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Lo nuevo de Amon amarth, El Reno Renardo, Black Stone Cherry y Lody Kong

Entre mayo y junio llegarán los nuevos discos de Volbeat o Gojira, pero antes de la avalancha conviene fijarse en discos interesantes de las últimas semanas. Aquí van unas 'reviews'.

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Lody Kong Album

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Crítica de “Meriendacena con Satán” de El Reno Renardo 8’5/10

Aún hay metaleros que desconfían de El Reno Renardo porque tienen sentido del humor y se toman todo a broma. Eso incluye a los medios de la casta metalera que, por lo general, ignoran sus discos y actuaciones en directo aunque tengan de su parte el favor del público. No perderé más tiempo con ellos. El Jevo ha compuesto y ejecutado el disco más consistente musicalmente hablando en la carrera de su criatura cornamentada. Hay una buena dosis de Metal entre los 16 cortes que componen un muy variado disco que, sobre todo, te hará sonreír. El cerebro del Jevo nunca está en modo ahorro energía y derrocha creatividad con canciones ingeniosas al máximo.

Escucha “Facebook” (soy de los que doy a me gusta en mi propia publicación), “Vinagre” y “Busque y compare” y si no aprecias brillantez explícame por qué. Debe de ser muy emocionante ser amigo del inspirador de este grupo y encontrarte, de repente, con una canción salida de alguna conversación surrealista que hayas mantenido con él. Eso parece ser el germen de un gran “Retromix” con guiños a Su ta gar, Los Suaves o Helloween entre otros. Dos versiones sui generis de Iron Maiden y Motorhead (hecha antes de que muriera Lemmy) colorean un trabajo muy inteligente que demuestra que el Reno aún no da síntomas de agotamiento. Atención a “Todo seta”, un himno contra la España más conservadora con el que la primera vez te ríes y, la segunda, te dan ganas de dejarte rastas y empezar a repartir panfletos. Y por vez primera se animan con un tema en euskera absolutamente desafiante contra la euskal kultura dominante, previsible y agonística. Hay mucha calidad musical pero sobre todo carcajadas aseguradas con lo nuevo del Reno Renardo. Los ignorantes que sigan en su carril.

Crítica de “Dreams and visions” de Lody Kong 7’5/10

Hace tiempo que el clan Cavalera se convirtió en la Kelly family del Heavy Metal. He perdido la cuenta de los experimentos musicales que han generado: Nailbomb, Soulfly, Conspiracy… de la misma manera que no recuerdo cuándo fue la última vez que Max compuso un disco brillante. Sin embargo, los genes no se han deteriorado en la misma manera que los patriarcas. El ejemplo es este puñetazo de mala leche que nos dan Lody Kong, que es el grupo de Zyon e Igor, hijos de Max y abnegados trabajadores a las órdenes de su padre cuando les necesita. En su segundo trabajo muestran ganas de volar, por fin, solos. Viendo cómo está Max en directo y de ideas, deberían hacerlo cuanto antes. En “Dreams and visions” hay diez canciones repletas de furia que combinan en diferentes dosis a Hatebreed, Suicidal tendencies, un poco de Soulfly y bastante de punk. De hecho, las canciones van oscilando entre la corriente Metal y la Punk dependiendo del momento. Si te gustan algunas de las bandas antes citadas, o sus aledaños, préstales atención. Seguro que coincides en que los Cavalera Jr deben liberar cuanto antes toda su energía. Atentos a “Pig in the pen”, con la que te tentará hacer tu propio pogo en la habitación o, en la parte más metalera, “Venomous Kool- Aid”, donde bajista y batería confirman que este apellido da unas dotes únicas para la música. Ojalá no las pierdan por el camino.

Crítica de “Kentucky” de Black Stone Cherry 7’5/10

El mundo se divide en dos clases de grupos: los que hacen buenas canciones, y los que hacen castañas. Black Stone Cherry pertenecen al primer grupo. No conviene darle muchas más vueltas. La vida a veces es así de simple. Su quinto trabajo lleva el título de su lugar de origen, y se interpreta, desde la portada hasta las letras, como un regreso a las raíces. Aquí hay Hard Rock de muchos quilates, como en todos sus trabajos, un gusto enorme a la hora de elaborar canciones e historias que pueden describir la vida de cualquiera de nosotros (It wouldn’t be the same without you, le dicen a alguien en “Long ride”). A veces más heavies, otras más sureños, gamberros o buenos vecinos, te acaban atrapando si eres de los que aprecian los aromas sureños. El refresco de este trabajo viene a través de algunos toques soul diseminados por el disco. Así es en “War”, “Rescue me” y, sobre todo, en “Soul machine”, una canción de esas que dan sentido a un disco entero y que sonará en tu cacharro durante todo el verano, porque está facturada para formar parte de tus momentos de diversión. No sé si Chris Roberton y sus amigos serán capaces de superar algún día sus dos primeros trabajos, lo que tengo claro es que tras cinco discos saben cuál es el camino para seguir haciendo buenas canciones. Del torrente del inicio a la tristeza de “The rambler”, “Kentucky” es otro trabajo sensacional, que pide el botón repeat cuando ha terminado.

Crítica de “Jomsviking” de Amon amarth 7/10

Por vez primera vez en sus casi 25 años de existencia, la fórmula monotemática de los suecos Amon amarth empieza a dar síntomas de agotamiento. Coloco este nuevo “Jomsviking” rozando el notable porque en conjunto es un buen trabajo. Da exactamente lo que quieres de ellos: vikingos, espadas, sangre y batallas legendarias. Sin embargo, uno empieza a tener la impresión de que el cuento ya se lo han contado antes y, además, con una pizca superior de energía. Es cierto que cuando ataca “First kill” te sientes a bordo del drakkar otra vez pero a lo largo de la travesía las espadas ya no están tan afiladas como antaño. ¿Por qué cambiar si no saben hacer otra cosa y, además, eso es lo que queremos? Bien, esa es la pregunta que siempre nos hemos hecho con AC/DC, por ejemplo. Está bien si eres un seguidor conformista, pero si eres exigente y has conocido antes otros niveles superiores de salvajismo quieres más. Más sangre, más espadas y más venganza. Amon amarth son una banda de dimensiones colosales, con un directo arrollador y un ejército de seguidores que exhiben sus camisetas casi a diario. No conviene dejarlos sedientos y tengo la impresión de que esta vez no nos han saciado. Aún así, con los primeros acordes de “Wanderer”, “Vengeance is my name” o “The way of the vikings” te entrarán ganas de asaltar la casa de tu vecino y darle su merecido. Esperemos que el directo no confirme que sus músculos se están volviendo flácidos.

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