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La hora de la izquierda

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Con el inicio de la crisis económica-financiera del 2008, el voraz sistema capitalista que padecemos inició a una fase de auto-reestructuración para, a pesar de sufrir una de sus crisis cíclicas, conseguir allanar una salida a la misma en la que seguir manteniendo sus tasas de ganancias y permitir que el sistema siguiese funcionando al servicio de sus gestores. Medidas estructurales de los partidos del orden capitalista como las Reformas Laborales del PSOE y del PP, la Reforma de las Pensiones, la Reforma del Artículo 135 de la CE, o las Reformas Educativas (Plan Bolonia, LOMCE y la actual 3+2), han conseguido desregular y precarizar el mercado laboral, desmantelar el llamado Estado del Bienestar, y elitizar el sistema educativo, modificando totalmente el sistema en el que vivíamos y echando por tierra infinidad de conquistas sociales.

De forma simultánea a esta auto-reestructuración sistémica, las propias contradicciones del sistema agrietaban un modelo agotado, y pese a lo oscuro del horizonte, podíamos vislumbrar un pequeño halo de esperanza transformadora. Las bases del sistema se tambaleaban, y pese a la resignación alienadora que pretendían imponernos, nos encontrábamos ante una oportunidad histórica para romper con el arquitectura constitucional del 78. Las consecuencias de la contradicción capital-trabajo se vislumbraban en su faceta más descarnada, y en un ciclo de movilizaciones sin precedentes en las últimas décadas la mayoría social comenzaba a tomar conciencia del momento histórico y los intereses de los gestores del sistema empezaban a verse amenazados.

Valores históricamente propios de la izquierda como el anticapitalismo, el feminismo, el republicanismo, el ecologismo, el laicismo o el internacionalismo entre otros, son hoy más necesarios que nunca

En medio de este maremoto político, el bipartidismo parecía tocar a su fin, nuevas opciones políticas nacían, nuevas alianzas iban conformándose, y muchos de los planteamientos político-ideológicos vigentes hasta el momento se ponían en entredicho cuestionándonos electoralistamente lo más elemental de nuestro cromosoma ideológico.

Valores históricamente propios de la izquierda como el anticapitalismo, el feminismo, el republicanismo, el ecologismo, el laicismo o el internacionalismo entre otros, son hoy más necesarios que nunca. Y pese a que su rentabilidad electoral sea puesta en cuestión día tras día, la izquierda que realmente aspire a transformar la sociedad no debe renunciar a ellos bajo ningún concepto.

Una aspiración de cambio desideologizada y sustentada en el populismo postmarxista meramente llegará a ser eso, una aspiración. Si el bloque dominado llamado a realizar el cambio transformador asume el discurso dominante y olvida sus valores en pos del cálculo electoral, la hipotética victoria electoral será una victoria hipotecada al tacticismo del bloque dominante de la cual el mismo saldrá beneficiado (entendiendo por bloque dominante no solo a los partidos políticos títeres que se turnan servilmente en la institución, sino a los poderes económico-financieros que realmente mueven el sistema capitalista).

Frente a populismos lacanianos que hoy en día parecen estar en boga, quienes realmente apuesten por la transformación de la sociedad deben desarrollar hoy más que nunca una labor pedagógica en el sentido más revolucionario de la palabra. El bloque dominado debe ser consciente de quién le domina, debe señalar claramente el eje-contradicción en el que se sustenta esa dominación y, sobre todo, debe tener claro cuál es la alternativa transformadora a esa dominación. En términos gramscianos, los dominados deben construir una hegemonía cultural en la que aglutinar el conjunto de sus demandas y articular un consenso ideologizado y transformador.

Ahora más que nunca la izquierda debe marcarse tres tareas principales: concienciar, movilizar y organizar a la mayoría social. Sin concienciación no puede haber movilización, sin movilización no puede llegar la organización, y sin organización nunca se tomará el poder político.

En la última legislatura hemos presenciado cómo la mayoría alternativa del legislativo navarro aprobaba una serie de leyes progresistas o alternativas (como por ejemplo la llamada Ley Anti-desahucios), y cómo una tras otra eran recurridas por el Gobierno central y estas seguidamente eran suspendidas por el Tribunal Constitucional. Esta reseña navarra es el claro ejemplo de que contar con una mayoría legislativa o incluso contar con un ejecutivo no es sinónimo de contar el poder político.

El poder político como tal se toma contando con una mayoría social concienciada, movilizada y organizada en las calles que ratifique y sustente todas y cada una de las medidas que el Gobierno en cuestión dicte para sí.

En el 2011 en Navarra, distintas izquierdas que proveníamos de culturas hasta entonces enfrentadas supimos leer el momento histórico al que asistíamos y anteponiendo el objetivo transformador que nos guiaba construimos Izquierda-Ezkerra. Dejando a un lado nuestras diferencias, edificamos un programa radicalmente democrático, socio-económicamente alternativo y políticamente transformador para la mayoría social de Navarra.

Durante toda esta legislatura tanto en el Parlamento como en todos los Ayuntamientos en los que hemos estado presentes, no hemos cesado ni un segundo en el empeño de intentar hacer cumplir en la medida de lo posible nuestro programa, y no ha pasado ni un solo día en el que no estuviésemos presentes en nuestro ámbito natural, las calles. En las movilizaciones por la educación pública con las asociaciones de estudiantes, en las luchas obreras con los sindicatos de clase, en las calles de Iruña contra la sucesión monárquica y por la III República, parando desahucios y reclamando el derecho a una vivienda digna, en las Bardenas Reales exigiendo el desmantelamiento del Polígono de Tiro, junto a las compañeras feministas reclamando el aborto libre y gratuito, o llenando de dignidad las calles de la capital del Estado, ahí hemos estado siempre convergiendo junto con el resto de la izquierda política, social y sindical de Navarra.

Pasados cuatro años nos reafirmamos en lo necesario de una alternativa claramente de izquierdas y coherentemente transformadora, y nos volvemos a presentar ante la mayoría social trabajadora de Navarra con la clara voluntad de transformar nuestra comunidad. Ahora más que nunca en las calles y en las instituciones, en Navarra es la hora de la izquierda.

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