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"Soy hombre y en las reuniones se dirigen a mí y no a mis compañeras con más experiencia"

Fernando tiene 28 años y trabaja en una multinacional: "El 90% de miradas y gestos de los clientes son hacía mí e incluso contactan sólo conmigo a pesar de insistir en que sean a ellas a quien se dirijan también"

Este trabajador ha advertido más cosas: "Cómo te invitan a un café al terminar o cómo se acuerdan de tu nombre y no del de ellas. Tengo la sensación de que los que vienen a ofrecernos servicios no creen que una mujer pueda tomar decisiones", dice

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Tengo 28 años, soy hombre y trabajo en una multinacional. En mi empresa hay bastante paridad laboral en cuánto a números, pero los puestos de responsabilidad lo ocupan los hombres mayoritariamente. También los sueldos son igual de dispares y de hecho puedo decir que se "revisan" con asiduidad si de un hombre se trata.

En mi departamento, cuando viene algún proveedor o comercial nuevo, dos compañeras y yo que llevamos los mismos temas atendemos estas visitas juntos. El problema es que siempre intentan venderme o convencerme a mí, incluso delante de una de mis compañeras que tiene más experiencia que yo. Pero es indiferente, el 90% de miradas y gestos son hacía mí e incluso contactan sólo conmigo a pesar de insistir en que sean a ellas a quien se dirijan también.

O cómo te invitan a un café al terminar o se despiden de ti el último con más interés. O cómo se acuerdan de tu nombre y no de el de ellas. Tengo siempre la sensación de que los que vienen a ofrecernos servicios, hombres en su mayoría, no creen que una mujer pueda tomar decisiones de responsabilidad y apartan a las mujeres como si de oyentes se tratase.

Si cualquiera de estas compañeras hace una pregunta, duda o comentario, al responder, lo lógico es centrar tu respuesta en ella que es la que lanza la cuestión, por educación y que leches, ¡por lógica! Pues adivinad. Durante estas visitas intento implicar a mis compañeras y si el interlocutor no las hace partícipes, intento referirme directamente a ellas, preguntando su opinión y forzar su espacio propio en la conversación. A veces he llegado a bajar mi atención o quitar la mirada para tomar apuntes y noto como frena la conversación. Me produce mucha incomodidad. Porque incluso cuando el interlocutor hace preguntas para adecuar su venta me las hace a mí, como si sólo yo pudiera resolvérselas. 

En cambio, he detectado que esto no sucede cuando hay más hombres en la misma reunión, entonces se reparte la atención de la misma forma pero siempre excluyendo a las mujeres presentes. Esto pasa a diario en mi oficina. Ojalá llegue el día en que una mujer y un hombre puedan aspirar a un trabajo, a una responsabilidad y a un sueldo por valía propia y esfuerzo. No por su condición. Y que todos y todas respetemos en una reunión a todos los partícipes de la misma.

Fernando

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