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¿Y si Euskadi pidiera perdón a España?

Una vez más, se vuelve a insistir desde el nacionalismo en que el Gobierno de España tiene que disculparse por aquella atrocidad; que fue perpetrada, como le oí decir a Andoni Ortuzar, “en el nombre de España y del Estado español”

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Defensor republicano de Gernika

Defensor republicano de Gernika

A veces me pregunto qué sería de Euskadi, dónde quedaría su autoestima nacional, si no tuviera necesidad de que España le pidiera perdón por todo el mal que nos ha hecho a los vascos. Me lo pregunto en un año propicio para recordar agravios: en el ochenta aniversario del bombardeo de Gernika. Y cuando, una vez más, se vuelve a insistir desde el nacionalismo en que el Gobierno de España tiene que disculparse por aquella atrocidad; que fue perpetrada, como le oí decir a Andoni Ortuzar, “en el nombre de España y del Estado español”. Una interpretación bastante peregrina, teniendo en cuenta que fue el Estado español, representado por un Gobierno republicano, el agredido por la insurrección militar acaudillada por Franco.

No parece, por otra parte, muy sensato pedir que el Gobierno de España se disculpe por un bombardeo que ese mismo Gobierno, el de la legitimidad republicana, denunció  en el acto. Y tan a lo grande, que lo dio a conocer al mundo a través del 'Guernica' de Picasso. Un cuadro muy apreciado en Euskadi. Y tanto, que hasta hemos llegado a considerarlo de nuestro patrimonio, por las veces que lo hemos reivindicado. Y reivindicado, además, con esa diplomacia tan fina que, como vascos, nos caracteriza. La que empujó a Xabier Arzalluz a afirmar en su día que “para Euskadi fueron las bombas y para Madrid el arte”. Y podría haber dicho más verdades como puños (de los suyos), si no se hubiera tenido que contener para hacer posible que el 'Guernica' estuviera presente en la inauguración del museo Guggenheim, de Bilbao, como pretendía por entonces, y no consiguió, el Gobierno de Ardanza.

Este año EH Bildu, mediante propuesta en el Parlamento Vasco, insiste en traer a Euskadi el lienzo de Picasso, basándose en la idea de que “el 'Guernica' debería estar precisamente en Gernika”; una forma curiosa de ejercer el derecho a decidir, que, para nuestros independentistas, significa decidir también por lo que deben hacer los españoles con su patrimonio cultural. Porque, por si alguien aún no lo sabe, el 'Guernica' forma parte del Patrimonio de España. Y, sinceramente, no veo razones de peso para que esa España tan vapuleada se desprenda, siquiera sea temporalmente, de un cuadro de alta rentabilidad para contentar a quienes la tratan a coz diaria, en una estrategia de hostilidad inacabable.

Es difícil de entender, además, al menos desde los presupuestos del abertzalismo, que la identidad nacional vasca, tan exclusiva y excluyente, se vea mutilada por no tener en Euskadi un cuadro pintado por un artista andaluz, por encargo de un Gobierno de España, y perteneciente, como se ha dicho, al Estado español. Salvo que reclamemos el 'Guernica' como una “reparación” que España nos debe por habernos “invadido”. Una interpretación de la Guerra Civil que no deja de tener sus problemas. Entre ellos, el hecho objetivo de que Madrid y otras ciudades españolas se vieron también bombardeadas por los alzados en armas a lo largo del conflicto bélico. Y todo por la manía de no rendirse a las fuerzas de Franco, como lo hicieron las tropas nacionalistas en Santoña, a espaldas del Gobierno de la República.

No parece, por otra parte, muy sensato pedir que el Gobierno de España se disculpe por un bombardeo que ese mismo Gobierno, el de la legitimidad republicana, denunció en el acto

Y uno se pregunta, entonces, si el Gobierno Vasco no debería pedir perdón a España por aquella traición. A España en general y a las familias de los combatientes de Euskadi fusilados tras la rendición de batallones vascos a los fascistas italianos. Porque algo sabría el Lehendakari Aguirre de las maniobras, ¿a sus espaldas?, del dirigente nacionalista Juan Ajuriaguerra. ¿O no se enteró de nada? Lo que parece claro, en cualquier caso, es que el PNV no se siente especialmente orgulloso de este suceso, y prefiere pasar sobre él un espeso manto de silencio.

De hecho, cuando, en junio de 2007, el parlamentario socialista Jesús Loza presentó una pregunta en el Parlamento para aclarar si el Gobierno Vasco tenía intención de conmemorar el setenta aniversario de aquella rendición de Santoña, recibió el “no” por respuesta; porque, según el consejero del Gobierno de Ibarretxe, Javier Madrazo, todos los actos conmemorativos que se estaban celebrando ese año tenían “un hilo conductor común”: que era “homenajear a colectivos víctimas del alzamiento fascista, y no a episodios históricos”. A juicio del consejero de Ibarretxe, la interpretación de los hechos históricos era competencia de los historiadores, mientras que a él le correspondía algo al parecer tan ajeno a la Historia como “recuperar la memoria de las víctimas de la represión franquista”.

Sería de esperar que ahora, en este ochenta aniversario de aquel episodio vergonzoso, el Gobierno Vasco no saliera con patas de banco semejante, si fuera preguntado por ello en el Parlamento.

 

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