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¡Esto es la guerra!

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Nunca antes como ahora, en la Región de Murcia se había producido una lucha tan encarnizada como la que se está librando actualmente en el seno del Partido Popular, acostumbrado a la tranquilidad del poder y a saborear las mieles de la victoria legislatura tras legislatura durante los últimos veinte años, que se dice pronto.

El partido gobernante jamás imaginó verse como se ve, a pocas fechas vista de la elecciones, sin candidatos y con sus propias encuestas en contra, no contando más que con el 28% de los votantes.

La pelea por ganar la primera posición en la lista a las autonómicas se ha convertido en una auténtica batalla campal entre los partidarios de Pedro Antonio Sánchez, “el delfín”, y los del actual presidente Alberto Garre, que no parece estar dispuesto a entregar las armas, a pasar a la historia como un convidado de piedra y a ser conocido como “el breve”.

El primero, acorralado por la justicia, ve peligrar su prometedor futuro tras haber sido elegido por el todopoderoso Valcárcel como su sucesor. Y el segundo, qué curioso, elegido también por el mismo Valcárcel para el puesto, de rebote y como tercero en discordia cuando Juan Carlos Ruiz fue apartado de la competición, parece haberle salido rana a Ramón Luis.

 

En todas las guerras hay muertos en los dos bandos, y en ésta no son pocos los que están cayendo en desgracia

 

El presidente regional le ha cogido el gusto al mando y encima ha encontrado a su tarea reconocimiento interno y externo, lo que le alienta después de toda una vida en el partido a presentar su candidatura abiertamente y para disgusto de quienes no contaban con él para nada más que una sustitución por baja transitoria, ya que la “continuidad” tras la marcha del eurodiputado estaba asegurada con la llegada del actual Consejero de Educación.

El veterano Garre, a la chita callando, ha recogido el sentir ciudadano contrario a la corrupción y a los corruptos, y ha marcado con claridad la raya que separa lo permitido -“en las listas imputados no” ha dicho-, sabedor como sabe, por ser político experto, que los votantes no perdonan. Y en este caso parece que los militantes, por lo menos unos cuantos, tampoco, incluídos los que contemplaron su arribada a San Esteban con escepticismo y ahora lo ven como el capitán que en caso de zozobra de la nave, te da la seguridad de que no va a haber naufragio.

En todas las guerras hay muertos en los dos bandos, y en ésta no son pocos los que están cayendo en desgracia en el tiempo presente, y los que se han jugado para siempre su futuro político. Las espadas están en todo lo alto, y quien gane la apuesta lo hará dejando herido de gravedad al partido que de manera hegemónica ha ostentado todo el poder en las dos últimas décadas.

Y a todo esto, Cámara despidiéndose de sus acólitos. ¿Irá "de farol"? Sánchez, Cámara y Barreiro o Garre, Fayrén o Pelegrín y… ¡¡Hagan juego!!

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