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Me compré un coche para volver de fiesta sin miedo pero lo sigo teniendo

Marta asegura que lo hizo "para no tener que coger un autobús nocturno lleno de borrachos que si les parece divertido te hacen el trayecto imposible"

"Que alguien te acompañe hasta donde lo tengas aparcado", le dijeron sus padres, un comentario que le recordó que el miedo "nunca se va"

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Detalle de un coche. EFE

Cuando hace un tiempo tomé la decisión de gastarme el dinero que tenía ahorrado en un coche, no lo hice porque lo necesitara para ir al trabajo por las mañanas o para ir a clase por las tardes. En estas situaciones siempre uso transporte público o comparto coche. Decidí comprarme uno principalmente para esos fines de semana que salgo con mis amigos, para no tener que pedir a mis padres que me vengan a recoger a las cuatro de la mañana porque, de otra manera, tendría que coger un autobús nocturno lleno de borrachos que si les parece divertido te hacen el trayecto imposible. También para no tener que andar de noche mirando de vez en cuando por encima del hombro.

Así que, harta de estar más pendiente de la vuelta a casa que de la conversación con mis amigos, invertí mis ahorros en lo que consideraba mi independencia, mi libertad. Estaba tan contenta. Tras la compra, esperaba que mis padres me echaran un sermón sobre la responsabilidad de no beber cuando se va a conducir. Pero no, su comentario fue: "Que alguien te acompañe hasta donde tengas aparcado el coche".

El comentario fue como un jarro de agua fría. Después de todo sigo necesitando un guardaespaldas. Hagas lo que hagas, coger el transporte público, un taxi, o tu propio coche, ese miedo nunca se va. La calle no es segura para las mujeres y por eso nosotras mandamos mensajes a nuestros amigos cuando hemos llegado a casa: "Ya he llegado, buenas noches". No es por educación, en realidad lo que estamos queriendo decir es "ya estoy a salvo".

Seguiré disfrutando de mi coche y bailando y riéndome con mis amigos cada fin de semana. Porque el machismo podrá quitarnos muchos derechos, pero no las ganas de vivir.

Marta

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