidad en redes sociales? Pero no me refiero al típico total televisivo, normalmente precocinado y dirigido de nuevo por adultos para obtener la respuesta que queremos atribuirles: me refiero a una ejercicio de escucha profundo, generoso, pausado, reflexivo y crítico sobre el uso de medios que hace nuestra juventud.

Esta ausencia de su opinión es un síntoma de que si realmente queremos incidir en ellos debemos contar con su opinión y no seguir reproduciendo un modelo de educación decimonónico en el que la instrucción es la base y “aquí se hace lo que dice el profesor” (ergo, el adulto). Por eso, en vez de decirle a Nico: “Ves, la red es peligrosa y tu imagen ha llegado a todas partes, especialmente a las oficinas centrales de Adidas”. Podríamos decirle: ¿Cuáles son tus enseñanzas de este viaje, Nico?

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