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No me toquen el IRPF

Mientras el Impuesto de la Renta es progresivo porque pagas en función de lo que ingresas, el IVA, el rey de los otros, es un villano ciego que se aplica a todo producto o servicio sin mirar quién lo adquiere o... ¿acaso le han pedido a alguien la declaración de la renta en la peluquería?

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Montoro dice que "España no está para ensayos" y alerta del riesgo de "fiar el país a los aprendices". | EFE

Como Persona Física que soy no quiero que me bajen el Impuesto de la Renta. No me toquen el IRPF. De hecho, no me importaría estar entre los 12.000 cántabros que tendrán que pagar más porque tienen una renta anual bruta que alcanza los 55.000 euros; y eso es algo que le oigo a bastantes personas. Por cierto, ¿no les parece que son muy pocas las personas que cobran esos salarios?

Que no, que no me toquen el IRPF, que soy una de esas frikis que cree que con mi dinero se contribuye a pagar la educación, la sanidad, la dependencia y hasta las carreteras y todas esas cosas que llaman infraestructuras. Si Hacienda tiene a bien que yo tenga más dinero en la cartera para que gaste más que reduzcan los impuestos indirectos que son los que gravan el consumo. Esos impuestos de valor añadido pesan en el precio de los bienes de los que no podemos prescindir o cuya escasez nos hace perder calidad de vida.

Mientras el Impuesto de la Renta es progresivo porque pagas en función de lo que ingresas, el IVA, el rey de los otros, es un villano ciego que se aplica a todo producto o servicio sin mirar quien lo adquiere o... ¿acaso le han pedido a alguien la declaración de la renta en la peluquería? 

A nadie le gusta pagar impuestos pero es posible que los tributos sean el precio que pagamos por vivir una sociedad civilizada. Sin rompernos en exceso la cabeza, vamos a entender que una sociedad civilizada es aquella en la que se vive con una relativa equidad social. Demos por hecho, y es mucho decir, que tenemos un sistema en el que todos contribuimos a una caja común en la que aportan más los que más tienen. 

Y no, no quiero que me toquen el IRPF. Unos supuestos nueve euros de rebaja me podrían servir, por ejemplo, para ir al cine una vez al mes. Ni siquiera alcanzan para comprar un libro. No será mejor, digo yo con mi pensamiento simple, dejar esos nueve euros en la hucha de todos y que Hacienda baje el IVA cultural. Así, igual, quizá esté equivocada, con el precio de la entrada más barato a lo mejor podrían ir más personas a ver una película.

Se me ocurre que para darle alegría a la economía, lo que viene a ser incentivar el consumo, no es obligatorio bajar los impuestos que gravan en función de la renta o el patrimonio. ¿Por qué no se prueba con el IVA? Y no solo el cultural, sino el de otros productos.

Nada que queramos echarnos a la boca se libra del tipo impositivo del 4%. En caso de alguien tenga la osadía de darle valor a la apariencia y pretenda lucir una cabellera decente, una sonrisa digna o ver bien lo que pagamos debe apoquinar el 21%. Peluqueros, dentistas y ópticos te lo clavan sin anestesia o también puede ser que ellos hayan rebajado algo sus propias tarifas para no quedarse sin clientela.

¡Si hasta los servicios funerarios tienen un 21%! Pero claro, ese impuesto nos da igual, ya lo pagarán otros...

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