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Lo que la ruptura de Jaime Altozano y Ter nos enseña sobre las relaciones en tiempos de YouTube

Jaime Altozano y Ter anuncian su ruptura en un vídeo conjunto.

Felipe G. Gil

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El reguero de imágenes que producimos en nuestras vidas actuales nos lleva a dejar todo tipo de rastro digital, también de nuestras relaciones. Si no eres una persona públicamente conocida y usas redes sociales lo normal es que tus cuentas (de TikTok, Instagram o Facebook) terminen albergando más de una pista sobre las personas con las que compartes tu vida, especialmente si se trata de tu pareja. Cuando además eres una persona pública, hay dos momentos especialmente sensibles: anunciar el inicio de una relación y el final de la misma. 

Jaime Altozano es músico, compositor y productor musical. Conocido por sus vídeos en YouTube donde explica teoría musical, analiza bandas sonoras y comenta noticias musicales. TER, por su parte, es arquitecta y especialista en cultura pop y diseño. En su perfil de Instagram se define como “hija de Internet”. Hace ahora cinco años ambos anunciaban en un vídeo que estaban juntos.

“Llevamos un año juntos ya. Hay mucha gente que lo ha adivinado”, decía TER. “Habéis visto que algunos de los libros de las estanterías coinciden”, comentaba Jaime Altozano. Ya se conocían de redes. Tal y como explica el propio Altozano en el vídeo, él le compró un poemario autoeditado y ella le escribió, quedaron y comenzó la historia de amor. 

[Sálvame alert] Es posible que en este punto del texto te preguntes cuál es la relevancia de hablar de la vida privada de dos personajes públicos [fin de la Sálvame alert]. Justo ese es el tema que merece ser analizado en el caso de dos creadores de contenido que no son precisamente candidatos a salir en la prensa rosa pero que sí han cultivado sus respectivos fandoms (comunidades de fans) y cuya relación ha generado conversación antes, durante y después de la misma. 

Las relaciones sentimentales en tiempos de redes sociales son un tema complicado. Por un lado, tenemos un nuevo rango de posibilidades donde las generaciones más jóvenes están creciendo en un contexto de identidades diversas y no binarias. También se ha ampliado el abanico de vínculos y cada vez hay más formas de nombrar lo que no necesariamente es noviazgo o amistad. 

Sin embargo, el mainstream es el mainstream y “tener pareja” sigue siendo la opción mayoritaria (según el CIS, un 75,3% de la población adulta en España afirma tenerla). Por eso resulta complejo afrontar el momento de la ruptura, tal y como recogía en este artículo Juanjo Villalba hace poco. Especialmente en el momento de anunciarlo, porque suele ser percibido como un momento muy binario: o estás o no estás. Juntos o separados. Matrimonio o divorcio. El pasado 9 de mayo, TER y Jaime Altozano anunciaban en otro vídeo el fin de la relación de pareja.

“Lo hemos dejado ya hace bastante tiempo, pero no lo habíamos dicho en redes. Pues igual que cuando empezamos a salir tardamos bastante en decirlo”, dice Altozano. “Llevamos muchísimo tiempo con elucubraciones en redes”, comentaba TER. “Hasta TikTok ha puesto un autorresultado de búsqueda que es ter y jaime terminaron”, apostillaba Altozano. 

El vídeo ha sido subido a una cuenta que se llama Jaime Altozano 2, que no tiene ni avatar. Con lo cual se intuye que ambos quieren dar el tema por zanjado. Resulta curioso ver la tristeza irónica y cómo esta se despliega en los comentarios: “Sufrí menos cuando mis padres se divorciaron”, “mi día no podía ser peor”, “me siento como si estuviera viendo el final de La La Land”, “iba a decir que ya no creo en el amor, pero ha sido extremadamente esperanzador y positivo”. 

En este comentario es donde está la clave de lo que podemos aprender de esta ruptura de dos personas conocidas y queridas en Internet y que, sin embargo, probablemente nunca llegarán a estar en las portadas de la prensa del corazón convencional. Entre risas y con mucho cariño, Altozano decía: “Lo hemos dejado porque tenemos caminos vitales muy diferentes, objetivos de vida diferentes y no somos compatibles en esa dimensión. En otras muchas hemos sido muy compatibles” y TER completaba: “Fue una ruptura muy amistosa, no fue antagónica”.

El vídeo explica lo que muchas parejas afortunadamente han vivido: la ruptura de la relación de pareja seguida de un vínculo amistoso en el que se mira a dicho periodo de la vida con cariño y admiración por la otra persona. La divergencia de caminos como algo normal y natural. Hasta aquí, no parece haber nada novedoso: lo realmente llamativo es elegir decirlo públicamente, con espontaneidad, teniendo entre ambos más de cinco millones de seguidores en YouTube.

En un contexto donde hay un repliegue reaccionario con chicos jóvenes dejándose seducir por el relato de los cryptobros que venden fórmulas de éxito financiero y ofrecen rancias y caducas estrategias de seducción heteronormativas o en un mundo donde la toxicidad en redes es motivo de conversación y estudio -véase este publicado en la revista Nature-, resulta esperanzador afrontar la ruptura de la pareja sentimental con naturalidad, cariño y sensatez. 

El mundo es un lugar complejo. Como contaba en este otro artículo Marta Sader, aunque “los millennials y la generación zeta practican sin complejos la poligamia, han acuñado el término situationship (que denomina una relación íntima temporal, sin promesas ni obligaciones), se mantienen alerta ante los rasgos más tóxicos del amor romántico descritos en los libros de Eva Illouz y los cómics de Liv Stromquist, y son muy conscientes de que el amor tiene fecha de caducidad (...) Luego caen (una vez más), en el cuento de hadas protagonizado por Rosalía y Rauw Alejandro”. Porque no se cambia de la noche a la mañana los modelos de relación social y cómo negociarlos en espacios comunitarios. 

“Nosotros somos personas muy privadas. Pero en la naturaleza youtuber está el compartir un poco tu vida con tu audiencia, porque yo no voy a un plató a grabar, estoy en casa grabando (...) Las relaciones pueden acabar bien, mal o regular. Y esta ha acabado bien”, decía Altozano en el vídeo. 

El estudio de la revista Nature mencionado anteriormente apunta hacia el hecho de que la toxicidad es inherente al ser humano y no algo que venga dado por la tecnología. Sin embargo, el sesgo en el diseño de los algoritmos y cómo estos podrían llevar fomentando la polarización e hipertrofiar nuestras emociones nos deben hacer celebrar que dos personajes públicos de la esfera digital decidan poner fin a su relación de forma amistosa y saludable. Especialmente en un momento donde resulta tan complicado lidiar entre qué es íntimo y qué es compartible. 

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