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Un problema de otras: feminismo y blanquitud

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Manifestación por el día internacional de los derechos de las mujeres organizado por el colectivo 8 Mars pour Toutes.

Imaginad que asistís a unas jornadas periodísticas sobre sexismo a las que han invitado a debatir a tres hombres, representantes de diferentes organizaciones. Como activistas feministas no tendríamos reparo en levantarnos de la silla e irnos. Sin embargo, la cuestión no queda tan clara, o se presenta de manera más difusa, cuando las jornadas versan sobre periodismo y xenofobia y quienes tienen invitación a la mesa son tres hombres o mujeres blancas.

Fue lo que lo que le ocurrió la pasada semana a mi compañera, June Fernández, una de las coordinadoras de Pikara Magazine, invitada a unas jornadas sobre los medios de comunicación ante los discursos del odio en la que no se incluyó ni a una sola persona migrada o no blanca en todo un programa dedicado a reflexionar sobre cómo se construye al "otro" y cómo se puede frenar el racismo, desde el derecho, la pedagogía social y el periodismo. Las personas migradas que asistieron apenas tuvieron tiempo para intervenir porque, como es habitual, las ponencias arañaron tiempo al debate.

Fernández escribió sus sensaciones en su muro de Facebook y prefirió llevar el asunto a la autocrítica: "Pensamos siempre en cómo los medios representan a las personas migradas, cómo hablan ‘sobre ellas’. Señalamos menos la ausencia de personas migradas como fuentes expertas, como analistas, columnistas, tertulianas. Señalamos menos que en nuestras ciudades viven periodistas que no pueden ejercer debido a la ley de extranjería, a las trabas para homologar titulaciones y al racismo. Y de la misma forma que a las feministas no nos sirve que un editor diga que no encuentra mujeres que quieran salir en su tertulia o escribir en una columna, creo que quienes coordinamos medios alternativos que se llenan la boca hablando de diversidad, deberíamos ponernos las pilas e incluir a personas migradas como comunicadoras".

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Por qué una mujer trans no puede ser juzgada por violencia de género

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La noticia en El Correo

Las generalidades nunca han sido buenas aliadas y, sin embargo, las leyes se construyen a partir de ellas. No puede ser de otra manera porque la realidad es poliédrica y cambiante, igual que la ciudadanía para la que se dictan normas jurídicas. El Estado de Derecho, que rara vez hace honor a su nombre, se vuelve del revés ante nuestro mundo, que es tan complejo como quienes lo habitamos.

El periódico más leído de Bizkaia, El Correo, publicaba ayer una noticia, escrita desde la mismísima transfobia, en la que se narraba la encrucijada judicial ante la que se encuentra un abogado: su clienta, una mujer trans, es acusada de haber ejercido violencia contra su expareja, también mujer. Los hechos denunciados se produjeron antes de la transición social de la acusada por lo que la denuncia fue registrada como un caso de violencia de género, que sólo incluye los delitos de violencia ejercidos en el marco de una pareja heterosexual. Esta ley, una de las grandes victorias del movimiento feminista del Estado español, pretendía, por un lado, garantizar medidas punitivas y de protección específicas y, sobre todo, el reconocimiento social de que la violencia que los hombres ejercen contra las mujeres responde a una lógica social, cultural, estructural. Los hombres agreden y asesinan más a sus parejas mujeres porque vivimos en una sociedad que permite y legitima la dominación masculina. Ahora bien, y volviendo al inicio, la realidad nos enfrenta cada día a nuevos retos.

El caso es complejo y abre distintas vías para el debate, pero hay una cuestión ineludible: la acusación de violencia no justifica que se cuestione la identidad de género de la acusada. El respeto a la identidad de género es una cuestión de Derechos Humanos. La noticia de El Correo, firmada por Marta Fdez. Vallejo, evidencia la falta de profesionalidad de muchos periodistas y de medios de comunicación, además de una falta de respeto flagrante a la identidad de género de las personas trans. La autora se refiere en todo momento a la acusada en masculino. Ya en 2013, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España instó a rectificar a once medios que nombraron en masculino a una mujer trans víctima de violencia de género.

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Deja que una lesbiana se instale en tu vida

Ilustración de Núria Frago

"Un día de estos debemos hablar de tu homofobia, Lucía".

Puse cara de interrogación. ¡Mi homofobia!

Es indigesto que una persona a la que admiras te señale como homófoba.

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Honduras sigue penalizando el aborto, España paga

Manifestaciónd de 'Somos Muchas' el pasado mes de abril. Regina Fonseca, en el centro.

Tras 33 años en vigor, Hond uras está en proceso de la reforma* completa de su código penal. De momento, el artículo del aborto, ya aprobado, sigue penado en todos los casos. Con esta reforma todo sigue igual para las mujeres en este país centroamericano, que pueden ir hasta diez años a la cárcel por abortar.

Haciendo caso omiso a las peticiones de 23 organizaciones articuladas bajo la plataforma ‘ Somos Muchas’, ignorando también las recomendaciones de organismos internacionales como las del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos o las de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, e incluso obviando las encuestas de opinión que mostraban una postura favorable de la ciudadanía para despenalizar la interrupción del embarazo por causales, el Congreso Nacional votó la pasada semana que ‘no’.

Que en Honduras no se puede abortar, ni siquiera en ninguna de las tres causas que el movimiento feminista ha intentado introducir: " Para salvar la vida y proteger la salud de la madre, cuando hay incompatibilidad del feto con la vida, y en caso de violación e incesto", como explicó hace unos días en Madrid Regina Fonseca, ‎del Centro de Derechos de Mujeres de Honduras. "No pedimos el techo, sino el piso", añadió. El artículo 196, de los más de 600 de la nueva legislación, sigue inamovible.

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¿Una increíble historia de amor?

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Macron vota acompañado de su mujer en el norte de Francia

Macron vota acompañado de su mujer en el norte de Francia

La primera vuelta de las elecciones francesas ha dejado dos nombres sobre la mesa: Macron y Le Pen. Y un tercero, el de Brigitte Trogneux, la esposa del candidato de En Marcha, que compite con Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones galas. ¿Por qué su nombre ha ocupado decenas de titulares y minutos de televisión? Por su edad, porque es algunos años mayor que su marido y porque además fue su profesora de francés. La Vanguardia tituló: "Brigitte Trogneux, la 'cougar' que intriga a Francia". "Cougar", que significa "puma" en inglés, se usa para referirse de forma peyorativa a mujeres que "buscan" o "quieren cazar" a un hombre más joven. En definitiva, a mujeres de mediana edad con una vida sexual... ¿Cómo decirlo? Con una vida sexual y punto. Si, digo esto porque realmente a la sociedad le sorprende que una mujer de determinada edad pueda sentir deseo sexual, acostarse con hombres más jóvenes o pueda, simplemente, enamorarse, enamorar o atraer. Este no ha sido el único titular que le han dedicado:

La mujer de Macron: su profesora de francés 20 años mayor

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'Big little lies', la serie de la temporada: ¿nuevas mujeres poderosas?

Imagen del episodio 1 de 'Big little lies' (HBO).

Si no has visto 'Big little lies', una de las últimas series de la factoría HBO, no estás en la onda. Cualquier serieadicta sabe que esta obra de siete capítulos dirigida por David E. Kelley, responsable también de la recordada 'Ally MacBeal' (1997-1998), es uno de los bombazos de la temporada. ¡Aviso, ligeros spoilers!

¿Qué tiene 'Big little lies' para destacar entre las demás series?, ¿por qué la podemos reivindicar desde los feminismos? Las razones son diversas: un soberbio guión que disecciona con maestría las relaciones familiares y las relaciones de pareja en una elitista comunidad; un no menos soberbio trabajo de actrices de la talla de Nicole Kidman, Resse Witterspoon, Laura Dern –sí, sí, se escriben papeles a medida de mujeres de más de 30 años que trabajan muy bien–, o de las menos conocidas, y más jóvenes, Shailene Woodley y Zoë Kravitz; el tratamiento de temas como la violencia de género o la violencia que existe entre las diferentes formas de vivir la maternidad; y finalmente, por qué no decirlo, por ese placer que sentimos las mortales al ver que por mucho que tengas un casoplón con vistas al mar también puedes sufrir mucho. Lo de que "las ricas también lloran", no nos engañemos, tiene mucho de catarsis para quien no lo es.

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Cuando empoderarse significa tener identidad

Aline Niyonizigiye (izda) y Dorotheé Buhangare, en Marienea, Basauri.

El empoderamiento de las mujeres es, según la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, "un proceso a través del cual cada mujer se faculta, se habilita y desarrolla la conciencia de tener derecho a tener derechos y a confiar en la propia capacidad para conseguir sus propósitos". Aquí y en Burundi. Sí, pero con muchos matices, porque los tiempos, los ritmos y las realidades son distintas y varían según los territorios. Saber que las mujeres tenemos derechos, los mismos que los hombres, es una obviedad pero pasa desapercibida en varias esquinas, o más bien inmensas zonas, del mundo.

Cuando Aline Niyonizigiye y Dorotheé Buhangare, dos mujeres burundesas, conocieron varias escuelas de empoderamiento de Euskadi, abrieron bien los ojos: edificios funcionales, bien equipados y con varias empleadas. ¡Y financiadas con dinero público! Ellas conocen cómo funciona una escuela de empoderamiento, o de liderazgo transformacional, que es el nombre dado por Oxfam Intermón al proyecto que ha desarrollado en la región de Makamba, pero su ‘escuela’ difiere mucho de las de Durango o Basauri, que visitaron hace unos días. Porque el hecho de usar comillas para nombrarla no es un capricho. Tres paredes y un tejado de uralita requieren que se matice el concepto, para no llevar a equívocos, para no pensar que las cosas con nombres iguales son lo mismo aquí y en Burundi.

La idea inicial era muy clara: lograr que varias mujeres de las colinas –las unidades administrativas más pequeñas de este pequeño país de la región de los Grandes Lagos– se presentaran a las elecciones de 2015. Un objetivo ambicioso que partía de una realidad tal vez demasiado cruel: gran parte de las mujeres rurales de Burundi no posee tarjetas de identidad, no son, no existen. ¿Cómo presentarse a unas elecciones si ni siquiera son ciudadanas?, ¿cómo ser candidatas si ni siquiera pueden votar?

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The mamas and the vacas

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Madre no hay más que una… de una especie en concreto: la humana. Ocurrió hace un año, pero las redes sociales nos han vuelto a recordar aquello de la sororidad entre todos los movimientos minorizados. La historia se resume en lo siguiente: una madre acudió con su bebé a un restaurante vegano y pretendía amamantarlo con leche que no era suya, sino de otra especie animal: una vaca.

Píkara.

La guerra estaba abierta en redes sociales, y sorprende cómo se lanzaban minas anti-movimientos sociales desde todas las posturas: las feministas defendiendo el derecho de la madre a romper cuantas normas hubiese, las críticas al eterno concepto de "mala madre" –la vegana que alimenta a su criatura con animales o productos derivados de los mismos, claro– y los comentarios especistas contra el veganismo. Si queréis tener un ejemplo de todo este fuego cruzado podéis revisar este hilo de tuits de Barbijaputa. El debate en ningún momento se llevó al ejercicio empático de dos luchas, sino que se polarizó entre defensores de uno y otro dogma.

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Superheroína o nada

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Fotograma de 'Elle', de Paul Verhoeven. Avalon 2

Hay que ir con cuidado. El deseo de 'estar a la última' no pasa por alto a los intelectuales y activistas más 'progres' y aún menos cuando sus ideas reafirman las actitudes transgresoras. ¿Acaso no nos complace romper las normas? Pero incluso el pensamiento o las acciones transgresoras se convierten en norma cuando toda una comunidad lo replica. Un discurso bien intencionado va en camino de erigirse como la nueva norma. Ensalza a las mujeres 'empoderadas' después de haber padecido violencia. Rechaza a las víctimas.

La industria cinematográfica nos lo pone en bandeja. Un sinfín de mujeres poderosas y dominantes nos interpelan a través de la pantalla. El estreno reciente de Elle (2016) brinda un referente glorioso. Una mujer blanca, de clase media y con una posición de directiva en una empresa es asaltada y violada en su propia casa por un desconocido. La protagonista no pide ayuda, no llora, se recompone al momento y continúa con su vida como si nada hubiera pasado. Pero la obsesión por vengarse hará que no se detenga hasta identificar al hombre que la violó para desatarse violentamente. Esta vengadora poderosa ofrece un espejo en el que muchas personas han querido mirarse.

Algunas voces femeninas entre la crítica cinematográfica la reciben con los brazos abiertos. Opinan que la película es "ferozmente feminista". Otras, la definen como un "fascinante estudio del feminismo moderno". Consideran que la protagonista es una "heroína que se libera del control de los demás" y que "está determinada a establecer su propio camino". La protagonista de esta película no comulga con el imaginario social de la víctima que ha quedado devastada tras sufrir violencia. Al contrario, el personaje encarna un nuevo ideal: la mujer empoderada y cabreada que se mantiene en pie de guerra, pese a todo.

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Una carta de amor sobre la herida

La Junta celebra el Día Mundial de la Poesía con el recuerdo a Gloria Fuertes y actos en Málaga, Granada y Sevilla

" (…) y si cantas verdades la celda te preparan, te preparan el llanto, porque es obligatorio…/ sufrir siendo persona, guardar rencor, adular al pedante, llevar medias en los templos, tener bastantes hijos, volver mañana, tener enemigos, es obligatorio todo esto, y encima te prohíben escupir en el suelo "

En la siguiente anécdota, capturada por Vicente Molina Foix y publicada originalmente en 1998 en las páginas de El País, se intercambian humor y terror al más puro estilo Gloria Fuertes. El columnista entrevista a la poeta, y en mitad de una confesión heladora ella lanza uno de sus petardazos verbales de niña adulta: "Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera".

Bajo su capa de ingenio, la historia contiene mucha información relevante acerca de Gloria Fuertes. Nos dice que más allá de la poemas infantiles leídos con voz achicharrada, más allá de los ripios y de las corbatas, en un lugar de Gloria no iluminado por nuestros recuerdos de niños y niñas, anidaba un desgarro y un secreto. "¿Puedo contar esto?", pregunta el entrevistador. Y ella dice que mejor no, que ahora no , que los padres podrían asustarse. Y que, al fin y al cabo, son los libros infantiles que leen sus hijos los que le dan de comer.

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