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Cuentas viejas, líos y quejas

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En cierta ocasión, un padre puso a su hija un euro en cada mano. Le dijo: Éste para el pan y este otro para la leche. Al rato, la niña volvió llorando; diciendo que se había caído y que ahora ya no sabía qué euro era para el pan y cual para la leche. En estos momentos, el Gobierno de Navarra está fraguando los Presupuestos Generales de Navarra (PGN) para el año 2016. Está poniendo destino a 3.500 millones de euros que conforman el techo de gasto no financiero de los PGN-16.

Más allá de las diferentes partidas, de los diferentes destinos, todos esos millones de euros deben cumplir la misma misión. Por un lado, la de mejorar el bienestar social de nuestra ciudadanía. Por otro, la de ser proactivos con la actividad de nuestra economía. No olvidemos que el PGN representa un 20% del Producto Interior Bruto de Navarra. El gasto público es una inversión social para procurar amparo y prosperidad. Su retorno social, básico.

A alguno, esa cantidad, que viene a aproximarse a 6.000 euros por habitante, le puede parecer excesiva. Incluso pensara que es una bicoca para los gobernantes que pueden gastarlo al libre albedrío. No obstante, el PGN tiene muchos límites y pocas libertades. Comptos nos dice que en las últimas cuentas auditadas  se gastaron 3.803 millones de euros y se ingresó 3.855. De ellos, 1.111 se gastaron en personal.

El propio funcionamiento ordinario de la administración foral se lleva la parte del león quedando un limitado margen de maniobra. Por ello, no me cansaré de afirmar que uno de los retos principales de la política es la gestión pública.

Para una estructura con muchas rigideces y que siempre se incrementa por el efecto de Grado-Antigüedad. Los gastos corrientes en bienes y servicios sumaron 532 millones. Para atender a la carga financiera del endeudamiento, 401 millones y las inversiones no alcanzaron los 100 millones.

Así pues, el propio funcionamiento ordinario de la administración foral se lleva la parte del león quedando un limitado margen de maniobra. Por ello, no me cansaré de afirmar que uno de los retos principales de la política es la gestión pública.

Resolver cómo se gestionan los recursos (humanos, materiales, locales...) de manera eficaz y eficiente. Es preciso introducir nuevos sistemas de gestión pública, nuevas relaciones públicas-privadas, que procuren potenciar el retorno social de los gastos públicos. Los partidos políticos debieran estar más preparados, más formados, en gestionar las cuentas públicas que en ganar elecciones.

Aun así, existe margen para priorizar unas partidas y relegar a otras. Pero para tomar decisiones es necesario que primero funcione la evaluación. Que se evalúe la eficacia, la eficiencia, el retorno, el impacto social que tiene cada una de las partidas presupuestarias. Hay partidas presupuestarias que obedecen a necesidades de hace más de 20 años y que nunca se ha evaluado su eficacia.

El PGN lleva tres años de retraso ya que llevamos tres ejercicios prorrogados. Ahora, se acumula un mes más dado que el GN no los aprobará en fecha. El año que viene estrenaremos un presupuesto público; aunque con mucha estructura de gasto antigua. Pero nunca será tarde si la dicha es buena. Será una buena noticia. Todo un hito pasar de la poesía a la aritmética. De los cuentos a las cuentas. Un buen ejercicio de política pasar de la oposición al gobierno.

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