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Arrestos masivos de inmigrantes como respuesta a la xenofobia en Sudáfrica

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Arrestos masivos de inmigrantes como respuesta a la xenofobia en Sudáfrica

Arrestos masivos de inmigrantes como respuesta a la xenofobia en Sudáfrica

Batidas del Ejército y la Policía, detenciones masivas y deportación de inmigrantes africanos supuestamente ilegales son la respuesta de las autoridades a la enésima ola de violencia xenófoba que vive Sudáfrica.

Este plan puesto en práctica por el Gobierno sudafricano ha indignado a los sectores más activos de la sociedad civil y ha sido tachado por los expertos de estéril en su objetivo declarado de reducir la delincuencia.

"Es como culpar a una mujer violada de su violación", afirmó esta semana Steven Faulkner, de la Coalición contra la Xenofobia, en un acto celebrado en Johannesburgo para denunciar la actitud del Gobierno.

"El mayor objetivo de la operación es acosar y detener a gente que se cree que está de manera ilegal en el país. Se ha asumido sin pruebas que tienen el estatuto de indocumentados", agregó Faulkner, destacando la arbitrariedad de los arrestos.

Las redadas comenzaron a finales de abril en los albergues de trabajadores de Johannesburgo, donde viven los supuestos responsables de los ataques xenófobos que han dejado 7 muertos y miles de desplazados.

Las autoridades explicaron entonces que buscaban poner fin a la violencia contra inmigrantes y "recuperar el control de las calles", pero las razias pronto se centraron en detener a ilegales.

Al menos dos mil personas, en su abrumadora mayoría inmigrantes supuestamente sin papeles, han sido detenidos en estas operaciones de estilo militar, llevadas a cabo casi siempre de madrugada.

Cientos de ellas esperan su deportación en un centro de detención de Johannesburgo. Su repatriación iba a ser inmediata, pero el Tribunal Superior de esta ciudad ordenó ayer que se paralizara el proceso, al menos durante dos semanas.

La decisión busca garantizar que todos los detenidos tengan representación legal y fue tomada a instancias del colectivo Abogados por los Derechos Humanos (LHR), que inició un procedimiento urgente para evitar deportaciones sin garantías.

Esta organización ha denunciado que se le ha prohibido en varias ocasiones el acceso a los detenidos, y advierte de que no existe información sobre el número de arrestados ni sobre su identidad.

El nombre mismo de la campaña policial y militar en la que se enmarcan las redadas, "Operación Fiela", que significa "barrer" o "limpiar" en lengua soto, es motivo de indignación entre sus críticos.

"Se compara a los inmigrantes con basura, al mismo tiempo que el Gobierno declara estar luchando contra la xenofobia", dice Faulkner, quien acusa a las autoridades de "legitimar la xenofobia".

Pese a la contundencia de la acción policial, los analistas dudan de que hayan servido para reducir la delincuencia en una de las ciudades más inseguras del mundo.

"No sólo no reducirá la criminalidad, sino que restará recursos a las tareas policiales que sí podrían reducirla", dice a EFE Gareth Newham, del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS).

Newham califica la "Operación Fiela" como una "guerra contra los más pobres" y vulnerables, y la ve como un simple golpe de imagen que no corta ninguna de las raíces de la delincuencia que sufre Sudáfrica.

Además, el experto cree que muchos de los detenidos nunca llegarán a ser deportados, y si lo hacen regresarán pronto a través de las porosas fronteras de un Estado marcado por la corrupción de sus funcionarios.

Por su parte, el Foro de la Diáspora Africana (FDA), que agrupa a inmigrantes del continente en el país austral, se ha preguntado "por qué esta operación va sólo contra inmigrantes pobres africanos".

El Gobierno sudafricano ya fue duramente criticado por su supuesta falta de reacción a los ataques xenófobos, en los que se acusa a los inmigrantes de quitar el trabajo a los locales.

El estallido de violencia comenzó en la ciudad oriental de Durban a finales de marzo, después de que el rey del pueblo zulú, mayoritario en el país, pidiera a los inmigrantes africanos que abandonaran Sudáfrica.

Cerca de 4.000 personas de países como Zimbabue, Malaui o Mozambique huyeron del país.

Durante toda la crisis, varios ministros del Gobierno ha evitado calificar los incidentes de "xenófobos", y los han presentado a menudo como episodios de violencia entre delincuentes locales y extranjeros.

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