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“Las víctimas del terrorismo son incómodas para la sociedad”

Eduardo Mateo, responsable de proyectos de la Fundación Fernando Buesa, analiza la contribución de las asociaciones y fundaciones a la visibilidad de las víctimas del terrorismo

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Eduardo Mateo, responsable de Proyectos de la Fundación Fernando Buesa.

Eduardo Mateo, responsable de Proyectos de la Fundación Fernando Buesa.

"Las víctimas incomodan a una gran parte de la sociedad porque recuerdan lo que ha pasado y remueven la conciencia de personas que saben que no estuvieron donde tenían que estar,  no se posicionaron cuando tenían que hacerlo o no quisieron ver las cosas como sucedían. Y eso a mucha gente no le gusta". La afirmación corresponde a Eduardo Mateo, responsable de proyectos y comunicación de la Fundación Fernando Buesa, quien acaba de recibir el VII Premio de Investigación Victimológica Antonio Beristain, convocado por el Instituto Vasco de Criminología y el Gobierno vasco por su trabajo de investigación ‘La contribución del movimiento asociativo y fundacional a la visibilidad de las víctimas del terrorismo’.

Este estudio representa un recorrido por las diferentes iniciativas que han surgido en España en el ámbito de la defensa, reconocimiento y memoria de las víctimas del terrorismo, y que han propiciado la aparición y desarrollo de diferentes asociaciones y fundaciones, ligadas en un primer momento al terrorismo de ETA y en la actualidad también al terrorismo yihadista. Así mismo, Mateo ha intentado averiguar si la constitución de estas entidades y la multitud de acciones que se han concretado en la aprobación de legislación específica para las víctimas del terrorismo, así como la aparición de órganos legales para su apoyo y representación, realmente han contribuido a visibilizar a las víctimas.

Desde fuera, una de las mayores sorpresas ha sido comprobar la diversidad de un colectivo muy atomizado.

Desde que empieza la primera asociación hasta el día de hoy he contabilizado 37 entidades que engloban a varias víctimas y fundaciones en honor o memoria de alguien en concreto. Ahora funcionan 35. Luego hay otras entidades como movimientos pacifistas que aunque están en el ámbito de las víctimas no son asociaciones de víctimas como tales.

Casi todas son relacionadas  con ETA.

La mayoría sí. A  parte de ETA, también había victimas del Grapo y otros grupos terroristas. En Covite, por ejemplo, también hay alguna víctima del GAL. Con la aparición del terrorismo yihadista en el 2004 aparecen dos nuevas asociaciones  relacionadas con el 11 M. Hay una fundación, la Rodolfo Benito, que es en memoria de un joven que murió asesinado en los trenes.

¿Y cómo es posible que se creen tantas? ¿Por qué no existe solo una voz cuando el objetivo es común?

Como la sociedad es diversa y heterogénea pues las  victimas también lo son. En 1981 nace la primera entidad. Hasta entonces las víctimas existían, pero no tenían respaldo. Las instituciones les daban bastante la espalda y no había ninguna organización. Por eso, las víctimas deciden hacer frente a esa dejación social e institucional y deciden crear una especie de hermandad, que después se convierte en la AVT. Es la primera y a día de hoy sigue siendo la entidad que más víctimas tiene. Hasta el año 92 no aparece la primera fundación.  Y después empiezan a surgir diferentes entidades porque la manera de abordar las cuestiones no es del agrado de todos.

Un punto de inflexión es a raíz de las negociaciones del Gobierno de Rodríguez Zapatero con ETA.

Ahí aparecen ya grandes disensiones y enfrentamientos entre víctimas y entidades. Y se crea la Asociación de entidades autonómicas para crear una plataforma que estaría ya un poco más alejada del ámbito partidista. Las organizaciones tienen maneras diferentes de ver las cosas. Unas entienden que la lucha debe ser por su visibilidad, otras por la defensa de sus derechos, por la memoria…..

Una politización que hoy en día persiste.

Hoy existe más colaboración entre todas. Hay un intento de coordinar a las asociaciones a raíz del pacto antiterrorista que hizo el PSOE con el PP en el Gobierno, cuando se crea un órgano que intenta aglutinar, de coordinar un poco la labor que hacen tanto fundaciones como asociaciones: la Fundación Víctimas del Terrorismo. Tiene un patronato en el que están representadas la mayoría de las entidades de víctimas más representativas, pero también se ha convertido en sí misma en otra entidad con su propia personalidad. La heterogeneidad de las víctimas provoca la falta de coordinación porque tienen diversas maneras de abordar las cuestiones.

Y esa situación,  ¿contribuye a visibilizar mejor o no a las entidades y sus reivindicaciones?

Creo que las fundaciones y las asociaciones han sido fundamentales para la visibilidad de las víctimas del  terrorismo. Son fundamentales, pero es verdad que la manera de visibilizarse de una manera o de otra es diferente. La sociedad es diversa y todos los ciudadanos no tienen la misma opinión sobre  la defensa de las víctimas, su memoria, el apoyo psicológico, jurídico. Lo que perjudica de cara a la sociedad es verles enfrentadas por cuestiones políticas. Pero lo cierto es que las víctimas tienen un significado político porque quien ejerció la violencia contra ellas lo hizo por una cuestión política. Lo que no hay que hacer es dejarse utilizar por los partidos. Ese es uno de los flancos débiles de las asociaciones de víctimas.

La primera asociación de víctimas del terrorismo surge en 1981. Hasta ese momento habían ya transcurrido más de 20 años de terrorismo y las víctimas sufrían una absoluta indiferencia. Había un vacío institucional y social.

Totalmente. Las primeras víctimas fueron militares y policías. La sociedad daba la espalda. Las víctimas se olvidaban al poco tiempo. En la época de ‘plomo’ de los años 80 se producen muchos asesinatos y ciertas personas deciden que hay que crear algo para coordinarse, para visibilizarse y para defender sus derechos. Porque en España no ha habido hasta el año 2011 una ley integral que diera  respuesta a todas las necesidades que tienen las víctimas del terrorismo en el plano jurídico, psicológico, hasta la propia memoria. Aunque haya carencias, España es junto con Italia y con Francia, el país de la Unión Europea que tiene una ley concreta sobre víctimas.

¿Existe sensación de derrota entre las asociaciones de víctimas de ETA al ver como EH Bildu se institucionaliza sin problemas?

Hay muchas víctimas que ven que los herederos de Batasuna, la izquierda abertzale, todavía no ha dado ese paso de la condena de la violencia y la autocrítica por todo lo que ha sucedido. COVITE está muy centrada a día de hoy en denunciar los homenajes a los presos de ETA, la legitimación a muchos terroristas que salen a la calle.

Además del reconocimiento, también queda la batalla del relato.

Es uno de los frentes y también el de esclarecer más de 300 asesinatos de ETA. Si no es por las asociaciones de víctimas no se habría alcanzado las cotas de respaldo  actuales.  

Las asociaciones de víctimas, ¿resultan incómodas para una sociedad que quiere pasar página?

Las víctimas del terrorismo incomodan a una gran parte de la sociedad porque recuerdan lo que ha pasado y remueve la conciencia de personas que saben que no estuvieron donde tenían que estar,  no se posicionaron cuando  tenían que hacerlo o no quisieron ver las cosas como sucedían. Eso a mucha gente no le gusta. Las víctimas resultan incómodas, pero son testimonio vivo de algo que ha pasado. Mucha gente está deseando pasar página.

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