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“Hay que enamorarse del proceso de la escritura, no del resultado que podamos obtener”

La escritora Luisa Etxenike destaca que escribir requiere ambición, esfuerzo y leer previamente "muchos y buenos libros"

 

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Luisa Etxenike durante su intervención en los cursos de verano de la UPV.

Luisa Etxenike durante su intervención en los cursos de verano de la UPV.

“No podemos empezar a escribir un relato sin antes haber leído mucho y buenos libros”. Es la primera advertencia de la escritora donostiarra Luisa Etxenike, quien  ha analizado en el taller de verano de la Universidad del País Vasco ‘Rutas para un relato extraordinario’ algunos elementos para reflexionar y tener presentes a la hora de escribir un relato.

Según Etxenike, la escritura siempre tiene un componente psicológico. Además, escribir requiere ambición y esfuerzo. Para desarrollar esas dos características “es muy importante leer”. “No podemos empezar a escribir un relato”, añade, “sin antes haber leído mucho y buenos libros. Es como decirle a un futbolista que va a ser el mejor del mundo solo jugando con un balón en el patio de su casa”.

Pero la escritura también es humildad, “saber dónde está la meta, llegar hasta el final y reconocer los pasos que se han dado para llegar hasta allí”. La escritura requiere tiempo y por eso “hay que enamorarse del proceso, no del resultado que podamos obtener”.

Según Etxenike, se puede aprender del cine para escribir, incluso de los medios que están hechos para “seducir, como es la publicidad”.

Mediante el análisis de un cuadro de Paolo Uccello la escritora ha definido el elemento de la perspectiva en la escritura. “La perspectiva es un componente óptico, dependiendo de dónde estés situado verás unas cosas u otras”. Por eso se dice que hay dos tipos de narradores en la escritura, el que cuenta el cuento en tercera persona y el que lo hace en primera persona.

“A la hora de escribir un relato, se debe determinar qué tipo de narrador va a ser el que relate la historia, lo que influirá en la perspectiva desde la que se traten los acontecimientos. Si el narrador está en primera persona, significa que es uno de los personajes de la historia, y por lo tanto, va a tener una perspectiva limitada de lo que ocurra. Sin embargo, si el narrador está en tercera persona, es decir, es omnipresente, su perspectiva será ilimitada, porque lo observa todo desde fuera. Está a una distancia narrativa que le permite ver el mundo exterior, incluso el mundo interior de los personajes”.

Sin embargo, hoy en día, aunque el narrador esté en tercera persona, empieza a ser habitual que se centre en uno de los personajes de la historia. “No vamos a encontrar un narrador omnipresente del todo. Hoy son narradores que pudiendo contar todo desde una perspectiva ilimitada, se centran en un personaje. Dejan de ver todo el mundo exterior para centrarse en el mundo interior de una persona del relato”, ha subrayado Luisa Etxenike.

Documentarse bien

Otro elemento que se debe tener en cuenta al escribir es el contexto en el que se va a desarrollar la historia y ser consciente de cómo es la realidad. “Es más fácil viajar en el espacio que en el tiempo. Hay que documentarse bien, porque a veces los relatos no se entienden si no tenemos información concreta de la época en la que queremos narrar la historia”. Además, hay que buscar contextos adecuados para desarrollar una historia. “Muchas veces vemos conversaciones entre dos personas en mitad de la calle, en las que no hay ningún ruido y se entiende todo a la perfección. Eso no refleja la realidad tal cual es, porque en la calle siempre hay ruido. Por eso tenemos que tener en cuenta las características del contexto para desarrollar la historia”.

Ordenar el caos y establecer relaciones es otro de los fundamentos de la escritura. Dependiendo de cómo se combinen dos elementos en una historia, las interpretaciones serán distintas. Para comprender este aspecto, Luisa Etxenike ha proyectado un vídeo de Hitchcook en el que mostraba las reacciones que tenía la gente sobre una misma persona en dos contextos diferentes. La primera era un hombre sonriendo mientras observaba a una mujer cuidando de un niño pequeño. La segunda imagen era el mismo hombre, sonriendo también, pero mientras miraba a una mujer en bikini. “Cuando vemos la primera imagen el señor nos parece adorable, pero con la segunda pensamos que es un viejo verde”. Por ello, dependiendo el orden de las cosas, las interpretaciones serán distintas.

 

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